VIGENCIA DEL PARTIDO

Resumen hist�rico del proceso de construcci�n del Partido desde

su fundaci�n por el Amauta Jos� Carlos Mari�tegui

COMISI�N NACIONAL DE PROPAGANDA Y

COMUNICACIONES (CONAPRE)

1. LOS INICIOS

Hacia finales del siglo XIX el Per� aun no terminaba de resarcirse de las consecuencias de la Guerra del Pac�fico..La derrota sufrida, sumada a la guerra civil desatada en pleno conflicto con Chile, no solo signific� perdida de territorios, recursos naturales, vidas humanas, sino tambi�n la ruina econ�mica, que las clases dominantes pretendieron resolver recurriendo a empr�stitos que a la postre significaron mayor dependencia de nuestro pa�s al capital extranjero. Para resolver la escasez de mano de obra, los terratenientes coste�os recurrieron a la importaci�n de cool�es chinos, a los que somet�an a una brutal explotaci�n en condiciones de semiesclavitud

Las inversiones extranjeras de la �poca se orientaron a la explotaci�n del algod�n, lana, ca�a de az�car, el guano la miner�a y el petr�leo. Esta econom�a de exportaci�n dio lugar al desarrollo limitado de una industria manufacturera de bienes de consumo inmediato, destacando la industria textil, cuyas f�bricas se concentraron en la capital, donde el desarrollo industrial y portuario dio lugar a nuevos servicios y actividades comerciales. Esto, sumado a la importaci�n de productos manufacturados llev� a la crisis a la producci�n artesanal y con ello a la proletarizaci�n de sus trabajadores.

Hicieron crisis asimismo las organizaciones gremiales artesanales que se hab�an organizado con fines asistencialistas, de ayuda mutua, deportivos y culturales. En su lugar aparecieron los primeros Congresos Obreros formados al calor de las luchas que protagonizaron los tip�grafos, panaderos, textiles, portuarios. La huelga de los obreros textiles en una f�brica de Vitarte en 1896 fue el primer gran conflicto industrial. En 1904 los obreros portuarios del Callao realizaron una huelga que se prolong� durante 20 d�as y que fue reprimida duramente, ocasionando la muerte de FLORENCIO ALIAGA, considerado el primer m�rtir del movimiento obrero peruano. En 1905, en las celebraciones del 1� de Mayo se acuerda iniciar la lucha por la Jornada laboral de ocho horas. De este modo la clase obrera ingresaba con fuerza en la historia de nuestro pa�s

En los andes viv�an cuatro quintas partes de la poblaci�n peruana y el crecimiento del latifundio a costa del despojo a las comunidades campesinas, agudizaba los conflictos sociales; la mayor parte hablaba quechua y sufr�a el desprecio de mistis y mestizos. La poblaci�n ind�gena carec�a de derechos ciudadanos y era sometida a formas de explotaci�n, abusos y vejaciones que ven�an desde la colonia y que provocaron numerosas protestas campesinas que fueron aplastadas a sangre y fuego, como es el caso de la matanzas de Cuturi y de Chupa en 1911, de Az�ngaro y Chucuito en 1913, de Layo y Toroyoc en 1921, de Jaquira, en Grau en 1928, por solo citar unos casos. Las haciendas coste�as asimismo fueron escenarios de importantes luchas que costaron sacrificios y la vida de numerosos m�rtires, como el caso de la masacre de Parcona, en Ica y las huelgas de los trabajadores de las haciendas Casagrande, Chicama, Cartavio, Roma, entre otras de la costa norte.

Por otro lado, grandes empresas extranjeras hab�an constituido enclaves para la explotaci�n minera en la sierra del pa�s, generando con ello la proletarizaci�n de campesinos, quienes muchas veces eran reclutados a la fuerza y sufr�an la m�s terrible explotaci�n en los socavones. En la sierra central la Cerro de Pasco construy� un enorme latifundio minero y agr�cola que entre 1910 y 1930 retuvo la mayor parte de producci�n de plata del Per�.

En sus inicios el movimiento obrero estuvo influenciado por las ideas anarquistas difundidas en nuestro pa�s por Manuel Gonzales Prada, quien fue el primer intelectual que se vincul� a los sectores populares y que reaccion� contra los ide�logos de las clases dominantes, quienes consideraban a los peruanos como �ingobernables�, �pueblo enfermo�, �antipatriotas�, actitud, que como bien se�ala Julio Cotler �era id�ntica a la que los conquistadores espa�oles hab�an mantenido hacia el pueblo andino conquistado.�

Los c�rculos anarquistas realizaron una activa labor de difusi�n en �rganos de prensa entre los que destacaron Los Parias, Simiente Roja, El oprimido, La verdad, y el m�s importante de ellos, La Protesta. En este �ltimo escribieron dirigentes obreros como Manuel Caracciolo L�vano, Delf�n L�vano, Luis Felipe Grillo, entre otros.

