INFORME POL�TICO DEL COMIT� CENTRAL AL VIII CONGRESO NACIONAL DEL PARTIDO COMUNISTA DEL PER� � PATRIA ROJA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CON MARIATEGUI

LA UNIDAD

Y EL SOCIALISMO

�Venceremos!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONTENIDO

 

 

 

 

Nota Informativa������������������������.���� 3

 

Continuidad, renovaci�n y desarrollo del Partido�������.���� 4

 

Seguir el camino abierto por Jos� Carlos Mari�tegui��������� 7

 

El mundo cambia a pasos acelerados��������������.��� 9

 

Mantener en alto la bandera del socialismo������������� 11

 

Panorama mundial y latinoamericano�������������..�� 14

 

El Per� escenario actual y perspectivas�������������.� �20

 

La t�ctica del Partido para el per�odo��������������.� �28

 

Balance necesario������������������������..� �34

 

El partido revolucionario de masas que necesitamos������� �39

 

Conceptos fundamentales que enriquecen el pensamiento

del Partido����������������������������.� �43

 

Nuestras tareas en el frente de masas��������������.� 50

 

Hacia una juventud comunista forjada en el esp�ritu de

Mari�tegui����������������������������..� 55

 

 

 

 

 

NOTA INFORMATIVA

 

 

Entregamos a la militancia del Partido el Informe Pol�tico del Comit� Central al VIII Congreso nacional. El documento ser� debatido, como parte de su agenda, por la militancia partidaria. Con los aportes de las bases en sus respetivos congresos, enriquecido por la discusi�n interna, el informe ser� sometido al Congreso para su aprobaci�n.

 

El Comit� Central ha tomado la decisi�n de organizar y llevar a cabo el VIII Congreso del partido de cara a las masas. Nada tenemos que ocultar y s� necesitamos promover un debate franco sobre grandes temas que interesan al pueblo peruano.

 

Un documento como el que entrega el Comit� Central a la militancia para su estudio y discusi�n, como demostraci�n de democracia interna, no tiene por qu� limitarse a la esfera partidaria. Hay que extenderla a aquellas personas que tienen inter�s en construir una alternativa de cambios fundamentales en la sociedad peruana, que acompase con los procesos antiimperialistas que se desarrollan en Am�rica Latina.

 

Todo debate se abre para opinar, criticar,� proponer, y de esa manera enriquecer las ideas y las propuestas. Desde luego que somos un partido de principios, pero tambi�n un partido que no se niega a recoger las ideas que nos ayuden a avanzar.

 

Con quienes no comulgaremos nunca es con la derecha ideol�gica, pol�tica y econ�mica. La lucha de ideas adquiere relevancia especial, y ser�a un grave error no darla afirmando nuestra identidad socialista y comunista, en controversia con las ideas conservadoras y reaccionarias en que se apoya el neoliberalismo en crisis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INFORME DEL COMIT� CENTRAL AL VIII CONGRESO DEL PARTIDO

 

 

 

Estimados (das) camaradas:

 

Celebramos el VIII Congreso del Partido en una circunstancia excepcional que abarca el panorama mundial, regional y nacional. Captar la din�mica de ese escenario, sus contradicciones y tendencias en desarrollo, es la tarea que tiene en sus manos el Congreso, y sobre esa base se�alar el rumbo estrat�gico y t�ctico que seguir� el Partido, sus tareas, de modo tal que nos encontremos en mejores condiciones para hacer avanzar la causa revolucionaria,� junto a las luchas del pueblo peruano que el gobierno de turno y los sectores reaccionarios de la sociedad se proponen bloquear recurriendo a argumentos francamente demag�gicos, autoritarios y represivos.

 

Vivimos un per�odo excepcional de la historia pol�tica del pa�s. Son excelentes las condiciones para avanzar en la construcci�n del Partido, del frente �nico, de la lucha de ideas para saldar cuentas con la ideolog�a neoliberal e imperialista, inseparable a la lucha por una nueva Carta Constitucional y una Nueva Rep�blica. Aferrarnos a esta realidad y actuar audazmente, avanzando� a mayor velocidad teniendo como norte a lo largo del per�odo la batalla por un gobierno democr�tico y patri�tico que se sustente en el bloque nacional popular y en el pueblo organizado, �es la tarea de este congreso y la tarea de todo el Partido.

 

 

CONTINUIDAD, RENOVACI�N Y DESARROLLO EN EL PARTIDO

 

 

Fundado por iniciativa de Jos� Carlos Mari�tegui, entonces con el nombre de Partido Socialista del Per�, el partido de los comunistas peruanos tuvo desde sus inicios, com0 queda demostrado en sus �Principios program�ticos��, �referentes fundamentales que le dan sus caracter�sticas revolucionarias:

 

a)      su car�cter de clase, pues se organiza como �vanguardia del proletariado, capacitado por la lucha para el ejercicio del poder y el desarrollo de su propio programa�;

b)      su concepci�n �internacionalista� dado que �la revoluci�n socialista es un movimiento mancomunado de todos los pueblos oprimidos por el capitalismo�;

c)      su fundamento te�rico marxista-leninista: �el marxismo-leninismo es el m�todo revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios�;

d)      su concepci�n de la revoluci�n por etapas e ininterrumpida, por las condiciones espec�ficas del pa�s, de modo que cumplida �su etapa democr�tica burguesa, la revoluci�n deviene en sus objetivos y en su doctrina revoluci�n proletaria�;

e)      su visi�n del socialismo como �creaci�n heroica� y no como �calco y copia�, al que hay �que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje� (�Aniversario y balance�) ;

f)        su indispensable ligaz�n con las masas trabajadoras, el campesinado, los ind�genas, los sectores medios, �quienes sabr�n apropiarse de estas reivindicaciones y esta doctrina�;

g)      su estilo de trabajo sustentado en �la conciencia de un deber y una responsabilidad hist�rica� y en �la misi�n hist�rica de defender y propagar sus principios y mantener y acrecentar su organizaci�n, a costa de cualquier sacrificio�;

h)      su concepto estrat�gico y t�ctico que permita �encontrar, a trav�s de cada lucha, la v�a que conduce a la victoria final del socialismo�.

 

Referentes que, a pesar del tiempo y los cambios producidos, siguen vigentes, cuya actualizaci�n y desarrollo es tarea de las nuevas generaciones.

 

El Partido es continuidad en la lucha permanente por el socialismo, tambi�n actitud de renovaci�n sin perder por ello su norte, capacidad para entender y responder a las nuevas condiciones de la lucha de clases y de los cambios que se procesan en la sociedad, la econom�a, la pol�tica, la cultura, la correlaci�n de fuerzas, etc. Sin perder de vista sus fundamentos doctrinarios y sus principios, �que vienen de Marx y Engels y su desarrollo posterior, �el Partido Comunista del Per� � Patria Roja se reconoce como continuidad de esa herencia, sin ocultar jam�s los aciertos o errores� que se hayan producido en el combate por el socialismo.

 

La historia del Partido, que est� por escribirse, al lado de aciertos, como lo demuestra la extraordinaria actividad desplegada por Mari�tegui, rica e innovadora en muchos aspectos, de entrega y esfuerzo de miles de militantes abnegados y no pocos de ellos h�roes del pueblo peruano, �en lucha sin tregua contra dictaduras siniestras, el imperialismo y sus cipayos criollos, contra toda forma de opresi�n, explotaci�n, exclusi�n; ha tenido tambi�n �momentos �marcados por errores de �izquierda� o derecha, de acusado oportunismo y seguidismo pol�tico, de estrechez de miras que le impidi� colocarse a la altura de sus responsabilidades sea por dogmatismo, sectarismo o falta de ��visi�n y audacia para abrir su propio camino. Atreverse a pensar con cabeza propia, con independencia en sus determinaciones; partir siempre de las condiciones reales y no de los deseos subjetivos; entender el valor de la cr�tica c�mo m�todo para examinarse a si mismo, atreverse �a mirar sus propios errores y sacar las lecciones para corregirlos; valorar la iniciativa hist�rica de las masas populares y su rol protag�nico en su proceso emancipador, son lecciones aprendidas a un costo muy alto, estilos de trabajo importantes que empatan con la tradici�n mariateguiana.

 

�El pueblo peruano cuenta con una hermosa trayectoria de lucha, con fuerte sentido de dignidad y capacidad para rebelarse ante la injusticia. Si los logros alcanzados no son mayores a favor de la causa revolucionaria y socialista, mucho tiene que ver con errores y limitaciones ya se�alados, tambi�n con debilidades te�ricas que dificultan interpretar acertadamente la realidad y encontrar las respuestas y alternativas apropiadas. Espontaneismo, economicismo, sectarismo, formalismo, burocratismo, empirismo, son todav�a monedas corrientes que permanecen influyendo negativamente, reproduciendo las condiciones de derrotas pasadas. �Es verdad que ning�n partido revolucionario tiene �un curso rectil�neo ni revoluci�n alguna se parece a una amplia avenida rodeada de �rboles. Es m�s bien un proceso complejo, arduo, cargado de contradicciones, lleno de riesgos y amenazas, tambi�n de oportunidades y situaciones nuevas, muchas veces imprevisibles. �Cambiar una realidad dada exige, simult�neamente, transformaciones que deben operar en las condiciones objetivas, pero tambi�n en los sujetos del mismo, los protagonistas de esa gesta, el propio partido. Un mundo nuevo, como so�aba el Amauta, necesita del hombre nuevo que se forja en �la conciencia del deber y una responsabilidad hist�rica�, que� se capacita para �la lucha para el ejercicio del poder y el desarrollo de su propio programa�. �Lo importante es tener el rumbo estrat�gico bien definido, claridad y firmeza en los principios, capacidad autocr�tica y cr�tica para reconocer los errores o deficiencias y corregirlos a tiempo, confianza en los trabajadores y el pueblo como motores del cambio social, firme esp�ritu partidista y de clase, flexibilidad en la t�ctica, pero tambi�n sabidur�a sumada a una clara voluntad de vencer los obst�culos o los adversarios que se interpongan en el camino.

 

La VI Conferencia de 1969, da origen a lo que es hoy al Partido Comunista del Per� � Patria Roja. Respondi� a una circunstancia inevitable marcada por una etapa de profunda crisis del Partido, de divisiones ideol�gicas y org�nicas a partir de un tronco com�n que comienza en 1963, atizada por la confrontaci�n en el movimiento comunista internacional, pero sobre todo por �exigencias de la lucha de clases en el pa�s frente a la cual no se ofrec�an respuestas claras, congruentes con el objetivo revolucionario perseguido. Las d�cadas de los sesenta y setenta, del siglo pasado, est�n marcadas por un per�odo de tensiones, divisiones, exclusiones, surgimiento de grupos y de r�tulos, del cual no estuvimos excluidos los comunistas, cada uno con su verdad y cada uno con su ilusi�n de ser la vanguardia iluminada en medio de la oscuridad de la noche. Y, sin embargo, fue tambi�n un per�odo de grandes luchas de masas, de importante arraigo de las organizaciones de izquierda entre ellas, de influencia decisiva en la juventud y la intelectualidad, de debates sobre el destino de la izquierda y la revoluci�n en el Per�. Per�odo que no se puede desconectar de la influencia de las revoluciones cubana y vietnamita, tambi�n del proceso� nacionalista encabezado por el general Velasco que parti� en dos a los destacamentos de izquierda y socialistas.

 

En ese escenario se llev� a cabo, en 1972, la VII Conferencia, importante no tanto porque fijara una l�nea y un programa m�s o menos completos, sino por que zanj� el debate acerca del car�cter de la sociedad peruana, prest� atenci�n al an�lisis� de las clases sociales, ambos indispensables para definir la estrategia y dise�ar el programa. Permiti�, adem�s, sentar la l�nea de trabajo de masas con la consigna �Todo con las masas, nada sin ellas! El V, VI y VII Congresos, en particular el �ltimo, representan avances sustantivos en el desarrollo del pensamiento del Partido. Avances logrados en medio de luchas internas, de divisiones que pudieron evitarse, de experiencias valiosas como Izquierda Unida, la m�s importante como �esfuerzo unitari0 de la izquierda peruana. Nos encontramos en mejores condiciones para juzgar� los aciertos y �errores en este largo trajinar y sacar las lecciones del caso, incluyendo la presencia perversa de Sendero Luminoso, de tr�gicas consecuencias para el movimiento popular, la izquierda y el pa�s. En estas condiciones se puede entender mejor� por qu� la ofensiva derechista y neoliberal �se impuso sin mayor resistencia �a fines de la d�cada de los 80 y principios de los 90.

