| |
|
LA SUBASTA DEL PERRO
FALDERO
Por
Manuel Guerra | |
Esgrimiendo la
infeliz comparación de “perro del hortelano” para referirse a
quienes defendemos los recursos del país, el Presidente García
pretende ahora subastar al Perú entero, profundizando el esquema
primario exportador de nuestra economía.
La oferta va
destinada a los inversionistas extranjeros, quienes, de prosperar el
desenfreno vendepatria, se convertirán en propietarios de los
bosques amazónicos, los recursos hídricos, las playas del litoral,
las tierras de cultivo de la sierra, los recursos mineros y
energéticos. Por supuesto que primero hay que despojar de su
propiedad a las comunidades nativas y campesinas y poner contra la
pared a los defensores del medio ambiente y a quienes postulamos un
desarrollo independiente para el país.
Cuando el Sr.
García señala que “esa es la apuesta del futuro, y lo único que nos
hará progresar”, y que “eso tienen que hacerlo grandes capitales
privados o internacionales que necesitan una seguridad de muy largo
plazo para invertir miles de millones y para poder recuperar sus
inversiones”, en realidad asume el viejo concepto de “desarrollo”
que las clases dominantes han echado a andar a lo largo de la
república: la exportación (saqueo) de las materias primas teniendo
como base el concurso del capital extranjero en condiciones de
subordinación. Lo nuevo es que esta vez el entreguismo pretende
llevarse hasta sus últimas consecuencias, al amparo de la ofensiva
ideológica neoliberal, que actúa como aplanadora para allanar el
camino a la voracidad de las transnacionales.
Artificiosamente
el Sr. García pretende responsabilizar del atraso del país a los
comunistas, proteccionistas y medioambientalistas (que para él son
la misma cosa), quienes, según sus palabras, se han opuesto siempre
al capitalismo y al desarrollo nacional. Olvida el Sr. García que
las clases dominantes desde los albores de la república demostraron
no tener ni idea de lo que significa un proyecto nacional, que se
mostraron incapaces de unificar e integrar al país, que se volvieron
intermediarias obsecuentes del capital foráneo en lugar de promover
un desarrollo independiente, y que ese capital se ubicó allí donde
maximizaba sus ganancias, generalmente en las actividades
extractivas y algunos enclaves, configurándose de este modo una
economía atrasada, el asfixiante centralismo, y un Estado, ineficaz
y corrupto, condenando a las grandes mayorías a la exclusión, la
pobreza y el abandono. Este complejo desenvolvimiento del Perú
contemporáneo, queda reducido a la nada por obra y gracia del
facilismo con que el Sr. García trata a la historia y deforma la
realidad para beneplácito de sus nuevos aliados.
Frente a la
crisis agraria y la pobreza campesina el Sr. García señala que es
incorrecto que el Estado se preocupe por otorgar créditos, asesorar
la producción y el comercio o facilitar con fertilizantes, menos aun
asumir medidas proteccionistas. La solución definitiva, según su
propuesta, es una nueva reconcentración de la propiedad, es decir el
latifundio redivivo.
Los avances
tecnológicos para una explotación minera sin contaminación. Sería
perfecto si junto a ello se dispondría el cambio de la legislación
minera que permita un efectivo control sobre las empresas, no solo
sobre en lo que protección al medio ambiente se refiere, sino
también para eliminar las sobreganancias, regalías y exoneraciones
tributarias con que actualmente cuentan; además de permitir la
opinión de las poblaciones afectadas. Pero en la propuesta del Sr.
García esto es una herejía. Porque el ceño fruncido y las poses de
sastrecillo valiente que acostumbra cuando se dirige a los peruanos
se convierten en sonrisa sumisa cuando se trata de las grandes
empresas. Parece que el Sr. García no se ha dado una vuelta por La
Oroya, uno de los lugares más contaminados del planeta, donde la
empresa Doe Run goza de absoluta impunidad, o que desconoce el
problema generado por Minera Yanacocha, permanentemente enfrentada a
la población cajamarquina debido a la contaminación de sus aguas y
tierras de cultivo, o que acepta de buen grado lo que hace
Telefónica, empresa rapaz que esquilma permanentemente los bolsillos
de los usuarios. ¿Por qué no empieza el Presidente a poner orden
para acabar con esos abusos?
