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TERCIO
SUPERIOR
Por Manuel Guerra | |
Sin
duda el Sr. Chang se ubica en el “tercio superior” de los más
ineptos, corruptos y mediocres de los personajes que se han hecho
cargo del Ministerio de Educación. Cual fiera depredadora, se mueve
a sus anchas en esta selva del capitalismo salvaje, donde prevalece
el individualismo y sobran los principios y la ética. Durante años
dirigió la Universidad San Martín de Porres, caracterizada (al igual
que se hermana gemela, la Universidad Gracilaso de la Vega, dirigida
también por apristas) no precisamente por la calidad de la enseñanza
impartida, y sí por la corruptela y el asiduo uso de la cachiporra
por parte de los apristas para mantener a raya a sus oponentes. Con
el segundo gobierno de García el Sr. Chang fue premiado y pasó a las
ligas mayores, le fue entregado el Ministerio de Educación,
considerado por él como una especie de cachina donde puede dedicarse
sin freno a sus sucios negocios.
Pero
no solo eso. La materia de alcantarilla con que está hecho el Sr.
Chang lo califica perfectamente para ponerse al frente de la cruzada
antimagisterial y antisutepista, necesaria para implementar la
política neoliberal en el terreno educativo. Con el apoyo mediático
derechista pretendió convencer que los maestros eran los grandes
responsables de la baja calidad educativa e hizo todo un show con el
cuento de la evaluación, que como luego se demostró fue todo un
fiasco. En esa misma línea promovió la Ley de Carrera Pública
Magisterial, aprobada al caballazo, sin el debate correspondiente y
sin considerar la opinión del magisterio.
Hoy al
Sr. Chang se le ha ocurrido promulgar el D.S. 004, según el cual
solo pueden concursar a la carrera docente los egresados que hayan
alcanzado “el tercio superior” académico. Y si se le pregunta al
Ministro qué pasará con los egresados que han estudiado durante
cuatro o cinco años y han obtenido su título profesional a nombre de
la nación y no han alcanzado el tercio superior, muy suelto de
huesos responde sabiamente: si hubieran estudiado estarían en el
tercio superior. Diríamos que esto es una burrada mayor si no fuera
porque ofenderíamos a esos nobles y útiles animales, a los que Juan
Ramón Jiménez elogió en el nombre de Platero.
Con el
citado decreto no solo se encubre la responsabilidad del gobierno en
la crisis que afecta al sector educación; se atenta contra uno de
los derechos más elementales de la persona, el derecho al trabajo,
truncando las posibilidades de desarrollo de decenas de miles de
jóvenes profesionales, que pasarán a engrosar a los 200,00 maestros
que se actualmente se encuentran desocupados.
Esta
metida de pata del Sr. Chang ha encontrado una resistencia
generalizada, no solo entre los docentes y estudiantes; gran parte
de los gobiernos regionales la han declarado inaplicable, a pesar de
las amenazas, presiones y chantajes de los que son objeto. La
derogatoria del decreto de marras, la defensa del derecho al
trabajo, contra la discriminación y el clientelaje, por una
educación universal, gratuita y de calidad, son banderas que debemos
levantar para poner coto a la ofensiva antieducativa que está en
marcha.
Ciertamente que la calidad profesional de los maestros no es la
mejor. Pero ello obedece a las fallas del sistema educativo. En los
últimos años ha proliferado la creación de institutos pedagógicos,
los que sumados a los programas de educación de las universidades,
arrojan una suma impresionante de docentes que no pueden ser
absorbidos por el actual sistema educativo. En estas instituciones
la preparación de los futuros docentes, con las excepciones del
caso, es realmente deplorable, sin que el Ministerio haga nada por
mejorarla. En una solución simplista, en lugar de atacar las fallas
del sistema, nuevamente se coloca la responsabilidad en el docente.
Los
docentes realmente necesitan ser capacitados y evaluados, pero no a
la manera como lo entiende el Sr. Chang, en la que la evaluación,
nada transparente, se convierte en clientelaje para favorecer a la
mediocridad, y la capacitación una más de sus muchas estafas porque
en el fondo no se capacita nada.
La
calidad educativa, y dentro de ella la calidad de los docentes, es
un problema que debe ser abordado como parte del encaramiento
integral del problema educativo. Esto requiere una nueva visión que
coloque a la educación como el eje del desarrollo nacional,
asumiendo un proyecto educativo articulado a las necesidades del
país; donde la educación pasa a ser un derecho humano fundamental de
la persona que el Estado está en obligación de preservar y no como
una mercancía disfrazada de servicio como hoy sucede. En esta visión
de una educación vinculada a la producción y al mundo del trabajo,
la investigación científica y el desarrollo tecnológico para
resolver las necesidades del desarrollo nacional, tienen prioridad.
Del mismo modo se hace necesario ampliar la cobertura educativa,
restituir la jornada escolar completa, mejorar la infraestructura,
adecuar la educación a las necesidades de un país pluricultural y
multilingüe como el nuestro, realizar una reforma curricular para
adecuar los contenidos a las necesidades del país y promover valores
distintos a los que ha impuesto el capitalismo salvaje, capacitar y
preparar a los docentes para que asuman con solvencia su
responsabilidad con sus alumnos y comunidad en general.
Si se
vería de esta manera la Educación, entonces se le destinaría el
presupuesto necesario y no la miseria como hoy sucede, y también se
pondría una persona capaz al frente del Ministerio, y no a un
mediocre, como hoy también sucede. Pero esto es como pedir peras al
olmo en tanto se mantenga el modelo neoliberal.
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