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MAJÁZ: LA
DIGNIDAD DE UN PUEBLO Y LA DEMOCRACIA CUESTIONADA
Por Manuel Guerra | |
Es
sabido que para la derecha la democracia es un taparrabos que no
tiene el mínimo rubor de despojarse si de cautelar sus intereses se
trata. Ha ocurrido tantas veces en el Perú, que ahí están para
demostrarlo las decenas de golpistas que han pasado por Palacio, los
miles de dirigentes populares perseguidos, presos, muertos y
desaparecidos; las marchas reprimidas, los fraudes electorales, los
jóvenes apaleados, los opositores torturados, los campesinos matados
a mansalva y usados como carne de cañón. Ahí están también Fujimori
usando todas sus influencias para impedir su extradición y Alan
García, cuyas violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa
humanidad durante su primer gobierno lo persiguen como fantasmas que
en vano pretende conjurar con elevadas dosis de valium.
Ahora,
cuando los alcaldes de los distritos de Ayabaca, Carmen de la
Frontera y Pacaipampa, de la Región Piura, han convocado a un
referéndum para tomar una decisión sobre la conveniencia o n o de la
explotación minera en sus valles agrícolas, la derecha ha puesto el
grito en el cielo. Esa derecha que acusa de totalitarios a los
regímenes socialistas, que se desgañita acusando de dictador a Hugo
Chávez, que se pone histérica pidiendo elecciones universales en el
Sutep, esa misma derecha que funge de campeona de la democracia
ahora sostiene que el referéndum de los campesinos piuranos no es
válido. Para justificar lo injustificable han rebuscado una serie de
argumentos que dan risa, como aquello de que los pobladores están
manipulados por gente que no quiere el progreso, que detrás de las
protestas están los comunistas perversos, las ONGs y hasta curas
diabólicos. Como siempre, la Chichi Valenzuela ha salido a poner el
pecho y ha contribuido con un sesudo argumento que sostiene que las
riquezas mineras ubicadas en esos distritos no pertenecen a las
personas que allí habitan, sino a todos los peruanos, por tanto, en
aras del “beneficio” de la mayoría no interesa que a unas decenas de
miles de campesinos se les inutilice sus tierras de cultivos, se les
contamine sus fuentes de agua y se les complique su existencia más
de lo que ya está en la actualidad.
De
repente el Dr. Del Castillo se ha acordado que en esa región hay
pobreza y pobreza extrema. Como si su gobierno no tuviera ninguna
responsabilidad, ha salido con cifras en la mano a demostrar que la
agricultura no representa beneficio alguno para esos campesinos. ¿Y
la sierra exportadora? ¿Y el shock de inversiones? Estas son
preguntas que incomodan al Premier, que no quiere admitir que lo
primero se ha traducido en Sierra explotada y saqueada y lo segundo
en un shock de corrupción.
En el
fondo de todo esto está el debate sobre la visión de desarrollo que
le conviene al país. Para la derecha no ha cambiado el esquema
primario exportador que viene desde la colonia; es decir, el Perú
convertido en depositario de materias primas, cuya explotación no
puede realizarse sin el concurso del capital extranjero, al que por
tanto hay que otorgarle todas las ventajas, como por ejemplo
desregulación laboral, exoneración de impuestos, carta libre para
contaminar el medio ambiente, incluso la potestad para que cuenten
con sus propios ejércitos particulares y hagan seguimientos y
reglajes a los opositores. Esto es lo que cuestionamos quienes
asumimos una visión distinta de desarrollo, que consiste en basarnos
en nuestras propias fuerzas y recursos para desarrollar el aparato
productivo, darle valor agregado a nuestros productos, aprovechar el
potencial nacional para un crecimiento armónico que revierta en el
beneficio de la población. El Perú cuenta con diversidad de recursos
para salir adelante y no puede estar condenado al papel de
exportador de materias primas. Los recursos mineros pueden y deben
ser aprovechados en el marco de un proyecto de desarrollo integral,
en condiciones dignas y ventajosas para el país, donde se garantice
la preservación del medio ambiente y se tome en cuenta la opinión
de los pobladores directamente afectados.
Los
pobladores de Ayabaca, Carmen de la Frontera y Pacaipampa están en
su perfecto derecho de decidir sobre una cuestión que los afecta y
el Estado debe respetar los resultados de la consulta popular, en
lugar de empeñarse en satanizarlos y hostigarlos. Estos pobladores,
cuya pobreza recién ha descubierto el Sr. Del Castillo, han dado una
gran lección de dignidad al país al haber rechazado los 80 millones
de dólares ofrecidos por la empresa para que cejen en su empeño de
defender lo que creen justo. El neoliberalismo que promovió el
invidualismo más feroz, el pragmatismo más descarado, que colocó al
mercado, donde todo se compra y se vende, como la panacea a todos
los males, no ha podido sin embargo comprar la conciencia de un
pueblo. Esta es la gran reserva moral que hará posible los profundos
cambios que el Perú requiere.
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