En su
declaración de principios el Sr. García da vueltas una y otra vez a
los mismos argumentos, como el perro amarrado a una estaca: solo
vendiendo y enajenando el país a los grandes inversores alcanzaremos
el desarrollo, mientras el Estado queda eximido de todas sus
responsabilidades sociales. Y quienes no compartimos su vocación de
mercachifle nos convertimos en poco menos que traidores a la patria.
Resulta
simbólico que el Sr. García haya escogido a El Comercio, diario
archienemigo del APRA primigenia, para dar cuenta de su conversión
sin reservas al catecismo neoliberal. Lo positivo de todo esto es
que haciendo a un lado la demagogia electoral, haya puesto su
pensamiento al desnudo y se muestre tal cual es. A ello sin duda lo
han obligado las presiones de los poderes fácticos, pero también el
desarrollo del movimiento social que exige cambios. En este
escenario que se polariza no hay lugar para medias tintas.
Cambio o
continuismo es la contradicción que aflora en el Perú de hoy. García
y la derecha representan el anclaje a una economía primario
exportadora y el vasallaje a las transnacionales que saquean
nuestros recursos, con sus secuelas de exclusión y autoritarismo.
Quienes nos inscribimos en el cambio lo hacemos desde una posición
de defensa de los intereses del país y de las grandes mayorías.
Postulamos que las diversas potencialidades del país se articulen en
un Proyecto Nacional de desarrollo independiente, basándonos en
nuestras fuerzas y recursos, donde el capital extranjero juegue un
papel suplementario y en condiciones ventajosas para el país; donde
la educación, la ciencia y la tecnología se conviertan en pilares
del desarrollo y permitan darle valor agregado a nuestros productos
y se supere el esquema primario exportador; donde las actividades
extractivas y el crecimiento de la industria guarden equilibrio con
la preservación del medio ambiente; donde el centralismo dé paso al
desarrollo de las regiones; donde se preserve y se potencie nuestro
legado cultural, integrando a la diversidad que somos; donde el
crecimiento económico esté orientado a satisfacer las necesidades de
la población. Esta visión de desarrollo solo será posible con un
Estado fuerte, que se apoye en la participación democrática de la
población y que garantice la soberanía nacional y la integridad de
nuestro territorio.
Y como el Sr.
García nos acusa de no precisar con qué dinero se puede financiar un
modelo de desarrollo independiente, le respondemos que podría
empezar por evitar la fuga de capitales (alrededor de 3,200 millones
de dólares anuales que las empresas extranjeras remiten al exterior
por concepto de utilidades); detener la sangría a nuestra economía
que significan los más de 8,000 millones de soles que salen del país
por concepto de pago de la una deuda externa injusta e inmoral;
controlar el manejo de los ahorros de los peruanos en manos de las
AFP, que actualmente sirven para el financiamiento de los monopolios
económicos; propiciar una reforma tributaria para que paguen más los
que más tienen (impuestos directos), en lugar de cargar el peso de
las contribuciones a los sectores de menores ingresos vía impuestos
indirectos, como hoy sucede. No postulamos a la autarquía, pero la
integración a la economía mundial no debe servir de pretexto para
que se lesione la soberanía del país, ni para que se permita el
saqueo de nuestros recursos, ni para que se alimente la voracidad de
las transnacionales mientras nuestro pueblo sufre hambre y
exclusión.
Esto no es
demagogia Sr. García, es la aspiración de un pueblo cansado del
atraso y la opresión, obra de esas clases dominantes a quienes usted
hoy defiende y mueve alegremente la colita.
|
![]()
|
|