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LA IZQUIERDA  Y LA EDUCACIÓN
Por Oscar Felipe Ventura

El marxismo cuenta con una concepción integral de la educación, que no se agota en las respuestas necesarias en el presente - tal por ejemplo, el Proyecto Educativo Nacional - ni en los límites  que le impone el capitalismo.  Me refiero a la concepción socialista de la educación que incorpora en un todo a la escuela única que integra trabajo e instrucción, instrucción y educación, capacidad de dirigir y de producir, pensamiento y acción, teoría y práctica. Los fundadores del marxismo demostraron que las fuentes de donde proceden las ideas sociales y las teorías no hay que buscarlas en las propias ideas y teorías,  sino en las condiciones de la vida material  de la sociedad (condiciones de existencia de hombres y mujeres). Ellos establecieron  la condicionalidad  de la conciencia social (ideas, teorías, opiniones) por la vida social,  y ésta  daba la posibilidad de esclarecer la naturaleza  social de la educación  y su carácter  histórico de clase.

En la  Izquierda  tenemos  una concepción  integral de la educación. Los fundadores del socialismo científico  así la concibieron. Engels concebía la educación  como derecho “de todos los niños del país… en establecimientos nacionales a cargo de la nación”,  promoviendo “hombres íntegros, cuyas capacidades estén cultivadas en todos los aspectos” (“Principios de Comunismo”). En el Manifiesto Comunista (1848) se proclama “la educación pública y gratuita”,  la “abolición del trabajo  de los niños en las fábricas” y un “régimen de educación  combinado con la producción material”. Marx planteaba la necesidad de combinar a partir de cierta edad, “el trabajo productivo  con la enseñanza y la gimnasia, no sólo  como método para intensificar  la producción  social,  sino también como el único método que permite producir hombres plenamente desarrollados” (El Capital, cap. XIII.). En otros términos, para que la educación sea plena, debe dejar atrás la división  del trabajo que separa el trabajo físico del intelectual, cuya esencia consiste  en la explotación capitalista y en la producción de plusvalía,  entrando en contradicción  la fuerza de trabajo, la situación  social y la conciencia,  pues  la división del trabajo  en las condiciones  señaladas  obstaculiza el desarrollo  pleno del ser humano puesto que contrapone actividades espirituales y materiales,  goce y trabajo,  producción y consumo.

Mariátegui sostuvo que “el problema de la enseñanza  no puede ser bien comprendido al no ser considerado como un problema  económico y como un problema social. El error de muchos reformadores ha residido en su método  abstractamente idealista, en su doctrina exclusivamente pedagógica…” Planteó  también que “No es posible democratizar la enseñanza de un país sin democratizar la economía y sin democratizar, por ende, su superestructura política”. ¿Ideas arcaicas?. Todo lo contrario. No es posible  afrontar aisladamente el estudio  de las bases, los métodos y los fines de  la educación, sin coordinarlos con la estructura  general  de la sociedad. Y de allí la permanente y vital actualidad de cuanto atañe al desenvolvimiento y la correlación  de sus factores. 

 

Trujillo, 23 de Enero del 2008

 

 
 
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