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SEMINARIO INTERNACIONAL
PARTIDO, VANGUARDIA, DEMOCRACIA, REVOLUCION

LOS RETOS DE LA REVOLUCION Y EL SOCIALISMO

"En la lucha entre dos sistemas, entre dos ideas, no se nos ocurre sentirnos
espectadores ni inventar un tercer camino...En nuestra bandera,
inscribimos esta sola, sencilla y grande palabra: Socialismo".*

Alberto Moreno Rojas
Secretario General del PC del Per� - Patria Roja
Presidente del Movimiento Nueva Izquierda- Coordinador del Frente Amplio

 

No es suficiente conocer c�mo funciona el mecanismo econ�mico del capitalismo y el imperialismo, su l�gica y cambios internos, sus artilugios. Es igualmente indispensable comprender el movimiento estrat�gico y t�ctico de quienes lo representan y conducen, entender que junto a la realidad concreta opera la voluntad humana, el factor subjetivo que act�a e influye en ella.
Por definici�n el capitalismo y el imperialismo no son perpetuos ni estancos; llevan en su seno contradicciones insuperables dentro del mismo r�gimen econ�mico y social que hay que revelar y mostrar sin piedad, y entenderlo como fen�meno hist�rico y concreto, cambiante y a la vez perecible.
Con la arrogancia que caracteriza a todo imperio, sobre todo a quienes abrigan mentalidad fascista, al explicar la nueva estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos luego del 11 Septiembre del 2002 Bush hizo la siguiente declaraci�n: "Durante la mayor parte del siglo XX, el mundo estuvo dividido por una gran lucha de ideas: las ideas destructivas del totalitarismo versus la libertad y la igualdad. Esa gran lucha ha terminado... con una victoria decisiva de las fuerzas de la libertad - y en un solo modelo sostenible de �xito nacional: libertad, democracia y libre empresa". Este pensamiento mesi�nico es el que se difunde como verdad, como la demostraci�n de que el capitalismo y el imperialismo son perpetuos, y todo cuanto se confronte con �l ser�a la representaci�n de ideas destructivas y totalitarias ajenas a la democracia, la libertad o la igualdad. De todo ese discurso c�nico y demag�gico hay una sola cuesti�n a rescatar: la enorme importancia que tiene la lucha de ideas para preservar lo establecido o para cambiar esa realidad.
La estrategia que gui� el accionar del imperialismo norteamericano durante la llamada Guerra Fr�a fue condensada en una sola palabra: "contenci�n". Contener al comunismo, impedir los movimientos de liberaci�n, cerrarle el paso a la revoluciones nacionales y sociales. Con ese objetivo y en nombre de la democracia instal� y protegi� dictaduras monstruosas como las de Somoza, Duvalier, Pinochet, Videla y tantos otros s�trapas, organiz� guerras de agresi�n, destruy� pueblos enteros, amenaz� al mundo con la conflagraci�n at�mica. Su nueva estrategia - de guerra preventiva - usa como pretexto el terrorismo, pero en realidad se propone afianzar su hegemon�a unipolar, hacer del siglo XXI el siglo norteamericano sometiendo a las naciones y pueblos a sus dictados, sostener el inhumano, expoliador y depredador modelo de globalizaci�n neoliberal. Si ayer, el principal pa�s violador de los derechos humanos se erigi�, ir�nicamente, en su defensor para desacreditar al socialismo y arrinconar a su principal rival, la URSS; hoy el mayor terrorista de la humanidad se erige en el abanderado de la lucha contra el terrorismo para alcanzar sus mismos objetivos hegem�nicos. La agresi�n a Afganist�n e Irak es la mejor demostraci�n de ello.
Con la ca�da de la URSS el pent�gono prepar� un informe entre los a�os 92-94, a cargo de Paul Wolfowitz, para cambiar la estrategia de "cooperaci�n y multilateralidad" de Clinton, a una estrategia de "primac�a", cuyos objetivos, seg�n el New York Times, del 8 de marzo de 1992, eran: "impedir que cualquier potencia hostil domine regiones cuyos recursos le permitan acceder a la condici�n de gran potencia", "disuadir a los pa�ses industrializados avanzados de cualquier tentativa de cuestionar liderazgo norteamericano o de modificar el orden pol�tico y econ�mico establecido" y "prevenir la emergencia futura de cualquier competencia a nivel global". Esta estrategia no fue aceptada completamente por el Pent�gono, hasta que fue elegido Bush, quien pidi� a su Secretario de Defensa Donald Rumsfel "que desafiara el status quo en el seno del Pent�gono y que preparara la estrategia de guerra del siglo XXI" ( N.Y.T. del 27 de diciembre del 2000). Esta fue presentada al Congreso de Estados Unidos el 20 de Septiembre del 2002.
Esta estrategia debe ser derrotada y lo ser� sin duda con la unidad m�s amplia de los pueblos del mundo que se resisten a ella, y con la lucha de cada uno de ellos en sus respectivos pa�ses, siempre que se tenga claro que la victoria es posible.
Un asunto de enorme importancia en la lucha contra el imperialismo y la globalizaci�n neoliberal es precisamente el de la ideolog�a y la cultura. Mari�tegui, el pensador socialista peruano, afirm� con raz�n que el capitalismo jam�s le "hace concesiones al socialismo" en asuntos ideol�gicos y de principios; en consecuencia el socialismo y la revoluci�n tampoco deben hacerlos al capitalismo.
Los enormes avances cient�ficos y tecnol�gicos, la riqueza creada, el conocimiento de los l�mites y posibilidades del planeta, de aprovecharse racionalmente, ser�an suficientes para terminar con las abismales desigualdades, la pobreza y las guerras, y evitar una cat�strofe a la humanidad �Qu� lo impide? El desaforado af�n de enriquecimiento que propicia el capitalismo, la ambici�n hegem�nica y totalitaria a que conduce el imperialismo. Este solo hecho es la demostraci�n de que el capitalismo se ha convertido no s�lo en el obst�culo mayor para el desarrollo sustentable, el progreso y el orden justo, sino tambi�n en la amenaza para la sobrevivencia humana en el planeta.

