| MENSAJE DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO
COMUNISTA DEL PERU – PATRIA ROJA, CON OCASIÓN DEL 76 ANIVERSARIO DE SU
FUNDACIÓN |
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Estimados
camaradas y amigos que nos honran con su presencia:
Conmemoramos un nuevo
aniversario de la fundación del Partido que gestó, alumbró y nutrió con su
pensamiento, su acción y su ejemplo, el Amauta José Carlos Mariátegui. A
él, que supo levantarse desde los peldaños iniciales hasta la más alta
cumbre de la creación y realización humanas, nuestro reconocimiento
permanente, nuestro compromiso de continuar su obra sin claudicaciones ni
oportunismos, colocando siempre en primer plano el servir al pueblo.
En esta oportunidad se
están llevando o se llevarán a cabo reuniones de conmemoración en diversas
ciudades del país, entre ellas: Arequipa, Cusco, Puno, Abancay, Huancayo,
Huanuco, Iquitos, Huaraz, Jaén, Cajamarca, Chiclayo, Trujillo, Piura,
Tumbes, Ica, Moquegua, Tacna. Nos proponemos hacer de este día la fiesta
de los comunistas en todo el territorio patrio.
Para nadie es desconocida
la profunda crisis moral e ideológica que sacude a la sociedad peruana. Un
fuerte pesimismo alcanza a vastos sectores de la población. No pocos han
perdido la confianza en las posibilidades del país para salir del atraso y
de la pobreza. Millones de compatriotas han optado por la emigración y
muchos otros quisieran seguir el mismo camino. La política criolla está
devaluada y la moral pública por los suelos. Y más todavía las
instituciones fundamentales del Estado, que cuentan con la mínima
confianza ciudadana.
Definitivamente,
asistimos a uno de esos momentos infortunados de la historia patria donde
la niebla espesa parece ahogar las luces del alba.
Casi dos siglos de vida
republicana, en su marcha errática, han cuajado en lo que somos hoy como
país y como sociedad. Dos siglos que confirman el fracaso histórico de las
clases dominantes que fueron incapaces de darle un destino mejor al Perú y
un porvenir superior a la abrumadora mayoría de sus habitantes, sobre los
que recayó siempre el peso de la exclusión, el racismo, el atraso, la
pobreza y el hambre.
“Peruanicemos al Perú”.
Esa frase que sintetiza la propuesta del Amauta, es más actual que nunca.
Es la respuesta vital, optimista, la certeza de que otro Perú al que
tenemos hoy es posible y realizable. Si la manera aristocrática,
desnacionalizadora, centralista y excluyente de entender el Perú está en
crisis terminal; el otro modo de asumir la realidad nacional y el destino
de los peruanos, que enraíza en el mensaje enérgico del Amauta, sigue vivo
y es más oportuno que nunca.
Por esa razón fundamental
no existe ni puede existir entre los comunistas, revolucionarios y
patriotas, lugar para el pesimismo y el derrotismo. Somos optimistas,
tenemos confianza en el futuro de la patria, y no obstante las
dificultades y los muros artificiales que nos colocan quienes quisieran
condenarnos al olvido y perpetuarse en el Poder, o los tránsfugas que
prefieren capitular a continuar la lucha, tenemos la certeza de que el
futuro pertenece al pueblo y que las condiciones objetivas se muestran
favorables para la rápida recuperación de la izquierda. Es la tendencia
histórica que nunca hay que perder de vista. Está en nosotros saber
aprovechar la oportunidad y entender bien que la victoria se construye y
no llega de regalo.
No es producto de la
casualidad que a lo largo de estos años quisieran convertirnos en víctimas
de una feroz ofensiva propagandística, represiva y divisionista, en la que
se han coaligado, desde el gobierno toledista a través del ministerio del
interior y los servicios de inteligencia, la derecha política y económica,
el senderismo - que ha hecho virtud de la consigna hitleriana de “miente,
miente, que algo queda”- , hasta los nuevos abanderados de la Tercera Vía
en que recalan quienes dejan atrás las señales de la izquierda y el
socialismo. Pero aquí nos tienen: firmes en nuestras posiciones de
siempre; firmes en nuestra fidelidad al pensamiento y obra de Mariátegui;
firmes en la defensa de los intereses del pueblo y la nación; firmes
levantando las banderas gloriosas de los trabajadores y el socialismo.
