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SEMINARIO
INTERNACIONAL
PARTIDO, VANGUARDIA, DEMOCRACIA, REVOLUCION
LOS RETOS DE LA
REVOLUCION Y EL SOCIALISMO
"En la lucha
entre dos sistemas, entre dos ideas, no se nos ocurre sentirnos
espectadores ni inventar un tercer camino...En nuestra bandera,
inscribimos esta sola, sencilla y grande palabra: Socialismo".*
Alberto Moreno Rojas
Secretario General del PC del Per� - Patria Roja
Presidente del Movimiento Nueva Izquierda- Coordinador del Frente Amplio
No es suficiente conocer c�mo
funciona el mecanismo econ�mico del capitalismo y el imperialismo,
su l�gica y cambios internos, sus artilugios. Es igualmente
indispensable comprender el movimiento estrat�gico y t�ctico de
quienes lo representan y conducen, entender que junto a la realidad
concreta opera la voluntad humana, el factor subjetivo que act�a e
influye en ella.
Por definici�n el capitalismo y el imperialismo no son perpetuos ni
estancos; llevan en su seno contradicciones insuperables dentro del
mismo r�gimen econ�mico y social que hay que revelar y mostrar sin
piedad, y entenderlo como fen�meno hist�rico y concreto, cambiante
y a la vez perecible.
Con la arrogancia que caracteriza a todo imperio, sobre todo a
quienes abrigan mentalidad fascista, al explicar la nueva estrategia de seguridad nacional de los Estados
Unidos luego del 11 Septiembre del 2002 Bush hizo la siguiente
declaraci�n: "Durante la mayor parte del siglo XX, el mundo
estuvo dividido por una gran lucha de ideas: las ideas destructivas
del totalitarismo versus la libertad y la igualdad. Esa gran lucha
ha terminado... con una victoria decisiva de las fuerzas de la
libertad - y en un solo modelo sostenible de �xito nacional:
libertad, democracia y libre empresa". Este pensamiento
mesi�nico es el que se difunde como verdad, como la demostraci�n
de que el capitalismo y el imperialismo son perpetuos, y todo cuanto
se confronte con �l ser�a la representaci�n de ideas destructivas
y totalitarias ajenas a la democracia, la libertad o la igualdad. De
todo ese discurso c�nico y demag�gico hay una sola cuesti�n a
rescatar: la enorme importancia que tiene la lucha de ideas para
preservar lo establecido o para cambiar esa realidad.
La estrategia que gui� el accionar del imperialismo norteamericano
durante la llamada Guerra Fr�a fue condensada en una sola palabra:
"contenci�n". Contener al comunismo, impedir los
movimientos de liberaci�n, cerrarle el paso a la revoluciones
nacionales y sociales. Con ese objetivo y en nombre de la democracia
instal� y protegi� dictaduras monstruosas como las de Somoza,
Duvalier, Pinochet, Videla y tantos otros s�trapas, organiz�
guerras de agresi�n, destruy� pueblos enteros, amenaz� al mundo
con la conflagraci�n at�mica. Su nueva estrategia - de guerra
preventiva - usa como pretexto el terrorismo, pero en realidad se
propone afianzar su hegemon�a unipolar, hacer del siglo XXI el
siglo norteamericano sometiendo a las naciones y pueblos a sus
dictados, sostener el inhumano, expoliador y depredador modelo de
globalizaci�n neoliberal. Si ayer, el principal pa�s violador de
los derechos humanos se erigi�, ir�nicamente, en su defensor para
desacreditar al socialismo y arrinconar a su principal rival, la
URSS; hoy el mayor terrorista de la humanidad se erige en el
abanderado de la lucha contra el terrorismo para alcanzar sus mismos
objetivos hegem�nicos. La agresi�n a Afganist�n e Irak es la
mejor demostraci�n de ello.
