OBRAS COMPLETAS DE JOSE CARLOS MARIATEGUI

EL ARTISTA Y LA EPOCA

 

 

SERGIO ESSENIN1

 

El poeta ruso Sergio Essenin debe una buena parte de su fama en el Occidente a la extraordinaria artista Isadora Duncan. Su matrimonio con Essenin constituy� la �ltima gran aventura de la vida de esta mujer, que acaso habr�a podido reivindicar para s� el derecho de llamarse d'annunzianamente "la aventurera sin ventura". Essenin, clasificado entre los poetas de la Revoluci�n, a pesar de ser un l�rico de pura sangre, despos� a la Duncan en plena epopeya bolche�vique. Pero su renombre europeo no arranca de los d�as en que su bizarra esposa lo paseaba por Berl�n, Par�s y Nueva York. La novela de Essenin y la Duncan empez� a propagarse, m�s o menos folletinescamente complicada, por las re�vistas ilustradas, cuando se conoci� el suicidio de Essenin en diciembre de 1925, divorciado ha�c�a ya tiempo. La exportaci�n del hombre pre�cedi� a la del poeta. Y ten�a, adem�s, que ser m�s duradera.

Naci� su arte bajo el signo sangriento de la guerra. Hac�a muy poco que se hab�a encendido �sta cuando Essenin arrib� a Petrogrado, pro�veniente de su aldea de Rjazan, ten�a dieciocho a�os. Hab�a escrito algunos versos que no acu�saban a�n una personalidad original. Cantaba con voz dulce los aires de su regi�n. No sospe�chaba todav�a su destino de poeta iconoclasta y escandaloso. Conservaba una idea respetuosa y campesina del "padrecito Zar". Es as� como lo recuerda Zenaida Hippius, la mujer de Mjeres�kovsky, a cuya tertulia literaria acud�an los de�butantes como un rito de su iniciaci�n.

No es posible, pues, sorprenderse del tono apo�cal�ptico, frecuente en la poes�a de Essenin. Su temperamento de "primitivo" se desarroll� en un clima de tragedia. La psicolog�a de guerra encontr�; en este infante r�stico, una naturaleza espont�neamente inclinada a la violencia y a la jacquerie.2 Essenin se afili� a una escuela po�tica que tomaba su nombre y una parte de su inspiraci�n de la vieja secta rusa de los chlysti,3 que espera nuevas encarnaciones de Jes�s. El mesianismo blasfemo, el misticismo inverecundo de Essenin proceden, sin duda, de la asociaci�n de la "psicolog�a de guerra" con la mitolog�a de una secta que, por traducir una de las m�s t�picas reacciones primitivas del alma rusa ante el cristianismo, encontr� f�cilmente resonancia en el esp�ritu agreste del poeta de Rjazan.

Uno de los poemas de Essenin, que ha sido traducido y citado con mayor insistencia por sus cr�ticos de occidente, el titulado Inonia, es uno de los productos caracter�sticos de esta tendencia, con la que se combina el gusto por la manera b�blica y el gesto prof�tico. En su ep�grafe se lee:

          �Os prometo la Ciudad Inonia

          donde habita el Dios de los vivos�.

Y luego as� prosigue:

          �No temer� la muerte,

          ni lanzas, ni lluvias de flechas.

          As� habla seg�n la Biblia

          el profeta Sergio Essenin�.

Este mismo poema nos descubre otro elemento esencial del arte de Essenin: un exasperado individualismo que conduce al poeta a esa exaltaci�n megal�mana, que constantemente encontramos en muchos artistas de esta �poca, en quienes termina �aunque ellos no reconozcan esta genealog�a� la estirpe rom�ntica. La imagen antropom�rfica, tan usada en la poes�a moderna, tiene evidentemente su origen ps�quico en ese egocentrismo megal�mano que, en �ltimo an�lisis, no es sino puro individualismo, vale decir puro romanticismo. Desde Khlebikov, otro campesino turbulento y genial, la met�fora antropom�rfica ha caracterizado el imaginismo ruso. Seg�n he le�do en Pasternak, de un verso de Khlebikov �El mar se ha puesto su calz�n azul� desciende seguramente el t�tulo de uno de los primeros libros del futurista o constructivista Maiakovsky: La nube en pantalones. En Essenin, la exaltaci�n megal�mana tiene notas como �stas:

          �Quiero trasquilar el firmamento

          como una oveja sarnosa�.

          ...............

          �Alzar� las manos hacia la luna,

          como una nuez la partir� con los dientes;

          no quiero cielos sin escalas,

          no quiero que caiga la nieve�.

          .................

          �Hoy, con la mano el�stica

          podr�a derribar todo el mundo....

