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II
CONFERENCIA EDUCACIONAL DEL PARTIDO | |
El último fin de
semana, con la presencia de delegados provenientes de todas las
regiones del país, se realizó la II Conferencia Nacional del Trabajo
Educacional de nuestro Partido. Este evento ha sido la culminación
de una intensa movilización, donde el conjunto del Partido se abocó
al estudio de los documentos propuestos, a realizar mejoras y
aportes, en un ambiente donde reinó la fraternidad y el espíritu de
colaboración. Una vez aprobados los documentos ingresamos en una
nueva fase que va a significar un serio esfuerzo por llevar a la
práctica los acuerdos arribados. En los documentos, partiendo de la
concepción marxista de la educación, se hace un estudio del proceso
de la educación peruana, las contradicciones a resolver en el
presente, la propuesta de una nueva educación articulada al proyecto
nacional y orientada al socialismo, el papel que deben cumplir los
comunistas en el ámbito educativo, y la necesidad de asumir un
viraje en la conducción gremial en base a una actualización de los
principios del sindicalismo clasista. En las próximas semanas
estaremos haciendo público el documento final de la II Conferencia.
A continuación publicamos un capítulo que es la base y la puerta de
entrada de todo el documento.
NUESTRA
CONCEPCIÓN DE LA EDUCACIÓN
La II Conferencia Educacional del Partido se propone reubicar el
pensamiento y la actividad práctica del Partido en el ámbito de la
educación, de la relación del Partido con los maestros y los
educandos, la definición de la línea específica para el sector
entendiéndola como un sistema integrado, en lugar de la visión
estamental y fragmentada (separación de la educación formal, no
formal, superior) hasta ahora subsistente, para colocarlos en la
órbita del marxismo leninismo, de la línea general, y en el marco de
sus tareas revolucionarias. La Primera Conferencia significó un
avance importante, pero no fue suficiente para llevar a cabo la
rectificación del trabajo del Partido en el sector. Recogiendo sus
elementos positivos y los avances que representó, corresponde dar un
paso adelante, partiendo de una posición crítica de lo actuado, pero
sobre todo del reconocimiento del nuevo escenario que se abre hacia
delante, de los retos que ello implica, de las tareas que nos
corresponde asumir como partido revolucionario y transformador en
las nuevas condiciones.
El VII Congreso
del Partido sintetiza el andamiaje teórico y programático en el que
se sustenta y desarrolla la II Conferencia Educacional. El
socialismo es la meta histórica que nos proponemos alcanzar a través
de fases y etapas secuentes (el Nuevo Curso, la Revolución
Democrática y Antiimperialista) de manera ininterrumpida. Se
propone “emancipar las fuerzas productivas y desarrollarlas
incesantemente, liquidar toda forma de explotación del hombre por el
hombre y de opresión de un pueblo por otro, eliminar la polarización
social entre ricos y pobres y alcanzar la prosperidad común,
garantizar la libertad, la democracia, junto a un elevado desarrollo
cultural y espiritual y una nueva ética fundada en el servicio al
pueblo…” Tal concepción del socialismo “coloca al ser humano en el
centro de todo y convierte, por primera vez, al hombre en el único
dueño de la sociedad” en íntima convivencia con el medio ambiente.
Por consiguiente, no le corresponde ni es propósito de la IICE
discutir los acuerdos congresales, sino más bien, partiendo de
ellos, realizar desarrollos concretos y dar respuesta a los
problemas planteados.
El marxismo
cuenta con una concepción de la educación integral, que no se agota
en las respuestas necesarias en el presente, tal por ejemplo el
proyecto educativo nacional, ni en los límites que le impone el
capitalismo. Nos referimos a la concepción socialista de la
educación que incorpora en un todo: la escuela única que integra
trabajo e instrucción, instrucción y educación, capacidad de dirigir
y de producir, pensamiento y acción, teoría y práctica. En
“Principios de comunismo”, Engels concebía la educación como derecho
“de todos los niños del país…en establecimientos nacionales y a
cargo de la nación”, que desterrará el “carácter unilateral y
limitado que el régimen de división del trabajo imprime hoy al
individuo”, promoviendo en su lugar “hombres íntegros, cuyas
capacidades estén cultivadas en todos los aspectos”. Esta síntesis
genial será desarrollada más tarde en el Manifiesto Comunista y
otros textos de Carlos Marx y en la experiencia internacional del
proletariado.
En el Manifiesto
comunista se proclama “la educación pública y gratuita”, la
“abolición del trabajo de éstos en las fábricas” y un “régimen de
educación combinado con la producción material”. Más adelante, en
El Capital, Cap. XIII, Marx escribe: “Del
sistema fabril, que podernos seguir en detalle leyendo a Roberto
Owen, brota el germen de la educación del porvenir, en la que se
combinará para todos los chicos a partir de cierta edad el trabajo
productivo con la enseñanza y la gimnasia, no sólo como método para
intensificar la producción social, sino también como el único método
que permite producir hombres plenamente desarrollados”. En otros
términos, para ser plena la educación debe dejar atrás la división
del trabajo que separa el trabajo físico del intelectual, cuya
esencia consiste en la explotación capitalista y en la producción de
plusvalía, entrando en contradicción la fuerza de trabajo, la
situación social y la conciencia, pues la división del trabajo en
las condiciones señaladas obstaculiza el desarrollo pleno del ser
humano puesto que contrapone actividades espirituales y materiales,
goce y trabajo, producción y consumo”.