Con la ca�da de la URSS el pent�gono prepar� un informe entre los
a�os 92-94, a cargo de Paul Wolfowitz, para cambiar la estrategia
de "cooperaci�n y multilateralidad" de Clinton, a una
estrategia de "primac�a", cuyos objetivos, seg�n el New
York Times, del 8 de marzo de 1992, eran: "impedir que
cualquier potencia hostil domine regiones cuyos recursos le permitan
acceder a la condici�n de gran potencia", "disuadir a los
pa�ses industrializados avanzados de cualquier tentativa de
cuestionar liderazgo norteamericano o de modificar el orden
pol�tico y econ�mico establecido" y "prevenir la
emergencia futura de cualquier competencia a nivel global".
Esta estrategia no fue aceptada completamente por el Pent�gono,
hasta que fue elegido Bush, quien pidi� a su Secretario de Defensa
Donald Rumsfel "que desafiara el status quo en el seno del
Pent�gono y que preparara la estrategia de guerra del siglo
XXI" ( N.Y.T. del 27 de diciembre del 2000). Esta fue
presentada al Congreso de Estados Unidos el 20 de Septiembre del
2002.
Esta estrategia debe ser derrotada y lo ser� sin duda con la unidad
m�s amplia de los pueblos del mundo que se resisten a ella, y con
la lucha de cada uno de ellos en sus respectivos pa�ses, siempre
que se tenga claro que la victoria es posible.
Un asunto de enorme importancia en la lucha contra el imperialismo y
la globalizaci�n neoliberal es precisamente el de la ideolog�a y
la cultura. Mari�tegui, el pensador socialista peruano, afirm� con
raz�n que el capitalismo jam�s le "hace concesiones al
socialismo" en asuntos ideol�gicos y de principios; en
consecuencia el socialismo y la revoluci�n tampoco deben hacerlos
al capitalismo.
Los enormes avances cient�ficos y tecnol�gicos, la riqueza creada,
el conocimiento de los l�mites y posibilidades del planeta, de
aprovecharse racionalmente, ser�an suficientes para terminar con
las abismales desigualdades, la pobreza y las guerras, y evitar una
cat�strofe a la humanidad �Qu� lo impide? El desaforado af�n de
enriquecimiento que propicia el capitalismo, la ambici�n
hegem�nica y totalitaria a que conduce el imperialismo. Este solo
hecho es la demostraci�n de que el capitalismo se ha convertido no
s�lo en el obst�culo mayor para el desarrollo sustentable, el
progreso y el orden justo, sino tambi�n en la amenaza para la
sobrevivencia humana en el planeta.
Las condiciones objetivas para dar
paso a cambios revolucionarios est�n presentes, en mayor o menor
grado, sobre todo en Am�rica Latina, independientemente de sus
formas y procesos concretos. La traba tiene que ver sobre todo con
el atraso del factor subjetivo, con la insuficiente elaboraci�n
te�rica revolucionaria y las dificultades para dar respuesta
program�tica en la nueva realidad en la que estamos instalados, con
las carencias para organizar con rapidez y conducir las fuerzas que
hagan viable esos cambios. No es pues suficiente la cr�tica al
neoliberalismo y al imperialismo; es la hora de la acci�n, de la
iniciativa creadora y la audacia. Las revoluciones producidas a lo
largo de la historia fueron precedidas por la lucha en el �mbito de
las ideas. Las ideas nuevas anteceden a la acci�n, la acci�n, a su
vez, pone a prueba las ideas y las enriquece. No se debe desconocer
la importancia de la voluntad pol�tica, de la iniciativa y de la
audacia para aprovechar las oportunidades y las potencialidades
dormidas de las masas populares que hay que saber despertar y poner
en movimiento. Las experiencias cubana y venezolana constituyen
ejemplos claros al respecto.
Esta batalla global tiene sus
expresiones concretas y singulares en cada uno de nuestros pa�ses.
La estrategia del imperio norteamericano pretende anticiparse e
impedir que esos cambios se produzcan. Sabe que su victoria es
p�rrica aunque se niega a reconocerla, y sabe tambi�n que su
parafernalia ideol�gica es deleznable. Lo que le queda es el
recurso de la fuerza, de la guerra, del fascismo, el contenido
fundamental de su nueva estrategia.