 

La Resoluci�n General del VI Congreso hizo una s�ntesis que conviene recordar: �Los errores, desviaciones u oportunismos que sufri� el Partido Comunista a lo largo de su historia, no se debieron a fallas del marxismo leninismo o a su incompatibilidad con la realidad peruana. Su origen tiene otro signo. Son el resultado de su aceptaci�n dogm�tica, del seguidismo a lo extranjero, de la renuncia voluntaria a la hegemon�a del proletariado, de la sumisi�n a la pol�tica e ideolog�a burguesas, tambi�n al culto del voluntarismo como consecuencia del divorcio con la realidad�. Reflexi�n correcta que no hay que perder de vista.

 

El VII Congreso represent� un avance fundamental en esta marcha del Partido, pues nos dot� de un programa cuya vitalidad permanece, mantuvo en alto la bandera marxista leninista del Partido en momentos de ofensiva total del capitalismo y el neoliberalismo, permiti� perfilar una visi�n realista de nuestras tareas, lanz� la consigna de �Partido revolucionario de masas!�, la pol�tica del Nuevo Curso, la estrategia de las tres acumulaciones, el llamado a la unidad m�s amplia que ahora encuentra cauces nuevos. El VII Congreso sent� bases firmes �que corresponde continuar al� VIII Congreso: pensar con cabeza propia y abrir su propio camino, con creatividad e iniciativa, dejando atr�s la larga tradici�n dogm�tica que agobi� al partido impidiendo su desarrollo te�rico, pol�tico y org�nico; ���ubicar en su exacto lugar �la desviaci�n espontaneista y economicista -no hay que confundirlas con lucha espont�nea y reivindicativa de los trabajadores, necesaria y justificada- que se asent� hasta convertirse en una concepci�n y un estilo de trabajo que subordina ideol�gicamente al Partido y a la izquierda peruana a la din�mica del movimiento espont�neo, la lucha pol�tica a la econ�mica, la organizaci�n del partido revolucionario a las formas de organizaci�n naturales de las masas. Concepci�n ideol�gica que perdura hasta hoy y que muchas veces es incomprendida, cuyas consecuencias ser�n siempre nefastas para la causa revolucionaria del proletariado. �

 

A estas alturas, cuando las condiciones para la recuperaci�n de la izquierda y el socialismo son inmejorables, no �hay ninguna justificaci�n hist�rica para que en el Per� exista m�s de un partido comunista. Necesitamos retornar a la matriz mariateguiana construyendo un solo partido del proletariado en la patria de Pachacutec, Manco Inca, T�pac Amaru, Mari�tegui, C�sar Vallejo, Hugo Pesce, Emiliano Huamantica, Horacio Zeballos. �La unidad de los comunistas es, pues, una de las grandes tareas que tenemos por delante. El camino a seguir no ser� f�cil. Pero la �responsabilidad hist�rica� en la construcci�n del Partido a que nos convoca el Amauta, para �defender y propagar sus principios y mantener y acrecentar su organizaci�n, a costa de cualquier sacrificio�, debe ser escuchado y asumido como un mandato.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEGUIR �EL CAMINO ABIERTO POR JOS� CARLOS MARI�TEGUI

 

 

El VI Congreso, en su Resoluci�n General,� hizo una valoraci�n precisa del significado hist�rico de Mari�tegui , su pensamiento y obra, llamando al Partido a continuar su herencia ideol�gica, pol�tica, intelectual y moral, �con igual sentido de creaci�n, con igual pasi�n por la causa revolucionaria del pueblo trabajador, con igual confianza en el futuro socialista de la humanidad�El VI Congreso, en el centenario de su nacimiento, asume este reto asignando al estudio de su obra y quehacer revolucionario un lugar fundamental en la construcci�n partidaria, en la lucha por la revoluci�n y el socialismo en nuestra patria y en la educaci�n de sus militantes�.

 

Asumir, continuar y desarrollar el pensamiento y obra de Mari�tegui sintetiza el compromiso del Partido con su legado te�rico e ideol�gico y la� base de la unidad partidaria, popular y nacional, pues trasciende el espacio del Partido y el socialismo, y es incompatible con cualquier postura dogm�tica, reformista, ecl�ctica, oportunista o aventurera. �Su pensamiento, que se funda en el marxismo leninismo �se�ala el mismo documento-, su actitud, estilos y m�todos de direcci�n y trabajo son piedras angulares en la construcci�n del edificio partidario, directriz en el quehacer revolucionario de los comunistas�.

 

De la misma manera que rechazamos la desnaturalizaci�n de su pensamiento por el oportunismo pol�tico, de su filo revolucionario y marxista, rechazamos tambi�n su dogmatizaci�n como pensamiento acabado. Mari�tegui sienta las bases del pensamiento socialista en el Per� y en Am�rica Latina, pero al mismo tiempo es b�squeda, esfuerzo inacabado de interpretaci�n y realizaci�n del proceso revolucionario. Es el alba de lo nuevo, �no el crep�sculo; la invitaci�n a crear partiendo de las condiciones concretas del Per�, no la respuesta terminada a todos los problemas de hoy y del futuro. �

 

Su pensamiento profundamente dial�ctico, abierto al mundo, a las tendencias en desarrollo y a la innovaci�n,� mantiene frescura y es permanente, precisamente porque no se agota en el momento, porque tiene ra�ces profundas en la realidad peruana y mundial, porque es una invitaci�n a la lucha heroica. �En ese sentido trasciende hasta convertirse en patrimonio del pueblo peruano y uno de los valores m�s altos de la cultura peruana.

Continuar la herencia mariateguiana representa as� una tarea y un reto de extraordinaria importancia pol�tica, ideol�gica, moral, program�tica, para el Partido. Es correcta la afirmaci�n que hizo el VII Congreso en el sentido de que con �Mari�tegui el marxismo deja de ser para nosotros enunciado te�rico o dogma, y se convierte en gu�a para la acci�n, en modo de pensar y sentido com�n, una manera concreta de entender la realidad peruana y transformarla�.�� En Mari�tegui, insiste el VII Congreso,� �pensamiento y acci�n, pol�tica, cultura y �tica, ideal y compromiso, creaci�n y realizaci�n, libertad y disciplina, partidismo e iniciativa individual, lucha por el pan y la belleza, son un todo interrelacionado e indivisible�; en suma,� una manera de pensar y actuar, de realizaci�n de la persona y de la emancipaci�n humana.

La teor�a que nutre el pensamiento de Mari�tegui es el marxismo, y el ideal que asume es el socialismo. Separar uno del otro, con el argumento de su originalidad, es un contrasentido y equivale a la negaci�n de su pensamiento. �l mismo se encarg� de definirlo, para que no quepa ninguna duda: ��somos anti-imperialistas porque somos marxistas, porque somos revolucionarios, porque oponemos al capitalismo el socialismo como sistema antag�nico, llamado a sucederlo�� (O.C. tomo 13, p�g. 95). El intelectual revolucionario, el te�rico de primer nivel, el humanista, el hombre de acci�n, organizador, propagandista, el �agonista� en el sentido unamuniano del concepto, se entrelazan en su personalidad desbordante y creadora, entreg�ndonos el ejemplo m�s elevado de la condici�n revolucionaria y socialista, adem�s de un estilo y m�todos de trabajo� v�lidos para entonces y para hoy, una lealtad con los principios y con la clase a la que adhiere. La fidelidad a su pensamiento es inseparable de la fidelidad a su conducta �tica y pr�ctica revolucionaria, a su esp�ritu� siempre atento a lo nuevo. Continuar su camino no es repetirlo, ni asumir dogm�ticamente su pensamiento. Es hacer lo que hizo: conocer la realidad para transformarla, asumir la teor�a como una gu�a para la acci�n, entender su obra como no acabada �mientras yo viva y piense y tenga algo que a�adir a lo por m� escrito, vivido y pensado�. Mari�tegui, su pensamiento y acci�n, no constituyen un punto de llegada, sino de partida, fiel a su definici�n de que el �hombre llega, para continuar de nuevo�. Corresponde a las nuevas generaciones continuar el camino abierto por Mari�tegui con igual pasi�n y honestidad, capacidad de renovaci�n y realizaci�n, dando respuesta a los nuevos problemas y a las nuevas tareas que nos plantea la batalla hist�rica por el socialismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL MUNDO CAMBIA A PASOS ACELERADOS

 

 

Vivimos un per�odo oscuro de la ofensiva del capital y el imperialismo contra la clase obrera, el pueblo y el socialismo, el m�s agresivo despu�s de la II Guerra Mundial. Sobre todo luego del derrumbe de la URSS, cuando se anunci� una vez m�s la muerte del socialismo y la liquidaci�n hist�rica del marxismo, para, a contrapelo, santificar el liberalismo y el mercado capitalista como las �nicas formas de pensamiento y organizaci�n de la sociedad. El panorama mundial cambia a una velocidad dif�cil de imaginar a�os atr�s, abarcando un amplio abanico de cuestiones con resultados que a�n no est�n del todo claros. La crisis financiera y econ�mica actual, que remece los cimientos del capitalismo mundial, quiz� la m�s grave por sus consecuencias y alcance, pone al desnudo sus contradicciones, pero tambi�n su rapacidad y cinismo. Tanto m�s cuando la crisis financiera y recesiva va acompa�ada de otras como la alimentaria, ecol�gica, energ�tica, �tica y moral, que de conjunto ponen en riesgo la misma sobrevivencia humana sobre el planeta. Por esa raz�n se puede afirmar que nos encontramos frente a la crisis de la civilizaci�n �engendrada por el capitalismo y llevada a sus extremos por el imperialismo, cuyo desenfreno por la ganancia,� el consumismo desbordado, la mercantilizaci�n de la sociedad, el despilfarro de recursos y la devastaci�n ambiental, �el ego�smo,� el individualismo y la corrupci�n, no tiene fin. Esta cultura� �est� colapsada y no puede ser m�s el ideal a alcanzar. Basta saber que s�lo Estados Unidos consume el 25 por ciento de los alimentos y el 27 por ciento de la energ�a del mundo con menos del 5 por ciento de su poblaci�n. �Si el mundo consumiera como Estados Unidos, necesitar�amos de dos o tres planetas Tierra para satisfacerlo, lo que es imposible.

Luego del derrumbe de la Uni�n Sovi�tica los representantes del imperialismo, sus ide�logos y publicistas, abrumados por el �xito no esperado, sobre todo por la rapidez con que ocurri�, hablaron del �fin de la historia� e imaginaron un mundo bajo absoluta hegemon�a del capitalismo, especialmente norteamericano. Bush, el inenarrable, lo declar� exultante al anunciar al mundo su �estrategia preventiva�: �Las grandes luchas del siglo XX entre la libertad y el totalitarismo terminaron con una victoria decisiva de las fuerzas de la libertad, la democracia y libre empresa�� La crisis que azota Estados Unidos y que inunda el mundo entero, su derrota inapelable en Irak y Afganist�n,� su desprestigio e inicial decadencia imperial que le impide �garantizar el orden� ofrecido pese a su inmenso poder b�lico, son la mejor respuesta al discurso intolerante y prepotente de que �hoy, Estados Unidos, disfruta de una posici�n de fuerza militar sin paralelo y de gran influencia econ�mica y pol�tica�.

Desde entonces han transcurrido apenas unos pocos a�os. �Qu� queda del unilateralismo norteamericano que impuso Bush� creyendo que Estados Unidos dominar�a el mundo a lo largo del siglo XXI, que su hegemon�a era indiscutida, que su enorme poder�o militar pod�a garantizarle �guerras preventivas� victoriosas en cualquier parte del mundo, que Irak habr�a de ser un peque�o ensayo de lo que vendr�a despu�s en Ir�n, en la RPDC, y en cuanto �eje del mal� se le ocurriese? Desde luego que los Estados Unidos sigue siendo una potencia poderosa, y lo ser� por bastante tiempo, pero cada vez cayendo en un plano inclinado, �sin posibilidad de reversi�n. Lo que se abre paso, y esa es la tendencia mundial, es el multilateralismo, que crea �condiciones favorables para avanzar a un nuevo orden econ�mico y pol�tico mundial, cuya transici�n ya se vive aunque el dise�o a seguir no est� claro.

