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PROHIBIDO
MASCAR COCA
Ernesto Toledo
Brückmann | |
Para nadie es una novedad
que la ONU se mantiene subordinada a los designios de Estados
Unidos, nación que se zurra de cualquier pronunciamiento del
organismo mundial.
Pero en los últimos días
la incapacidad e inoperancia desplazó a la ridiculez cuando la ONU
pidió abolir la práctica de masticar coca, lo que en nuestros
pueblos originarios le llaman chaccheo.
Queda
claro el pronunciamiento grotesco de la Junta Internacional de
Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) , quien exhorta a los
Gobiernos de Perú y Bolivia a adoptar rápidamente medidas para
abolir los usos de la hoja de coca que sean contrarios a la
Convención de 1961, incluida la práctica de masticarla. No contentos
con eso, en su Informe Anual sobre las Drogas del 2007 se critica
también el uso de la hoja de coca a fines industriales como la
fabricación del mate de coca, que va más allá del uso medicinal que
le asignan a esa planta los tratados internacionales.
En el colmo de la
ignorancia, la ONU señala que el masticado o chacchado tendría un
impacto en el aumento de la drogadicción, por lo que es necesario
erradicar esa práctica, especialmente entre los jóvenes. Pero como
no podía ser de otra manera, Perú y
Bolivia rechazaron la recomendación, que además va contra los
productos derivados de la hoja, como son las infusiones y jarabes,
destinados a uso medicinal.
Según cifras del INEI y la
Oficina contra la Droga y el Delito de la ONU, en el Perú se
producen 114.100 toneladas al año, de las cuales solo 9.000
corresponden a la demanda del consumo tradicional e industrial.
El rechazo a los excedentes de la hoja de coca, destinados al
narcotráfico y que origina un irreversible daño ecológico, es tan
grande como el atentado a las prácticas culturales de nuestros
pueblos andinos.
Recordemos que la hoja de
coca es un alimento rico en vitaminas A y C, en calcio, hierro,
fibras, proteínas y calorías. Los primeros testimonios de su uso
alimentario en la región andina datan de hace 4.500 años, cuando era
cultivada para un uso sano y sensato, como se hace hoy en los campos
masticando las hojas, muchas veces con un reactivo como las cenizas
o el bicarbonato de soda.
Como lo es el té y el café, la coca es una planta estimulante, que
contiene alcaloides como la cocaína (presente en una cantidad
mínima, entre 0.5 y 1.1% en las hojas de coca) y durante la
masticación, por acción de la saliva, se combina con el resto de
elementos alcalinos, descomponiéndose, para transformarse en
ecgonina: esta sustancia contribuye a quemar las grasas acumuladas
en el hígado generando glucosa y, por lo tanto energía. Sin haber
conocido al detalle tales procesos químicos, ya los incas, y antes
de ellos los aymaras y quechuas, sabían que masticar hojas de coca
proporcionaba bienestar y fuerza.
La reputación de la coca sufre en 1860 una valorización negativa
cuando un químico alemán, Albert Neimann, consigue aislar el
alcaloide de la cocaína. Es el inicio de la difusión de ésta como
droga devastadora. Se ha tratado de un amino terciario que podría
haber sido un buen anestético si su fuerte toxicidad y la
dependencia psíquica que provoca, no hubieran orientado a los
investigadores a soluciones obtenidas modificando en laboratorio la
molécula de la cocaína. De este modo ha nacido la novocaína y muchos
otros anestéticos de síntesis, mientras la cocaína, a partir del
siglo XX, ha obtenido cada día mayor éxito como estupefaciente. Han
bastado 150 años para poner en riesgo milenios de cultura, identidad
y de bienestar.
A principios del siglo XX el químico Angelo Mariani, inventó un
preparado alcohólico a base de hojas de coca, el Vin Mariani, que
cosechó un éxito inmediato como tónico y remedio contra el dolor de
garganta. En Estados Unidos se parte de esa receta para alcanzar,
con sucesivas adaptaciones, quitándole el alcohol y añadiéndole
cola, un tipo de nuez africana que contiene cafeína y
jarabe-caramelo, la fórmula de la Coca Cola. Aquí podríamos
preguntarnos:
¿Prohibirá las Naciones
Unidas -con el mismo rigor- el consumo de la emblemática Coca Cola,
que tiene entre sus ingredientes un porcentaje de hoja de coca?
En la actualidad, aquellos
cocaleros de los Andes que no quieren ceder a las lisonjas del
narcotráfico, deben hacer arreglos con las intervenciones de la DEA
estadounidense, que les ofrece ridículas indemnizaciones para la
destrucción de los cultivos de coca con vagas promesas de
reconversión de los cultivos. Una reconversión que nunca llega, así,
cuando se acaban los dineros de la DEA, los cocaleros se convierten
en fuerza-trabajo para el narcotráfico.
La ONU debe abrir los
ojos, dejar de trabajar en las oficinas e ir al campo para ver que
nadie se ha muerto con coca, ni menos se ha vuelto loco. La decisión
del organismo mundial es un atropello a la cultura y a la integridad
de los pueblos.
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