EL PERU DE HOY Y SUS PERSPECTIVAS
El Per� no es ajeno a esta realidad, aunque debemos admitir que el
impulso del movimiento revolucionario no corresponde, por el
momento, a las posibilidades que contamos, ahora aceleradas por el
colapso del neoliberalismo. Resolver esta contradicci�n es la tarea
que tenemos planteada en el Movimiento Nueva Izquierda y en la
izquierda peruana en general.
Venimos de un per�odo de derrota y
crisis de la izquierda y de reflujo del movimiento sindical y
popular, que se inicia a finales de la d�cada de los 80s y se
extiende a lo largo de los 90s. Las d�cadas anteriores configuraron
un largo per�odo de expansi�n de la izquierda y de un vigoroso
movimiento de masas, juvenil y cultural. Con ellos conocimos la
presencia de partidos revolucionarios y progresistas con inserci�n
real en la sociedad, quienes dieron origen a Izquierda Unida, cuya
gravitaci�n electoral la convirti� en la segunda organizaci�n
pol�tica del pa�s.
Estos importantes avances fueron el
resultado de una prolongada acumulaci�n de fuerzas, de condiciones
favorables presentes entonces, y tambi�n de experiencias como las
reformas del gobierno de Velasco Alvarado entre 1968 y 1975. El
contexto internacional favorable a la lucha antiimperialista,
democr�tica y socialista, fue otro factor que influy�
considerablemente. En ese escenario se hizo presente el accionar de
Sendero Luminoso, de consecuencias fatales por su irracionalidad y
aventurerismo, que la derecha y los servicios de inteligencia
supieron capitalizar a su favor y cuyos efectos negativos perduran
hasta el presente.
El movimiento de masas de esos a�os
alcanza su expresi�n m�s elevada, por su contenido y
posibilidades, con la realizaci�n de la Asamblea Popular Nacional
en 1987, como expresi�n de la democracia directa, con la
participaci�n de miles de delegados. A partir de entonces,
contradictoriamente, se inicia un per�odo de reflujo prolongado del
que estamos saliendo con dificultad. De otro lado, con la divisi�n
y luego desaparici�n de Izquierda Unida, consecuencia de la
inmadurez de su conducci�n, de la incapacidad para determinar una
estrategia correcta y entender el valor de la unidad alcanzada, de
la presencia de contradicciones superables pero que no encontraron
soluci�n e hicieron estallar el proyecto unitario. A partir de
all� ingresamos en una nueva etapa marcada por la fragmentaci�n de
la izquierda, el achicamiento electoral hasta casi desaparecer, y
tambi�n el retroceso de las organizaciones sindicales y populares.
Desde fines de la d�cada pasada ingresamos en una nueva fase: de
reconstrucci�n del tejido social y pol�tico de izquierda en clara
confrontaci�n con los gobiernos de la derecha comprometidos con la
aplicaci�n del modelo neoliberal, el entreguismo y la corrupci�n.
El escenario pol�tico de entonces
estuvo marcado por la severa crisis econ�mica y social de fines de
los a�os 80s, por la violencia senderista y la irrupci�n del
neoliberalismo. El reci�n inaugurado gobierno de Fujimori le
imprime una velocidad entendible solamente por la ausencia de
fuerzas de resistencia, por la debilidad y desorientaci�n de la
izquierda y el movimiento popular, pero tambi�n por el
aprovechamiento corrupto y demag�gico que hizo el dueto
Fujimori-montesinos del descr�dito de los partidos pol�ticos, de
las instituciones del Estado y de la violencia pol�tica, que
explican el respaldo que alcanza el autogolpe que llev� a cabo en
1992.
