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LA LARGA MARCHA EN LA HAYA (II)
Por Rolando Breña Pantoja

Y se dio la largada, como diría Augusto Ferrando en el Hipódromo de Monterrico. Allan Wagner presentó ayer miércoles 16 la demanda peruana.

A la necesaria unidad nacional que reclamamos en nota anterior, hay que añadir, sin embargo, que el reclamo, muy justo, necesita una actitud enérgica, firme, decidida, sin dar pie a la menor concesión o debilidad en la defensa de nuestro territorio y nuestra soberanía nacional. Tienen que ser desterradas posiciones de debilidad o claudicación que ponen por encima relaciones comerciales o de amistad, importantes y necesarias de conservar, pero que no pueden empinarse por sobre lo que la demanda representa como país. No significa esto caer en chauvinismo, ataques o provocaciones, como sí lo hacen representantes gubernamentales y políticos del vecino país.
Mientras en el Perú ciertas autoridades y funcionarios actúan a la defensiva, casi con timidez, en Chile entran directamente a confrontar y hasta al ataque violento.

“Es un acto inamistoso que, claramente, afectará la agenda bilateral”, declara el senador Antonio Coloma. El Perú lo que busca “es una pelea con Chile”, dice otro senador, Alberto Cardemill. “Lamentamos que el Perú haya presentado la demanda”, opina el canciller Foxley. Recordemos las palabras ofensivas del presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, hace pocas semanas: “Nosotros recibimos una cantidad enorme de peruanos que no pueden vivir en su país. ¿Por qué razón les vamos a seguir abriendo las puertas a quienes nos quieren quitar parte de nuestra soberanía nacional?“.

En cambio aquí, declaramos que ”no es un gesto inamistoso... ni patrioterismo“ (Primer Ministro Del Castillo). ”Invocación... especialmente a los políticos, para que no se politice el tema y no se afecte las relaciones comerciales, económicas y de amistad que el Perú tiene con Chile“ (presidente de la Confiep, Cáceres Sayán). Ninguno habla de los derechos del Perú; sólo se atina a una actitud defensista el uno, y a la defensa de intereses comerciales el otro.
Esta es una confrontación, una batalla. Las armas no son, por cierto, las que destruyen vidas. Las armas son las leyes, la legalidad, la diplomacia, la política y, obviamente, la sabiduría, la inteligencia y la habilidad para utilizarlas. En última instancia, las fundamentales armas son la razón y la verdad que nos asisten. Pero la verdad requiere ser sostenida y demostrada. Para ello, además del proceso, reiteramos otra vez que es necesaria la unión de todos los peruanos y una actitud colectiva de firmeza.

Las batallas, todas las batallas, no se ganan con simples llamados, rogativas, pidiendo disculpas por defender derechos, doliéndonos por confrontar, proclamando por encima de todo una ”amistad“ a cuya sombra se pretende mutilar historia, territorio, soberanía.

 

 

 
 
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