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AFIRMAR EL
PROYECTO UNITARIO HACIA EL 2011 | |
El
caos y el escándalo político presiden la agenda nacional. Un año y
meses han sido suficientes para mostrar al país la fragilidad de un
gobierno que no tienen otro rumbo que continuar lo establecido. Es
decir: seguir haciendo lo que inició Fujimori y continuó penosamente
Toledo.
Más
allá de los asuntos de coyuntura o de los escándalos que cubren las
primeras páginas de los diarios, de los debates en el Congreso, de
censuras que penden sobre la testa de ministros predilectos del
gobierno aprista, un fenómeno determinante se abre paso poniendo en
jaque la estabilidad que sueña la derecha económica y política: la
polarización entre quienes están por el continuismo de un modelo
económico al servicio del gran capital y las transnacionales, de una
constitución hecha a su medida, de un sistema injusto y excluyente,
cada vez más cuestionados, por un lado y, por el otro, quienes se
pronuncian por el cambio de esta situación para iniciar un camino
distinto, transformador y al servicio de las mayorías .
Cambio
o continuismo: así está planteado el problema.
Toda
la derecha coaligada, indiferentemente de intereses parciales, se
une para sostener y defender el modelo neoliberal que nos han
impuesto. Allí no hay fisuras. El fujimorismo, en esta cuestión, es
uña y mugre con el gobierno del presidente García. Lo mismo Unidad
Nacional, los empresarios, la burocracia dorada. Tal sorprendente
confluencia tiene una explicación adicional: el pánico que sienten
ante la insurgencia popular y la posibilidad de una victoria en
abril del 2011. “Esta puede ser la última oportunidad” expresó el
hoy embajador en la OEA, Antero Flores Araos, apenas conocidos los
resultados de la segunda vuelta electoral en junio del 2006.
En la
otra orilla, a manera de un ejército multicolor, están las víctimas
del neoliberalismo, golpeadas por la prepotencia del poder y el
centralismo, indignadas frente a la corrupción que lo pervierte
todo, al entreguismo, el saqueo y la depredación del patrimonio
nacional.
Son
las fuerzas del cambio, aún dispersas, con intereses particulares no
siempre coincidentes, con desconfianzas y no pocas veces prejuicios
que dificultan o impiden marchar juntos. En junio y julio pasado
pulsaron sus fuerzas, pusieron en tensión sus potencialidades, y en
el camino van encontrando los puntos comunes que hará posible la
gran unidad para un gran cambio, que abra un nuevo derrotero al
país.
En
esta batalla de grandes proyecciones no hay lugar para las
posiciones intermedias ni vacilantes. En este tablero comienzan a
moverse los dispositivos estratégicos de las fuerzas políticas y
sociales en contienda, ordenando sus batallones, programa,
relaciones de alianzas, formas de acción. Cada paso táctico, cada
movimiento de fichas, cobra un sentido, tiene un objetivo a
alcanzar.
La
derecha peruana con su estado mayor ubicado en los Estados Unidos,
tiene el mapa de operaciones sobre la mesa. Ya está en acción. En
ese cuadro Toledo, García, Fujimori mismo tienen un lugar. Está
dispuesta a impedir, por todos los medios a su alcance, que el Perú
se sume a la corriente progresista y nacionalista del área Andina.
Si el imperio y sus socios menores han puesto en marcha su
dispositivo de cara al 2011, nos corresponde responder con una
estrategia alternativa que permita
la
victoria
popular y garantice su continuidad.
Así es
como hay que entender la política hoy, y evitar caer en la trampa
del sensacionalismo, de la maniobra política sin horizonte, de la
lucha empujada por estados de ánimo. Para vencer hay que saber
luchar, es decir saber aprovechar las ventajas disponibles y evitar
los errores que alimenten las ventajas del adversario.
No
perder de vista la oportunidad histórica que se nos presenta y que
el adversario calibra bien. Saber entenderla, cogerla y manejarla:
he allí la llave maestra de la conducción. Y la clave, la madre de
la
victoria,
la unidad que se logre construir. Hay que conquistarla de cara a las
masas, yendo a ellas, desde las bases, sumando siempre en torno del
proyecto que se cree realizable y necesario.
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