A lo largo de ese per�odo qued� en
evidencia la fragilidad ideol�gica, te�rica y program�tica de un
amplio sector de dirigentes pol�ticos e intelectuales que se
hab�an integrado a Izquierda Unida. Parte importante de ellos
adhirieron al neoliberalismo y cogobernaron con el Fujimorismo,
otros m�s tarde, con Toledo, y no pocos se hundieron en la
pasividad. Luego del derrumbe de la URSS se abri� paso la tesis de
que el socialismo estaba terminado y que hab�a que "correrse
al centro izquierda". Con ello parec�an darle la raz�n a
Fukuyama quien decret� "el fin de la historia" y el
"fin de las ideolog�as".
Actualmente, en el Per� la izquierda
como el socialismo, as� como el movimiento sindical y popular se
encuentran en franco proceso de recuperaci�n y crecimiento. De la
fragmentaci�n pol�tica y social de ayer se avanza a un proceso de
unidad. La constituci�n del Frente Amplio en febrero pasado, con la
participaci�n de 9 agrupaciones pol�ticas y con posibilidades de
extenderse a otras, es una demostraci�n de esos avances. Mientras
tanto la derecha, dividida y sin otra respuesta que sus desgastadas
banderas neoliberales, se refugia bajo el r�tulo centrista, y los
centristas de ayer se rotulan de centro izquierda.
LOS RETOS SON ENORMES PERO SUPERABLES
La crisis en Per� tiene un trasfondo estructural y ra�ces muy
antiguas. Lo que est� en cuesti�n es la misma configuraci�n de la
Rep�blica tal como cristaliz� desde sus or�genes.
Despu�s de 184 a�os de vida
republicana una mirada panor�mica a lo realizado desde la
Independencia Nacional muestra un pa�s que no ha sido capaz de
resolver las grandes tareas de libertad y justicia social que vienen
desde Tupac Amaru II y los fundadores de la rep�blica: en suma,
construir una naci�n diversa cultural y �tnicamente en sus
componentes, pero �nica en sus objetivos.
En pleno proceso de globalizaci�n
capitalista e interrelaci�n creciente de los pa�ses, seguimos
siendo una naci�n en formaci�n, que necesita cumplir tareas que
hace mucho debieron estar resueltas. En el Per� el capitalismo no
ha sido capaz de construir naci�n, crear mercado, construir un
estado moderno y descentralizado, forjar ciudadan�a. Estas
contin�an siendo tareas irresueltas en el camino que conduce al
socialismo.
El trasfondo hist�rico es la
exclusi�n y la dependencia. El Per� naci� excluyendo a la inmensa
mayor�a de su poblaci�n ind�gena, campesina y negra. En lugar de
su integraci�n y ciudadan�a se prefiri� una rep�blica de
arist�cratas, caudillos y bur�cratas que afianzaron el r�gimen
feudal y la concentraci�n de la propiedad de la tierra, impidieron
el surgimiento de una burgues�a con verdadero sentido nacional y
emprendedor, y desaprovecharon oportunidades que hubiesen permitido
el despegue de la econom�a y la construcci�n de una sociedad
moderna. Se superpuso as� el Per� formal al Per� real, el
caudillo a la sociedad, la impunidad a la ley. Las constituciones
fueron casi siempre floreros sin eficacia real.
Falto de vigor patri�tico no pod�a
afirmar la identidad nacional y menos representar los intereses de
nuestra diversidad �tnica. La independencia nacional cedi� paso a
la dependencia y m�s tarde a la neocolonialidad, el factor m�s
importante para entender el atraso y la imposibilidad de su despegue
econ�mico. En su lugar prevaleci� el racismo blanco sobre el
ind�gena y el negro, junto a la sumisi�n de las elites dominantes
al poder extranjero. La ideolog�a y cultura coloniales
sobrevivieron por muchos a�os a la formal independencia nacional.
Sin identidad nacional y sin unidad era imposible sentar las bases
s�lidas que permitieran construir un pa�s con prosperidad
aprovechando las potencialidades disponibles, entre ellas: la
diversidad de recursos naturales, el sustento hist�rico, la
laboriosidad de un pueblo que desde el pasado remoto ha demostrado
enorme creatividad y capacidad de realizaci�n.
