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“QUIEREN
ENTERRAR VIVO A MI PADRE”
Por
Rolando Breña Pantoja | |
Lo dijo Keiko
Fujimori, agregando que “el maltrato” que sufre su padre “es
terrible”.
Es comprensible en tanto es su hija, y en comparación con el
encumbramiento de los Fujimori en la cúspide del poder hace pocos
años. Ciertamente debe ser terrible pasar de la cima a la sima. De
todopoderoso dictador a preso. Demandar y ser obedecido sin chistar,
a obedecer órdenes e invitaciones de simples policías o
funcionarios.
Pero él es un preso. Y como tal, sujeto a privación de la libertad y
otras restricciones. Es normal. Está acusado de graves delitos que
se sancionan con décadas de prisión. Diríamos que está bien tratado,
por encima de lo cotidiano.
Quienes lean que “se quiere enterrar vivo” a Fujimori y no conozcan
las cosas, podrían hacer volar desmedidamente su imaginación y creer
que habría sido arrojado a una moderna Torre de Nesle o “La
Bastilla”. Y otro más imaginativo podría llegar hasta Dumas y
Montecristo; o más contemporáneamente hasta Alcatraz.
Sin embargo, no necesitamos imaginar nada para saber que la prisión
temporal de Fujimori nada tiene que ver con las cárceles que muchos
vivieran con él o antes de él. Pregúntese a viejos apristas,
comunistas, sindicalistas que aún tengan vida (a su familia) lo que
fueron el Panóptico (hoy Sheraton), El Frontón o el Sepa, incluso
los de ahora.
Algunos fuimos también inquilinos de muchas prisiones. Recordamos
las celdas relativamente calmas de la ex carceleta “San Quintín”, o
la no tan calmas cuadras de la antigua Seguridad del Estado o el
Cuartel de la Guardia Republicana. No olvidamos las terribles celdas
de la antigua Brigada Criminal, con cucarachas y ratas retadoras de
su primer piso, siempre mojado y maloliente. Y los sótanos del
Palacio de Justicia, donde se estratificaba y avanzaban los presos,
empezando por “Miraflores”, pasando por “Huampaní”, “Cantagallo”,
“Huerta Perdida” hasta la infinita oscuridad y el olvido en la
tenebrosa “Cámara de Gas”. Y “El Sexto”, una pequeña, y quizá más
terrible y surrealista “Corte de los Milagros”; con su “Jirón de la
Unión”, su sopa negra que vendía un recluso por múltiple homicidio,
con el espíritu de “Rosita” rondando en cada piso en busca de
Arguedas para redimirse; con “Chupete” saltando los muros y
perdiéndose en la noche; con Abimael llegando a las celdas de la
azotea.
No pretendemos decir que Fujimori transite por lugares semejantes,
aunque muchos vivieran infiernos carcelarios o perdieran la vida en
su gobierno. Simplemente, que no se quitan tratos, condiciones o
juzgamiento al margen de las leyes. Muchos hubieran deseado que
Fujimori respetara lo que se demanda que con él se respete.
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