Las condiciones objetivas para dar paso a cambios revolucionarios est�n presentes, en mayor o menor grado, sobre todo en Am�rica Latina, independientemente de sus formas y procesos concretos. La traba tiene que ver sobre todo con el atraso del factor subjetivo, con la insuficiente elaboraci�n te�rica revolucionaria y las dificultades para dar respuesta program�tica en la nueva realidad en la que estamos instalados, con las carencias para organizar con rapidez y conducir las fuerzas que hagan viable esos cambios. No es pues suficiente la cr�tica al neoliberalismo y al imperialismo; es la hora de la acci�n, de la iniciativa creadora y la audacia. Las revoluciones producidas a lo largo de la historia fueron precedidas por la lucha en el �mbito de las ideas. Las ideas nuevas anteceden a la acci�n, la acci�n, a su vez, pone a prueba las ideas y las enriquece. No se debe desconocer la importancia de la voluntad pol�tica, de la iniciativa y de la audacia para aprovechar las oportunidades y las potencialidades dormidas de las masas populares que hay que saber despertar y poner en movimiento. Las experiencias cubana y venezolana constituyen ejemplos claros al respecto.

Esta batalla global tiene sus expresiones concretas y singulares en cada uno de nuestros pa�ses. La estrategia del imperio norteamericano pretende anticiparse e impedir que esos cambios se produzcan. Sabe que su victoria es p�rrica aunque se niega a reconocerla, y sabe tambi�n que su parafernalia ideol�gica es deleznable. Lo que le queda es el recurso de la fuerza, de la guerra, del fascismo, el contenido fundamental de su nueva estrategia.

EL PERU DE HOY Y SUS PERSPECTIVAS
El Per� no es ajeno a esta realidad, aunque debemos admitir que el impulso del movimiento revolucionario no corresponde, por el momento, a las posibilidades que contamos, ahora aceleradas por el colapso del neoliberalismo. Resolver esta contradicci�n es la tarea que tenemos planteada en el Movimiento Nueva Izquierda y en la izquierda peruana en general.

Venimos de un per�odo de derrota y crisis de la izquierda y de reflujo del movimiento sindical y popular, que se inicia a finales de la d�cada de los 80s y se extiende a lo largo de los 90s. Las d�cadas anteriores configuraron un largo per�odo de expansi�n de la izquierda y de un vigoroso movimiento de masas, juvenil y cultural. Con ellos conocimos la presencia de partidos revolucionarios y progresistas con inserci�n real en la sociedad, quienes dieron origen a Izquierda Unida, cuya gravitaci�n electoral la convirti� en la segunda organizaci�n pol�tica del pa�s.