 

No son, pues, tiempos tranquilos, sino de enormes tensiones y retos, de graves amenazas pero tambi�n de posibilidades ciertas para construir un mundo mejor. Las clases reaccionarias no ceder�n f�cilmente cuando se trata de defender sus privilegios, y no les temblar� el pulso� si para preservarlos necesitan un Pinochet que se los garantice. Estar preparados para todas las eventualidades, evitar ser sorprendidos por los acontecimientos, tener una mirada larga y estrat�gica a la par que se le toma el pulso a las condiciones concretas, son conceptos que hay que valorar y tomarlos en cuenta en serio. En lo que no cabe ceder un mil�metro es en la lucha contra el imperialismo, su pol�tica intervencionista y de guerra, de saqueo y opresi�n, y persistir en la lucha para desenmascarar su blindaje ideol�gico y te�rico, su cinismo y su mentira. El valor de la lucha ideol�gica es, pues, de fundamental importancia, un terreno donde se decidir�n las batallas futuras, que es el de la conciencia, de los valores, de la inteligencia, de la dignidad y la moral, para convertir el planeta tierra en el hogar com�n que garantice la sobrevivencia humana, amenazada por la irracionalidad del capitalismo y el imperialismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MANTENER EN ALTO LA BANDERA DEL SOCIALISMO

 

La revoluci�n y el socialismo son la obra m�s excelsa que nos corresponde llevar a cabo juntamente con los dem�s contingentes revolucionarios, la clase obrera y el pueblo peruanos. Es el viejo sue�o y, al mismo tiempo, actual y vigente que nos dej� como bandera intransferible Jos� Carlos Mari�tegui. A�n en los momentos m�s dif�ciles y oscuros, de confusi�n y derrota, jam�s perdimos la confianza y la certidumbre en la victoria de la causa socialista, en la capacidad revolucionaria del pueblo peruano con el proletariado al frente para asumirla y llevarla a la victoria. Es el principio y el fin que orienta y da proyecci�n estrat�gica a cada una de nuestras tareas, pol�ticas y acciones, cualesquiera sean las condiciones o circunstancias en que nos encontremos.

 

C�mo no suscribir las palabras de Fidel: �Si todo el desenvolvimiento de la sociedad humana ha sido inevitablemente ca�tico, desordenado, imprevisible y sumamente cruel e injusto, la lucha por crear otro mundo diferente, verdaderamente racional, digno de la inteligencia de nuestra especie, constituye en este momento de su historia, que en nada se parece a cualquier otra etapa previa de la humanidad, algo que no era posible y ni siquiera imaginable en otras circunstancias: un intento de que los seres humanos por primera vez programen su propio destino. So�ar con cosas imposibles se llama utop�a; luchar por objetivos no solo alcanzables, sino imprescindibles para la supervivencia de la especie, se llama realismo�.

No est� dem�s insistir, como respuesta al obcecado af�n anticomunista de los ide�logos y pol�ticos al servicio del capital, en la afirmaci�n mariateguiana: �Capitalismo o socialismo: este es el problema de nuestro tiempo�. Problema actual y definitorio, pues no hay m�s que estas dos opciones para organizar la sociedad, independientemente de las particularidades, grado de avance o circunstancias en que se desenvuelva cada una de estas opciones,� de las transiciones necesarias u obligatorias para arribar al socialismo. Abrir las v�as que nos lleve a la forja de un socialismo como �creaci�n heroica del pueblo� en lugar de ��copia o calco� de otras experiencias, es el reto. Despu�s del derrumbe de la Uni�n Sovi�tica y Europa del Este, supuestos socialismos paradigm�ticos, no hay experiencia que imitar. Ni Cuba, Ni China ni Vietnam, incluso Corea o Lao, se proponen ni desean imitaci�n. Cada cual hace su camino, de acuerdo con sus condiciones concretas, �vadeando a tientas el r�o�. Porque el socialismo no est� hecho: se hace cada d�a siguiendo las grandes pautas entrevistas por Marx y Angers, respondiendo a condiciones concretas de cada pa�s, perfeccion�ndose y corrigi�ndose a s� mismo, con un ideal �nico a alcanzar que sintetiza el Manifiesto Comunista: �En sustituci�n de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y antagonismos de clase, surgir� una asociaci�n en el que el libre desenvolvimiento de cada uno ser� la condici�n del libre desenvolvimiento de todos�. �Una sociedad en la que el valor de uso (la calidad de vida humana en todas sus dimensiones) prevalezca sobre el valor de cambio, termine la explotaci�n del hombre por el hombre y la opresi�n de un pa�s por otro, con elevado desarrollo cultural, espiritual y una nueva �tica fundada en el servicio al pueblo, en sana convivencia de los seres� humanos y su entorno ambiental. De acuerdo con �la l�gica del capitalismo, el mercado domina no solamente la actividad econ�mica, sino todas las formas de actividad humana, donde el trabajo, los bienes, los servicios, la cultura, la pol�tica, el conocimiento, �se transforman en mercanc�as. Todo se compra y vende, incluso la dignidad de las personas.

Sin socialismo Cuba ser�a una colonia y factor�a yanki parecida a Puerto Rico, extensi�n de Guant�namo que Estados Unidos mantiene como prenda colonial, no la patria libre y soberana que es, con un pueblo con un alto nivel cultural y pol�tico, con educaci�n y salud universales y de alta calidad, con una democracia cualitativamente superior a la liberal, con avances considerables en el campo de la investigaci�n cient�fica y �ambiental, sin pobreza ni mendigos en sus calles ni ni�os obligados al trabajo, un pa�s con estabilidad y orden conscientes, donde est� ausente la violencia social. Desde luego que hay mucho por caminar, construir y resolver en bien del pueblo cubano, que no todas sus necesidades b�sicas est�n resueltas. Lo reconocen sus dirigentes, con Fidel a la cabeza. Pero� �sin socialismo ser�a posible la fraternidad, la solidaridad, la dignidad del ser humano con derechos iguales para todos que registra Cuba? Desde luego que no.

 

�A d�nde va China? se pregunta mucha gente atosigada por la propaganda imperialista que se esmera en presentarla como el basti�n del nuevo capitalismo. �Es China un pa�s capitalista? Desde luego que no. �El socialismo con peculiaridades chinas, est� depurado de toda presencia capitalista? Tampoco. �Qu� es, entonces?, �C�mo entender al pa�s que asombra al mundo por su vertiginoso crecimiento econ�mico y desarrollo t�cnico y cient�fico?

Haciendo un balance de la� experiencia� de la revoluci�n� en un� informe� que hizo� Mao Zedong� en� enero� de 1,962,� lleg� a dos conclusiones:� la primera,� que� se� �necesitaron� 24� a�os� en� total,� desde� 1921...� para� que todo� el� Partido� llegara� a una� completa� unidad� de� comprensi�n�� con� respecto� a� c�mo� llevar� a� cabo� la� revoluci�n democr�tica� en� China�. La� segunda, se refiere� a la� construcci�n� del� socialismo.�� Relata� una conversaci�n� con Edgar� Snow,� a� quien�� le expres�:� �en� cuanto� se� refiere al� socialismo... a�n� carecemos de conocimiento�� y experiencias�.� Aqu� est� la clave para entender a China, que rompe moldes conocidos, esquemas que fracasaron, que busca su propio camino� viniendo de un pasado de atraso y pobreza y que tiene que tomar en cuenta las condiciones del mundo de hoy. Adem�s, su realidad: 1300 millones de personas en un inmenso territorio donde s�lo el 4 por cierto de su tierra es apta para la agricultura, y el 50 por ciento de la poblaci�n contin�a viviendo �en el campo. El� traslado� del� centro de gravedad de la lucha� de clases� al� desarrollo� de las� fuerzas� productivas,� a� partir de� 1978,� ha� modificado� radicalmente� el� panorama� de China� en� todos�� los �mbitos.� Las� reformas y la� apertura� econ�mica�� cambia el� modelo� de socialismo� influenciado por la� URSS,� y�� muestra� una v�a� nueva,� rica�� en� posibilidades� pero� tambi�n� en� riesgos. El� informe� al� XIII� Congreso� del PCCh� lo� resume�� del� modo� siguiente: �La� etapa� primaria� del� socialismo� en� nuestro� pa�s� es una� etapa� en la que� debemos ir� libr�ndonos de la� pobreza�� y del� atraso; una etapa en la que� debemos� ir� convirtiendo� un� pa�s� agr�cola,� con la� mayor�a� de� su� poblaci�n� dedicada a la agricultura y basado en el� trabajo� manual,� en� un� pa�s� industrial� moderno con la� mayor�a de su� poblaci�n� dedicada a actividades no agr�colas;� una etapa� en la que debemos ir� reduciendo el� desmesurado� peso� de la econom�a natural� o� seminatural� para sustituirla� por una econom�a� mercantil� socialista� altamente desarrollada;� una etapa� en la que� debemos establecer� y desarrollar,� mediante� reformas y� exploraciones,� unas� estructuras� econ�micas, pol�ticas y culturales� socialistas� llenas de� vitalidad�.

Los resortes fundamentales de la econom�a china est�n en manos del Estado, incluido el sistema financiero. El Estado es dirigido por el Partido Comunista de China en alianza con otras formaciones pol�ticas. La orientaci�n estrat�gica es el avance incesante hacia el socialismo. Su desarrollo es desigual, yendo del Este al Oeste, de la zona costera al interior. La apertura al exterior permite la presencia de capital, tecnolog�a y gesti�n extranjeros y, dentro del propio pa�s, existe un sector de econom�a privada. La ventaja estrat�gica de china es su mano de obra masiva y de� calidad, un amplio mercado interno en crecimiento, estabilidad pol�tica y planificaci�n macroecon�mica. �La decisi�n reciente basada en el concepto de �desarrollo cient�fico� reorienta la atenci�n del crecimiento hacia la atenci�n al desarrollo, al bienestar de la poblaci�n, al ser humano y su entorno ambiental. �

 

En l�nea parecida, tomando en cuenta su propia realidad, se construye el socialismo en Vietnam y en Lao. El ideal es el mismo, tambi�n el basamento ideol�gico y te�rico, pero singulares los caminos que llevan a la realizaci�n de ese ideal. �La pol�tica de la renovaci�n � que �rige en Vietnam, data de 1986, decisi�n que tom� el VI Congreso para corregir errores de subjetivismo,� voluntarismo y actuar desesperado� que desconocieron las leyes objetivas acarreando graves problemas a la econom�a y la sociedad. ��Nosotros -dice Nguyen Phu Trong, dirigente y te�rico del PCV-� llevamos a cabo la renovaci�n por el socialismo y para construir el socialismo�. �En qu� consiste la renovaci�n socialista en la econom�a? Seg�n el VII Congreso �Vietnam est� determinado a cambiar a una econom�a multisectorial de mercado, donde la econom�a estatal juega el papel principal ... al mismo tiempo que se elimina completamente el m�todo de gesti�n subsidiado, burocr�tico y centralizado para formar el mecanismo de mercado controlado por el Estado a trav�s de leyes, planes, pol�ticas�. En otras palabras, el anterior modelo de socialismo de influencia sovi�tica� estaba terminado. El nuevo modelo se ajusta al �mecanismo del mercado controlado por el Estado a trav�s de leyes, planes, pol�ticas y otros instrumentos�.

 

Si bien el socialismo debe tomar en cuenta� leyes generales v�lidas para todas las sociedades que se atengan a ese sistema, no hay, como la experiencia lo demuestra, �un modelo �nico� que imitar, ni implica socializar autom�ticamente los medios de producci�n sin tomar en cuenta el grado de desarrollo de las fuerzas productivas� en cada sociedad concreta. Las revoluciones en sociedades atrasadas, dependientes del imperialismo y con fuertes rezagos feudales, con d�bil productividad y desarrollo del mercado, no pueden evitar una etapa de transici�n relativamente prolongada. Proceder de acuerdo con las condiciones reales no significa renunciar al socialismo ni santificar al capitalismo. Es precisamente la mejor forma de garantizar que el socialismo marche por los carriles correctos a la par que se resuelven los problemas b�sicos de la poblaci�n. Esta es la experiencia que est� en marcha, no sin riesgos ni amenazas, rompiendo esquemas �a los que se estaba acostumbrado.

 

Luego de las derrotas que llevaron al hundimiento de la URSS y otros pa�ses, de una ofensiva brutal para desaparecer el socialismo� de la faz de la tierra, el viejo topo de la lucha de clases y los hechos, tercos siempre, ofrecen a los revolucionarios �una nueva oportunidad. Los caminos que lleven a �l pueden ser varios, dependiendo de las condiciones de cada sociedad y pa�s, del grado de maduraci�n de las condiciones subjetivas, de la calidad y seriedad de las vanguardias que se construyan, del nuevo escenario de la correlaci�n de fuerzas a escala regional y planetaria; pero la raz�n es una: salvar a la humanidad de la barbarie y la autodestrucci�n, construir sociedades liberadas de las lacras del capitalismo, libres de crisis, explotaci�n y opresi�n, es decir un mundo humanamente habitable� y solidario.

