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OFENSIVA
MILITARISTA
Por Manuel Guerra | |
Al más
puro estilo del sionismo israelí, Álvaro Uribe –con el asesoramiento
y complacencia del imperio norteamericano- realizó el asesinato del
comandante de las FARC, Raúl Reyes, violando la soberanía
territorial del Ecuador. Esto demuestra, de manera inobjetable, que
el gobierno colombiano no tiene ninguna voluntad de trabajar una
salida política al conflicto interno que vive ese país, lo que
incluiría asumir que las FARC son fuerzas beligerantes, establecer
negociaciones y acuerdos de paz, desmilitarización de territorios,
libertad de los secuestrados, entre otros. Uribe ha optado por una
salida militar, a sabiendas que eso significa dar carta blanca al
paramilitarismo, a los asesinatos selectivos, secuestros,
asesinatos, colusión con el narcotráfico, e incluso poner en riesgo
de conflicto armado a los países latinoamericanos. Por cierto que
este camino sería intransitable sin la cobertura política, el
millonario financiamiento y el soporte militar de los Estados Unidos
a través del Plan Colombia.
El
tema colombiano está imbricado a los factores políticos, sociales y
económicos que constituyen el escenario latinoamericano, y a los
intereses norteamericanos en la región. Para el ajedrez geopolítico
norteamericano, América Latina constituye su patio trasero, su zona
de influencia que nadie puede disputarle, una región depositaria de
ingentes riquezas naturales que puede saquear a su antojo. Pero para
su desgracia América Latina se ha convertido en un subcontinente en
ebullición, donde se afirma el patriotismo y donde millones de
personas aspiran y luchan por una democracia verdadera, bienestar,
empleo digno, exigen respeto a los derechos humanos y defienden sus
recursos y cultura.
Estos
vientos de cambio están arrasando con las viejas estructuras y han
dado como resultado gobiernos como los de Venezuela, Bolivia,
Ecuador, Nicaragua, Brasil y Argentina, lo cual representa un serio
revés para el imperialismo, que necesita derrotar esta tendencia y
recomponer las cosas a su favor. En su estrategia cuenta con el
apoyo de la derecha latinoamericana y particularmente con los
gobiernos de Uribe y Alan García, convertidos en verdaderos mastines
entrenados para atacar a Hugo Chávez, portaestandarte del cambio y
oposición al imperialismo en la región. Estos gobiernos además le
sirven como plataformas para incrementar la presencia de bases
militares norteamericanas, so pretexto del combate al terrorismo y
narcotráfico.
Asistimos a una agudización de la lucha de clases en América Latina
y tiempos de convulsión y no de calma serán la norma. El imperio
norteamericano y sus cómplices y súbditos optarán cada vez con mayor
descaro por la violencia y el autoritarismo, acompañado de campañas
mediáticas para adormecer conciencias y justificar sus actos. La
reciente crisis desatada por el gobierno de Uribe pretende ser usada
por la derecha como una oportunidad para atacar a Chávez, tal como
sucede con Alan García, que en lugar de una firme condena a la
violación del territorio ecuatoriano por Colombia, ha balbuceado
tibias frases y ha enfilado más bien contra el ALBA.
Esta
será precisamente la cobertura para justificar sus medidas
represivas. Ya ocurrió con la detención de compatriotas a su regreso
de un evento en el Ecuador, a quienes acusan de terroristas sin
ninguna prueba consistente. Tanto Alan García, como Del Castillo y
Luis Alva han salido con el libreto de la injerencia venezolana a
través de las casas del ALBA y anuncian medidas represivas contra
ellas. Lo propio pasa con el Presidente Regional de Puno, a quién
García en el colmo del cinismo ha calificado de “vendepatria”.
En la
estrategia derechista, cuyo objetivo es la profundización del modelo
neoliberal, el elemento represivo y autoritario jugará cada vez un
rol más preponderante, lo cual sintoniza a la perfección con los
planes diseñados por el imperialismo para América Latina.
Nos
corresponde afirmar la solidaridad entre los pueblos
latinoamericanos, defender los procesos de cambio iniciados en
Venezuela, Ecuador, Bolivia y otros países de la región, exigir cese
la injerencia norteamericana en nuestros países, construir con
tenacidad la gran unidad del pueblo peruano para derrotar al
neoliberalismo y conquistar espacios de gobierno y poder para
realizar los grandes cambios que requiere nuestra patria.
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