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SANCIÓN
EJEMPLAR A FUJIMORI
CONTRA LA CORRUPCIÓN, LA VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS
HUMANOS Y EL MODELO NEOLIBERAL
Por Manuel Guerra | |
En un
fallo histórico y contra todos los pronósticos, la justicia chilena
decidió la extradición del delincuente Alberto Fujimori, hecho que
sin duda tendrá repercusiones políticas en nuestro país.
Para
la derecha resulta una posición incómoda tener que pronunciarse a
favor de que este individuo sea juzgado y condenado por sus
numerosos crímenes, a la vez que reconocer “las cosas positivas” que
supuestamente se hicieron durante su régimen, en especial la
aplicación del modelo neoliberal, que toda la reacción abraza sin
reservas.
La
espuria Constitución que el año 93 promulgó el fujimontesinismo para
hacer viable y legitimar el capitalismo salvaje, fue el resultado
del golpe y el fraude descarado, y representa uno de los mayores
delitos que se cometieron en contra del país, hecho que debió ser
subsanado mediante su derogación inmediata a la caída del régimen
corrupto, pero que sin embargo ninguno de los gobiernos sucesivos se
ha atrevido a hacer.
A
Fujimori le debe caer todo el peso de la Ley y ser tratado como lo
que es: como un delincuente mayor, responsable de crímenes de lesa
humanidad y de la corrupción más grande que se ha conocido en la
historia republicana. Mientras más alto el cargo que ocupa una
persona en el Estado, mayor su responsabilidad y mayores deben ser
las penas por los delitos cometidos.
Sin
embargo el proceso legal no debe convertirse en un circo, ni show
mediático, que se usa como cortina de humo distraer a la opinión
pública, desviar su atención de los grandes problemas que afectan al
país y a los peruanos, y ocultar las grandes responsabilidades que
le competen al actual gobierno.
Quienes desde la izquierda nos opusimos y luchamos contra el
fujimontesinismo lo hicimos no solamente porque representaba un
régimen autoritario y corrupto, sino también porque encarnaba el
entreguismo más descarado, porque puso a nuestro país como pasto
para alimentar la voracidad de las transnacionales, lesionando los
intereses nacionales, desprotegiendo a la industria y la
agricultura, convirtiendo a los trabajadores en personas sin
derechos y a las grandes masas de desposeídos en víctimas de una
perversa política de clientelaje y asistencialismo. Para nosotros
resultó claro desde el principio que enfrentar a ese régimen
implicaba centralmente luchar contra el modelo neoliberal, en cuya
naturaleza germinan el autoritarismo, la exclusión y la corrupción,
elementos que han estado presentes durante el toledismo, y que hoy
también afloran en el régimen aprista.
Superar el fujimorismo, significa, en esencia, acabar con el modelo
neoliberal, convocar a una Asamblea Constituyente para darle al país
una nueva Carta Magna, luchar frontalmente contra la corrupción,
cerrarle el paso al autoritarismo y la intolerancia. Pero también
una dura batalla para combatir su herencia en el terreno de los
valores y la cultura política. Con una población sumida en el atraso
político, atrapada en el individualismo, el pragmatismo y el
egoísmo, desinteresada de los grandes problemas nacionales, no es
posible realizar los grandes cambios que el Perú requiere, y los
demagogos de turno siempre tendrán cabida. Más allá de las
personalidades retorcidas de algunos gobernantes, existen elementos
en la sociedad que permiten que se desboquen las tendencias
autoritarias, que la corrupción sea vista y hasta tolerada como una
forma natural del ejercicio de la función pública.
En
esto consiste nuestra lucha, muy distinta de los cubileteos y
reacomodos de la derecha, de los que seremos testigos en los
próximos meses, que tratarán de esconder sus rabos de paja, si las
condiciones lo exigen marcar prudente distancia del reo, pero que
cerrarán filas para que el régimen económico que aplicó Fujimori
permanezca intocado.
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