 

El socialismo que proponemos, se se�ala en el VII Congreso, �coloca al ser humano y su entorno ambiental en el centro de todo� y convierte,� por primera vez, al hombre en el �nico� due�o de la sociedad. El socialismo deber� asegurar el acceso efectivo de los trabajadores y el pueblo a la gesti�n del estado y del gobierno, a la gesti�n econ�mica, social y cultural, de modo que el poder pertenezca realmente al pueblo trabajador. El socialismo representa un proceso hist�rico y, al mismo tiempo, concreto, un proceso, adem�s, prolongado, lleno de contradicciones a resolver, de respuestas nuevas a dar, de exploraciones que permitan ir conociendo sus leyes generales y espec�ficas�. Ser�a presuntuoso definir c�mo ser� el camino exacto que nos lleve al socialismo, porque depende de muchos factores, pero s� sabemos que su objetivo final apunta a eliminar toda forma de explotaci�n del hombre por el hombre, de opresi�n de un pa�s por otro, de separaci�n del ser humano de su entorno ambiental, de modo que se abra paso la justicia social, se dignifique el trabajo, se construya una sociedad culta, con elevados valores �ticos y morales.

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El capitalismo ya cumpli� su ciclo hist�rico. No puede ofrecer m�s de lo que ya se conoce y sufre. El socialismo es una fuerza naciente, llena de vigor y de potencialidades.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PANORAMA MUNDIAL Y LATINOAMERICANO

 

Vivimos un per�odo de la historia marcada por cambios profundos y acelerados, por grandes posibilidades pero tambi�n enormes amenazas. No cabe duda que a inicios del siglo XXI nos encontramos ante una encrucijada: �socialismo o barbarie�. No hay m�s caminos que de conjunto se�alen una alternativa para la humanidad, en un mundo polarizado donde la socialdemocracia ha terminado en la l�gica neoliberal y el capitalismo y el imperialismo se �muestran como un r�gimen agresivo, injusto, depredador, expoliador, concentrador de �riqueza y excluyente.

El grado de concentraci�n del capital sumado al control de la alta tecnolog�a y la investigaci�n cient�fica como instrumento de dominaci�n; la globalizaci�n de los mercados; el dominio del capital financiero, en especial del capital especulativo parasitario, sobre la econom�a real o sustantiva; el debilitamiento de los estados y la econom�as de los pa�ses en desarrollo en beneficio de las transnacionales; la depredaci�n de los recursos naturales y el medio ambiente; la creciente polarizaci�n entre� pa�ses desarrollados y �pobres, y dentro de �stos entre una capa explotadora privilegiada y las mayor�a de la poblaci�n trabajadora y el pueblo condenados a la reducci�n de sus ingresos, a la desocupaci�n o subocupaci�n, a la pobreza y la exclusi�n, a la mala calidad de la educaci�n, la salud y otros servicios b�sicos; el intervencionismo militar y la pol�tica de guerra del imperialismo, al que se destinan gigantescos recursos econ�micos y se llevan a cabo tirando al tacho el derecho internacional y a la misma NN.UU; el monopolio de la informaci�n y la ofensiva para homogenizar el pensamiento y someter las identidades culturales; la profunda crisis �tica y moral aplastadas por un pragmatismo donde la verdad se mide por los beneficios y la corrupci�n se contabiliza como ganancia, configuran una crisis de civilizaci�n, de un orden impuesto basado en el lucro desmedido, los privilegios y la fuerza, el consumismo desaforado, la depredaci�n ambiental, la ausencia de valores.

El impacto de la tercera revoluci�n cient�fica tecnol�gica influye decisivamente en todos los aspectos de la vida humana, incluyendo la econom�a. Sin embargo, una vez m�s son los pa�ses del capitalismo imperialista quienes aprovechan las ventajas y extraen los mayores beneficios mientras condenan al resto de pa�ses, con el concurso obsecuente de �lites gobernantes, al rol de pa�ses productores de materias primas, reproduciendo las condiciones de atraso, dependencia y pobreza. Est�n dadas todas las condiciones para �luchar y conquistar un mundo justo, con capacidad de satisfacer las necesidades b�sicas de la poblaci�n mundial. La riqueza creada, la tecnolog�a y conocimientos disponibles lo permitir�an. Lo impide un sistema construido sobre la base de la b�squeda de la mayor tasa de plusval�a, y ahora m�s perverso a�n, dominado por la especulaci�n donde el dinero acumula m�s dinero sin generar riqueza.

Los pueblos aspiran al desarrollo, el progreso, la justicia, la paz, la independencia y soberan�a. Paz, desarrollo, justicia social son los temas acuciantes de la �poca. Contra ellos atenta el hegemonismo y el intervencionismo encabezado por los Estados Unidos, acentuado por la saliente administraci�n Bush. El unilateralismo norteamericano basado en el criterio de su hegemon�a global a lo largo del siglo XXI, se estrella contra la realidad. Lo que cosecha son derrotas como en Irak y Afganist�n, descr�dito y aislamiento a lo ancho del planeta �en respuesta a su pol�tica hegemonista y de fuerza, debilitamiento de su poder�o econ�mico adem�s de dificultades para sostener su inmenso poder militar. En estas condiciones se abre paso el multilateralismo, torn�ndose� irreversible adem�s de crear un nuevo contexto �que se ir� definiendo mejor, no sin tensiones ni reacomodos, en los a�os que vienen.

En este escenario se desata la presente� crisis financiera y econ�mica, derrumbando en su camino pilares del sistema financiero y especulativo, abriendo paso a �la recesi�n que alcanza a la totalidad de los pa�ses capitalistas, obligando a los estados a intervenir en salvaje destinando inmensos recursos del ahorro p�blico, graficando el absurdo de que mientras la ganancia es privada la quiebra es social. Si la crisis del 29 del siglo pasado tard� hasta la II Guerra Mundial para salir de ella, nada indica que la presente se prolongue tambi�n m�s all� de esta d�cada.

 

 

La crisis que asola el mundo capitalista, financiera pero tambi�n recesiva, de la que el Per� no est� exenta, es quiz� la m�s grande y profunda de la historia del capitalismo, �por las fuerzas productivas que destruye, por su amplitud y por sus efectos globales. Termina con el mito del mercado como �nico ordenador de la econom�a, fundamento ideol�gico del neoliberalismo. Los informes disponibles indican que era previsible aunque inevitable. �En efecto, con la instalaci�n del neoliberalismo como pol�tica econ�mica dominante, previo desmontaje de las regulaciones keynesianas, el sector financiero y la especulaci�n hallaron la f�rmula milagrosa para amasar inmensas fortunas sin producir riqueza. En 1999 fue aprobado, con la firma de Clinton, el Acta de Modernizaci�n de los Servicios Financieros, derogando todo tipo de control sobre las finanzas y las operaciones bancarias que fueron establecidos luego de la gran crisis de 1929. La desregulaci�n financiera elimin� toda restricci�n al libre movimiento del capital, permitiendo el funcionamiento de los para�sos fiscales, los fondos de cobertura o �econom�a de casino, la titulaci�n de hipotecas, el mercado de futuros,� y otras �innovaciones� especulativas que permit�an que el dinero creara m�s dinero sin ingresar a la producci�n.

 

Para alimentar la especulaci�n financiera hab�a necesidad de promover el consumo, y para favorecer el consumo el gobierno de Estados Unidos y la Reserva Federal recurrieron a la baja tasa de inter�s. Las estrellas fueron los negocios inmobiliarios, las reducciones fiscales a los ricos, los gastos militares, la transferencia de recursos p�blicos a grupos econ�micos vinculados al gobierno, en especial las multinacionales petroleras que auspiciaron la invasi�n a Irak. La expansi�n de la econom�a norteamericana durante el gobierno de Clinton fue favorecida por esta pol�tica, que alcanz� su mayor fuerza con la Administraci�n Bush. El sue�o de la casa propia gener� un record de empr�stitos. El endeudamiento de las familias norteamericanas, en carrera loca por el consumo m�s all� de sus capacidades reales, cre� la� ilusi�n de la recuperaci�n acelerada de la econom�a norteamericana luego del desastre de las Torres Gemelas y de las crisis del punto.com en 2000. Entre 1997� y 2004 la deuda total de los hogares norteamericanos hipotecados lleg� a la suma colosal de 7,4 millones de millones de d�lares. S�lo en 2003 se otorg� un mill�n de millones en nuevos cr�ditos hipotecarios. Las familias estadounidenses est�n altamente endeudadas. Los datos de la Reserva Federal exhiben una deuda total de los Estados Unidos por encima de los 35 millones de millones de d�lares.

 

El mayor imperio del mundo vive del cr�dito internacional, dada la ausencia de ahorro nacional. Los mayores compradores de deuda gubernamental son los bancos centrales de Asia-Pac�fico. Jap�n y China poseen �m�s de un mill�n de millones de d�lares en t�tulos del Tesoro de EE.UU. como reserva de divisas extranjeras. Los bancos centrales de todo el mundo poseen 1.3 millones de millones adicionales en deudas estadounidenses. Sumando la deuda privada, EE.UU. es el mayor deudor del mundo. Con el plan de salvataje del gobierno norteamericano la deuda p�blica de EE.UU. se encuentra por encima de US$ 10.5 millones de millones de d�lares. Y pensar que cuando fue elegido Ronald Reagan, en 1980, EE.UU. era el principal acreedor del mundo, con un excedente de un mill�n de millones.

 

Cuando Bush junior lleg� a la presidencia en su primer per�odo, fraude de por medio, hered� un presupuesto federal con super�vit. Desde entonces, cre� el mayor d�ficit de la historia americana, cerca de 500 mil millones de d�lares en 2004 y �600 mil millones en 2005. Cuando Nixon, en 1971, retir� al d�lar del patr�n oro, el presupuesto federal presentaba un� d�ficit de ...23 mil millones, insignificante frente al que deja Bush.

 

El coraz�n del capitalismo mundial es Estados Unidos. No tiene por qu� sorprender que los efectos de su crisis se trasladen velozmente a todos los pa�ses, especialmente Europa y Jap�n, cuyos gobiernos han destinado cientos de miles de millones de euros y yenes para impedir el derrumbe de su sistema financiero. La intervenci�n del Estado, que tanto repudi� el neoliberalismo, en rescate del sistema financiero y para reducir el impacto de la recesi�n, representa la mayor intervenci�n estatal que se conozca. Desde luego que los neoliberales no repudian al Estado en s�, sino su papel regulador y siempre que convenga a sus intereses

 

La recesi�n en curso se�ala que la crisis compromete tambi�n la econom�a real� y tiene para largo. El bloque que conforma la Uni�n Europea acaba de reconocer que ha ingresado en recesi�n. Jap�n se encuentra en la misma situaci�n. La amenaza de quiebra ronda la industria emblem�tica de Estados Unidos: la automotriz. �Una vez m�s el Estado tiene que salir para salvar bancos, financieras, empresas amenazadas de quiebra usando el ahorro nacional, estatiz�ndolos de hecho aunque se nieguen a reconocerlo como tal.� Los efectos de la crisis se dejan sentir en todo el planeta, �pues se reduce el consumo, se achican los mercados, se intensifica la competencia, se restringen las inversiones, crece la ola de despidos. Solamente en Estados Unidos se perdieron 3 millones de puestos de trabajo. Se calcula que la desocupaci�n superar� el 10 por ciento de su poblaci�n econ�micamente activa, y en el mundo ser�n condenados a la desocupaci�n 50 millones de trabajadores. La crisis de 1929 culmin� con la II Gran Guerra, con la hegemon�a norteamericana como primera potencia mundial. Bretton Woods inicia la nueva etapa expansiva del capitalismo bajo el signo del modelo keynesiano o del �Estado interventor�, que culmina en 1980, conocida tambi�n como su edad de oro. El gobierno que inaugura Barack Obama �cerrar� el ciclo neoliberal para retornar a otro parecido al Nuevo Di�logo de Roosevelt, �del est�mulo fiscal y la inversi�n p�blica para salir de la recesi�n? Est� por verse. Lo que no har�, est� claro, es salirse de la pista del capitalismo. Con prescindencia de lo que har� o no, �para empezar es indispensable un nuevo orden econ�mico y financiero mundial, el t�rmino de la hegemon�a del d�lar, una relaci�n m�s justa entre las naciones.