La atm�sfera moral y f�sica de los primeros a�os de la Revoluci�n era, como lo observa Ilya Ehrenburg, favorable a la superproducci�n y a la hipertrofia po�tica. El pathos4 revolucionario creaba una conciencia apocal�ptica, propicia a todas las hip�rboles �picas y l�ricas. "Electrificaremos al mundo entero", dec�a uno de los anuncios luminosos del bolchevismo, encendido sobre las ciudades fam�licas, que gastaban en este alarde el �nico combustible de que dispon�an para su calefacci�n. Por otra parte, como dice Ehrenburg, �la prosa requiere tiempo y dinero: ambas cosas faltaban�. Los poetas recitaban sus versos en las asambleas o los escrib�an en las paredes. La revoluci�n rusa cre� el "poema mural", el "poema affiche". Me he enterado tambi�n de que la revista oral es una invenci�n rusa. (Es probable que nuestro querido y brillante Alberto Hidalgo s�lo lo haya sabido despu�s de su experimento bonaerense). En este tiempo de caos o poes�a, Essenin, igual que Maiakovsky, aunque representando otra cara del alma rusa, avanz� por el camino de la violencia verbal y de la estridencia l�rica, m�s all� de su propia meta. Cultiv� un ismo personal: el escandalismo. Su amor a la pendencia y al vagabundaje, no hall� vallas molestas en una �poca de tempestad revolucionaria. Y lo indujo a rotular uno de sus libros: Confesi�n de un granuja.

Pero la Revoluci�n no pudo alimentarse indefinidamente de poes�a y apocalipsis. El genio realista de Lenin inaugur� el "nuevo curso". Vino el per�odo de la Nep (Nueva Pol�tica Econ�mica). Per�odo de trabajo prosaico: reorganizaci�n de la industria y el comercio. En el orden de la vida cultural, el panorama tambi�n es otro. Surgen editoriales del Estado y editoriales privadas. Se dispone de m�s tiempo y m�s dinero. Al apogeo de los poetas, sucede el de los novelistas. Ehrenburg dice: �El nacimiento de la nueva prosa rusa ha coincidido con el cambio de ritmo de la Revoluci�n. Un cierto escepticismo ha reemplazado al reciente entusiasmo incondicional. He aqu� que comenz� la reducci�n del personal, de los gastos, de los proyectos, de la fantas�a�. Essenin, que en un ambiente henchido de electricidad, hab�a alcanzado una extrema tensi�n, no pod�a adaptarse al cambio. El conflicto entre su individualismo y el comunismo de un estado social �al cual se hab�a adherido sin comprenderlo enteramente� no lograba, como antes, disfrazarse y disimularse en el torbellino de una conciencia aturdida. En un poema de esta �poca, traducido al italiano por Ettore lo Gatto, Essenin nos cuenta su regreso a la aldea despu�s de ocho a�os de ausencia. Su pueblo, transformado por la Revoluci�n, no es el mismo. Essenin sufre una desilusi�n que expresa con nostalgiosa melancol�a. �En los ojos de nadie encuentro refugio�. �En mi pueblo soy un extranjero�. �Mi poes�a aqu� no sirve m�s�.

El equilibrio no s�lo se hab�a roto entre Essenin y el mundo exterior; se hab�a roto, sobre todo, en el propio poeta. Dentro de un mundo en laboriosa organizaci�n, el poeta escandalista quedaba desocupado. A pesar de sus cantos revolucionarios, no era el poeta de la Revoluci�n.

Trotsky en una emocionada despedida al gran poeta define as� su caso: �Essenin era un ser interior, tierno, l�rico; la revoluci�n es "p�blica", "�pica". El poeta ha muerto porque no era de la misma naturaleza que la Revoluci�n, pero, en nombre del porvenir, la Revoluci�n lo adoptar� para siempre�. �El poeta ha muerto; viva la poes�a. Indefenso, mi hijo de los hombres ha rodado al abismo; viva la vida creadora en la que Sergio Essenin, hasta el �ltimo momento, entretej�a sus hilos de oro�.

Los cr�ticos de la "emigraci�n", no obstante su rabioso antibolchevismo, reconocen el genio de Sergio Essenin. No le disputan, ni pueden disputarle, su puesto en la historia de la poes�a rusa. Se da un caso curioso, remarcado inteli�gentemente por V�ctor Serge: la Revoluci�n que recibi� la adhesi�n de los poetas �Blok, Briussov, Balmont, Maiakovsky, Biely, Essenin� y encon�tr� en cambio hostiles a los novelistas. Y de no�velistas, cr�ticos, histori�grafos, etc., est� com�puesta la plana mayor de los "emigrados". La Poes�a vot� por la Revoluci�n.

Y la Revoluci�n por boca de uno de sus gran�des capitanes, que al rev�s de la mayor parte de los estadistas de la burgues�a, es un hombre ca�paz de juzgar con la misma inteligencia una cues�ti�n econ�mica que una cuesti�n filos�fica o ar�t�stica, le dice ahora su reconocimiento.

 


NOTAS:

1 Publicado en Variedades: Lima, 19 de octubre de 1927.

2 Insubordinaci�n campesina.

3 Iluminados.

4 Desorden, convulsi�n, estado afectivo intenso.