Estamos empeñados en la
gran tarea de transformar al Partido que somos hoy en un partido
revolucionario de masas, con estructura e influencia política nacionales.
Estamos trabajando para dotarlo de un sólido sustento ideológico, teórico
y cultural. Nos encontramos comprometidos en una sana lucha ideológica
para superar viejas herencias burocráticas, sectarias o espontaneistas que
aún sobreviven. Trabajamos también para fortalecer incesantemente los
vínculos del Partido con el pueblo trabajador, con la mujer, con la
juventud, con la intelectualidad y los artistas, con la población étnica
de todas las latitudes de la patria. Sabemos que es una tarea difícil, que
exige mucho esfuerzo, capacidad de entrega y sabiduría. Pero no le tememos
a los retos ni nos intimidan los obstáculos.
Está a la vista el VIII
Congreso del Partido. Abrigamos el convencimiento de que éste será un
congreso de unidad, de avance, de afirmación de los pasos dados. Nunca
hemos perdido de vista nuestros principios marxistas leninistas, aunque,
debemos decirlo con franqueza, no nos ha sido fácil entenderlos y
asumirlos con espíritu creador, como guía para la acción en lugar de
dogma. El aprendizaje ha sido y sigue siendo complicado, pero no pero ello
menos estimulante. Estamos en la obligación de partir de las condiciones
reales del país y del mundo de hoy, en lugar de imitar o repetir
experiencias producidas en otras latitudes y en otras circunstancias.
Precisamente en este punto adquiere una inmensa fuerza y una invitación
extraordinaria a la creación, la amplitud de criterio, la obra realizada y
la conducta ejemplar de José Carlos Mariátegui.
Aprovecho esta
oportunidad para expresar nuestro reconocimiento a la labor de muchos
comunistas, de todas las generaciones, desde aquellos o aquellas que
dieron origen a Patria Roja, hasta los nuevos militantes que acaban de
incorporarse al Partido a lo largo y ancho de la patria, quienes marchan a
la vanguardia del trabajo, persisten con entusiasmo en la lucha, aportan
su energía, experiencia y sabiduría acumuladas. ¡Cómo no sentirnos
contentos cuando los vemos a la cabeza de las luchas populares, cuando
llegan a los rincones más apartados de la patria llevando la voz del
Partido, cuando no se amilanan frente a la feroz ofensiva de nuestros
adversarios que quisieran sacarnos del corazón de las masas populares!
Permítanme, en
representación del Partido, saludar de forma especial a Mariano Mendoza
Zafra, sencillo pero sabio dirigente rondero que condujo con acierto la
vasta movilización del pueblo cajamarquino en defensa de la vida y contra
la irracional explotación del cerro Quilish por la minera Yanacocha. A
Evelia Sánchez Avendaño, hospitalizada en Trujillo, mujer generosa,
maestra y comunista infatigable. A Zenón Cueva, dirigente comunista en
Moquegua, cuyo domicilio fue allanado recientemente, encarcelado con su
hijo y otros dos compañeros acusados falsamente de “terroristas”, y
arrancados de la cárcel por el pueblo moqueguano y los militantes de
izquierda que tomaron las calles de la ciudad. Así como ellos son legión
quienes, esforzadamente, orgullosos de su pertenencia partidista, se
adentran entre el pueblo y luchan desde él y para él, sin buscar la
fulguración de una imagen televisiva ni la promesa de un cargo publico. Es
que los comunistas tenemos una sola y suprema aspiración: servir al
pueblo, luchar con el pueblo, triunfar o morir para el pueblo.