 

Cualquiera que sea el camino a elegir lo cierto es que el neoliberalismo se encuentra en bancarrota te�rica, �no termina pero se agota, abriendo un per�odo de disputa por alternativas, entre las que por ahora s�lo se ve Am�rica Latina, donde se dejan sentir propuestas alternativas como en Venezuela, Bolivia o Ecuador. El capitalismo no se derrumbar� espont�neamente como consecuencia de la crisis, si no entra en acci�n el factor subjetivo, pol�tico, que le dispute la direcci�n del gobierno y el Estado. Los �a�os que vienen ser�n de intensa lucha de clases y de cambios importantes en la correlaci�n de fuerzas a escala planetaria y en cada pa�s por separado, favorables adem�s para la recuperaci�n te�rica y program�tica del socialismo, de las fuerzas antiimperialistas y democr�ticas.

 

Lo que queda cada vez m�s transparente es que el �unilateralismo norteamericano se debilitar� cediendo espacio al multilateralismo, y los pa�ses centrales del capitalismo, con Estados Unidos a la cabeza, ya no podr�n manejar los asuntos de la econom�a mundial a su antojo, como lo ven�an haciendo hasta antes de la crisis con el grupo de las 8 grandes potencias capitalistas.

 

Las crisis, de otro lado, �no es extra�a al capitalismo; est� en su naturaleza, equivale a un desagradable, destructor y necesario purgante que despu�s de destruir empresas, causar ruina, provocar desempleo, incrementar la pobreza, facilita una nueva etapa de crecimiento econ�mico basado en la reconstrucci�n de lo destruido,� una nueva reconcentraci�n de la riqueza donde unos monopolios o empresas desaparecen o son reabsorbidos o tragados por otros. Lehman, AIG, Merrill Lynch, Wachovia, Fannie Mae y Freddie Mac, en Estados Unidos, quebraron, fueron estatizados o se fusionaron. La paradoja es que los apologistas del neoliberalismo se tornaron furiosos estatistas, y el presidente de Francia, conservador de profesi�n, no vacila en declarar que el neoliberalismo no era capitalismo sino una excrecencia reprobable. As� est�n las cosas.

 

El imperialismo, claro est�, no cambiar� de naturaleza. Buscar� m�s bien resarcirse intensificando la sobreexplotaci�n� del� trabajo, arrojando a la calle otros millones de trabajadores, cargando sobre los pueblos m�s d�biles sus consecuencias, reforzando sus mecanismos autoritarios, fascistoides y militaristas, en medio de una disputa �mundial para apoderarse de las riquezas a trav�s de la manipulaci�n financiera, de la exacci�n que significa la deuda externa, de otras formas de intervencionismo. No tiene nada de sorprendente� que el desplome de los valores de la bolsa y la recesi�n en curso� se produzca� en la encrucijada de la aventura militar de Estados Unidos y sus socios en Irak, Afganist�n, el C�ucaso o en la martirizada Palestina.

 

Todo indica que, entre la crisis de un modelo r�pidamente envejecido y las dificultades de surgimiento de uno nuevo, mediar� un per�odo de inestabilidad y tensiones, de sucesi�n de crisis, de turbulencias. No esperemos tiempos tranquilos sino agitados, de luchas sociales, incluso de rebeliones. La tarea del proletariado y de los revolucionarios no es otra que estar preparados para enfrentar esta nueva realidad, organizarse, unirse, pasar a la ofensiva ideol�gica y a la acci�n pol�tica.

Lo nuevo es que se combina la vieja necesidad de sustituir el capitalismo por su tendencia a generar crisis econ�micas destructoras de enormes fuerzas productivas, con la necesidad de defender la supervivencia de la especie humana en� un planeta sometido a depredaci�n, en una sociedad que es empujada a la barbarie y la autodestrucci�n a cambio de la m�s alta tasa de ganancia para el capital, aunque ella sea fruto de la especulaci�n y la degradaci�n, incluso del fascismo. No hay que olvidar que de una crisis econ�mica y una guerra mundial surgi� la primera revoluci�n socialista, pero tambi�n de una gran crisis econ�mica surgi� el engendro que fue el fascismo alem�n.

Nos oponemos a la pol�tica de guerra del imperialismo. Siempre seremos solidarios con los pueblos agredidos, intervenidos, amenazados. Cada pa�s y pueblo decide su propio camino, la democracia que le corresponda, su identidad cultural, al mismo tiempo que afirma sus derechos nacionales. Un mundo interrelacionado como es el presente, globalizado por los avances t�cnicos, no implica renunciar a lo propio ni significa que otro pa�s indique qu� es lo que se �tiene que hacer.

Lo que queda claro para los comunistas es la importancia que adquiere construir poderosas fuerzas revolucionarias, desplegando con firmeza una intensa y firme lucha de ideas, proclamando la validez del socialismo como la alternativa inevitable al capitalismo, afirmando las banderas de la rebeli�n contra la injusticia, la opresi�n, la pobreza y la explotaci�n del trabajo, construyendo la unidad m�s amplia, a escala planetaria, regional, nacional, de las fuerzas antiimperialistas, democr�ticas y socialistas. Hoy m�s urgentemente que nunca resuenan las consignas: �Proletarios y pueblos del mundo, un�os! �Un mundo nuevo es posible!

 

 

2. AMERICA LATINA

 

Am�rica Latina no es ajena a los efectos de la crisis mundial del capitalismo. En una econom�a globalizada no hay pa�s que quede inmune a sus efectos. Estos ser�n mayores de acuerdo con el grado de dependencia en que se encuentren respecto de los pa�ses centrales del capitalismo, del nivel de desarrollo de sus fuerzas productivas, de la fortaleza de su mercado interior,� de la productividad del trabajo adem�s de la orientaci�n pol�tica y social de sus gobernantes.

 

En la crisis capitalista los que m�s pierden son los m�s d�biles y desprotegidos. A�n en situaciones de bonanza, de crecimiento, como ocurre con el neoliberalismo, la riqueza se concentra y generalmente fluye hacia el exterior, sin generar desarrollo y menos una redistribuci�n justa al interior de cada pa�s. El crecimiento, si lo hay, es siempre para los ricos, para los que dominan los resortes fundamentales de la econom�a, es decir el capital transnacional y la gran burgues�a aliada o testaferra.

 

Toda crisis es un problema pero tambi�n una oportunidad. Muchos pa�ses y gobiernos �de la regi�n hace rato que han roto con el neoliberalismo y se est�n abriendo un camino propio, recuperando la soberan�a perdida, las empresas estrat�gicas privatizadas, democratizando e integrando sus sociedades, creando un mercado interior sostenible, promoviendo la justicia social, atendiendo la educaci�n, la salud y el bienestar de sus pueblos. Estos esfuerzos, siendo fundamentales son, sin embargo, insuficientes. Cada pa�s por separado tiene l�mites y encuentra obst�culos dif�ciles de vencer, sobre todo si son peque�os o medianos. De all� la importancia estrat�gica de la integraci�n regional, latinoamericana y caribe�a, como un soporte s�lido para avanzar al desarrollo y al progreso social sostenido en la regi�n.

 

Esta es la batalla dram�tica y el reto fundamental que libran y enfrentan los pa�ses y pueblos de la regi�n, no casualmente conocido como el �patrio trasero� de los Estados Unidos. Es que Am�rica Latina, como lo reconoci� tempranamente Bol�var, m�s tarde Mart�, no puede escapar f�cilmente de la atracci�n gravitante del imperio del Norte. La Cumbre de R�o, que se llev� a cabo en Bah�a, Brasil, sin la presencia norteamericana y s� de Cuba socialista, que dignamente se niega a incorporarse a la OEA, representa un paso importante en este largo proceso de la lucha emancipadora, indispensable para encontrar su verdadero camino a la independencia, la libertad y el desarrollo.

 

La Revoluci�n Bolivariana que dirige el Comandante Ch�vez, representa una ruptura y una cu�a en pleno costado del imperio norteamericano, que contin�a la gesta emancipadora de Cuba revolucionaria. Agrade o no, la revoluci�n bolivariana es un hecho hist�rico y representa un punto de quiebre: al imperio y sus secuaces se les puede derrotar a�n recurriendo a sus propias armas. Que esta victoria sea definitiva depender� de muchos factores; pero el ejemplo y la invitaci�n est�n all�, y el camino iniciado podr� ser continuado. Bolivia con Evo Morales, Ecuador, Brasil, Nicaragua, El Salvador, y tantos otros ejemplos, m�s o menos radicales, representan por �primera vez la demostraci�n de que ese camino largamente esperado ha empezado su marcha, que no ser� f�cil ni estar� libre de amenazas, incluso derrotas, pero que habr�n de continuar las nuevas generaciones hasta la conquista de una Am�rica y Caribe libres y soberanos de manera definitiva.

 

Sin independencia plena no es concebible el desarrollo y el progreso de nuestros pueblos. Democracia sin soberan�a y capacidad de autodecisi�n es un vaso de fantas�a. Una y otra sin justicia social, son victorias a medias. Pero a�n as� ser�an insuficientes. En un mundo globalizado, con enormes bloques econ�micos, la integraci�n latinoamericana y caribe�a sobre la base de ventajas rec�procas, solidaridad, lucha efectiva contra la pobreza y el atraso, es una necesidad imperiosa. Como lo es tambi�n acabar con el mito de una Am�rica Latina y Caribe�a satisfecha con el papel de regi�n productora de materias primas a que los condena la divisi�n internacional del trabajo. Si queremos abrirnos al mundo de hoy, resulta indispensable sumar �esfuerzos dirigidos a una Am�rica Latina que una, a su rica y variada riqueza natural y su herencia cultural, un desarrollo multiforme, donde la industrializaci�n, la educaci�n y la salud, la protecci�n ambiental, la incorporaci�n de la ciencia y la tecnolog�a, la investigaci�n y la innovaci�n �confluyan para terminar con el ciclo primario exportador, de pobreza, de atraso y exclusi�n.

 

La alternativa Bolivariana para Am�rica Latina y el Caribe (ALBA) es una respuesta necesaria y valiente al ALCA, patrocinado por los Estados Unidos. La nueva versi�n de este �ltimo, el TLC plantea libre tr�nsito de mercanc�as y capitales junto a obst�culos para el tr�nsito de las personas, arancel cero para el comercio pero cero fondos para equilibrar los diversos grados de desarrollo de los pa�ses que se incorporan al acuerdo, ventajas especiales para el pa�s poderoso y desventajas para el d�bil, por ejemplo los subsidios agr�colas. Mientras el TLC con Estados Unidos responde a los intereses del capital trasnacional y se propone la liberalizaci�n absoluta del comercio de bienes,� servicios e inversiones, el ALBA pone el �nfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusi�n social, se basa en la cooperaci�n compensatoria para corregir las disparidades favoreciendo a los pa�ses d�biles, otorga prioridad a la integraci�n latinoamericana, se propone constituir alianzas estrat�gicas y posiciones comunes en el proceso de negociaci�n, a fin de alcanzar acuerdos de integraci�n en funci�n del desarrollo end�geno que erradique la pobreza, corrija las desigualdades sociales y garantice mejor calidad de vida para los pueblos. Es, pues, una alternativa basada en la solidaridad y no en ventaja para uno y desventaja para el otro.

 

El proceso de cambios que se observa en la regi�n no es uniforme ni tiene el mismo ritmo. No obstante le caracteriza un denominador com�n: su claro sentido de autodecisi�n y soberan�a, el compromiso con las mayor�as antes excluidas, su fuerte raigambre democr�tica y su orientaci�n social, su sello antiimperialista. Desde luego que existen amenazas de retorno a la vieja pr�dica neoliberal y pronorteamericana, en cuya direcci�n trabajan intensamente el imperio yanki y sus subordinados en la regi�n. Con dificultades para �intervenir militarmente como en el pasado o imponer dictaduras militares, temeroso de la resistencia de los pueblos, el imperio opta: o bien por reabsorber a su favor gobiernos d�biles, o bien trabaja para recuperar los gobiernos a trav�s de procesos electorales. Cambian las formas pero no el objetivo, los m�todos pero no la estrategia, independientemente de que Am�rica Latina sigue siendo para el imperio una regi�n de tercer orden en su estrategia global.

 

La aprobaci�n de constituciones avanzadas en Venezuela, Bolivia y Ecuador, la permanencia� de gobiernos de izquierda que cuentan con respaldo popular, la incorporaci�n de nuevos pa�ses al ALBA, la reciente victoria electoral del FMLN de El Salvador, entre otros son ejemplos que� muestran una tendencia altamente favorable de la que no debe ser ajena el Per�.

