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EL “PACIFICADOR” FUJIMORI
Por Rolando Breña Pantoja

En recientes entrevistas televisivas y columnas periodísticas han hecho su aparición, respecto del proceso contra Fujimori, dos argumentos esgrimidos por gentes que se autodenominan no fujimoristas. Se alega que se está juzgando a un “pacificador”, que salvó al Perú de una guerra interna destructiva, en la que el terrorismo senderista estuvo a punto de hacerse del poder; y que también puso los cimientos para reconstruir el país devastado por el terrorismo senderista y por el gobierno de Alan García. Sostienen, asimismo, que a Fujimori hay que juzgarlo por sus logros no por la forma de alcanzarlos, lo más importante es lo que heredamos, dicen: estabilidad económica y estabilidad política.

Estos argumentos buscan reforzar el accionar político y legal de la defensa del procesado y que han sido tomados al vuelo por fujimoristas que lo repiten y fundamentan en cada oportunidad. Lo que llama la atención es que estos refuerzos llegan de gentes que pregonaron a todos los vientos su lucha contra la corrupción, la dictadura y la defensa de los derechos humanos; pero no aparecieron jamás al frente cuando lo exigían las circunstancias; estuvieron a la sombra, compartiendo, “im-pectore”, sus orientaciones y acciones, o haciendo “críticas” que aparecían más como caricias que como oposición. Hoy, “sin querer queriendo”, ponen delante de nuestros ojos el modelo fujimorista como paradigma de bondades económicas y sociales y como una bendición que el actual gobierno continúe en él.

Estas tesis confusionistas contienen una altísima dosis de cinismo e impotencia, en tanto buscan escamotear, por un lado, los latrocinios legales, constitucionales, institucionales, el arrinconamiento de los derechos humanos; y por otro, relativizar los contenidos de la acusación, el reclamo de las víctimas y la memoria colectiva de la población.

Se nos quiere hacer comulgar con una gigantesca rueda de molino: no importa lo que haya hecho ni cómo lo haya hecho; no importa qué haya pisoteado, hecho trizas; no importa que haya masacrado o haya ordenado homicidios; lo que importa son los “logros”. Se convierte en una virtud extraordinaria la conocida enseñanza de Machiavello: “el fin justifica los medios”.

La historia registra muchos “pacificadores” no necesariamente gratos. El VISITADOR ARECHE “pacificó” el Virreinato cuando la revolución tupacamarista. Franco “pacificó” España de las convulsiones sociales bajo la República. Pinochet “pacificó” Chile de los conflictos durante el gobierno de Allende. Sí pues, se puede pacificar reduciendo todo a escombros, encarcelando y asesinando a diestra y siniestra; imponiendo la paz de los cementerios sobre cadáveres calcinados, enterrados, sumergidos bajo las aguas o simplemente insepultos. Sí pues, se juzga a un “pacificador”. Deberá cargar con el peso de su “paz”.

 

 

 
 
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