1918 es un a�o importante para la centralizaci�n de las organizaciones obreras, pues se constituye la Federaci�n Obrera Local de Lima, agrupando a gremios de panaderos, textiles, gr�ficos, ferrocarrileos, zapateros, sastres, mosaistas, picapedreros, jornaleros, trabajadores mar�timos y otros, asumiendo la lucha por la conquista inmediata de la jornada de 8 horas. La huelga que con esa finalidad iniciaron los obreros textiles de Vitarte en diciembre de ese a�o, fue reforzada por el resto de sindicatos textiles y a los pocos d�as el conjunto del movimiento obrero se pleg� a la lucha. A ella se sumaron tambi�n la Federaci�n de Artesanos, y la Federaci�n de Estudiantes del Per�. El paro general convocado para los d�as 13, 14 y 15 de enero de 1919 fue total y contundente

El gobierno de turno respondi� con brutal represi�n a esta jornada. Se clausuraron los medios de prensa obreros, se detuvieron a dirigentes, se suspendieron las garant�as individuales y se hizo entrar en acci�n a las fuerzas militares que irrumpieron a sablazos en las manifestaciones. Pero la combatividad obrera, a la cabeza de los sectores populares, pudo m�s y el gobierno se vio obligado a negociar. Finalmente el Presidente Pardo emiti� un decreto el 15 de enero reconociendo la jornada de 8 horas.

La conquista de la jornada de las 8 horas marca un hito importante en la historia del movimiento obrero en nuestro pa�s, pero mostr� asimismo los l�mites de las ideas anarquistas que postulaban al sindicalismo revolucionario como gestor de la revoluci�n desde los sindicatos y la huelga general como antesala de la revoluci�n social. La Primera Guerra Mundial hab�a convulsionado al mundo capitalista y la revoluci�n bolchevique de Octubre de 1917 se�alaba nuevos derroteros en la lucha por la emancipaci�n de los trabajadores.

En el mes de marzo de 1923 Jos� Carlos Mari�tegui apareci� nuevamente por las calles de Lima despu�s de un destierro de cuatro a�os ordenado por el gobierno de Legu�a. Durante su estancia en Europa Mari�tegui se nutri� de las ideas socialistas y conoci� de cerca los movimientos revolucionarios que se operaban en el viejo continente bajo el influjo de la revoluci�n de Octubre. El Amauta retorn� al Per� con un claro prop�sito, el de contribuir la construcci�n del socialismo peruano. Uno de los primeros pasos que dio fue vincularse a la Universidad Popular Gonz�les Prada, donde tom� contacto con los obreros y dict� conferencias sobre la historia de la crisis mundial

En el a�o 1924 la salud de Mari�tegui se vio seriamente afectada, al punto que para salvarle la vida tuvieron que amputarle una de sus piernas. Despu�s de una pronta convalecencia, acechado por la enfermedad y la pobreza, el Amauta retom� con renovados br�os las tareas que se hab�a impuesto, desarrollando una intensa actividad intelectual, pol�tica y organizativa para poner los cimientos del socialismo peruano. Colabor� con las revistas Mundial y Variedades, en 1925 public� La escena contempor�nea, en setiembre de 1926 fund� Amauta, en 1928 funda Labor, ese mismo a�o publica los c�lebres 7 Ensayos de Interpretaci�n de la realidad peruana, y en 1929 sus esfuerzos para centralizar la organizaci�n de los trabajadores se vieron coronados con la creaci�n de la CGTP.

Pero la piedra angular de la arquitectura mariateguista fue la fundaci�n del partido de la clase obrera peruana, acto que se llev� a cabo el 7 de octubre de 1928, con la participaci�n, adem�s de Mari�tegui, del escritor Ricardo Martinez de la Torre, los obreros Julio Portocarero, Avelino Navarro, C�sar Hinojosa y Fernando Borja, y el vendedor ambulante Bernardo Regman.