 

La celebraci�n del 50 aniversario de la victoria de la Revoluci�n Cubana, este primero de enero de 2009, representa otro hecho hist�rico por todo lo que significa como proceso emancipador, como ejemplo de una revoluci�n posible en el mismo costado del imperio, como demostraci�n de lo que puede la justeza de una causa, la determinaci�n de un pueblo, el �liderazgo de un conductor como Fidel Castro, figura legendaria de la Am�rica morena. Pero sobre todo la viabilidad del Socialismo que se construye en medio del bloqueo m�s brutal y cruel y despu�s del �m�s grande rev�s sufrido en la patria de Lenin. �Cuba revolucionaria es un s�mbolo y faro encendido del socialismo, de una �revoluci�n de los humildes, por los humildes, para los humildes.�

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL PER�, ESCENARIO ACTUAL Y PERSPECTIVAS

 

 

 

La mayor �victoria� que propagandiza la derecha neoliberal peruana, que ha permitido a la febril imaginaci�n del presidente Garc�a calificar al Per� como una de las locomotoras de la econom�a mundial y candidato al primer mundo, es el crecimiento sostenido de 2002 en adelante, con un 9.8 por ciento en 2008, enturbiado por sospechas de manipulaci�n. �Resultado que utiliza para justificar su paso incondicional a la derecha neoliberal y proyanqui, tambi�n el abandono de sus promesas electorales para continuar el estilo de gobierno autoritario y corrupto� y el rumbo econ�mico y pol�tico iniciado por Fujimori, incluyendo la defensa cerrada de la Constituci�n del 93. L�nea de conducta que el ex ministro de Econom�a y Finanzas, Luis Valdivieso, reconoci� �en entrevista para la revista Am�rica Econom�a: �la raz�n por la que tenemos la fortaleza de hoy es porque hubo una continuidad en la pol�tica econ�mica, a trav�s de varios gobiernos�. No le falta raz�n, pero es la continuidad impuesta por el Fondo Monetario Internacional, del cual fue conspicuo funcionario, y que el presidente Garc�a y el gobierno del APRA hacen suyo �sin dudas ni murmuraciones�.

Hay crecimiento, es verdad, con un incremento constate de 2002 en adelante, �pero no desarrollo ni redistribuci�n equitativa de la riqueza creada, esto en primer lugar. En segundo lugar, el crecimiento no tiene una base s�lida ni duradera pues se sigue apoyando en un componente primario exportador y manufacturero de escaso contenido tecnol�gico, dependiente del ahorro �externo, especialmente para proyectos de gran envergadura en el sector minero y del gas y en el crecimiento del sector inmobiliario, precisamente puntos de partida de la crisis japonesa, norteamericana y espa�ola.

Parte fundamental del crecimiento ha tenido relaci�n con la expansi�n de los precios de los productos mineros y agroindustriales en el mercado internacional, que en el primer caso no genera mayor fuente de trabajo, �en el segundo, trabajo precario. Otro pilar del mismo es la construcci�n. La promesa del �chorreo� ofrecido por Toledo y continuado por el gobierno actual, no llega al pueblo, pues acumula para afuera, tampoco genera industrializaci�n, empleo de calidad ni productividad, ni permite la expansi�n de un mercado nacional por las razones se�aladas. La ca�da brusca del precio de los minerales y� de la agroexportaci�n, acentuada por la crisis, es muy ilustrativa al respecto. Para 2009 los m�s optimistas pronostican 5 por ciento de crecimiento, que los resultados de enero y febrero ponen en cuesti�n. La crisis internacional se est� dejando sentir, y lo ser� m�s en los meses que vienen con su cuota de desocupados, �menos ingreso fiscal y menos remesas del exterior. El tratado de libre comercio que se ha firmado con Estados Unidos y se quiere firmar con otros pa�ses, m�s que beneficios traer�, a la larga, nuevos problemas. El recientemente firmado con Chile, de espaldas a la opini�n p�blica, sin pasar siquiera por el Congreso Nacional, es el colmo del desparpajo y el cinismo del gobernante de turno.

El modelo neoliberal acumula para afuera. Ning�n pa�s regido por �l, pese al enorme costo social que significa, ha demostrado que es el camino al desarrollo. Su mayor victoria es Chile, y Chile sigue dependiendo del Cobre. Los pa�ses asi�ticos que se mueven en la �rbita del capitalismo han seguido otro camino desoyendo precisamente los consejos del FMI y del imperio del Norte, con un Estado fuerte y dirigente.

Lo cierto es que en la era del conocimiento, de la ciencia y la tecnolog�a, de la investigaci�n, la experimentaci�n y la innovaci�n, �continuamos� como en la �poca del guano y el salitre, aferrado a las materias primas y a merced del mercado internacional sobre el cual no ejercemos ninguna influencia. El crecimiento de los �ltimos a�os, por ejemplo, se explica en mayor medida, seg�n el Banco Central de Reserva del Per�, por la acumulaci�n de altas tasas de inversi�n (sobre todo en miner�a, petr�leo y gas) y en menor medida de productividad. �Per� creci� 6.1 por ciento del 2002 al 2007, de esta cifra 4.1 por ciento se debe al aporte de capital y s�lo 1 por ciento al aporte de productividad�, uno de los m�s bajos de Am�rica Latina. Esta baja productividad impide, a su vez, generar valor agregado y permite que la econom�a peruana sea vol�til.

La competitividad de la producci�n nacional se logra no por productividad o �infraestructura moderna, menos por investigaci�n, experimentaci�n o innovaci�n tecnol�gica, como debe ser, �sino por ventajas de exoneraci�n tributaria y leyes de flexibilidad laboral que mantienen los salarios estancados, sobreexplotan el trabajo, precarizan la relaci�n laboral. El Ministerio de Trabajo estima que el 69 % de la PEA ocupada son trabajadores informales. El INEI, a su vez, informa que el 96 por ciento de los trabajadores asalariados en peque�as empresas informales no cuentan con derecho a pensi�n. Tenemos, de otro lado, que la producci�n de las 10,000 empresas mayores de la econom�a peruana, que se supone son las modernas y legalmente constituidas, representa el 46 por ciento de la producci�n total� del pa�s, mientras que las empresas medianas y peque�as y la microempresa, el 54 por ciento de la producci�n bruta restante. Esta es la econom�a, para no hablar del atraso del interior, que el presidente Garc�a declara sin rubor nos llevar� de un salto al primer mundo.

El resultado es que la pobreza sigue afectando a cerca de la mitad de la poblaci�n peruana, sobre todo en las zonas rurales, mientras la concentraci�n del ingreso es mayor que nunca en la historia del Per�. Situaci�n que se agravar� inevitablemente con la crisis actual, cuyos efectos saltan ya a la vista. Ganan, s�, pocos y mucho; pero la inmensa mayor�a sobrevive. De all� la paradoja de un pa�s donde la econom�a crece y un pueblo descontento, de sectores modernos concentrados en la ciudad de Lima y de vastos espacios en penumbra, de un presidente que se desvive para ocupar las primeras planas haciendo el papel de �mil oficios� y una abrumadora mayor�a de la poblaci�n que le niega su apoyo o confianza.

Por si esto fuera poco, y como demostraci�n de que tenemos una econom�a �cada vez m�s desnacionalizada, la burgues�a peruana es cada vez m�s d�bil y el capital internacional m�s fuerte, influyente y determinante. No se exagera si se sostiene que el verdadero poder, de facto, �reside en las transnacionales, no en el Ejecutivo o el Congreso. Situaci�n que la derecha econ�mica, vendepatria siempre, acepta y permite, acogi�ndose vergonzosamente� a su alero para convivir en condici�n de servilismo.

Seg�n la revista Am�rica Econom�a de octubre de 2008, que comenta Humberto Campod�nico, �las 500 primeras empresas que operan en el Per� tuvieron US$ 89,705 millones de ingresos por ventas en el 2007, superando los US$ 75,066 millones del 2006 en m�s de 19%. De otro lado, "mientras la econom�a nacional creci� 9% en el 2007, las 500 empresas m�s grandes del Per� crecieron en un promedio de 19,11%, m�s que el doble del resto del pa�s�. Del total de ellas �266 empresas son extranjeras (el 53%), mientras que solo 217 (el 43%) son nacionales. Las estatales apenas suman 17 (el 3,4% del total). Por el tama�o de su facturaci�n, �las extranjeras tienen ingresos por US$ 56,165 millones, el 63% del total, el doble de las privadas nacionales (el 31%). Las estatales tienen apenas el 6%. Sostiene �Am�rica Econom�a� que la tendencia es que las extranjeras sigan aumentando. Por ejemplo, en el 2007 Supermercados Wong figura como peruana, con US$ 882 millones, pero en el 2008 aparecer� como extranjera, lo que tambi�n sucede en otros sectores.

Estas cifras nos ilustran sobre los cambios en el sector productivo desde 1991, a�o en que comienza el neoliberalismo a ultranza, bajo Fujimori: se privatizan las empresas p�blicas y en 1993, la nueva Constituci�n otorga a las extranjeras trato especial, as� como "blinda" a los contratos de estabilidad jur�dica, que no pueden ser modificados por el Congreso sino �nicamente por acuerdo de las partes.

Puede decirse, entonces, que el sector productivo peruano es resultado de la privatizaci�n de las empresas estatales (en su mayor�a entregado al capital extranjero) y de la presencia de empresas extranjeras en los sectores m�s rentables de la econom�a. Seg�n �Am�rica Econom�a�: "el sector minero es de lejos el m�s rentable: por cada US$ 100 vendidos, casi US$ 30 se transformaron en utilidad neta, gracias a su margen promedio de 30,6%". �Y el impuesto a las sobreganancias? �Nada, excepto un �bolo vergonzoso que ni siquiera fue cumplido con el consentimiento del gobierno.

Otro apunte clave para entender la orientaci�n primario exportadora de la econom�a peruana, es el lugar decreciente de la industria y de la presencia de la burgues�a criolla: los sectores estrella del capital nacional, el agroindustrial y el textil, tienen ingresos por ventas de US$ 1,704 y 1,533 millones, respectivamente, de un total de US$ 89,705 millones. Estas cifras palidecen frente a los ingresos de las mineras y petroleras: US$ 21,560 y 13,136 millones, respectivamente.

No se puede decir que en el Per� todos pierden. Hay quienes ganan y mucho: son los nuevos due�os del pa�s. Se sabe que al capital le interesa la tasa de ganancia, cuanto m�s alta mejor, no la gente, el ser humano. Esta tasa de ganancia en el caso peruano es excepcional, y est� protegida adem�s por ventajas que le otorga el Estado. En suma: todo para los ricos y las empresas extranjeras, lo que sobra para el Per� y el pueblo peruano. Veamos: la rentabilidad promedio de las empresas en el a�o 2006� fue de 29,2 por ciento, en 2007 de� 25,8 por ciento. En el caso de las mineras, fue la loter�a: en los mismos a�os tuvieron �53 y 45 por ciento de rentabilidad, respectivamente, cuando normalmente debiera ser entre 10 y 12 por ciento, seg�n la consultora Gerens. Como contrapartida, esa alta tasa de ganancia, sin embargo, no se ha reflejado en la mejor�a de los sueldos de los empleados que s�lo ha aumentado 2,6 por ciento en t�rminos reales desde 1994, seg�n informa la misma consultora. La situaci�n es m�s grave trat�ndose de los salarios de los obreros, que se encuentra 13,3 por ciento por debajo de los que obten�an en 1994. Y a�n m�s graves de los campesinos, condenados al olvido o a la migaja de 100 soles mensuales� que desde el gobierno de Toledo se les otorga como limosna p�blica �a los m�s pobres.

Entre 2003 y 2006, seg�n las cuentas nacionales del INEI, la participaci�n de los salarios en el PBI han decrecido del 25 al 21,8 por ciento, mientras las utilidades crecieron del 58,7 �al 62 por ciento. Aqu� se puede ver con claridad para quienes se gobierna y a quienes defiende el gobierno del Partido Aprista, al igual que �sus antecesores. Y se podr� entender tambi�n, por qu� el gobierno de Garc�a, antes tan exigente para reformar �la Constituci�n del 79, elaborada bajo la presidencia de Haya de la Torre, se ha convertido en feroz defensor de la Constituci�n fujimorista, y el porqu�, tambi�n, de sus arrumacos con el dictador y su representaci�n en el Congreso de la Rep�blica, con el Opus Dei, con� la derecha m�s recalcitrante, con el imperialismo norteamericano con quien, repitiendo a su par argentino, Menem, le unen �lazos carnales�.