En la sociedad
socialista, acota Engels en el Anti Duhring, “el trabajo y la
educación van unidos para asegurar una formación técnica
multilateral y un fundamento práctico de la instrucción científica”.
Esta integralidad permite que la educación vincule el trabajo
productivo con la educación mental y física, además de la estética,
y debe ser además laica, universal, gratuita, única, de exclusiva
responsabilidad del Estado, que brinde oportunidades iguales a
todos. Una concepción tal de la educación y de la escuela, debe
necesariamente transformarse de escuela libresca en una escuela de
trabajo y de la producción, indispensable para la plena realización
de la persona.
.- Esta escuela
realmente nueva no puede desarrollarse sino en lucha con la escuela
engendrada por el capitalismo basada en la división del trabajo, la
separación del trabajo manual e intelectual, la fragmentación del
conocimiento, la exclusión, y ahora su mercantilización con el
neoliberalismo, que arraiga el individualismo, el autoritarismo, la
deshumanización. Esta escuela única deberá tener, si nos atenemos a
los postulados de Gramsci, “dos fases: una de carácter humanístico,
formativo, de cultura general en las que las capacidades del trabajo
intelectual y manual se armonizarán, y una segunda fase en la que se
desarrollarán los valores fundamentales del humanismo, la
autodisciplina intelectual y la autonomía moral necesarias para la
posterior especialización científica, técnica o productiva” ( Jesús
Palacios, “La educación en el siglo XX”).
La educación, de
otro lado, no puede estar separada de la economía. Así como es la
base económica de la sociedad dada será también la superestructura
sobre ella levantada, independientemente de que ésta influya sobre
aquella. Dentro del régimen de producción y explotación capitalista,
aún siendo estatal la educación servirá a la reproducción del mismo.
En el Manifiesto Comunista Marx responde a la acusación cínica de
que el comunismo sustituye la “educación doméstica por la educación
social”: “Y vuestra educación, ¿no está también determinada por la
sociedad, por las condiciones sociales en que educáis a vuestros
hijos, por la intervención directa o indirecta de la sociedad a
través de la escuela, etc.? Los comunistas no han inventado esta
ingerencia de la sociedad en la educación, no hacen más que cambiar
su carácter y arrancar la educación de la influencia de la clase
dominante”. Este sello de clase será inevitable mientras permanezcan
las clases y las contradicciones de clase. Allí donde domina el
capital, como los hechos lo demuestran, una educación para todos y
al servicio de todos, es una ilusión. Sólo en el socialismo, donde
el interés no es la ganancia sino el servicio a la sociedad, al
pueblo, la educación será una herramienta de liberación, permitiendo
la emancipación de las relaciones sociales de explotación, de la
enajenación, el libre desenvolvimiento personal.
El carácter
clasista de la educación deriva de los intereses que están detrás de
ella. En la sociedad de clases las ideas, también la educación,
tienen un contenido de clase. No nada hay de sorprendente en el
hecho de que las ideas de las clases dominantes sean también las
ideas dominantes en cada época, y que las ideas nuevas o
subordinadas deban desarrollarse en lucha contra ellas. Ocurre otro
tanto en el ámbito de la educación, sobre la cual influyen además
las condiciones concretas del desarrollo alcanzado por la humanidad.
La educación emergente sea formal, informal o superior responde a
las condiciones de su tiempo y a los intereses de las clases o
fracciones de clase que aspiran a sustituir el sistema social
decadente. En ese sentido debe ser parte fundamental de las fuerzas
que trabajan por el cambio social, uno de sus componentes más
importantes en el ámbito de las ideas. Este conflicto es expresión
de la lucha de clases presente en la sociedad, demostrando con ello
que la educación no asume un rol ambiguo, menos aún incoloro o
amorfo.
En ese sentido
la educación debe ser un factor fundamental en la lucha por el
cambio social. Debe contribuir al despertar de la conciencia del
pueblo sobre su necesidad, asumir un papel crítico de lo viejo, y
fortalecer las tradiciones democráticas, patrióticas, solidarias,
humanistas, en confrontación con las ideas conservadoras y
atrasadas. La educación, en suma, está en condiciones de acompañar
y acelerar ese desarrollo y ese cambio, “pero no es la encargada de
desencadenarlo y hacerlo triunfar” (La educación en el siglo XX).
Las revoluciones
técnicas producidas a lo largo de los dos últimos siglos, en
particular la actual revolución técnica y científica, han originado
cambios importantes en todos los ámbitos, incluyendo la educación.