La fundaci�n del Partido se realiz� en medio de profundos cambios que se operaban en el pa�s y en el escenario internacional. El mundo capitalista avanzaba hacia el desencadenamiento de la crisis de los a�os 30 en medio de convulsiones y conflictos sociales. Durante el gobierno de Legu�a el pa�s atravesaba un impulso de modernizaci�n capitalista bajo el dominio del imperialismo norteamericano, cuyos capitales hab�an llegado a ser predominantes en la econom�a peruana. El nuevo escenario requer�a de respuestas te�ricas y organizativas acordes con la situaci�n. A Mari�tegui le toco el m�rito de introducir las ideas socialistas en el pa�s y de disputar la conducci�n de los trabajadores, primero con el anarquismo y luego con los planteamientos de Haya de la Torre, quien atribu�a a las clases medias y no al proletariado el papel de conductor del cambio social, propugnaba un partido pluriclasista en lugar de un partido de la clase obrera y ve�a factores positivos en la dominaci�n imperialista puesto que permitir�a el desarrollo del capitalismo en el pa�s, en contraposici�n a las tesis del Amauta que se�alaban que frente a los problemas estructurales de la sociedad peruana que las clases dominantes no hab�an podido resolver, las tareas de la revoluci�n democr�tica y antiimperialista hab�an pasado a manos del proletariado como parte de su lucha por el socialismo, .

Mari�tegui no leg� al partido recetas ni formulas hechas, sino un ejemplo, una actitud y un estilo de c�mo debe asumirse la pol�tica revolucionaria. Marxista convicto y confeso, repudi� el seguidismo dogm�tico y se esforz� por estudiar y buscar respuestas a la realidad peruana, actitud que resumi� en su conocida sentencia que la revoluci�n en el pa�s no ser� calco ni copia, sino creaci�n heroica del pueblo peruano. Afirm� sus convicciones socialistas sin caer en el sectarismo estrecho, ni la frase hueca. Supo vincularse a lo m�s avanzado de la intelectualidad de su �poca, realiz� critica literaria, se mantuvo informado de los acontecimientos que se operaban en el escenario internacional, y no obstante sus recursos limitados, se cuid� de adquirir las novedades editoriales de Europa.. En esta visi�n totalizadora de la pol�tica, el Amauta asumi� el papel de propagandista, de organizador, de ide�logo, de incansable trabajador de la causa socialista. En los cortos seis a�os que median, desde su regreso de Europa hasta su muerte ocurrida en abril de 1930, con la salud quebrantada y la estrechez econ�mica, realiz� una obra monumental y nos dejo una valiosa herencia que debemos valorar y continuar.


 

2. A�OS DIF�CILES

La prematura muerte del Amauta signific� un duro golpe para el Partido. El n�cleo de dirigentes, encabezados por Eudocio Ravinez, que asumieron la conducci�n no hab�an asimilado plenamente el marxismo, ni contaban con la solvencia intelectual de Mari�tegui. Estas limitaciones se revelaron pronto, cuando tuvieron que conducir al Partido en el escenario sumamente complejo de la lucha de clases de esa �poca. La crisis capitalista que se desencaden� en 1929, barri� con el legui�smo, gener� inestabilidad pol�tica y agudiz� los conflictos sociales, al punto de colocar al pa�s al borde de la guerra civil. Las masas se radicalizaban y buscaban conducci�n, abri�ndose condiciones excepcionales para el crecimiento del Partido y para generar en el pa�s una corriente de pensamiento favorable al socialismo y la revoluci�n. Pero esto se desaprovech� debido a la incapacidad de una conducci�n partidaria que termin� refugi�ndose en el seguidismo que tanto hab�a combatido el Amauta. La aplicaci�n dogm�tica de la t�ctica de �clase contra clase� pregonada por la Tercera Internacional, termin� por conducir al Partido al izquierdismo, a abandonar la pol�tica de alianzas preconizada por Mari�tegui, a introducir m�todos liquidadores en las relaciones partidarias y en el seno de las masas. De este modo se afianz� la visi�n de partido �secta� y se abandon� un espacio que fue h�bilmente aprovechado por al APRA, que en pocos a�os paso a convertirse en un partido de masas.

Se iniciaba de este modo una etapa nefasta y oscura en la vida del Partido, donde se sepult� la tradici�n mariateguista y por largos a�os se err� entre el izquierdismo y el derechismo, entre el sectarismo y el colaboracionismo. La II Guerra Mundial y el ascenso del fascismo tuvieron profundas repercusiones en nuestro pa�s. Hacia 1936 la Tercera Internacional propici� la creaci�n de frentes antifascistas para detener esta amenaza que se cern�a en Europa, pol�tica que en el Partido se entendi� como colaboracionismo y que lo llev� a apoyar la candidatura de Manuel Prado, quien gobern� el pa�s desde 1939 hasta 1945.. Bajo esta orientaci�n, se perdi� la independencia de clase y en el movimiento sindical se practic� el �Browderismo�, es decir el sindicalismo amarillo que se hab�a impuesto en Estados Unidos y que propugnaba la colaboraci�n de clases y la paz social, con el argumento de fortalecer los esfuerzos de guerra de los pa�ses aliados contra el fascismo.

