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IMAGINACIÓN, SE BUSCA
Por Rolando Breña Pantoja

“La imaginación al poder” era una frase que podía leerse casi a cada paso en el mayo francés de 1968. Bakunin escribía en su Cartas a un francés sobre la crisis actual que “la imaginación es una gran fuerza generalmente subestimada por la sociedad”. Hacemos mención a la imaginación a propósito de las últimas reacciones gubernamentales respecto de los cuestionamientos, movilizaciones y medidas de lucha en protesta por sus políticas económicas y sociales. Alan García, ministros y parlamentarios, carentes absolutamente de imaginación, han exhumado los mismos torpes, intolerantes y autoritarios “argumentos” que la vieja oligarquía usaba en su tiempo contra el Apra para perseguirla, reprimirla y ponerla fuera de la ley.

No estamos hablando de la imaginación para resolver problemas que prometieron resolver. Es obvio que, aunque su imaginación fuera desbordante y original, sería inútil, dado que el modelo que se transita sólo permite el pragmatismo y el utilitarismo en beneficio de los elegidos por el neoliberalismo.

Lo que sorprende es que políticos y partidos que presumen de experiencia, conocimiento y profesionalidad, atentos al devenir del pensamiento y la realidad, hayan buscado enfrentar sus dificultades con el movimiento social rescatando para sí los putrefactos restos de la sarta de “razones” de las que siempre se valió la vieja derecha, descubriendo comunistas, violentistas, terroristas, saboteadores, financiamiento exterior, etc.

Ha dicho el Presidente: “Hay un cargamontón... para eliminar el orden democrático”. Ha dicho Mulder que hay “una suerte de alianza entre... Patria Roja, los reciclados del MRTA y ex militantes de Sendero Luminoso”. Habla Giampietri inefablemente: “El señor Huamán qué otra cosa puede hacer si de eso vive, es su chamba”. Dice Del Castillo de la “Cumbre de los Pueblos” que son “pobretólogos”, que es una reunión de perdedores y no elegidos. Incluso un militar, que se supone prohibido constitucionalmente de hablar de política, el Gral. Donayre, opina que “hay instituciones que buscan dañar el sistema democrático, que es de libertad, de orden y de tranquilidad”; y añade amenazadoramente que “nuestro sistema de inteligencia podrá identificar en su momento para tomar las acciones debidas”.

Como se puede advertir, hacer política gubernamental es ahora, otra vez, insultar, fabricar complots y amenazas. Dónde andará el “savoir faire” del que a veces se habla con inexistente y sabionda suficiencia.

En fin, lo que nos preocupa no es tanto la orfandad de imaginación, “con su pan se lo coman”, recordando el libro mayor de la literatura española; sino hacia qué aguas cenagosas de autoritarismo e intolerancia puede arrastrarnos; hasta qué punto el pensar distinto puede, nuevamente, convertirse en reprochable, en perseguible, en delito.

 

 
 
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