Estos importantes avances fueron el resultado de una prolongada acumulaci�n de fuerzas, de condiciones favorables presentes entonces, y tambi�n de experiencias como las reformas del gobierno de Velasco Alvarado entre 1968 y 1975. El contexto internacional favorable a la lucha antiimperialista, democr�tica y socialista, fue otro factor que influy� considerablemente. En ese escenario se hizo presente el accionar de Sendero Luminoso, de consecuencias fatales por su irracionalidad y aventurerismo, que la derecha y los servicios de inteligencia supieron capitalizar a su favor y cuyos efectos negativos perduran hasta el presente.

El movimiento de masas de esos a�os alcanza su expresi�n m�s elevada, por su contenido y posibilidades, con la realizaci�n de la Asamblea Popular Nacional en 1987, como expresi�n de la democracia directa, con la participaci�n de miles de delegados. A partir de entonces, contradictoriamente, se inicia un per�odo de reflujo prolongado del que estamos saliendo con dificultad. De otro lado, con la divisi�n y luego desaparici�n de Izquierda Unida, consecuencia de la inmadurez de su conducci�n, de la incapacidad para determinar una estrategia correcta y entender el valor de la unidad alcanzada, de la presencia de contradicciones superables pero que no encontraron soluci�n e hicieron estallar el proyecto unitario. A partir de all� ingresamos en una nueva etapa marcada por la fragmentaci�n de la izquierda, el achicamiento electoral hasta casi desaparecer, y tambi�n el retroceso de las organizaciones sindicales y populares. Desde fines de la d�cada pasada ingresamos en una nueva fase: de reconstrucci�n del tejido social y pol�tico de izquierda en clara confrontaci�n con los gobiernos de la derecha comprometidos con la aplicaci�n del modelo neoliberal, el entreguismo y la corrupci�n.

El escenario pol�tico de entonces estuvo marcado por la severa crisis econ�mica y social de fines de los a�os 80s, por la violencia senderista y la irrupci�n del neoliberalismo. El reci�n inaugurado gobierno de Fujimori le imprime una velocidad entendible solamente por la ausencia de fuerzas de resistencia, por la debilidad y desorientaci�n de la izquierda y el movimiento popular, pero tambi�n por el aprovechamiento corrupto y demag�gico que hizo el dueto Fujimori-montesinos del descr�dito de los partidos pol�ticos, de las instituciones del Estado y de la violencia pol�tica, que explican el respaldo que alcanza el autogolpe que llev� a cabo en 1992.

A lo largo de ese per�odo qued� en evidencia la fragilidad ideol�gica, te�rica y program�tica de un amplio sector de dirigentes pol�ticos e intelectuales que se hab�an integrado a Izquierda Unida. Parte importante de ellos adhirieron al neoliberalismo y cogobernaron con el Fujimorismo, otros m�s tarde, con Toledo, y no pocos se hundieron en la pasividad. Luego del derrumbe de la URSS se abri� paso la tesis de que el socialismo estaba terminado y que hab�a que "correrse al centro izquierda". Con ello parec�an darle la raz�n a Fukuyama quien decret� "el fin de la historia" y el "fin de las ideolog�as".

Actualmente, en el Per� la izquierda como el socialismo, as� como el movimiento sindical y popular se encuentran en franco proceso de recuperaci�n y crecimiento. De la fragmentaci�n pol�tica y social de ayer se avanza a un proceso de unidad. La constituci�n del Frente Amplio en febrero pasado, con la participaci�n de 9 agrupaciones pol�ticas y con posibilidades de extenderse a otras, es una demostraci�n de esos avances. Mientras tanto la derecha, dividida y sin otra respuesta que sus desgastadas banderas neoliberales, se refugia bajo el r�tulo centrista, y los centristas de ayer se rotulan de centro izquierda.

LOS RETOS SON ENORMES PERO SUPERABLES
La crisis en Per� tiene un trasfondo estructural y ra�ces muy antiguas. Lo que est� en cuesti�n es la misma configuraci�n de la Rep�blica tal como cristaliz� desde sus or�genes.

Despu�s de 184 a�os de vida republicana una mirada panor�mica a lo realizado desde la Independencia Nacional muestra un pa�s que no ha sido capaz de resolver las grandes tareas de libertad y justicia social que vienen desde Tupac Amaru II y los fundadores de la rep�blica: en suma, construir una naci�n diversa cultural y �tnicamente en sus componentes, pero �nica en sus objetivos.