Esta p�rdida de rumbo, junto al inadecuado tratamiento de las contradicciones internas debilitaros seriamente al Partido. El Primer y Segundo Congresos Nacionales realizados en 1942 y 1948 respectivamente confirman su incapacidad para comprender los cambios que se operaban en el pa�s y acorde con ello, trazar una estrategia y una t�ctica certeras. Sin una pol�tica de principios las disputas internas se tornaron en pol�tica menuda, en un terreno donde izquierdismo y reformismo crec�an uno junto al otro.

Durante la guerra mundial las exportaciones peruanas crecieron considerablemente y ante las dificultades de importar, la industria se vio favorecida, lo que llev� a la diversificaci�n y desarrollo de algunas ramas como la qu�mica, papel, metalurgia y metalmec�nica, y por tanto el crecimiento del empleo manufacturero. No obstante en esos a�os el alza del costo de vida fue significativo, mientras los salarios se mantuvieron congelados, originando crecientes protestas populares.

En el a�o 1948 Manuel Odr�a, alentado por los exportadores, encabezo el golpe militar que pretendi� resolver la crisis pol�tica en que se hab�a sumido el gobierno de Bustamante y Rivero y para controlar el movimiento popular que se hab�a fortalecido desde l940. Durante la dictadura de Odr�a el pa�s vivi� un nuevo momento de modernizaci�n capitalista, como efecto de las exportaciones favorecidas durante la guerra de Corea y bajo el impulso del imperialismo norteamericano que atravesaba un ciclo de expansi�n luego de la Segunda Guerra Mundial. Las inversiones norteamericanas, ampliamente favorecidas por el entreguismo del gobierno, se orientaron principalmente a la explotaci�n del petr�leo, miner�a y electricidad. La pol�tica econ�mica del r�gimen favoreci� adem�s la importaci�n de alimentos y la concentraci�n del capital en la agricultura coste�a de exportaci�n, lo cual golpe� duramente a la econom�a campesina y la producci�n terrateniente. La crisis agraria origin� grandes oleadas migratorias del campo a la ciudad, a la par que se desarrollaban crecientes movilizaciones campesinas contra el latifundio. Desde sus inicios la dictadura pretendiendo garantizar la �paz social� para facilitar las inversiones extranjeras, hab�a proscrito y perseguido al Partido y al APRA, ejerciendo una feroz represi�n contra el movimiento popular, pol�tica que se complementaba con el clientelismo y el divisionismo en las filas del pueblo.

Pero el r�gimen de Odr�a, como es frecuente en nuestro pa�s, cay� sumido en una aguda crisis pol�tica y arrinconado por una oleada de protestas populares que abarcaba al movimiento obrero y estudiantil, las movilizaciones campesinas, los empleados estatales, incluso sectores de las burgues�as regionales afectadas por el modelo. Sin embargo el proceso de modernizaci�n y diversificaci�n capitalista continu� en los gobiernos subsiguientes de Manuel Prado, la Junta Militar de Perez Godoy y Bela�nde. As�, se instalaron numerosas plantas de ensamblaje, se desarroll� la industria metalmec�nica, cobraron importancia los puertos de la costa como consecuencia del boom de la pesca orientada a la producci�n de harina de pescado, se inici� la industria sider�rgica y se crearon algunos parques industriales en provincias, lo que llev� al crecimiento de las actividades en la construcci�n, transporte, comercio y otros servicios,

Esto origin� a su vez cambios en el movimiento popular. Nuevos contingentes de obreros y trabajadores, muchos de ellos calificados, aparecieron en escena, con sus propias demandas y requerimientos, Las ciudades de la costa crecieron y con ellas las demandas de sus pobladores que exig�an viviendas y servicios; en el campo la lucha contra el latifundio cobraba fuerza y las tomas de tierra se multiplicaban. Esta ola de ascenso de las luchas populares se prolong� hasta el golpe militar de Velasco Alvarado. En este proceso se va afirmando una autonom�a de clase de los trabajadores y el cuestionamiento a conducciones conciliadoras, abri�ndose paso, en medio de dificultades las condiciones para el resurgimiento del �movimiento clasista�

3. LA RECONSTRUCCI�N

Los cambios ocurridos. exig�an nuevas respuestas por parte de la vanguardia. Dentro del Partido se hab�a iniciado un largo y tortuoso proceso de decantaci�n que atraves� los diversos eventos nacionales. En octubre de 1948, bajo el liderazgo de Mao Tse Dong hab�a triunfado la revoluci�n china mediante una guerra prolongada en un pa�s atrasado y semifeudal Este acontecimiento ejerci� notable influencia en los revolucionarios del mundo entero La pol�mica y posterior ruptura en 1963, entre el Partido Comunista de la Uni�n Sovi�tica y el Partido Comunista de China sirvi� como catalizador de aquel proceso, que tuvo in hito importante en la IV Conferencia Nacional realizada en 1964, donde se consum� la primera gran ruptura org�nica del Partido, esta vez con el revisionismo criollo que hab�a echado ra�ces luego de la muerte de Mari�tegui. En ese periodo asimismo aparecieron otras organizaciones de izquierda, inspiradas en el triunfo de la revoluci�n cubana, el troskismo, el foquismo y los movimientos de liberaci�n de los pa�ses coloniales. .

El 3 de octubre de 1968 se produjo el golpe militar del general Velasco Alvarado; d�as despu�s las fuerzas armadas tomaron las instalaciones petroleras de la Brea y Pari�as en Talara. Se inicia un proceso de reformas: Ley de Reforma Agraria, Reforma Educativa, nacionalizaci�n de las empresas IPC., Cerro de Pasco Corporation, creaci�n de las comunidades laborales. Este proceso reformista no fue suficientemente comprendido por la izquierda, mientras unos se ilusionan con estas medidas, pierden independencia y terminan comprometidos con el gobierno, otros desconocen que las medidas tomadas hab�an abierto un nivel de contradicciones con el imperialismo, susceptibles de ser aprovechadas con una t�ctica adecuada.

El proceso de afirmaci�n del marxismo leninismo y la recuperaci�n del pensamiento de Mari�tegui no hab�an culminado con la ruptura de 1956.. En 1968, diversas bases, entre las que se encontraban el Comit� Regional de Ica, la Comisi�n Nacional de Organizaci�n y el Comit� Pol�tico Militar Patria Roja, conforman una �Comisi�n Nacional Reorganizadora�, enfrentada a la posici�n dogm�tica de la direcci�n encabezada por Saturnino Paredes. Esta fase culmina en la VI Conferencia Nacional celebrada en 1969 donde se decide la expulsi�n del grupo encabezado por Paredes y se acuerda que el �rgano central del Partido lleve el nombre de Patria Roja. El partido iniciaba as� una de las etapas m�s decisivas de su historia.

Luego de la VI Conferencia el Partido hab�a quedado sumamente debilitado. La reconstrucci�n partidaria fue una ardua tarea ardua que tomaron en sus manos un reducido n�cleo de dirigentes, la mayor�a de ellos j�venes con poca experiencia.

La VII Conferencia Nacional realizada en 1972 toma la decisi�n de desechar las ilusiones reformistas, mantener la independencia de clase, ir a las masas b�sicas de la producci�n y persistir en el camino de la revoluci�n. Ello permiti� al Partido una presencia importante en al sector minero, textil, estudiantil, asentamientos humanos y magisterio. En 1972 en la ciudad del Cusco se funda el SUTEP con la participaci�n decisiva del Partido, eligi�ndose a Horacio Zeballos como su primer secretario general.

Un elemento important�simo en la afirmaci�n de la l�nea partidaria y en la disputa por la hegemon�a del movimiento popular fue el peri�dico Patria Roja, que en sus inicios se editaba en mime�grafo y en duras condiciones de clandestinidad, pero que sorteando los obst�culos llegaba a todos los rincones del pa�s. Bajo la consigna Lea y difunda Patria Roja los miembros del Partido fueron a las puertas de las f�bricas, a los centros mineros, a las universidades, a los asentamientos humanos, a los sectores campesinos, llevando el peri�dico, organizando c�rculos de lectores, ganando militantes a la causa revolucionaria.

El Partido y el movimiento popular fueron duramente reprimidos por el velasquismo..Los dirigentes del SUTEP y de la FEP fueron deportados, en tanto que otros fueron confinados en el SEPA. Son tiempos de lucha para nuestra organizaci�n, cuya perseverancia en la defensa de los intereses hist�ricos de las masas le trajeron la animadversi�n de diversos sectores que hicieron denodados esfuerzos para destruirlo.