Está a la vista la
refundación de la Juventud Comunista del Perú – Patria Roja. Tenemos
confianza en la juventud, en su entusiasmo, en su compromiso con el cambio
revolucionario de la sociedad. La queremos alegre y a la vez madura para
asumir los retos del presente y las exigencias de mañana. Que no sea el
deslumbramiento de un día, sino un compromiso para toda la vida. No una
juventud anarquista, cultora de la grita estéril, que existe por negación,
fácil de encenderse en los momento de auge pero también de perder
confianza en los momentos difíciles; sino más bien una juventud forjada en
el espíritu de Mariátegui y del Che, animada de un esfuerzo de creación
heroica, con fuerte espíritu partidista, volcada con modestia a trabajar
con las masas juveniles, trabajadoras y estudiantiles, capaz de elevarse
cultural y espiritualmente siempre. La queremos sencilla, honesta,
unitaria, inteligente, para que sus integrantes sean los futuros
militantes del Partido que llevarán a su cristalización el partido
revolucionario de masas y la causa socialista.
La Juventud Comunista del
Perú – Patria Roja anuncia su nacimiento. ¡Viva la juventud Comunista del
Perú – Patria Roja!
Estimados camaradas y
amigos:
El problema que tenemos
como reto, que no espera postergación ni tolera evasivas, se resume en una
pregunta: ¿Qué hacer con el Perú para permitir su desarrollo e impedir se
convierta en un país inviable en las décadas que vienen? Esa es la
dimensión del reto que tenemos y que la derecha virreynal se niega
siquiera a aceptarlo.
Lo que caracteriza al
mundo actual es la globalización capitalista, acelerada por la revolución
científica y tecnológica, sobre todo por la tecnología de la información y
de la industria de la información, que ha reducido considerablemente los
costos del transporte y de las comunicaciones . De un lado, es un hecho
objetivo que tiene que ver con el desarrollo de las fuerzas productivas;
del otro, está impulsada de acuerdo a los intereses de los grandes
monopolios económicos y de los países centrales del capitalismo mundial,
en especial del imperialismo norteamericano.
No es, como muchos creen,
un fenómeno nuevo, recién surgido; existe desde mucho tiempo atrás. Hace
157 años, en el Manifiesto Comunista, Marx y Engels expresaron al
respecto: “Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía dio
un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países.”
También escribieron: “ Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor
salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero”. Ahora su
artillería pesada son las finanzas y su predominio tecnológico, acompañado
por su poderío militar.
En ese sentido refleja
las condiciones objetivas del desarrollo de las fuerzas productivas a
escala planetaria; al mismo tiempo, sintetiza la expansión mundial de las
relaciones de producción capitalistas. Por un lado, tiene una significado
histórico para el progreso, pues promueve el desarrollo acelerado de
nuevas tecnologías, del comercio internacional, de las inversiones
transnacionales; por el otro, puesto que responde a los intereses del
capital, tiene su centro en el incremento de la máxima tasa de ganancia,
conduce a la sobreexplotación del trabajo y a la concentración de la
riqueza en una dimensión nunca conocida por la humanidad. De modo que las
conquistas científicas y tecnológicas en lugar de beneficiar a la
humanidad y resolver problemas seculares como la pobreza, el hambre, la
desocupación, la exclusión, la explotación del hombre por el hombre, las
acentúan hasta niveles que convocan a la indignación. Esto sin considerar
otro problema crucial: la destrucción medioambiental que genera.
Se puede afirmar, además,
recogiendo palabras de Li Shenming, “la globalización deseada por
Occidente es, en esencia, el ajuste de cuentas y la venganza contra el
movimiento socialista y los movimientos democráticos nacionales que se
expandieron en todo el mundo en los años 50 y los años 60”.
Desde luego que la
globalización capitalista actual no es solamente económica; es también
política, cultural, ideológica, y apunta a la uniformización de la
población mundial en un pensamiento único, el del imperio norteamericano y
sus aliados de la OCDE. Esta concepción imperialista la expresó muy bien
Fukuyama cuando se refirió al fin de la historia y de las ideologías con
la supuesta victoria final del liberalismo y el capitalismo sobre el
socialismo.