En pleno proceso de globalizaci�n capitalista e interrelaci�n creciente de los pa�ses, seguimos siendo una naci�n en formaci�n, que necesita cumplir tareas que hace mucho debieron estar resueltas. En el Per� el capitalismo no ha sido capaz de construir naci�n, crear mercado, construir un estado moderno y descentralizado, forjar ciudadan�a. Estas contin�an siendo tareas irresueltas en el camino que conduce al socialismo.

El trasfondo hist�rico es la exclusi�n y la dependencia. El Per� naci� excluyendo a la inmensa mayor�a de su poblaci�n ind�gena, campesina y negra. En lugar de su integraci�n y ciudadan�a se prefiri� una rep�blica de arist�cratas, caudillos y bur�cratas que afianzaron el r�gimen feudal y la concentraci�n de la propiedad de la tierra, impidieron el surgimiento de una burgues�a con verdadero sentido nacional y emprendedor, y desaprovecharon oportunidades que hubiesen permitido el despegue de la econom�a y la construcci�n de una sociedad moderna. Se superpuso as� el Per� formal al Per� real, el caudillo a la sociedad, la impunidad a la ley. Las constituciones fueron casi siempre floreros sin eficacia real.

Falto de vigor patri�tico no pod�a afirmar la identidad nacional y menos representar los intereses de nuestra diversidad �tnica. La independencia nacional cedi� paso a la dependencia y m�s tarde a la neocolonialidad, el factor m�s importante para entender el atraso y la imposibilidad de su despegue econ�mico. En su lugar prevaleci� el racismo blanco sobre el ind�gena y el negro, junto a la sumisi�n de las elites dominantes al poder extranjero. La ideolog�a y cultura coloniales sobrevivieron por muchos a�os a la formal independencia nacional. Sin identidad nacional y sin unidad era imposible sentar las bases s�lidas que permitieran construir un pa�s con prosperidad aprovechando las potencialidades disponibles, entre ellas: la diversidad de recursos naturales, el sustento hist�rico, la laboriosidad de un pueblo que desde el pasado remoto ha demostrado enorme creatividad y capacidad de realizaci�n.

En palabras certeras de Mari�tegui falt� una clase dirigente que aprovechara esas potencialidades y moldeara la sociedad para hacer del Per� no el pa�s atrasado, invertebrado, centralizado, excluyente, que es hoy, donde la pobreza crece y la desesperanza se abre paso, sino otro distinto. No fallaron las condiciones materiales ni los obst�culos eran invencibles. Fallaron quienes nos vienen gobernando hasta hoy, con pocas excepciones, que nos encaminan a la inviabilidad como pa�s si no se producen cambios radicales de cara al siglo XXI.

El problema que ha tenido el Per�, vigentes hasta el presente, ha sido siempre la ausencia de un proyecto de naci�n y de una clase dirigente que le permita saber a d�nde va y c�mo puede ajustar a �l sus fuerzas, capacidades y posibilidades. Ha carecido de la fuerza moral, de la voluntad de unidad, de la confianza en s� misma, que otorgan las grandes causas y los grandes ideales. Una sociedad regida por una casta gobernante falta de patriotismo, de confianza en el pueblo y sin voluntad de realizaci�n, carece de futuro. Las clases dominantes y quienes gobernaron el Per� - con escasas excepciones - nunca miraron m�s all� de sus intereses concretos; tampoco lo sintieron como una tarea colectiva. Ciento cuarenta a�os del total de la vida republicana est�n marcadas por dictaduras de todo tipo, donde la legalidad fue pisoteada, los derechos ciudadanos negados o violentados, la arbitrariedad institucionalizada, la dominaci�n externa consentida y aplaudida. Todav�a a principios del siglo pasado, el gran libertario Gonz�les Prada, denunciando las lacras de la corrupci�n dijo que en el Per� "donde se pone el dedo salta el pus".

La violencia no es patrimonio de las dos �ltimas d�cadas, aunque es verdad que aqu� alcanzaron cimas irrepetibles por su magnitud y brutalidad. No s�lo desde el lado de Sendero Luminoso, sino desde el Estado y su estrategia de guerra sucia dise�ada en Estados Unidos.

La crisis del Estado es un hecho que no requiere mayor demostraci�n. El crecimiento de la violencia social y la inseguridad ciudadana pone a prueba su fragilidad. Cada d�a es m�s evidente su insolvencia para asumir sus responsabilidades sociales, garantizar el desarrollo sostenido y asegurar un futuro promisorio para las mayor�as nacionales. Con el neoliberalismo se ha llegado a niveles pat�ticos de insolvencia e improvisaci�n, que explica la abrumadora desconfianza de la poblaci�n en las instituciones del Estado.

