OBRAS COMPLETAS DE JOSE CARLOS MARIATEGUI

TEMAS DE NUESTRA AMERICA

 

OLIVERIO GIRONDO* 

 

Este Oliverio sudamericano y humorista no se parece al hamletiano y melanc�lico Oliverio amigo de Juan Crist�bal. No es probable que, como �l agonista de la noche de Romain Rolland, le toque morir en un primero de mayo luctuoso.

Girondo es un poeta de recia figura gaucha. La urbe occidental ha afinado sus cinco o m�s sentidos; pero no los ha aflojado o corrompido. Despu�s de emborracharse con todos los opios de Occidente, Girondo no ha variado en su sustancia. Europa le ha inoculado los bacilos de su escepticismo y de su relativismo. Pero Girondo ha vuelto intacto e indemne a la pampa.

Esta gaya barbarie, que la civilizaci�n occidental no ha logrado domesticar, diferencia su arte del que, en �nforas disparatadas, s�miles a las suyas, se envasa y se consume en las urbes de Occidente. En la poes�a de Girondo el bordado es europeo, es urbano, es cosmopolita. Pero la trama es gaucha.

La literatura europea de vanguardia �aunque esto disguste a Guillermo de Torre� representa la flora ambigua de un mundo en decadencia. No la llamaremos literatura "fin de siglo" para no coincidir con Eugenio d'Ors. Mas s� le llamaremos literatura "fin de �poca". En las escuelas ultramodernas se descompone, se anarquiza y se disuelve el arte viejo en exasperadas b�squedas y tr�gico-c�micas acrobacias. No son todav�a un orto; son, m�s bien, un tramonto. Los celajes crepusculares de est� hora preanuncian sin duda algunos matices de arte nuevo, pero no su esp�ritu. El humor de la literatura contempor�nea es m�rbido. Girondo lo sabe y lo siente. Yo suscribo sin vacilar su juicio sobre Proust: Las frases, las ideas de Proust, se desarrollan y se enroscan, como anguilas que nadan en piscinas de acuarios; a veces deformadas por un efecto de refracci�n, otras anudadas en acomplamientos viscosos, siempre envueltas en esa atm�sfera que tan s�lo se encuentra en los acuarios y en las obras de Proust�.

El oficio de las escuelas de vanguardia �de estas escuelas que nacen como los hongos� es un oficio negativo y disolvente. Tienen la funci�n de disociar y de destruir todas las ideas y todos los sentimientos del arte burgu�s. En vez de buscar a Dios, buscan el �tomo. No nos conducen a la unidad; nos extrav�an por mil rutas diversas, desesperadamente individuales, en el d�dalo finito y befardo. Sus �cidos corroen los mitos ancianos. Esto es lo que la funci�n de las escuelas ultramodernas tiene de revolucionario. El frenes� con que se burlan de todas las solemnes alegor�as ret�ricas. Ninguna cosa del mundo burgu�s les parece respetable. Detractan y disgregan con sutiles burlas la eternidad burguesa y el absoluto burgu�s. Limpian la superficie del Novecientos de todas las heces, cl�sicas o rom�nticas, de los siglos muertos. Cuando se haya llevado Judas todos los ripios y todas las met�foras de la literatura burguesa, el arte y el mundo recuperar�n su inocencia.

Han empezado ya a recuperarla en Rusia. El poeta de la revoluci�n, Vladimiro Maiacovski, v�stago del futurismo, habla a los hombres un lenguaje tr�gico. Guillermo de Torre se da cuenta en su apolog�a de las literaturas europeas de vanguardia de que "voces de un acento puro, noble y dram�tico sobresalen entre el coro de voces algo ir�nico y humor�stico que forman los dem�s poetas de Europa". 

�Pertenece la voz de Oliverio Girondo a este coro? No s� por qu� me obstino en la convic�ci�n de que Girondo es de otro pa�o. Pienso que la burla no es sino una estaci�n de su itinerario, un episodio de su romance. Por ahora, hace bien en no tomar en serio las cosas.

Sus Veinte poemas para ser le�dos en el tranv�a y sus Calcoman�as pueden ser desde�ados por una cr�tica asm�tica y pedante. A pesar de esta cr�tica, Girondo es uno de los valores m�s interesantes de la poes�a de Hispanoam�rica. Entre una aria sentimental del viejo parnaso y una "greguer�a" ac�rrima y estridente, Oliverio Girondo nos ofrece al menos versiones ver�dicas de la realidad. He aqu� una escena de la procesi�n de Sevilla: �Los caballos �la boca enjabonada cual si se fueran a afeitar� tienen las ancas lustrosas, que las mujeres aprovechan para arreglarse la mantilla y averiguar, sin darse vuelta, quien unta una mirada en sus caderas�.

Para algunos esta poes�a tiene el grave de�fecto de no ser poes�a, Pero �sta no es sino una cuesti�n de paladar. La poes�a, materia preciosa, no est� presente en el cuarzo po�tico siti� en muy m�nimas proporciones. Lo que ha mudado no es la poes�a sino la cristalizaci�n. El elemento po�tico se mezcla, en la obra de los poetas contempor�neos, a ingredientes nuevos. Uno de esos ingredientes es, por ejemplo, el humorismo. Los que est�n habituados � degustar la poes�a s�lo en las cl�sicas salsas ret�ricas, no pueden digerirla en los poemas de Girondo. Y tienen que asombrarse de que la cr�tica moderna clasifique a Girondo como un hondo y genuino poeta. Re�mitamos a los hesitantes a los "nocturnos" de Girondo, donde encontrar�n emociones po�ticas como las siguientes: �Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras, y en que las ca�er�as tienen gritos estrangulados, como si se asfixiaran dentro de las paredes�.

�A veces se piensa, al dar vuelta a la, llave de la electricidad, en el espanto que sentir�n las sombras, y quisi�ramos avisarles para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones. Y a veces las cruces de los postes telef�nicos, sobre las azoteas, tienen algo de siniestro y uno quisiera rozarse a las paredes, como un gato o como un ladr�n�.

Por mi parte, cambio de buen grado estas s�ntesis, estos, comprimidos �que en mis ratos de excursi�n por las nuevas pistas de la literatura, me complazco en chupar como bombones� por toda la barroca y tropical �pica y toda la mediocre y delicuescente l�rica que prosperan todav�a en nuestra Am�rica.

 

 


NOTA:

 

* Publicado en Variedades: Lima, 15 de Agosto de 1925.