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MOVIDAS
FUJIMORISTAS
Por
Rolando Breña Pantoja | |
No cabe duda. A
medida que avanza el proceso contra Fujimori se consolida
inexorablemente su responsabilidad en los crímenes ejecutados por el
grupo “Colina”, y en la instauración de políticas de violación de
los derechos humanos. Al parecer, ya no tiene escapatoria, y
abriéndose paso a la verdad, una larga condena a prisión le espera.
Esta sensación
debe estar fortaleciéndose en el procesado, su defensa, sus
familiares y en el variopinto movimiento fujimorista. Su cercanía al
borde del abismo explica con suficiencia el nerviosismo, el rictus
adusto y preocupado de Fujimori, así como la inquietud y el
nerviosismo de los abogados. Y, por cierto explica también, el
comportamiento político de sus huestes.
El sorpresivo anuncio de la formación de “Fuerza
2011” por Keiko
no es más que el intento de consolidar un movimiento disperso,
transitado por contradicciones e intereses, con el objeto de
enfrentar en mejores condiciones la probable condena del jefe.
Presentar un solo frente parlamentario y extraparlamentario que le
permita manejar más coordinadamente y con mayor eficacia su
presencia congresal, sus organizaciones populares, sus nexos con la
derecha económica neoliberal. Dotarlo de una sola orientación y
tácticas para mejor ejercer presión política, económica, social.
Pero este
anuncio no fue fruto de diálogo interfujimorista, sino una decisión
“manu militari” de una cúpula familiar que provocó escozores,
recelos, resentimientos. Es que este tipo de movimientos se maneja
así. El clan familiar, nombrado y bendecido por el líder hace y
deshace, el resto es comparsa, es marginado o se margina.
En este contexto, aparecen declaraciones de Santiago Fujimori que no
han merecido la atención suficiente. El buen Santiago, al ver que la
noche se precipita sobre su hermano, ha dado rienda suelta a su yo
interior, a sus convicciones y deseos; ha transparentado la
estrategia general fujimorista de recurrir a cualquier cosa y
cualquier precio pretendiendo salvar al procesado. Ha dicho que hay
que encontrar “una salida política” antes que Alberto sea condenado,
porque si no podría estallar “una guerra civil”. Más claro ni el
agua de manantial andino. El objetivo estratégico es “un arreglo
político”. En esa dirección todo cuenta y todo vale. Tienen que
unirse; tienen que mover sus figuras y sus peones en la política, en
el Poder Judicial, en la prensa, en la economía y las finanzas, en
las Fuerzas Armadas, en los organizaciones sociales. También tienen
que amenazar.
Quien amenaza es un congresista. Si algún otro hubiera lanzado tal
llamado los medios informativos, funcionarios políticos, empresarios
habrían alzado voces altísimas contra la violencia, la anarquía, por
la democracia.
Santiago ha llamado a la violencia en su expresión suprema: La
guerra civil. Amenaza y presiona al gobierno, al Poder Judicial, a
los peruanos.
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