Otra bandera que agita el gobierno como se�al de �xito, que adem�s viene de atr�s, es el sector de la agroindustria dedicada a la exportaci�n. Es verdad que la agricultura se expandi� por cuarto a�o consecutivo, con la agroindustria de exportaci�n como barco insignia. Pero eso no significa que la abrumadora mayor�a de los agricultores se encuentren bien; todo lo contrario. La pobreza, el atraso, el abandono, la exclusi�n sigue rondando a los campesinos. No son parte del inter�s y la preocupaci�n del gobierno aprista. Seg�n Garc�a son los �perros del hortelano� que se oponen al progreso, que se niegan a entrar en la modernidad, que representan el pasado que debe ser enterrado para dar paso a un capitalismo moderno, donde el capital transnacional reine a su antojo saqueando los recursos mineros y los bosques, adue��ndose de las tierras, depredando el ambiente. Y nada mejor para ello que desaparecer las comunidades campesinas� y las comunidades nativas, que siente �serio obst�culo para sus objetivos� entreguistas.

Si el Per� se viera con otra mentalidad, se descubrir�a que cuenta, adem�s de recursos mineros, gas�feros y petroleros, �con enormes potencialidades, entre ellas la diversidad de sus pisos ecol�gicos, la variedad de sus climas, la riqueza gen�tica con que cuenta. La mentalidad de capitalismo depredador, sin embargo, lleva por otro camino y a otro resultado, cuyas consecuencias nefastas las estamos viendo. Es la raz�n por la que �el� sector agrario es el menos atendido por el gobierno, si se except�a la nueva burgues�a rural que produce para la exportaci�n y que se ubica en las regiones de Ica, Lima y La Libertad, principalmente.

Las exigencias del TLC firmado con Estados Unidos llev� al gobierno a rubricar un huaico� de decretos legislativos que arrasan con los derechos de las comunidades campesinas y nativas sobre sus tierras y recursos, y se propone entregarlas al capital transnacional. La respuesta no se dej� esperar: la movilizaci�n campesina e ind�gena amaz�nica oblig� al gobierno a derogar dos de ellos. Faltan otros, como aquel que pretende entregar el control del agua al capital privado, cuando el agua debe ser siempre un bien p�blico. La pol�tica oficial se orienta a favor de la gran inversi�n no s�lo en la costa, tambi�n en la sierra y la selva, sin escatimar m�todos represivos incluso los m�s brutales. La tragedia de los comuneros de Yanta y Segunda y Cajas, de Ayabaca y Huancabamba, reprimidos, torturados y asesinados por la polic�a, en el gobierno de Alejandro Toledo, por oponerse a la explotaci�n de recursos mineros por la empresa Majaz, al margen de su consentimiento y que afectar�an gravemente� a la agricultura y el medio ambiente, es la demostraci�n m�s elocuente de las pol�ticas neoliberales que favorecen el saqueo y condenan a los campesinos a la represi�n y la ruina, y a los asalariados de la agroexportaci�n a la explotaci�n m�s cruel con salarios de hambre y ning�n derecho social.

El gobierno de Garc�a tiene un definido sello proimperialista y anticampesino. En su serie de art�culos �s�ndrome del perro del hortelano� define su nuevo programa, orientado a consolidar una burgues�a rural poseedora de grandes propiedades agr�colas y� promotora de una �agricultura competitiva� para la exportaci�n, pero sobre todo abierta a la gran inversi�n externa. Poco o nada pueden esperar los peque�os y medianos productores agrarios de un gobierno que mira en sentido opuesto a sus intereses, dispuesto a revivir los grandes latifundios del pasado bajo control del capital transnacional y ajeno a la soberan�a alimentaria y el desarrollo interior.

Para entender qu� est� pasando en el Per�, hacia donde nos lleva el neoliberalismo y sus pol�ticas desnacionalizadoras y concentradoras de la riqueza, con el pretexto de la modernidad y la globalizaci�n, y cu�l es el futuro que nos aguarda, es suficiente el balance de los �ltimos 30 a�os que hace Francisco Durand: �En 1970 � resume en su libro El poder incierto -, la econom�a peruana creci� en torno al sector secundario y terciario m�s que al primario exportador. El Estado impuls� la industrializaci�n apoyando la integraci�n de la industria con el resto de la econom�a�En 1968, la manufactura y la construcci�n representaban el 24,7% del PBI, increment�ndose a 31,8% en 1975. La agricultura, pesca y miner�a representaban el 24% en 1968 disminuyendo a 18,2% en 1975�30 a�os despu�s, la econom�a peruana es una carreta que gira sobre otros ejes. Ahora crece m�s en torno a las exportaciones tradicionales que a la industria manufacturera�La econom�a se ha desindustrializado�importa del mercado mundial lo que necesita y exporta lo que puede�.

Todav�a tenemos m�s. En s�ntesis , Francisco Durand concluye: �El nuevo mapa del poder econ�mico nos indica que la econom�a se ha reprivatizado, extranjerizado e hiperconcentrado�. En suma, se ha desnacionalizado, retornando al Per� a la etapa del guano y el salitre, en beneficio de pocos y al servicio de pocos, con una acumulaci�n orientada hacia el exterior, con tecnolog�a de punta para el saqueo de los recursos naturales pero con escaso o nulo �valor agregado.

Esta es la modernidad que nos ofrecen el presidente Garc�a y su gobierno, heredero del fujimorismo incluso en su estilo autoritario y corrupto. Triste destino el suyo: se hizo �estatista� cuando el keynesianismo entraba en crisis, ahora neoliberal cuando el neoliberalismo ingresa en bancarrota te�rica y pr�ctica.�

A estas alturas de nuestra historia es penoso constatar la persistencia de la conclusi�n mariateguiana: �el Per� es una naci�n en formaci�n�, encaminada a su mayor neocolonizaci�n. Continuamos siendo un pa�s desintegrado, el mercado moderno se concentra en Lima mientras el resto del pa�s, en especial el campo, se incorpora penosamente o se encuentra al margen. El centralismo econ�mico y pol�tico sigue siendo asfixiante a pesar de la regionalizaci�n. La integraci�n vial est� por hacerse, y el Estado, �m�nimo en su rol social�, se ha convertido en caja de resonancia del capital transnacional, mientras est� ausente en amplios espacios del territorio nacional. Esto sin hablar de� ausencia de soberan�a nacional real, de ocupaci�n de las fronteras, de la violencia e inseguridad social, �de la escasa capacidad de disuasi�n frente a una eventual amenaza externa.

Desarrollo se asocia hoy con investigaci�n y alta productividad, �ciencia y tecnolog�a, con �educaci�n e inversi�n en recursos humanos, con �salud y �seguridad social, con mejores condiciones de vida. El caso peruano es m�s que dram�tico. En educaci�n no se cumple siquiera con el Acuerdo Nacional que propone llegar al �6 por ciento del Producto Bruto Interno para el sector, la salud est� por los suelos, la seguridad social entregada al capital privado seriamente amenazada con la cuantiosa p�rdida de las AFP en la Bolsa de Valores. En materia de ciencia, tecnolog�a, investigaci�n y cultura, el drama no puede ser mayor: se invierte por debajo del 0,04 por ciento del PBI.

La crisis moral que padece la sociedad peruana, que llev� a Gonz�les Prada a sostener que en el Per� �donde se pone el dedo salta el pus�, se agranda con el neoliberalismo. Su ideolog�a fundada en el individualismo extremo, en el af�n de hacerse rico a cualquier costo en una econom�a de mercado sin controles, en el culto consumista y el derroche como ideal de vida, en el desprecio por la solidaridad, el sentido de patria y la igualdad, est� en la base de la crisis moral que padece el pa�s y� de la corrupci�n que se extiende como una mancha de aceite. Fujimori y Montesinos son sus s�mbolos m�s caracter�sticos, pero la enfermedad se extiende a todos los eslabones del Estado y la sociedad. Lo que mejor grafica esta situaci�n, que se acepta como sentido com�n es la frase: �ha robado pero ha hecho obra�, que explica por qu� el fujimorismo conserva a�n una presencia electoral importante, pero tambi�n la coraza que envuelve al gobierno aprista.

La regeneraci�n moral de la sociedad y el Estado peruanos es la gran tarea de la presente y las generaciones futuras, que hay que iniciar sin p�rdida de tiempo, y ello implica construir una nueva �tica y moral fundada en la solidaridad, en la honestidad, �en el servicio al pueblo. Este es el pa�s de las maravillas que contenta al gobernante de turno y satisface al gran capital, que ahora se prepara para sacar la tajada correspondiente con las obras p�blicas subsidiadas como parte del programa anticrisis. Programa que deber�a m�s bien orientarse al gasto social como: reducci�n del injusto IGV que mejore el consumo para la mayor�a de la poblaci�n, aumento del salario m�nimo vital, levantar las exoneraciones tributarias al gran capital, sobre todo transnacional, reforma tributaria en la que paguen m�s los que m�s tienen, inversi�n en infraestructura, entre otros.

Pero eso implica tener un plan, que est� ausente, y un Estado que dirija, regule, y resguarde la soberan�a nacional, que tambi�n est� ausente. A�n m�s, se necesita contar con un proyecto nacional sin el cual continuar� la marcha err�tica, ca�tica, que caracteriza al Per� a lo largo de la vida republicana.

Esta es la realidad que encubre el crecimiento que tanto entusiasma al gobierno. Realidad que se tornar� a�n m�s cr�tica en los pr�ximos dos a�os de recesi�n mundial y de achicamiento inevitable de la producci�n; de reducci�n o postergaci�n de las inversiones programadas; de ca�da de las exportaciones y de los precios de los productos exportables, con excepci�n del oro; de la recaudaci�n tributaria que en febrero de este a�o cay� en 10 por ciento. Lo que viene son menores ingresos del fisco, despidos masivos de trabajadores mineros, industriales, de la agroindustria, principalmente, la quiebra de peque�os y medianos empresarios que ya comenz�, acompa�ada de la reducci�n de los salarios reales y el empeque�ecimiento de las remesas que vienen del exterior. A ello hay que sumar la amenaza de quiebra que rondan a empresas como Doe Run Per�, con el consiguiente salvataje o garant�as que preste el Estado a empresas tramposas que incumplen reiteradamente sus compromisos.

El excesivo triunfalismo presidencial anunciando el poco efecto de la crisis mundial debido a que la econom�a peruana es sana y ser� una de las pocas econom�as en el mundo con crecimiento en el 2009, carece de fundamento. Las medidas anti-crisis se apoyan fundamentalmente en la construcci�n y sectores conexos,� pero como es sabido no est� en condiciones de absorver la mano de obra calificada. El crecimiento de 5 por ciento para este a�o, en que se funda el entusiasmo de Alan Garc�a, no es seguro como lo indica el crecimiento del PBI de enero oficialmente reportado en 3,4 por ciento, maquillaje de por medio.

Alan Garc�a declar� recientemente: �hay una paradoja, pues mientras la econom�a del pa�s crece a pasos agigantados, la presi�n tributar�a est� estancada en apenas 16% del PBI, cuando en los pa�ses desarrollados este indicador llega a 35%�. Esta es una verdad a medias: la econom�a ya no crece as�, y la presi�n tributaria es baja, pese al 19 por ciento de IGB. Lo que el Per� necesita es una reforma tributaria en la cual los que m�s tienen paguen m�s, en lugar de privilegios que se les concede hoy. La reducci�n de aranceles al nivel m�s bajo de Am�rica Latina, la devoluci�n de impuestos a los exportadores de 5 a 8 por ciento, el no cobro de impuestos a las sobreganancias mineras y petroleras, por ejemplo, indican a las claras quienes se comen el pastel y quienes quedan fuera de la puerta.

Los efectos de la crisis ser�n severos y obligar�, inevitablemente, como ya est� ocurriendo en Europa, a salir a las calles en defensa del trabajo, del salario, de cambio� de rumbo econ�mico y social. Lo que viene es un per�odo de tensi�n social de alcance dif�cil de prever por el momento.

En este escenario tenemos que ubicar la marcha de la contienda pol�tica, el reordenamiento de fuerzas electorales en curso, la estrategia y la t�ctica que maneja la derecha para asegurar la continuidad de la conducci�n del gobierno nacional y de los gobiernos regionales en las elecciones pr�ximas. �No es poco lo que est� en juego: cambio de rumbo o continuismo, es el verdadero problema. Son las dos �nicas opciones posibles, no importa cuantos rostros compitan para la presidencia en las� elecciones del 2011. Lo dem�s ser�n matices, estilos personales, gestos, maquillajes para que conocidos representantes de la derecha m�s conspicua muestren un rostro �centrista�� o algo parecido.