Tal globalización, que
está en marcha, condena a la inmensa mayoría de la humanidad, a la
pobreza, a la desocupación y al atraso; la sociedad a una todavía mayor
polarización entre pobres y ricos; la economía a la concentración de la
riqueza en manos de monopolios gigantescos que dominan sobre la política y
el destino de las naciones del Tercer Mundo; la naturaleza y el medio
ambiente al saqueo y la destrucción.
El resultado visto a
escala planetaria es que el papel que tenía el Tercer Mundo en el
escenario internacional se ha debilitado; se ha incrementado su población
y su espacio territorial con el retroceso gigantesco que ha significado el
derrumbe de la exURSS; el poderío económico y capacidad de negociación de
los países que lo componen se ha debilitado y el Movimiento No Alineado ha
dejado de existir; la dependencia económica, financiera y tecnológica se
ha profundizado; los Estados nacionales y su función directriz en la
sociedad han sido menoscabados severamente; las condiciones
medioambientales han empeorado, y muchos países se han convertido en
basureros de los desechos de los países del capitalismo central; el
intervensionismo, la agresión militar y la guerra, en lugar de reducirse
se han reforzado, haciendo del mundo un lugar cada vez más inestable; las
culturas e ideas nacionales son sometidas bajo la ofensiva del pensamiento
único imperialista, sobre todo norteamericano.
El mundo no es, pues,
mejor que ayer, ni el futuro de la humanidad, de continuar las cosas como
están, invita al optimismo. Esta situación no puede continuar. Es
indispensable avanzar a un nuevo orden económico y político mundial justo
y equitativo, que promueva el desarrollo común de toda la humanidad.
Afortunadamente, crecen las fuerzas que marchan en esa dirección, vastos
sectores de la población de todos los continentes se movilizan contra la
depredación y expoliación que significa la globalización neoliberal
capitalista, contra la política de guerra y el intervencionismo yanqui y
el de sus aliados, contra la fascistización que encabeza Bush.
Tomar conciencia de esta
realidad y propiciar la unidad más amplia en respuesta a ella, es la
primera tarea que tenemos entre manos; la segunda, demostrar la viabilidad
de un camino distinto y mejor, humano, solidario, basado en la justicia
social y el desarrollo común de toda la humanidad, en la cooperación
económica, comercial y técnica, en el respeto a la diversidad cultural e
ideológica, en la igualdad y el beneficio mutuo.
Este mundo mejor es
posible. Luchemos para hacerlo realidad.
En este cuadro global
debemos ubicar al Perú.
Luego de la
contrarreforma de Morales Bermúdez una vez que se adueña del Poder en
1976, comienza el proceso que ha concluido con la implantación del
neoliberalismo como modelo económico, social, político, cultural y ético.
Tenemos así un país totalmente liberalizado con una Constitución -la de
Fujimori- que lo consagra; abierto sin reservas al capital transnacional
al que se considera el “motor del desarrollo”; un Estado que ha perdido
soberanía y reducido su función social y dirigente en beneficio del
mercado convertido en el regulador de la economía y ordenador de la
sociedad; un régimen político presidencialista cuasi monárquico; el
predominio de la ideología individualista, egoísta y pragmática, del “todo
vale” y “ésta es mi oportunidad”, que ha extendido la corrupción como
mancha de aceite.
¿Cuál es el resultado?
Una sociedad más polarizada y más dependiente que nunca; una economía
primario exportadora, desindustrializada y una agricultura
mayoritariamente arruinada; con relativo crecimiento económico pero, al
mismo tiempo, con más pobreza y más desocupación. En suma, una sociedad
más injusta e inequitativa.
No es mejor el desempeño
del tipo de Estado que se ha construido. El grado de la democracia
alcanzada y de sus valores puede verse fácilmente retratado en el
funcionamiento de sus instituciones, todas ellas sumergidas en una crisis
que viene de muy atrás. Exclusión, centralismo, corrupción, autoritarismo,
ineficiencia, son conceptos que reflejan esta realidad agobiante.