En palabras certeras de Mari�tegui
falt� una clase dirigente que aprovechara esas potencialidades y
moldeara la sociedad para hacer del Per� no el pa�s atrasado,
invertebrado, centralizado, excluyente, que es hoy, donde la pobreza
crece y la desesperanza se abre paso, sino otro distinto. No
fallaron las condiciones materiales ni los obst�culos eran
invencibles. Fallaron quienes nos vienen gobernando hasta hoy, con
pocas excepciones, que nos encaminan a la inviabilidad como pa�s si
no se producen cambios radicales de cara al siglo XXI.
El problema que ha tenido el Per�,
vigentes hasta el presente, ha sido siempre la ausencia de un
proyecto de naci�n y de una clase dirigente que le permita saber a
d�nde va y c�mo puede ajustar a �l sus fuerzas, capacidades y
posibilidades. Ha carecido de la fuerza moral, de la voluntad de
unidad, de la confianza en s� misma, que otorgan las grandes causas
y los grandes ideales. Una sociedad regida por una casta gobernante
falta de patriotismo, de confianza en el pueblo y sin voluntad de
realizaci�n, carece de futuro. Las clases dominantes y quienes
gobernaron el Per� - con escasas excepciones - nunca miraron m�s
all� de sus intereses concretos; tampoco lo sintieron como una
tarea colectiva. Ciento cuarenta a�os del total de la vida
republicana est�n marcadas por dictaduras de todo tipo, donde la
legalidad fue pisoteada, los derechos ciudadanos negados o
violentados, la arbitrariedad institucionalizada, la dominaci�n
externa consentida y aplaudida. Todav�a a principios del siglo
pasado, el gran libertario Gonz�les Prada, denunciando las lacras
de la corrupci�n dijo que en el Per� "donde se pone el dedo
salta el pus".
La violencia no es patrimonio de las
dos �ltimas d�cadas, aunque es verdad que aqu� alcanzaron cimas
irrepetibles por su magnitud y brutalidad. No s�lo desde el lado de
Sendero Luminoso, sino desde el Estado y su estrategia de guerra
sucia dise�ada en Estados Unidos.
La crisis del Estado es un hecho que
no requiere mayor demostraci�n. El crecimiento de la violencia
social y la inseguridad ciudadana pone a prueba su fragilidad. Cada
d�a es m�s evidente su insolvencia para asumir sus
responsabilidades sociales, garantizar el desarrollo sostenido y
asegurar un futuro promisorio para las mayor�as nacionales. Con el
neoliberalismo se ha llegado a niveles pat�ticos de insolvencia e
improvisaci�n, que explica la abrumadora desconfianza de la
poblaci�n en las instituciones del Estado.
Visto en perspectiva el futuro que
nos ofrece el neoliberalismo muestra un panorama sombr�o. En ese
contexto de crisis econ�mica, pol�tica, social y moral, est�n a
la orden del d�a producir cambios estructurales que resuelvan los
problemas hasta hoy sedimentados y den respuesta a los nuevos retos
que nos presenta un mundo globalizado a favor de las transnacionales
y de exclusi�n de pa�ses y pueblos como el nuestro. El
diplom�tico peruano Oswaldo de Rivero, en su libro "El mito
del desarrollo" sintetiza muy bien esta realidad con las tesis
de Apartheid social e inviabilidad econ�mica y la necesidad que
tienen muchos pa�ses de �frica, Asia y Am�rica Latina de concluir
sus proyectos nacionales.
Es contra esta realidad que nos
revelamos. Dejarla atr�s para abrir las anchas avenidas de la
transformaci�n social y la renovaci�n moral e intelectual, es e l
gran reto de los socialistas peruanos.
