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MAYO FRANCÉS:
CUARENTA AÑOS DE LECCIONES
Por
Ernesto Toledo Brückmann | |
”La imaginación
al poder”
podría resumir lo vivido en el Paris de 1968, en un mayo que desde
hace 40 años quedó en la historia por tener a los estudiantes
universitarios franceses como protagonistas, además de modificar
estructuras organizativas y mentales, no necesariamente de ese país.
Antes de 1968 la
palabra “revolución” parecía ser algo enterrado en la historia
francesa, de un país desarrollado y en plena bonanza económica en
que no se respondía a una situación de autoritarismo y de
desigualdades sociales extremas.
Pero no se
entenderá el mayo francés sin entender el año de la primavera de
Praga, la matanza de estudiantes en México, semanas antes de los
Juegos olímpicos, el asesinato de Luther King y de Robert Kennedy y
el golpe militar de Juan Velasco en nuestro país; un año antes
mataban al Che Guevara en Bolivia, un año después, Neil Armstrong
pisaba la luna. Y no se entenderá 1968 sin tener una idea de lo que
fueron aquella década y lo que fue la guerra de Vietnam y las
guerrillas en nuestra región.
Objetivamente
diremos que el
movimiento de mayo de 1968 en Francia fue sobre todo una
manifestación en contra del régimen y el estilo tecnocrático de
Charles De Gaulle, no constituyéndose en el repudio a la política
como tal.
Salvo cambios en
las universidades galas, mayo de 1968 no provocó cambios decisivos
en la sociedad francesa aunque sí algunas concesiones como
mejoras salariales y de condiciones laborales en las
fábricas;
aumento de influencia de los sindicatos, mejoras de las prestaciones
sociales por parte del Estado.
Pero fueron las
organizaciones políticas de izquierda las que experimentaron
repercusiones, luego de mayo de 1968. Tras las revueltas en Francia
se fortaleció el eurocomunismo, y es que varios partidos comunistas
europeos acentuaron su distanciamiento con la lucha revolucionaria,
incluyeron dentro de sus objetivos de captación e influencia a la
clase media y rechazaron el apoyo incondicional a la Unión
Soviética, como el caso de los partidos de Italia, Francia y
España.
Los partidos de
izquierda intensificaron su crítica a los modelos económicos y
políticos del capitalismo e incluso del socialismo de la Europa del
este. Sin embargo, algunos sectores sociales comprometidos en los
movimientos de mayo del 68 mostraron sus recelos respecto a los
partidos comunistas occidentales por la tibia actuación que habían
tenido, calificándolos como traidores.
Muchos partidos
se aglutinaron en organizaciones como la Liga Comunista, Liga Obrera
Revolucionaria (trotskista), Alianza de los Trabajadores por el
Socialismo y la Internacional Situacionista, que congregaba
artistas e intelectuales revolucionarios que buscaban acabar con la
sociedad de clases y combatir el sistema ideológico contemporáneo de
la civilización occidental.
El espíritu del
movimiento estudiantil fue canalizado por el periódico “Libération”,
dirigido por del filósofo Jean Paul Sartre, que recogía el espíritu
del movimiento estudiantil. Las guerrillas de los países de América
latina, África y Asia fueron inspiración para conformar guerrillas
urbanas como las Brigadas Rojas en Italia o el RAF (fracción del
ejército rojo) en la República Federal Alemana.
Las formas
organizativas cambiaron y se estructuraron en función a las
acciones, rompiendo con las jerarquías que reinaban en los
movimientos de izquierdas. A partir de ese momento, las asambleas se
convirtieron en el motor de estas organizaciones, y los delegados,
en portavoces de las decisiones mayoritarias.
Mayo de 1968
fue también una crítica al sindicalismo de la época, al que
consideraban como una pieza más del sistema capitalista, ya que no
atendió convenientemente las necesidades de los obreros. Se hizo
posible una renovación tanto de formas como de ideas que perduraban
desde hacía largo tiempo.
Mayo de 1968
careció de coordinación de ideas y tácticas en la etapa crucial del
proceso; los comunistas franceses, esperanzados en el incremento de
su poder en las elecciones, no querían más revueltas. El descontento
se manifestaba en una de las muchas consignas esgrimidas en una
parisina pared: “Haz el favor de dejar al Partido Comunista tan
limpio al salir de él como te gustaría encontrarlo entrando en él”
Los propios
sindicatos ayudaron a pacificar a los trabajadores y las calles
respondía: “Trabajador: Tienes 25 años, pero tu sindicato es del
siglo pasado” . Los sucesos ocurrieron muy rápido, y la clase
trabajadora se animó por la alegría y la valentía de los
estudiantes, pero la situación requería más coordinación y
organización, ya que se dejaron demasiadas cosas a la casualidad
contra un gobierno muy bien estructurado que no dudó en defenderse
con todo lo que tenía a su alcance. La ocupación de los ministerios
hubiera significado que se podía llegar a algo más que acuerdos
económicos con los patrones, pero no fue así.
Europa entera
estuvo pendiente de cuanto acaecía en Francia aquellos días; muchos
grupos de izquierda se inspiraron en las ideas francesas y vieron en
ellas una posibilidad de llevar a cabo sus propias reivindicaciones.
Se ha convertido en un ejemplo y lección de lo que se puede lograr,
de cómo hacer las cosas y de cómo no hacerlas y en un icono de la
utopía.
Tras la Guerra
Fría, las crisis económicas y del petróleo, muchos de los soñadores
de los sesenta son hoy parte del sistema que algún día criticaron;
algunos otros debieron orientarse ya en los noventa a la lucha
contra el hambre, la conservación de la ecología, el freno de la
carrera armamentística y otras reivindicaciones de las ONG que los
reclutan. Lecciones para no olvidar.
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