La independencia como
valor fundamental de autodecisión y soberanía, de determinación por
nosotros mismos sobre nuestro presente y futuro, hace mucho que ha dado
paso a una dependencia creciente hasta devenir verdadera subordinación
neocolonial, no sólo como economía, también como sometimiento mental.
Sentido de nación, de Patria, de dignidad nacional, es el más necesitamos
recuperar y reconstruir. La interdependencia mundial vigente no tiene por
qué anular la pertenencia nacional, ni por qué suprimir el valor del
patriotismo. Abrámonos al mundo, sí, pero desde nuestra peruanidad, de
nuestro ser nacional multiétnico, multilingue y multicultural.
Toda sociedad necesita
contar con valores fundamentales que la nutran, le den cohesión y destino.
¿Cuáles valores cohesionan a los peruanos de hoy? ¿Dónde está la clase
dirigente capaz de proporcionarlas? Digámoslo de una vez: el Perú asiste
al fracaso histórico de las clases que lo dominaron a lo largo de casi dos
siglos, sin darnos hasta el momento nación constituida, ni democracia
efectiva, ni inclusión de las mayorías siempre postergadas, ni desarrollo
sostenido y sostenible, ni integración y descentralismo. La república que
nace con el término de la dominación colonial española sigue inconclusa
esperando la realización de sus ideales básicos y la cristalización de los
nuevos, surgidos en estos siglos de cambios titánicos.
Por eso la necesidad de
una nueva república que lleve a cabo estas tareas irresueltas en ausencia
de una verdadera clase dirigente; también de una nueva fuerza social capaz
de hacerlas realidad, capacitándonos para responder a los retos
gigantescos que representa el siglo XXI.
La palabra cambio tiene
esta connotación histórica y también concreta, en lugar de su manipulación
demagógica que promete “cambiar algo para que nada cambie”, del cual es un
ejemplo perverso la promesa electoral del actual gobernante. Nada indica
que no tendremos el mismo ofrecimiento en los años que vienen para
conseguir votos y obtener aplausos, y todo seguirá igual o peor,
distanciándonos cada vez más de los países que marchan seguros hacia el
futuro.
No hay otra salida para
el Perú que abrir paso a una nueva república, que recoja lo mejor de
nuestra herencia acumulada a lo lago de siglos, se apoye sobre sus propios
ejes y se abra al mundo desde su realidad e identidad.
Junto a ella, como bases
indispensable para alcanzarla, proponemos tres herramientas fundamentales:
un proyecto nacional que perfile el Perú que queremos y podemos ser, una
nueva Constitución que siente sus bases legales, un gobierno democrático,
patriótico, descentralista, de regeneración moral, con ancha base social
popular capaz de asumir este compromiso histórico.
Somos socialistas. Ese es
nuestro horizonte. Seguimos creyendo con Mariátegui: “capitalismo o
socialismo, ese el problema de nuestro tiempo”. Sin embargo, en las
condiciones de hoy, de ofensiva del capitalismo neoliberal y de tareas
inconclusas por resolver, asumimos la política del Nuevo Curso que ya
hemos diseñado.
No estamos por la
desaparición del mercado, porque sería un simple absurdo. Pero sí por un
mercado regulado, ordenado, en la lógica de una estrategia de desarrollo
independiente, que se apoye fundamentalmente en el uso inteligente de la
acumulación interna.
No estamos contra la
inversión nacional o externa. El ahorro interno siempre será insuficiente.
Pero sí por una inversión en función de una estrategia de desarrollo, en
aquellos sectores donde el Estado y el capital nacional no estén en
condiciones de operar, que permita promover el desarrollo en el vasto
espacio nacional ahora abandonado, preserve el medio ambiente, traiga alta
tecnología y administración modernas, y asegure ocupación.
Es absolutamente
inconsistente el jolgorio presidencial anunciando la explotación de las
Bambas como sinónimo de desarrollo y prosperidad para la región Apurimac.
