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EN TORNO A LA
FISCAL LOAYZA
Por
Rolando Breña Pantoja | |
El regreso o no de la fiscal Luz Loayza a Iquitos se ha
convertido en una verdadera ola de nieve. De una supuesta
vinculación de la Fiscal de la Nación con Fernando Zevallos (cierta
prensa y ciertos analistas hablaron incluso de ella casi como peón o
cómplice del tráfico ilegal de drogas y lavado de activos), la bola
arrastra ahora a la propia Loayza, a tenor de las declaraciones del
presidente de la Comisión de Justicia del Congreso, Raúl Castro. En
efecto, en su presentación en la referida Comisión, la Fiscal
Suprema Gladys Echaíz habría expresado “gravísimas acusaciones
contra Loayza” que merecerían ser investigadas.
Ya no se trata,
a nuestro juicio, de responder solamente a la cuestión de si Loayza
retorna o no; el retorno que, dicho sea de paso, no es una decisión
de la Fiscal de la Nación sino de la Junta de Fiscales Supremos,
sino también de otras cosas importantes:
- ¿Existe
realmente interés en la Fiscalía de la Nación de dificultar las
investigaciones en torno a Fernando Zevallos?
- ¿Se trata de
una ofensiva mediática y política para desembarcar a la doctora
Bolívar porque sería “incómoda” a ciertas esferas del poder?
- ¿En el caso de
Loayza, es sólo el interés de protegerla de “una muerte segura”,
según se dice, o existen otras motivaciones y hechos que habrían
sido informados en la Comisión de Justicia?
Parece que se abriera una verdadera “caja de Pandora”.
Hay, sin
embargo, otra cuestión de fondo. ¿Los funcionarios que desempeñan
labores de riesgo tienen condiciones de seguridad suficientes
especialmente? Todo funcionario que cumple su deber cabalmente,
especialmente en la Policía, el Ministerio Público, el Poder
Judicial, enfrentando con decisión el delito, siempre pone en riesgo
su seguridad. ¿Se resuelve este problema trasladándolos a Lima? Si
se acude a esta “solución”, sólo quedarán en las provincias
funcionarios ineptos, pusilánimes o complacientes.
Como puede
verse, el asunto de fondo no es si se traslada o no a un
funcionario, sino si el Estado es capaz de dotar a determinados
funcionarios que tienen trabajo de riesgo de las condiciones
suficientes para cumplirlos. Si el Estado no es capaz, entonces el
recurso fácil es despoblar los pueblos del interior de gentes
idóneas y dejar los que no lo son.
Aprovechemos la
“polémica” en torno a la fiscal Loayza y vayamos más allá. Y en
lugar de exigir a la Fiscalía de la Nación un traslado quizá
justificado de una fiscal, exijamos al gobierno preocuparse porque
esas condiciones se den.
Hay otras personas y funcionarios que también son objeto de
amenazas, atentados y muertes, como alcaldes y concejales,
funcionarios regionales, periodistas, maestros. ¿Los traeremos
también a Lima para protegerlos?
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