FORJANDO LAS HERRAMIENTAS PARA EL
CAMBIO
"Capitalismo o socialismo. Este es el problema de nuestra
�poca" escribi� en septiembre de 1928 Jos� Carlos
Mari�tegui. El dilema est� planteado hoy con m�s fuerza que
entonces. No hay viabilidad duradera para el Per� sin el
socialismo. Los caminos que se hayan de seguir, las formas de lucha
a desarrollar, los procesos concretos a transitar, pueden ser
varios, pero el horizonte es el mismo: el socialismo que no ser�
"calco" ni "copia" sino "creaci�n
heroica" del pueblo peruano.
Creaci�n heroica, realizaci�n de
las multitudes, en lugar de dogmas o promesas plasmadas entre cuatro
paredes, que responda a una historia y a una realidad concreta, a
una correlaci�n de fuerzas igualmente concreta. Esta lecci�n
magistral de Mari�tegui, confirmada en su obra intelectual y
te�rica, en ese enorme canto al estudio y la meditaci�n que son
sus "Siente ensayos de interpretaci�n de la realidad
peruana", no supimos entenderla y por eso los fracasos
sucesivos. Investigar la realidad, partir siempre de ella, es la
�nica manera de entenderla y transformarla. Pero esa realidad
significa tambi�n historia, cultura, �tica, valores, tradiciones,
sentimientos, gente concreta que hay que poner en pie y desplegar su
iniciativa. Es decir conciencia, organizaci�n, patriotismo,
pasi�n, participaci�n activa y voluntad de vencer.
No se puede cambiar lo viejo con las
armas que provienen de su arsenal. De all� la necesidad de
construir una nueva cultura pol�tica, una nueva �tica, una nueva
manera de entender el mundo y el papel de las masas populares.
Estamos lejos de sostener concepciones espontaneistas y
economicistas, que en el Per� tuvo siempre fuerte arraigo con
resultados onerosos, que explica mucho el atraso te�rico y
pol�tico que tenemos o las insuficiencias en la construcci�n de la
vanguardia pol�tica. Por experiencia vivida sabemos de su
nocividad, de la misma manera que estamos prevenidos del
vanguardismo y el aventurerismo.
Necesitamos construir un poderoso
movimiento pol�tico de izquierda y socialista, que es mucho m�s
que participaci�n electoral. El Frente Amplio, del cual somos sus
impulsores juntamente con otras agrupaciones de izquierda y
patri�ticos, se propone ese objetivo. Pero no ser� suficiente,
pues no es bastante la unidad pol�tica. A ella hay que sumar el
movimiento social y �tnico con un definido compromiso por el cambio
social y la democracia participativa y directa, y la lucha sostenida
en el �mbito de la ideolog�a y la cultura. Esta estrategia de tres
acumulaciones que se interrelacionan y apoyan rec�procamente es el
resultado de la experiencia peruana acumulada hasta el presente.
La genialidad de Mari�tegui fue
puesta a prueba en este aspecto. Al retornar de Europa en 1923, el
joven Mari�tegui ten�a la determinaci�n de concurrir a la
realizaci�n del socialismo en el Per�. Hasta los d�as finales de
su vida se dedic� a esta obra gigantesca combinando su trabajo en
el �mbito ideol�gico, te�rico y cultural con la organizaci�n de
las masas trabajadoras, creando as� las condiciones para constituir
en l928 el Partido Socialista (hoy Comunista). Como primera tarea se
propuso crear una corriente de pensamiento progresista y
antiimperialista, primero, luego socialista, ganando a la vanguardia
obrera e intelectual a esas ideas y prop�sitos. A tal objetivo
orient� su labor period�stica, la fundaci�n de una editorial, la
edici�n de las revistas Amauta y Labor, sus Siete ensayos..., entre
otros. Con ello prepar� el terreno que le permitir�a, m�s tarde,
organizar el Partido Socialista, promover el frente �nico, y
tambi�n organizar a los trabajadores en la CGTP, a los campesinos
en la Federaci�n de Yanaconas y a los estudiantes. Es conocida
tambi�n su enorme atenci�n dedicada a la masa ind�gena.