Ni en Cajamarca, ni en Ancash o Huancavelica, por citar unos casos, la
explotación minera garantiza por sí misma desarrollo para esas regiones y
pueblos. En ningún país del mundo se ha construido una sociedad moderna y
próspera sobre la base de la explotación de recursos primarios. Menos en
estos tiempos donde el factor fundamental es el conocimiento.
Para salir del
subdesarrollo una cuestión capital es la educación, la ciencia y la
tecnología. El déficit nacional es dramático al respecto. En estos campos
se requiere una verdadera revolución para romper atavismos, prejuicios y
estrechez de horizonte. Ninguna reforma que se proponga tendrá sentido si
no ubica a este sector como una de las columnas centrales del desarrollo
nacional.
Necesitamos atender la
agricultura, sobre todo andina y de la selva. Pero ello implica tener una
visión global. Es decir, asumirlo como producción, consumo, mercado,
transporte, industrialización, tecnología, prioridades, etc., y no
fragmentariamente como ocurre hoy. Además entender y aprovechar el
potencial de la biodiversidad que disponemos, como uno de los privilegios
estratégicos con que cuenta el Perú.
La industria debe ser
repotenciada. Es inaceptable la destrucción sistemática que estamos viendo
a lo largo de los últimos 15 años. Tenemos que ubicar sectores
estratégicos que pueden permitirnos ser competitivos y concentrar allí el
esfuerzo nacional. Esto no se puede dejar a la anarquía del mercado, sino
responder a una planificación y a una visión estratégica que sólo puede
permitirlo un Estado dirigente y un empresario con sentido nacional y
productivo.
El turismo debe ser otro
de los ejes dado su impacto en la ocupación y en el desarrollo de sectores
colaterales. Hay en el mundo 400 millones de turistas y se duplicarán en
los próximos 30 años. Aquí tenemos un potencial de extraordinaria
importancia. No es nada arbitrario proponer alcanzar en una década por los
menos 5 millones de turistas. Francia tiene 60 millones, España 50
Millones, México 11 millones, Estados unidos 70 millones, China 35
millones y se propone alcanzar 130 millones en los próximos 30 años. Esa
debe ser la dimensión de nuestra mirada.
Un problema clave es el
tipo de Estado que necesitamos y debemos construir. El actual:
centralista, presidencialista, burocrático, corrupto, sustentado en una
democracia frágil y excluyente, no garantiza el futuro que el Perú
necesita. Representa un pasado aristocrático y colonizado que se resiste a
morir. Necesitamos un Estado dirigente, planificador, ordenador y
eficiente. Está a la orden del día dar pasos firmes para refundar la
democracia peruana. Nunca ha sido suficiente la democracia representativa,
y menos la que conocemos con sus trampas y medias verdades; necesitamos
encaminarnos a una democracia representativa de verdad, sí, pero también y
sobre participativa y directa.
Sin sentido de patria
todo estará perdido, pues habremos terminado engullidos por el poder
económico y político que se nos impone desde el exterior. La firme defensa
de la soberanía nacional y estatal, de las 200 millas marítimas que ahora
buscan cercenar, son tareas que asumimos y levantamos. Nos pronunciamos
por el NO al tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos en las
condiciones entreguistas que asume el gobierno del presidente Toledo. La
deuda externa, que es inmoral, injusta y ha devenido impagable, se ha
convertido en instrumento de dominación económica y política, de presión y
chantaje sobre los países deudores. La respuesta mínima a esta situación
es la condonación de la deuda y el canje de deuda externa por deuda social
y ecológica, así como el no pago de las deudas ilegalmente contraídas. Un
paso fundamental para tener capacidad de negociación sería la unidad
latinoamericana. Se negocia desde posiciones de fuerza, no debilidad; esa
fuerza la da la unidad que el imperio buscará siempre impedir.
Requerimos, en suma, un
proyecto nacional y un plan nacional que permitan aprovechar las
potencialidades disponibles para impulsar el país de cara a los retos que
nos plantea un mundo lleno de posibilidades, pero también de retos y
amenazas. ¡No permitamos que intereses mezquinos y mentalidades estrechas
empujen el Perú, que tiene un futuro promisorio si sabemos nadar a favor
de la historia, termine convertido en un país inviable en las próximas
décadas!