Visto en perspectiva el futuro que nos ofrece el neoliberalismo muestra un panorama sombr�o. En ese contexto de crisis econ�mica, pol�tica, social y moral, est�n a la orden del d�a producir cambios estructurales que resuelvan los problemas hasta hoy sedimentados y den respuesta a los nuevos retos que nos presenta un mundo globalizado a favor de las transnacionales y de exclusi�n de pa�ses y pueblos como el nuestro. El diplom�tico peruano Oswaldo de Rivero, en su libro "El mito del desarrollo" sintetiza muy bien esta realidad con las tesis de Apartheid social e inviabilidad econ�mica y la necesidad que tienen muchos pa�ses de �frica, Asia y Am�rica Latina de concluir sus proyectos nacionales.

Es contra esta realidad que nos revelamos. Dejarla atr�s para abrir las anchas avenidas de la transformaci�n social y la renovaci�n moral e intelectual, es e l gran reto de los socialistas peruanos.

FORJANDO LAS HERRAMIENTAS PARA EL CAMBIO
"Capitalismo o socialismo. Este es el problema de nuestra �poca" escribi� en septiembre de 1928 Jos� Carlos Mari�tegui. El dilema est� planteado hoy con m�s fuerza que entonces. No hay viabilidad duradera para el Per� sin el socialismo. Los caminos que se hayan de seguir, las formas de lucha a desarrollar, los procesos concretos a transitar, pueden ser varios, pero el horizonte es el mismo: el socialismo que no ser� "calco" ni "copia" sino "creaci�n heroica" del pueblo peruano.

Creaci�n heroica, realizaci�n de las multitudes, en lugar de dogmas o promesas plasmadas entre cuatro paredes, que responda a una historia y a una realidad concreta, a una correlaci�n de fuerzas igualmente concreta. Esta lecci�n magistral de Mari�tegui, confirmada en su obra intelectual y te�rica, en ese enorme canto al estudio y la meditaci�n que son sus "Siente ensayos de interpretaci�n de la realidad peruana", no supimos entenderla y por eso los fracasos sucesivos. Investigar la realidad, partir siempre de ella, es la �nica manera de entenderla y transformarla. Pero esa realidad significa tambi�n historia, cultura, �tica, valores, tradiciones, sentimientos, gente concreta que hay que poner en pie y desplegar su iniciativa. Es decir conciencia, organizaci�n, patriotismo, pasi�n, participaci�n activa y voluntad de vencer.

No se puede cambiar lo viejo con las armas que provienen de su arsenal. De all� la necesidad de construir una nueva cultura pol�tica, una nueva �tica, una nueva manera de entender el mundo y el papel de las masas populares. Estamos lejos de sostener concepciones espontaneistas y economicistas, que en el Per� tuvo siempre fuerte arraigo con resultados onerosos, que explica mucho el atraso te�rico y pol�tico que tenemos o las insuficiencias en la construcci�n de la vanguardia pol�tica. Por experiencia vivida sabemos de su nocividad, de la misma manera que estamos prevenidos del vanguardismo y el aventurerismo.

Necesitamos construir un poderoso movimiento pol�tico de izquierda y socialista, que es mucho m�s que participaci�n electoral. El Frente Amplio, del cual somos sus impulsores juntamente con otras agrupaciones de izquierda y patri�ticos, se propone ese objetivo. Pero no ser� suficiente, pues no es bastante la unidad pol�tica. A ella hay que sumar el movimiento social y �tnico con un definido compromiso por el cambio social y la democracia participativa y directa, y la lucha sostenida en el �mbito de la ideolog�a y la cultura. Esta estrategia de tres acumulaciones que se interrelacionan y apoyan rec�procamente es el resultado de la experiencia peruana acumulada hasta el presente.

La genialidad de Mari�tegui fue puesta a prueba en este aspecto. Al retornar de Europa en 1923, el joven Mari�tegui ten�a la determinaci�n de concurrir a la realizaci�n del socialismo en el Per�. Hasta los d�as finales de su vida se dedic� a esta obra gigantesca combinando su trabajo en el �mbito ideol�gico, te�rico y cultural con la organizaci�n de las masas trabajadoras, creando as� las condiciones para constituir en l928 el Partido Socialista (hoy Comunista). Como primera tarea se propuso crear una corriente de pensamiento progresista y antiimperialista, primero, luego socialista, ganando a la vanguardia obrera e intelectual a esas ideas y prop�sitos. A tal objetivo orient� su labor period�stica, la fundaci�n de una editorial, la edici�n de las revistas Amauta y Labor, sus Siete ensayos..., entre otros. Con ello prepar� el terreno que le permitir�a, m�s tarde, organizar el Partido Socialista, promover el frente �nico, y tambi�n organizar a los trabajadores en la CGTP, a los campesinos en la Federaci�n de Yanaconas y a los estudiantes. Es conocida tambi�n su enorme atenci�n dedicada a la masa ind�gena.

