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MOQUEGUA
Por
Rolando Breña Pantoja | |
Moquegua,
apacible cuna de José Carlos Mariátegui, de mis camaradas Horacio
Zevallos y Miguel Constantinides. Cuna también del delicioso Pisco
“Italia” Biondi, que ambos -uno acciopopulista y el otro aprista- me
hicieran llegar amablemente, ha hecho noticia esa semana. No
precisamente por sus hermosas campiñas o sus riquezas naturales,
sino por un levantamiento popular (porque eso fue) en demanda de
respuestas al Gobierno Central.
Las razones y el descontento moqueguano debieron ser contundentes,
en tanto su medida de lucha no solamente convocó a la población
entera, sino que alcanzó altos grados de organización y,
lamentablemente, de violencia, debido a la torpe y autoritaria
reacción del gobierno.
¿Cómo puede ser
posible, hacen coro ciertos políticos, periodistas, economistas,
empresarios, que frente a un gobierno exitoso que lidera el momento
mejor de nuestra vida económica en décadas, con crecimiento continuo
de 13 años, con inmensas inversiones, con aumento sorprendente de
las aportaciones, con históricos récords de reservas
internacionales, etc, etc, puedan existir este tipo de asonadas y
que el Presidente de la República, tenga en el sur, una
desaprobación que alcanza casi al 80%?
Este es un
misterio que no alcanzan a desentrañar tan preclaras inteligencias.
Inventan, entonces, argumentos inverosímiles de confabulaciones y
tinglados extremistas. Se alucinan objeto de todos los males, todos
los ataques, todos los conjuros. No quieren ni tienen explicaciones
o razones, sólo buscan embestir con los ojos cerrados contra sus
presuntos enemigos.
Precisamente este es el peligro. Al negarse a admitir que su modelo
económico es altamente elitista y beneficia principalmente a
sectores privilegiados minoritarios, y no admitir cuestionamientos
ni críticas y atacar violentamente, empieza a actuar a la defensiva,
a repartir palo a diestra y siniestra. Va a camino a convertirse en
un gobierno autista, solo se escucha a sí mismo y siempre,
inexorablemente, tendrá la razón. Esta es, ciertamente, la mejor
manera de asfaltar una autopista hacia el verticalismo y el
autoritarismo. Y esta autopista va en un solo sentido. Una vez
alcanzada cierta velocidad en ella, ya no hay retorno. Y entonces,
ya no será solo Moquegua.
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