La experiencia velasquista se agot� en pocos a�os. En el campo se hab�a liquidado el latifundio pero la reforma agraria hab�a fracasado al haberse entrampado la producci�n de alimentos, en tanto que el empresariado, con su estrechez caracter�stica, se negaba a invertir en el pa�s no obstante los incentivos recibidos. Por otro lado, el incremento del gasto p�blico elev� la deuda a niveles considerables, a ello se sum� la ca�da de la pesca de anchoveta y la crisis que se hab�a desatado en el mundo capitalista que elev� los precios de los productos importados, mientras ca�an los de las exportaciones. La econom�a inici� una espiral inflacionaria y se torn� inmanejable para el r�gimen que vio acrecentarse a la oposici�n y las luchas populares y que solo atin� a incrementar la represi�n y la manipulaci�n de las masas.

A mediados de la d�cada a del 70, Francisco Morales Berm�dez asume la jefatura del gobierno militar. Su gobierno se muestra incapaz de resolver los problemas que dej� su predecesor, la crisis se ahonda y la inflaci�n se desboca. La protesta popular se va extendiendo y generalizando, mientras que la represi�n se acent�a. El 10 de agosto de 1976 Jes�s Alberto P�ez, ejemplar militante obrero de nuestro Partido, trabajador de la f�brica textil Nuevo Mundo y dirigente del asentamiento humano N�stor Gambetta.es secuestrado y desaparecido por la dictadura.. El paro del 19 de julio de 1977, marca el inicio de una acci�n generalizada contra la dictadura militar. El movimiento popular encuentra en las luchas del SUTEP un eje centralizador. Las huelgas magisteriales de esos a�os se convierten en escenarios de multitudinarias movilizaciones contra la dictadura. En ese proceso el pueblo va creando nuevas formas de organizaci�n y lucha, como son los frentes de defensa, las asambleas populares y la autodefensa de masas, genuinas expresiones de democracia directa de masas, que nuestro Partido valora y promueve.

La situaci�n insostenible de la dictadura la obliga a convocar a la Asamblea Constituyente en 1978, como paso previo del retiro a sus cuarteles. Esta maniobra representa una v�lvula de escape a la presi�n que hab�a venido ejerciendo el movimiento popular. Los remanentes izquierdistas impiden al Partido comprender el cambio de escenario y asumir con solvencia la lucha legal. La orientaci�n de no participar y hasta boicotear las elecciones constituyentes fue parte de ese error que nos impidi� cosechar pol�ticamente lo que acumulamos con mucha entrega y sacrificio en la acci�n directa contra la dictadura. Esto se hizo evidente cuando convocadas las elecciones generales de 1980, nuevamente la derecha arrastra a las masas detr�s de sus propuestas y Fernando Bela�nde es elegido presidente por segunda vez.

La izquierda luego de un intento unitario que fracasa, participa dividida en las elecciones de 1980.El Partido orienta la formaci�n del UNIR, que se convierte en un referente importante para los sectores populares. En la participaci�n electoral el UNIR llev� como candidatos a los compa�eros Horacio Zeballos, Rolando Bre�a y Castro Lavarello, obteniendo la m�s alta votaci�n de la izquierda y una importante presencia en el parlamento.

En 1980 el grupo Sendero Luminoso inicia sus acciones violentistas, hecho que tendr�a profundas repercusiones para el pa�s y para el desarrollo de la izquierda. En poco tiempo se demostr� que el senderismo quiso forzar la realidad y acomodarla a sus esquemas. Degenerando r�pidamente en un grupo sanguinario, hizo del terror, el miedo y la violencia ciega sus m�todos predilectos. Nuestro Partido tuvo que lidiar desde un principio contra esta organizaci�n que fung�a de marxista y seguidora de Mao. Pero tambi�n contra las clases dominantes que usaron como pretexto la amenaza senderista para arremeter contra el conjunto de la izquierda y el movimiento popular, poniendo en marcha una �guerra sucia�que se inici� en el gobierno de Bela�nde y que se prolong� durante el gobierno de Alan Garc�a y el fujimorismo. El resultado fueron decenas de miles de v�ctimas, la mayor parte de ellas campesinos. En estos a�os, numerosos militantes del Partido engrosaron las filas de nuestros m�rtires, v�ctimas de la intolerancia y la barbarie desatada por Sendero, las fuerzas armadas y los paramilitares.

El periodo de reconstrucci�n partidaria iniciado en la VI Conferencia culmina con el V Congreso Nacional realizado en abril de 1983. El evento evidenci� la maduraci�n del pensamiento del Partido y signific� un paso adelante respecto a la VII Conferencia. Esto se evidencia particularmente en el an�lisis de la evoluci�n de la sociedad peruana y de las clases sociales, en la formulaci�n de la estrategia general tomando en cuenta las tareas irresueltas por las clases dominantes, en la formulaci�n de principios como �pensar con cabeza propia� y �buscar la verdad en los hechos�, en la valoraci�n de la democracia directa, etc. En t�rminos org�nicos el partido hab�a extendido su presencia a lo largo y ancho del territorio nacional, contaba asimismo con un importante espacio pol�tico, reflejado en la representaci�n legal en el parlamento y municipios.


