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EL PUEBLO
EXIGE CAMBIOS, EL GOBIERNO METE BALA
Por Manuel Guerra | |
Después que el Presidente García con su acostumbrado desparpajo
calificó de injustificado el paro agrario, señalando que mientras en
el Perú el agua se les regalaba a los agricultores, en Estados
Unidos se pagaba 78 centavos de dólar por metro cúbico, e instó a
los regantes a invertir, modernizar sus sistemas de riego, usar
técnicas avanzadas en lugar de estar haciendo reclamos sin sentido.
(Aunque, claro, se cuidó mucho de mencionar los millonarios
subsidios y el proteccionismo con que gozan los agricultores
norteamericanos, y que por tanto esa analogía resulta una broma de
mal gusto).
Después que el Premier Del Castillo afirmó que los agricultores no
acatarían el paro decretado por las centrales campesinas y que en el
país no había descontento alguno, sino manipulación de agitadores
comunistas.
Después que el Ministro de Agricultura señaló que todos los
problemas en el campo estaban prácticamente resueltos y que existía
un diálogo permanente y fluido con los representantes de los gremios
del sector.
Después de tanta palabrería para ocultar lo inocultable (es decir el
hecho que existe una crisis agraria que se agrava y que el
descontento del campesinado crece como levadura), el lunes 17 de
febrero el Perú amaneció paralizado con los bloqueos de carreteras,
movilizaciones y protestas de los agricultores. Lo que pone en
evidencia que el “shock de inversiones”, “Sierra Exportadora” u otro
programa similar son útiles como elementos distractivos y engañosos,
pero que no están diseñados para resolver los profundos problemas
que aquejan al campesinado y que se agravarán con la implementación
del TLC con EE.UU..
Solucionar el problema agrario implicaría dejar de lado el modelo
económico neoliberal en curso, lo que es un imposible para el
gobierno y el conjunto de la derecha. En su visión, la ruina de los
campesinos es uno de los costos que hay que pagar para lograr lo que
ellos consideran “desarrollo”. Su opción consiste entonces en
mantener a raya a las protestas mediante el uso de la represión
abierta. En ese sentido se han aprobado leyes que criminalizan las
protestas populares y que autorizan a la policía y fuerzas armadas
para disparar a mansalva sobre la población. La aplicación de esta
política para enfrentar el paro agrario ha dado como resultado
cuatro campesinos muertos, decenas de heridos y detenidos y varias
provincias declaradas en estado de emergencia. Se llamará al
Ministro del Interior a explicar lo de las muertes, se buscarán
chivos expiatorios (los dirigentes campesinos), se harán amagues de
diálogo y pondrán en marcha uno que otro programa asistencialista, y
los especialistas nos abrumarán con sesudos análisis en los medios
de comunicación. Pero en esencia el problema continuará irresuelto
La
imposición a rajatabla de medidas entreguistas y privatizadoras,
como es el caso de la llamada “Ley de la Selva”, el atentado contra
el patrimonio histórico y cultural, el intento de privatizar los
puertos y aeropuertos, no han hecho sino provocar la indignación
popular y las medidas de lucha para detener esta política nociva. Lo
propio sucede con los trabajadores, cuyos derechos vienen siendo
conculcados, con los maestros que resisten una ofensiva implacable
por parte del Ministerio de Educación, con las amas de casa que
comprueban el alza constante de los artículos de primera necesidad.
En el
presente año las convulsiones sociales se extenderán a lo largo y
ancho del país, lo que nada tiene que ver con la labor de agitadores
profesionales, como pretende la derecha. La raíz de fondo consiste
en la voluntad del gobierno de llevar hasta sus últimas
consecuencias un modelo económico excluyente y entreguista, causa
del atraso del país y de la pauperización de su población, situación
que choca con el legítimo derecho de las mayorías a exigir cambios
profundos y necesarios para lograr su bienestar, la defensa de los
recursos naturales, la soberanía nacional, la plena democracia.
Cambio
o continuismo es la contradicción que jalona el Perú de hoy. La
demagogia gobiernista, su empeño en dividir el movimiento social,
las campañas mediáticas para desacreditar las luchas populares, la
represión brutal, son las herramientas que usará de manera
recurrente para allanar el camino a la profundización del modelo
neoliberal. Solo la gran unidad del pueblo peruano, su disposición a
la lucha por los grandes objetivos, su acceso a las esferas de
gobierno y poder, puede detener esta ofensiva y abrir el camino a
las transformaciones profundas que el país requiere.
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