Esta arquitectura sigue un rumbo
estrat�gico muy definido: construir la fuerza pol�tica de la
revoluci�n y el socialismo enraizada en las masas populares, con
s�lidos cimientos te�ricos, intelectuales y morales. Por eso
siempre entendi� a los trabajadores como actores activos del
proceso emancipador, y no como masas pasivas. Esta visi�n
totalizadora permit�a entender la lucha por el socialismo no s�lo
como un objetivo a alcanzar, sino tambi�n como un proceso que
empezaba a construirse con la capacitaci�n intelectual y moral de
los sujetos comprometidos con �l. Por eso la inseparable unidad de
teor�a y pr�ctica, de pensamiento y acci�n, de pasi�n y
disciplina que lo caracteriz�, puesto que su pensamiento y su vida
constituyeron, en palabras suyas, " una sola cosa, un �nico
proceso".
La propuesta de la izquierda peruana
para el presente per�odo pol�tico, que toma en cuenta el estado
actual de la correlaci�n de fuerzas y tiene como blanco concreto al
neoliberalismo, se condensa en su consigna: Frente Amplio para una
Nueva Rep�blica. La crisis que padece el Per�, es mucho m�s
grande y profunda que la crisis pol�tica que compromete al gobierno
del Dr. Toledo. El rechazo abrumador a su gesti�n hay que
entenderlo tambi�n como expresi�n del rechazo creciente del pueblo
peruano al modelo neoliberal que viene aplicando su gobierno
entreguista, corrupto y demag�gico, y a la crisis sist�mica de la
sociedad peruana.
Una nueva Rep�blica ser�a inviable,
a su vez, si no concurren cuatro factores fundamentales: un proyecto
nacional, una nueva carta Constitucional, un gobierno patri�tico,
democr�tico, de regeneraci�n moral y ancha base social, finalmente
una izquierda fuertemente enraizada en las masas populares, capaz de
convocar la unidad m�s amplia de todos los sectores agredidos por
el imperialismo, arruinados por el neoliberalismo, cercenados sus
derechos por el Estado centralista, autoritario, burocratizado, que
incluya a los trabajadores, intelectuales y artistas, a la mujer y
la juventud, a los campesinos, a los peque�os y medianos
empresarios y a las diversas etnias del pa�s.
En las condiciones del Per� de hoy
�ste es el reto y en esa direcci�n venimos trabajando comunistas,
socialistas, patriotas, dem�cratas y progresistas que asumen
consecuentemente sus banderas. Nos proponemos obligar a definiciones
precisas e impulsar una polarizaci�n entre izquierda y derecha,
cambio y continuismo, patriotismo y entreguismo. De c�mo se
construya una nueva correlaci�n de fuerzas depender�n las nuevas
tareas. En este contexto las elecciones generales, regionales y
municipales del 2006 tienen importancia especial; sin embargo,
estamos atentos a la evoluci�n de los acontecimientos, pues en ese
lapso no es imposible la insurgencia popular.
Venezuela y su Revoluci�n
Bolivariana representan, en ese sentido, una clara demostraci�n
inequ�voca de que los cambios son posibles si cuentan con la
determinaci�n de los pueblos para llevarlas a cabo; que los caminos
a seguir responden a realidades y circunstancias concretas y
singulares; que el factor voluntad cuando las condiciones maduran,
es determinante; y que el imperialismo y sus cipayos jam�s
tolerar�n perder sus privilegios y que est�n dispuestos a romper
sus propias reglas cuando se trata de defenderlos.
Saludamos el liderazgo firme,
inteligente y audaz del presidente Hugo Ch�vez, que ha sido capaz
de congregar el entusiasmo, la fe y la voluntad de millones de
venezolanos para hacer realidad la patria independiente que so��
Bol�var, la democracia participativa, la justicia social, la
regeneraci�n moral y la unidad nacional; el punto de partida en la
marcha indetenible de los pueblos hacia su emancipaci�n y el
socialismo.
Lima, 20 de mayo del 2005
*Jos� Carlos Mari�tegui. "Ideolog�a y Pol�tica", P�g.
246, T.13. |

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