La pequeña política que
domina el escenario, el de la chacra propia, de las pujas por el control
de comisiones en el Congreso, de los discursos demagógicos y la promesa
fácil, del transfuguismo convertido en virtud, del pantano de aguas
oscuras y malolientes en que ha devenido el debate político, esa no es,
definitivamente, nuestra política.
Estimado camaradas y
amigos:
Una larga marcha comienza
con el primer paso. De nada vale soñar si no creemos realizable ese sueño
y si no nos ponemos en la primera línea para hacerlo realidad.
Estamos empeñados en
alcanzar logros concretos en la unidad de la izquierda. Estamos
convencidos que esa unidad es necesaria y es posible. Una izquierda
fuerte, unida, con alternativas claras y maduras, enraizada en el seno del
pueblo peruano, será garantía para defender los derechos de las mayorías y
la nación, y para producir los cambios que el Perú demanda.
Apostamos a la unidad y
trabajaremos por ella. Sabemos, por experiencia, que es difícil forjarla,
sobre todo si es una unidad que se propone durar y construir. La otra, la
de las circunstancias, de las urgencias coyunturales, la que se limita a
sumar votos para alcanzar puestos públicos, termina con la primera ráfaga
de viento. Sólo los grandes propósitos pueden producir grandes y duraderas
unidades.
Existe un sentimiento del
pueblo izquierdista que no podemos dejar de tomar en cuenta: quiere una
izquierda unida, firme en sus objetivos pero igualmente realista en su
proceder concreto.
Tenemos avances
importantes con la conformación de la Coordinadora de Partidos de
Izquierda y Fuerzas Progresistas. Maduran las condiciones para conformar
el Frente Amplio Popular, que esperamos cristalice. Me permito expresar,
desde esta tribuna, el saludo y el reconocimiento del Partido a las
organizaciones políticas que integran este proyecto: Partido Comunista
Peruano, Unión por el Perú, Partido Socialista Revolucionario, Movimiento
Democrático Pueblo Unido, Frente Obrero, Campesino, Estudiantil del Perú
(FOCEP), Comité Malpica, Movimiento Nacionalista PANACA, Movimiento Nueva
Izquierda, Partido Comunista del Perú - Patria Roja. También a las demás
organizaciones de izquierda y progresistas que aún no están en el
proyecto, pero que esperamos se integren más adelante.
El Movimiento Nueva
Izquierda, del cual los militantes del partido forman parte, e incluye a
muchísimas personas sin filiación partidaria, viene dando pasos
importantes en su organización y en su presencia política de masas.
Estamos convencidos que un MNI fuertemente organizado, influyente y
dinámico, es de importancia en el esfuerzo unitario de la izquierda. Pero
ello implica ampliar su radio de acción, seguir incorporando nuevos
militantes, abrir sus puertas con audacia a los trabajadores del campo y
la ciudad, a los intelectuales y profesionales, a los pequeños y medianos
empresarios, a la juventud, a la mujer, a las comunidades étnicas; en
suma, a todas las personas que sientan la necesidad de luchar por los
cambios que el Perú precisa: por una nueva república, por un proyecto
nacional, por una nueva constitución, por un gobierno democrático y
patriótico.
Estamos en condiciones de
informarles que el MNI tiene decidido regularizar su inscripción en el
Jurado Nacional de Elecciones, en este mes de octubre, con la cantidad
suficiente de comités provinciales organizados y militantes afiliados en
todas las regiones del país. .
En nombre del Partido me
siento complacido en expresar, un saludo especial y nuestro reconocimiento
a una personalidad de altas calidades ciudadanas y políticas, me refiero
al General del Ejército Peruano en retiro Eleazar Gutarra Maraví. Un
patriota consecuente, transparente en su conducta moral, honra al MNI como
su primer vicepresidente. También nuestro aprecio y reconocimiento a todos
los militantes del MNI sin filiación partidaria, que lo enriquecen y lo
hacen grande.