 

Tanto el r�gimen belaundista como el de Alan Garc�a se mostraron incapaces de resolver la crisis y culminaron sus mandatos en medio del repudio y descontento de la poblaci�n. El movimiento popular sin embargo hab�a iniciado una fase de repliegue que se acentu� con la aplicaci�n del modelo neoliberal que destruy� el tejido social y debilit� el movimiento sindical . La izquierda, asimismo es colocada a la defensiva, despu�s de un periodo de auge que tuvo su momento m�s importante en la conformaci�n de Izquierda Unida. El derrumbe de IU y la incapacidad para aglutinar al movimiento popular m�s all� de los l�mites del sindicalismo, frustraron las expectativas populares y facilitaron la ofensiva neoliberal que cobr� fuerza con el gobierno de Fujimori. Esta ofensiva sac� provecho de la debacle de la ex Uni�n sovi�tica y el repudio que hab�a ocasionado el senderismo para enfilar contra el conjunto de la izquierda y el pensamiento socialista. Se introdujo entre las masas el apoliticismo, el pragmatismo, el individualismo, se hizo uso del clientelismo y asistencialismo; se afirm� que con la ca�da del Muro de Berl�n se hab�a llegado al fin de la historia, puesto que el capitalismo junto a la democracia burguesa era el sistema m�s perfecto creado por el hombre, susceptible de ser mejorado, pero no sustituido. Esta ofensiva caus� estragos en las organizaciones populares y en las filas de la izquierda. Muchos arriaron las banderas socialistas y se convirtieron al neoliberalismo, otros simplemente pasaron a la pasividad.

4. HACIA EL PARTIDO REVOLUCIONARIO DE MASAS

En estas condiciones adversas el VI Congreso Nacional realizado en abril de 1994 tuvo el m�rito de ratificar la l�nea marxista leninista en el Partido y su lucha inabdicable por el socialismo y el comunismo. Esta posici�n de defensa de los principios fue determinante para la posterior recuperaci�n del espacio de la izquierda, que con la conformaci�n del Movimiento Nueva Izquierda tuvo un logro importante. El VI Congreso adem�s aprob� la tesis del Nuevo Curso, la reconstrucci�n partidaria, defini� la necesidad de darle importancia al trabajo juvenil, que tuvo como efecto la organizaci�n de Juventud Popular. Una de las principales conclusiones que lleg� el Congreso fue admitir que la izquierda hab�a sufrido una derrota ideol�gica por parte del neoliberalismo, y acorde con ello defini� una t�ctica de resistencia activa y defensa de los espacios conquistados. El VII Congreso Nacional realizado en noviembre del 2000 hizo un an�lisis detallado de los cambios ocurridos en el escenario nacional e internacional, valor� las consecuencias de la globalizaci�n imperialista apuntalada por la revoluci�n cient�fica y tecnol�gica, manifestando que el dilema de nuestra �poca segu�a siendo capitalismo o socialismo, desarroll� las tesis principales del VI Congreso y dot� al Partido de un nuevo programa.

Los acuerdos del VII Congreso constituyen un avance te�rico de suma importancia que posibilitan al Partido colocarlo de cara a los retos del siglo XXI. El enriquecimiento de la tesis del Nuevo Curso, que en el Congreso pas� a convertirse en la T�ctica General representa una conquista excepcional para el Partido, que le permite superar el viejo problema de la relaci�n entre estrategia y t�ctica y lo reubica en un nuevo escenario de discusi�n program�tica, prepar�ndolo para entablar de mejor manera la lucha de ideas. Las reflexiones y aportes que vienen haci�ndose sobre proyecto nacional, Constituci�n, descentralizaci�n, etc., han sido posibles gracias a la adopci�n de la t�ctica del Nuevo Curso.

Otras decisiones importantes del VII Congreso fueron la de trabajar con mayor fuerza con la clase obrera, incorporando con audacia a sus elementos m�s avanzados a la filas del Partido, decidir la construcci�n de la juventud Comunista del Per�, que a la fecha avanza hacia su Primer Congreso, fortalecer el trabajo en el MNI, que ha logrado su inscripci�n en el Registro electoral y prepara su segundo Congreso Nacional, reorientar el trabajo partidario en el magisterio, superando el economicismo y gremialismo, sector que en los �ltimos meses ha venido recuper�ndose y protagonizando importantes jornadas de lucha, mejorar el trabajo femenino, ampliando el n�mero de militantes y dirigentes mujeres, prestarle mayor atenci�n al trabajo campesino, sector eternamente postergado y que necesita ser dotado de propuestas y alternativas que orienten sus luchas, mejorar el trabajo con los intelectuales y profesionales, con sectores del arte y la cultura, etc..