Con el ingreso a la era del conocimiento se puede decir que la
ciencia y la tecnología se han convertido en la fuerza productiva
primaria y los recursos humanos, es decir el personal altamente
calificado, el elemento básico en la construcción de la sociedad del
conocimiento.
La invención y el uso del motor de vapor, patentado en 1769,
condujeron a la humanidad a la edad de las maquinarias. Desde
finales del siglo XIX a inicios del XX, se inventaron el generador
de energía y el motor, lo que marcó la entrada de las fuerzas
productivas sociales en la edad de
la electricidad. Los
impactos más profundos de mediados del siglo XX para la economía y
la sociedad llegaron con la tecnología de la energía atómica, la
computación y la investigación espacial. Hoy, la ciencia y la
tecnología avanzan a pasos agigantados. La innovación
científico-tecnológica se ha convertido en una fuerza dominante en
el desarrollo económico y social. Esta es la razón por la cual no se
puede entender la educación como un factor pasivo, sino como un
recurso fundamental sin el cual las sociedades atrasadas como la
nuestra no tienen futuro y están condenadas a la inviabilidad.
Lo
singular del mundo de hoy es que el desarrollo es conocimiento y el
conocimiento, a su vez, desarrollo. Las prioridades de recursos para
el desarrollo, a diferencia del pasado, se han invertido. Ya no se
encentran en las riquezas naturales, sino sobre todo en el
conocimiento que tengan los pueblos, por lo tanto más que en la
enseñanza la escuela habrá de de ser una organización que aprende,
con muchas potencialidades técnicas a su favor, y donde el
conocimiento y la innovación no tienen fin.
Con la hegemonía de los sectores más conservadores y reaccionarios
del capital, impulsores del neoliberalismo, la educación se
convierte en mercancía barnizado de “servicio”, en privilegio para
uno y en exclusión para otros, en expresión de oscurantismo e
irracionalismo, trayéndose abajo incluso viejas conquistas
liberales como el laicismo o la escuela pública, y con ella el
abandono o la dejación de derechos fundamentales de
la persona. La
educación debe ser entendida como un derecho humano fundamental que
el Estado está en la obligación de garantizar a toda persona: una
educación universal, única, de calidad, gratuita; además,
democrática, patriótica, científica y solidaria.
La conquista del
pan, en feliz expresión de Mariátegui, debe ir acompañada de la
conquista del espíritu, de la belleza, de las complacencias más
altas del ser humano. Un pueblo culto, con elevados ideales, con
fuertes raíces en su heredad histórica, abierto al mundo desde su
realidad, dispuesto al cambio y la innovación, con sentido de
dignidad, será el resultado de la educación entendida en su
integridad. La crisis de la educación peruana, el rebajamiento de su
calidad, su ausencia de horizonte, pero sobre todo el abandono de
que es víctima por parte de quienes detentan el poder y asumen
responsabilidades de gobierno, explican el enorme deterioro en que
se encuentra.
El gran cambio
económico, político y social que la sociedad peruana demanda para
salir del atraso, la dependencia, la pobreza, la exclusión, tendrá
en la educación un pilar fundamental. Es en ese sentido que se puede
hablar de la necesidad de abrir paso a una verdadera revolución
educativa, indispensable para completar aquellos objetivos. Visto
así no es un frente de batalla secundario, ni se agota en la
coyuntura, menos en los marcos de la lucha por reivindicaciones
económicas o profesionales legítimas, pero del todo insuficientes.
El largo camino hacia la emancipación del trabajo y de la
realización del socialismo, siendo aparentemente distante, en
realidad comienza hoy abriendo camino a las tareas del presente, en
cuyo centro está la lucha por una Nueva República.
Vale
la pena recoger unas expresiones recientes del Comandante
Fidel
Castro,
cuya
valoración de la educación y la cultura en estos tiempos no es
exagerada: “…Después de una larga vida de luchas y experiencias y
de haber visto la evolución de nuestro mundo durante casi medio
siglo hasta llegar a la dramática situación de los 6500 millones de
habitantes del planeta, albergo la más absoluta convicción de que
solo la educación podrá salvar nuestra especie. Esta es la única que
ha recibido el excepcional privilegio de una fabulosa inteligencia
con capacidad de crear los más inimaginables valores y de transmitir
y actuar de acuerdo con ellos, sin los cuales el ser humano no sería
más que un producto ciego de las leyes de la naturaleza, lleno de
instintos e impulsos, que no merecería jamás el calificativo de
hombre. …Si no llegamos a ser seres humanos en el más cabal sentido
de la palabra, nuestra especie no podrá sobrevivir. La tarea de
ustedes, y de los que piensen como ustedes y nosotros, es
consagrarnos con todas nuestras fuerzas a lograr esos objetivos. Tal
propósito define el sentido de nuestra Batalla de Ideas y explica
nuestros ingentes esfuerzos por crear una cultura general integral
en nuestro pueblo, como algo de lo cual ninguna comunidad humana
podrá prescindir”.
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