Estamos persuadidos que a
la fuerza política de izquierda debe acompañar, con su respectiva
singularidad y sus propios métodos, la construcción de un vasto movimiento
social comprometido con el cambio social. Por eso saludamos la
organización de los frentes populares que surgen a lo largo y ancho de la
patria, la recuperación del movimiento sindical que tuvo el 14 de julio su
prueba de fuego saliendo con éxito de ella, con la CGTP al frente, al
sindicato de maestros que le dio al país una demostración de coraje para
defender los derechos de sus agremiados y levantar las banderas de
renovación y cambio, y por eso mismo atacada desde diversos frentes para
dividirlo. El SUTEP pertenece a los maestros y nadie la dividirá. A los
jubilados, que preservan sus tradiciones de lucha y dignidad, que no están
dispuestos a permitir la liquidación del sistema público de pensiones,
dictada por el FMI y que la derecha servilmente se esmera en cumplir desde
el Congreso. A los campesinos, los olvidados de siempre, en particular a
los ronderos del Norte, que sostienen a pie firme la defensa de sus
derechos. A la juventud trabajadora condenada a la sobreexplotación o a la
desocupación, a la juventud estudiantil que exige una nueva reforma
universitaria y no tolera ni la mediocridad ni la corrupción. A la mujer,
cuya presencia activa, siempre heroica y abnegada, es el mejor ejemplo de
las potencialidades con que cuenta el Perú para salir adelante.
A todos ellos nuestro
abrazo fraterno y nuestra determinación de marchar juntos para construir
el Perú nuevo en un mundo nuevo que nos dejó como compromiso histórico
nuestro guía espiritual e ideológico, el Amauta José Carlos Mariátegui.
Una vez más nuestra
solidaridad militante con el heroico pueblo de Cuba y su conducción
encabezada por el Comandante Fidel Castro.
Nuestra solidaridad con
el heroico pueblo Palestino que resiste la agresión salvaje del sionismo
apadrinado por el imperialismo norteamericano, en defensa de su sagrado
derecho a contar con un Estado independiente y soberano.
Nuestra solidaridad con
el pueblo chino y su conducción encabezada por el c. Hu Jintao, que acaba
de celebrar el 55 Aniversario de la fundación de la República Popular
China.
Nuestra solidaridad con
el pueblo Coreano y su conducción encabezada por el camarada Kim Jon Il,
que celebra este 10 de octubre el 59 aniversario de la fundación del
Partido del Trabajo.
Nuestra solidaridad con
el pueblo vietnamita y el Partido Comunista de Vietnam.
Nuestra solidaridad con
el pueblo venezolano y el presidente Chávez, que resisten la presión del
imperialismo y la ofensiva golpista de la derecha venezolana.
Nuestra solidaridad con
el presidente Lula y su firme lucha por la integración latinoamericana y
el progreso de su país.
Nuestra solidaridad con
el heroico pueblo iraquí, que opone firme resistencia a la intervención
armada norteamericana, y que saldrá victoriosa en esta batalla desigual.
Nuestra solidaridad
militante con todos los pueblos que resisten y luchan contra el
imperialismo, su política de guerra y fascistización, por la
independencia, la democracia, el desarrollo social y el socialismo.
Está presente en nosotros
la gloriosa Revolución de Octubre conducida por Lenin, oscurecida por las
graves desviaciones de su conducción que han llevado a la derrota y al
desmembramiento de la URSS, pero no por ello menos vigente.
No podemos dejar de
recordar al Che, muerto trágicamente un 8 de octubre. Honor al Che como
símbolo de integridad moral, desprendimiento y honestidad revolucionarias.
¡VIVA EL PARTIDO COMUNISTA
DEL PERU – PATRIA ROJA! ¡VIVA LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA PERUANA! ¡VIVA EL
SOCIALISMO! ¡GLORIA AL AMAUTA JOSE CARLOS MARIATEGUI! ¡VIVA EL PUEPLO
PERUANO! ¡VIVA EL PERU! |