El Congreso constat� adem�s el entrampamiento en que se hallaba la dictadura sanguinaria y corrupta de Fujimori y Montesinos, el fracaso del modelo neoliberal que hab�a hundido m�s al pa�s en lugar de generar el desarrollo prometido, la disposici�n a la lucha de crecientes sectores populares. Pocos meses despu�s se derrumba el r�gimen y el dictador huye fuera del pa�s, con lo que se abre un nuevo periodo pol�tico.

. En el marco de la t�ctica del Nuevo Curso, frente al agotamiento de la rep�blica fundada en 1821, periodo en que las clases dominantes han demostrado una y otra vez su incapacidad para integrar la naci�n, defender la soberan�a, plasmar la democracia, descentralizar el estado, defender nuestros recursos y encaminar al pa�s al desarrollo, el Partido ha convocado al pueblo peruano a luchar por la convocatoria a una Asamblea Constituyente que abra paso y sea el soporte legal de una nueva rep�blica, la misma que deber� encarnar un proyecto nacional que encamine al pa�s de cara a los retos del siglo XXI.

En los pr�ximos a�os el pa�s vivir� momentos de inestabilidad pol�tica y turbulencia social, como producto no solo del fracaso del gobierno de Toledo, sino de la crisis del conjunto de la institucionalidad de la democracia liberal. La gente ya no conf�a m�s en el ejecutivo, ni en el parlamento, ni en el poder judicial, ni en las fuerzas armadas. La gente quiere cambios de verdad, est� buscando alternativas, una conducci�n segura y confiable. La situaci�n que se est� abriendo presenta condiciones sumamente favorables para el crecimiento del Partido, para dar el salto hacia el Partido Revolucionario de Masas, que es el otro gran acuerdo del VII Congreso Nacional,.

Un Partido Revolucionario de Masas que supere la visi�n de partido secta, encerrado en s� mismo, y que superando el espontane�smo, asuma la pol�tica grande con visi�n de pa�s, capaz de trabajar con una visi�n de conjunto y de largo plazo.

Un PRM que est� construido a lo largo y ancho del territorio nacional, grande no solo por el n�mero de sus cuadros y militantes, sino tambi�n por su influencia ideol�gica, pol�tica, cultural y �tica en la sociedad.

Un Partido que est� insertado en el movimiento popular, que pugne por conquistar un especio pol�tico propio, con vocaci�n de gobierno y poder, conocedor de la realidad del pa�s y solvente en la lucha program�tica.

Un Partido h�bil en la conducci�n t�ctica y consecuente con la estrategia, desburocratizado y con sentido pr�ctico y de realizaci�n.

Un Partido que superando el sectarismo y la estrechez de miras sepa trabajar en frente �nico, buscar aliados e incluir a los grandes sectores de la poblaci�n a la lucha pol�tica.

Un Partido de este tipo nos obliga a dar un viraje en todos los �mbitos de nuestro trabajo. La estructura organizativa, el trabajo econ�mico, la propaganda, la labor formativa, las relaciones internas, los m�todos y estilos, todo ello debe estar en funci�n de hacer del nuestro un Partido Revolucionario de Masas.

Han transcurrido 75 a�os de fundado el Partido, el camino de su construcci�n ha sido complejo y dif�cil, con marchas y contramarchas, avances y retrocesos, se han cometido errores y aciertos, hemos sufrido derrotas y ganado victorias, hubieron etapas oscuras, pero tambi�n esplendorosas. En todo este proceso se dieron luchas internas que muchas veces llevaron a divisiones y fraccionamientos, hubieron quienes abandonaron el marxismo y se deslizaron al oportunismo, pero siempre existieron comunistas honestos, militantes an�nimos que no perdieron la fe y cuyo trabajo permiti� la recuperaci�n del glorioso partido fundado por el Amauta.

Estamos en una etapa crucial de la historia patria. Cuando todo parece derrumbarse y cunde el des�nimo de la poblaci�n al no encontrar soluci�n a sus problemas, levantemos las banderas invictas del socialismo, hagamos del nuestro un partido capaz de conducir al pa�s por la senda del bienestar y desarrollo duraderos.

Per�, Octubre de 2003

COMISI�N NACIONAL DE PROPAGANDA Y COMUNICACIONES

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