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FERIA DE SANGRE
Por
Rolando Breña Pantoja | |
Es sorprendente,
y debería ser indignante para la Iglesia católica y los fieles, que
los organizadores de la masacre anual de toros le hayan puesto el
impío nombre de “Feria Taurina del Señor de los Milagros”. Es
difícil creer que los luctuosos hechos que se perpetran en esta
malhadada feria puedan encontrar lugar en el espíritu piadoso, de
búsqueda de purificación, de arrepentimiento, de promesa y esperanza
de las multitudes fervientes que acuden presurosas al llamado de las
procesiones octubrinas.
Precisamente, en el diario Expreso (29 de oct.), el “crítico
taurino” Raúl Aramburú pontifica que “lo que no podemos perder nunca
es el amor por la feria”. No alcanzamos a comprender cómo es posible
utilizar la palabra amor y su inmenso, hermoso, apasionado, sublime
contenido, para identificarla con el crimen y la tortura de los que
son objeto los hermosos toros. ¿Amor a qué? ¿A los puyazos, a las
banderillas, al criminal estoque? ¿A la agonía, la desesperación, el
dolor, la impotencia y la muerte dolorosa del animal que
huachafamente llaman “cornúpeta”?
En la misma “crítica” se hace “análisis de cada toro” y encontramos
asombrosas definiciones y apreciaciones.
Dice: “atentaron contra el espectáculo”. Más abajo “se duele en
banderillas” (toro “Taquito”); “protesta en la muleta” (toro “Tequilero”).
Francamente es una colección de disparates. Acusar al toro de
“atentar”, de “dolerse”, de “protestar”. ¿Qué quiere el crítico?
¿Que el toro sea un dócil colaborador de su muerte? ¿Que sonría y dé
vivas al picador-torero-banderillero-matador mientras acribilla su
sano y vigoroso cuerpo, convirtiéndolo en piltrafa sanguinolenta?
Falta nomás que se le ocurra acusar al toro de saboteador y
terrorista por no corresponder a las rugientes graderías de Acho
para ver sangre y muerte como en los antiguos espectáculos del
Coliseo Romano y sus gladiadores.
También el “crítico” es “crítico” de belleza. Dice de un toro que
“embiste descompuesto” (el cuarto, “Pampero”). Y de otro que no está
“bien hecho” y que es “pobre de cara” (el tercero, “Tequilero”).
Vayan barbaridades. Hubieran mejor aconsejado que antes los toros
pasaran por un salón de belleza o por la academia de Frieda Holler.
Para completar con la cereza de la torta, dice “prometió mucho al
principio. Luego se apagó” (sexto, “Toro Chilango”). Qué
interesante, pues este toro se parece a nuestros políticos, cuando
candidatos y cuando son electos luego.
En fin, reiteramos nuestro propósito de contribuir a la desaparición
de esta barbaridad de cada octubre. Ojalá los devotos del Señor de
los Milagros nos ayuden en este empeño.
Y ojalá también
que, aunque no le gusten los derechos humanos, el cardenal Cipriani
pueda interesarse en el derecho de los animales.
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