Esta arquitectura sigue un rumbo estrat�gico muy definido: construir la fuerza pol�tica de la revoluci�n y el socialismo enraizada en las masas populares, con s�lidos cimientos te�ricos, intelectuales y morales. Por eso siempre entendi� a los trabajadores como actores activos del proceso emancipador, y no como masas pasivas. Esta visi�n totalizadora permit�a entender la lucha por el socialismo no s�lo como un objetivo a alcanzar, sino tambi�n como un proceso que empezaba a construirse con la capacitaci�n intelectual y moral de los sujetos comprometidos con �l. Por eso la inseparable unidad de teor�a y pr�ctica, de pensamiento y acci�n, de pasi�n y disciplina que lo caracteriz�, puesto que su pensamiento y su vida constituyeron, en palabras suyas, " una sola cosa, un �nico proceso".

La propuesta de la izquierda peruana para el presente per�odo pol�tico, que toma en cuenta el estado actual de la correlaci�n de fuerzas y tiene como blanco concreto al neoliberalismo, se condensa en su consigna: Frente Amplio para una Nueva Rep�blica. La crisis que padece el Per�, es mucho m�s grande y profunda que la crisis pol�tica que compromete al gobierno del Dr. Toledo. El rechazo abrumador a su gesti�n hay que entenderlo tambi�n como expresi�n del rechazo creciente del pueblo peruano al modelo neoliberal que viene aplicando su gobierno entreguista, corrupto y demag�gico, y a la crisis sist�mica de la sociedad peruana.

Una nueva Rep�blica ser�a inviable, a su vez, si no concurren cuatro factores fundamentales: un proyecto nacional, una nueva carta Constitucional, un gobierno patri�tico, democr�tico, de regeneraci�n moral y ancha base social, finalmente una izquierda fuertemente enraizada en las masas populares, capaz de convocar la unidad m�s amplia de todos los sectores agredidos por el imperialismo, arruinados por el neoliberalismo, cercenados sus derechos por el Estado centralista, autoritario, burocratizado, que incluya a los trabajadores, intelectuales y artistas, a la mujer y la juventud, a los campesinos, a los peque�os y medianos empresarios y a las diversas etnias del pa�s.

En las condiciones del Per� de hoy �ste es el reto y en esa direcci�n venimos trabajando comunistas, socialistas, patriotas, dem�cratas y progresistas que asumen consecuentemente sus banderas. Nos proponemos obligar a definiciones precisas e impulsar una polarizaci�n entre izquierda y derecha, cambio y continuismo, patriotismo y entreguismo. De c�mo se construya una nueva correlaci�n de fuerzas depender�n las nuevas tareas. En este contexto las elecciones generales, regionales y municipales del 2006 tienen importancia especial; sin embargo, estamos atentos a la evoluci�n de los acontecimientos, pues en ese lapso no es imposible la insurgencia popular.

Venezuela y su Revoluci�n Bolivariana representan, en ese sentido, una clara demostraci�n inequ�voca de que los cambios son posibles si cuentan con la determinaci�n de los pueblos para llevarlas a cabo; que los caminos a seguir responden a realidades y circunstancias concretas y singulares; que el factor voluntad cuando las condiciones maduran, es determinante; y que el imperialismo y sus cipayos jam�s tolerar�n perder sus privilegios y que est�n dispuestos a romper sus propias reglas cuando se trata de defenderlos.

Saludamos el liderazgo firme, inteligente y audaz del presidente Hugo Ch�vez, que ha sido capaz de congregar el entusiasmo, la fe y la voluntad de millones de venezolanos para hacer realidad la patria independiente que so�� Bol�var, la democracia participativa, la justicia social, la regeneraci�n moral y la unidad nacional; el punto de partida en la marcha indetenible de los pueblos hacia su emancipaci�n y el socialismo.

Lima, 20 de mayo del 2005

*Jos� Carlos Mari�tegui. "Ideolog�a y Pol�tica", P�g. 246, T.13.

 
 
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