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LUCHA DE IDEAS: ¿Y
LA CORRUPCIÓN DOCTOR GARCÍA?
Por
Oscar Felipe Ventura | |
El
norteamericano Enrique Meiggs – el más importante constructor de los
ferrocarriles peruanos – comprobó atónito el hecho de que la
aristocracia peruana en el gobierno, con singular displicencia,
destinaba, para condiciones topográficas similares, dos y hasta
cuatro veces el costo por kilómetro de línea férrea que gastaba el
gobierno de Chile. Esa indiferencia no era fruto de la ineptitud,
sino de la ambición. Don Jorge Basadre habló primero del “derroche
más atolondrado” y luego, de una “orgía”, para referirse a la
corrupción.
La corrupción se
ha convertido en uno de los grandes problemas nacionales. El primer
gobierno de Alan García terminó en medio del escándalo y tuvo que
fugar del país hasta que sus delitos prescribieran. Le sucedió un
japonés que predicaba honradez, además de tecnología y trabajo, y
cuyo gobierno fue uno de los más corruptos de la historia. Luego
huyó con las maletas llenas y en la olla putrefacta que se destapó
se encontraron ministros, parlamentarios, empresarios, militares,
jueces y fiscales y hasta personajes de la farándula; integraron las
tres mafias (blanca, amarilla y verde).
Aprovechándose
del atraso político, de la desmemoria del pueblo, del apoyo
derechista, el candidato de la estrella volvió y ganó pregonando un
“cambio responsable”, pero convertido en ferviente aplicador del
catecismo neoliberal. Si algún ingenuo creyó que abrazaría la causa
moralizadora, se equivocó. Se alió con los fujimoristas y tejió
componendas con la derecha con quienes, además de su común adhesión
al modelo, los une su falta de escrúpulos y sus enormes rabos de
paja.
La inmoralidad
se ha convertido en una forma predilecta que usa la derecha para
hacer política, los empresarios para hacer negocios, los jueces para
administrar justicia. De este modo la sociedad se hunde en la
vorágine del delito, de la violencia cotidiana, de la inseguridad
ciudadana. No hay poder o institución del Estado donde la corrupción
no haya echado raíces profundas. Mas allá de los frecuentes
escándalos periodísticos, lo cierto es que los grandes delincuentes
de cuello y corbata tienen garantizada su impunidad. A los delitos
de estos señores se les llama errores. La corrupción en los niveles
del Estado comprende diversos aspectos como: cuentas negras u
oscuras, fondos de campaña de origen oscuro, venta de activos del
Estado, operaciones de rescate financiero, licitaciones para obras
públicas y compras estatales, adquisición de armamentos, arreglos de
juicios a empresas, colusión entre la prensa y el gobierno,
especulación cambiaria, negociaciones de la deuda externa. Este
gobierno ya tuvo como víctima a la exministra del Interior Pilar
Mazzetti; se salvaron los ministro de Salud, de Vivienda y el de
Educación.
Esperar que el
Apra y la derecha moralicen al país es lo mismo que esperar que se
hagan el hara kiri. La regeneración moral y sanción a los corruptos
sólo puede venir de un gobierno comprometido con los intereses del
país y de sus habitantes. El desarrollo nacional es incompatible con
la degeneración moral y las mafias que medran con los recursos del
Estado. El Dr. García no dijo nada de este tema en su mensaje del 28
de julio. Impulsemos un proceso de regeneración moral, inseparable
de una nueva cultura política.
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