La estrategia de la derecha, en la que hay consenso entre sus diversos componentes, incluido el gobierno de turno, se resume en� la defensa del modelo de econom�a que heredan del fujimorismo, de los intereses de las transnacionales y del gran capital criollo que consideran la piedra filosofal del desarrollo del pa�s, la preservaci�n de su hegemon�a, el manejo del Per� como desde siempre - excepto el gobierno de Velasco- �lo vienen haciendo. �Para garantizarlo necesitan estabilidad y orden, pero sobre todo seguridad �de que el gobierno no se les escape de las manos en las elecciones generales del 2011, o por lo menos que no salga de su �rbita de influencia. �En el primer caso pretenden lograrlo con el demag�gico discurso presidencial, ya conocido, adem�s del uso del poder medi�tico con que cuentan; en el segundo, recurriendo con medidas cada vez m�s autoritarias, �persecutorias y represivas, que criminaliza la protesta popular, introduciendo cambios en la legislaci�n para legitimarlo, ejerciendo presi�n o control directo o indirecto en los dem�s componentes del aparato del Estado, en especial el judicial y la fiscal�a. �La persecuci�n pol�tica es ya un hecho cotidiano. M�s de 400 dirigentes sindicales, campesinos, populares, est�n sometidos a juicio, y algunos de ellos purgan prisi�n. Necesitan meter miedo en la sociedad, paralizar la protesta popular, neutralizar y paralizar a la oposici�n pol�tica de izquierda, acallar la prensa opositara, y nada mejor para ello que el argumento del fantasma terrorista.

En segundo lugar y lo m�s importante, �necesitan impedir una victoria de las fuerzas del campo popular (si se logra plasmar la unidad de socialistas, de izquierda, nacionalistas, progresistas) en las pr�ximas elecciones. Para ello nada mejor que imposibilitar que tal unidad se produzca, ya de por s� dif�cil por la fragmentaci�n pol�tica que caracteriza al Per� de hoy, sabote�ndola desde dentro,� generando desconfianza o enfrentando unos contra otros, propiciando su aislamiento de los sectores medios y vacilantes, levantando candidaturas diversionistas, fabricando acusaciones para neutralizar y eventualmente� impedir candidaturas potencialmente triunfantes. Tal el caso de Ollanta Humala, sometido a juicio por el caso Andahuaylas, o de Gregorio Santos Guerrero y Zen�n Cuevas, judicializado por el caso Majaz, el primero, por los sucesos de Moquegua, el segundo. La persecuci�n pol�tica se extiende tambi�n a dirigentes del Partido y el movimiento de masas como Alberto Moreno Rojas, Olmedo Auris, Julio C�spedes, entre otros, con el falaz argumento de �colaboraci�n� con el terrorismo internacional.

�En tercer lugar, dividir el pa�s entre supuestos pro-terroristas, representantes del caos,� provocadores antisistema,� agentes chavistas financiados por el oro negro para subvertir el orden y amenazar la democracia, respecto de los cuales s�lo falta recuperar y aplicar el art�culo 53 de la constituci�n de 1933, por un lado, y los defensores de la libertad, la democracia, el mercado, con Garc�a a la cabeza, por el otro. Esta falsa polarizaci�n est� en marcha, y es nuestra tarea desnudarla y hacerla fracasar.� El proyecto de ley 2872, que pretend�a modificar art�culos del C�digo Civil y �la Ley General de Sociedades con el prop�sito de colocar una cu�a legal que les permitiera incluso ilegalizar a los partidos de oposici�n, que el Ejecutivo envi� al Congreso y que luego fuera retirado �ante la presi�n generalizada de la opini�n p�blica, forma parte de esa estrategia.

Una estrategia debe ser respondida con otra, y a la vez debe contar con pasos t�cticos precisos para hacerla realidad. La lucha ciega, o bien basada en el sentido com�n, debe dar paso a una conducci�n meditada, que refleje las potencialidades reales disponibles, fije los objetivos a alcanzar, articule en un solo plan todas las acciones. Debe tenerla el Partido, pero tambi�n el conjunto de fuerzas pol�ticas y sociales que apuesten por el cambio. Es aqu� donde observamos la primera dificultad: su ausencia o incomprensi�n lleva a actuar fragmentariamente, a desconfiar de los aliados potenciales, a sobrevalorar el papel de las personas, entreg�ndole flancos d�biles al adversario. Se pierde de vista que el sentimiento unitario que anima a amplios sectores de la poblaci�n, la base de una victoria posible, puede debilitarse o esfumarse si no percibe gestos claros, cre�bles y realizables. La lecci�n de Izquierda Unida est� a la vista; ser�amos torpes si no la tom�ramos en cuenta.

La consigna �Gran unidad para el gran cambio� sintetiza, de manera muy concreta, la estrategia que debe orientar el accionar de quienes nos pronunciamos por un cambio de rumbo para el pa�s. Sin esa gran unidad que hay que tener la inteligencia suficiente para articularla en un panorama tan complejo, no es posible llegar al gobierno; o de llegar a �l, de gobernar sin salirse del rumbo trazado. Si la lucha ser� sumamente aguda en la etapa preelectoral, de llegar al gobierno las contradicciones de clase y nacional se agudizar�n a�n m�s. No ser�n suficientes los votos obtenidos, tanto o m�s importantes ser�n la capacidad de gobernar, la batalla en el campo de las ideas para convencer a las masas del proyecto en marcha y lograr su respaldo activo, adem�s de contar con los cuadros pol�ticos y t�cnicos que aseguren una buena gesti�n.

De otro lado, la corrupci�n es familiar al gobierno y est� instalada en toda la estructura del Estado. El estallido de esc�ndalos, del tipo de los petroaudios, se est� convirtiendo en un hecho cotidiano, comprometiendo figuras de la m�s alta esfera del gobierno,� expresi�n clar�sima de la descomposici�n presente en los predios oficiales. Lacra antigua, cuyo m�s alto exponente fue el presidente Echenique, recupera br�os facilitado por la ideolog�a neoliberal que rinde culto al f�cil enriquecimiento,� al individualismo, al entusiasmo por el saqueo de los recursos naturales, a la coima convertida en instituci�n aparentemente imbatible.�� El narcotr�fico no es ajeno a esta realidad, sino su manifestaci�n m�s perversa, �da�ina y destructiva, incompatible con la nueva sociedad, que hay que erradicar yendo a sus ra�ces mismas, en lugar de perseguir a campesinos productores de coca sin otra alternativa para su sobrevivencia.�

El Banco Mundial, que ha hundido �frica en la ruina, el caos y el hambre, se erige en el campe�n de la lucha contra la pobreza. Es la palabra de moda que no tiene correspondencia en los hechos. No es suficiente el crecimiento de la econom�a para asegurar su reducci�n. Pues pobres conviven con la opulencia en los mismos Estados Unidos, como se demostr� con el hurac�n Katrina. Se trata m�s bien del tipo de sociedad que se tiene, del desarrollo que se sostenga en el tiempo, del sentido de justicia social que oriente el accionar de �quienes gobiernan. Como ya se vio, el inter�s del gobierno aprista no son los pobres, sino los ricos. Lourdes Flores, candidata de la derecha, no ha vacilado en calificarlo de �presidente de los ricos�. Lo que es cierto.

Los grandes problemas del pa�s requieren, de un lado,� voluntad pol�tica y la fuerza para resolverlos, yendo por encima de obst�culos que se pondr�n en el camino; por el otro,� con un basamento constitucional y jur�dico que lo permita. La constituci�n del 93�� es una traba muy seria, raz�n por la cual la derecha en su conjunto la defiende y se opone a su reemplazo por otra, incluso �el retorno a la Constituci�n del 79.� Esta es la gran batalla a dar, requisito indispensable para viabilizar la Nueva Rep�blica. En este contexto, parte fundamental de la alternativa popular tiene que ver con la convocatoria a una constituyente que apruebe una nueva Carta Constitucional, de cara al siglo XXI y a los nuevos cambios que se producen a escala nacional y mundial.

Con miras a defender los intereses de los trabajadores y el pueblo, de contribuir a la construcci�n de la gran unidad para el gran cambio, se han echado a caminar la Coordinadora Pol�tico Social y la Asamblea de los Pueblos, como una nueva forma de organizaci�n democr�tica de la poblaci�n.� El Partido debe participar activamente en ambas estructuras� siguiendo una pol�tica de frente �nico, respetando adem�s la diversidad de sus integrantes. �Parte importante de la ofensiva ideol�gica de la derecha neoliberal ha consistido en la fragmentaci�n de las organizaciones representativas de los trabajadores, en el fomento del no partido �para, en su lugar, �favorecer individuos (los famosos independientes y aventureros que fructificaron durante el gobierno de Fujimori), �en la despolitizaci�n de la gente, en especial de la juventud y los trabajadores. El resultado a sido el debilitamiento de los sindicatos y organizaciones populares, la separaci�n de la pol�tica de lo social, la instalaci�n del miedo como mecanismo de arrinconamiento y par�lisis, el descr�dito de la pol�tica y los pol�ticos. �La Coordinadora Pol�tico Social supera este prejuicio, permiti�ndo desplegar importantes jornadas de lucha de alcance nacional, adem�s de contar con una plataforma� importante como base de la unidad alcanzada. Su objetivo apunta fundamentalmente a coordinar las luchas populares, ampliando cada vez m�s su abanico de relaciones, que deben alcanzar hasta la peque�a y mediana empresa.

La Asamblea de los Pueblos es una experiencia nueva, aunque tiene antecedentes en la d�cada de los ochenta del siglo pasado. Deben ser, sobre todo, expresiones de democracia participativa y directa, entes pol�ticos de masas m�s all� de las estructuras partidarias, que se organizan desde bases territoriales o de empresa, una de cuyas tareas fundamentales deber� ser la elaboraci�n, discusi�n y lanzamiento del proyecto de Nueva Constituci�n� y de participaci�n activa en la lucha por la Asamblea Constituyente.

En ambos casos nos encontramos ante experiencias con claro sentido estrat�gico y no solamente coyuntural, pero tambi�n de enorme importancia en el actual per�odo t�ctico, pues permitir� ir superando la dispersi�n del movimiento social a fin de dar una respuesta unificada, centralizada y ordenada a la inevitable ofensiva represiva que desplegar�n el gobierno de Garc�a y la derecha contra el movimiento popular, la izquierda, el nacionalismo y el progresismo. Los indicios de esa pol�tica articulada desde el gobierno, con el acompa�amiento medi�tico del caso, ya son visibles.

Patriotismo y soberan�a; democracia participativa; justicia social; descentralismo econ�mico y pol�tico; �desarrollo sostenible; estado dirigente, planificador y multi�tnico; regeneraci�n moral; educaci�n y salud de calidad, universal y gratuita; nueva Constituci�n, sintetizan los 10 grandes problemas a tratar y resolver. Sobre esa base se estar�a en condiciones de elaborar una plataforma program�tica consensual, tambi�n el plan de gobierno del bloque de izquierda, nacionalista, progresista (de constituirse como esperamos), cuya amplitud alcance hasta los empresarios medios, pasando por los peque�os empresarios, la intelectualidad, las comunidades campesinas e ind�genas.

No permitamos que las fuerzas de la derecha pol�tica y empresarial sigan usufructuando, indebidamente, la representaci�n de la democracia, del patriotismo, de la lucha contra la pobreza, cuando se sabe perfectamente su permanente vocaci�n desnacionalizadora y entreguista, su inclinaci�n autoritaria y golpista, su mentalidad excluyente y aristocr�tica.�

La estrategia de la derecha est� ya en marcha. No se detendr� si no se le pone freno, y �sta s�lo es posible desde posiciones de fuerza pol�tica, ideol�gica, de masas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA T�CTICA DEL PARTIDO �PARA EL PER�ODO

 

Ingresamos en un per�odo altamente conflictivo, de agudizaci�n de la lucha de clases y nacional, pero tambi�n de definici�n pol�tica, marcado por la circunstancia de ingresar en un per�odo electoral y por los efectos de la crisis cuya cuenta, como siempre, se la cargar�n a los trabajadores y a las masas populares. Cambio de rumbo o continuismo sigue siendo la l�nea divisoria que marca las tareas y la t�ctica a seguir. Este es un concepto clave que hay que entender y aferrarse a �l al momento de definir las pol�ticas y acciones concretas, sobre todo al formular el tejido de alianzas pol�ticas, sociales o de cualquier otra �ndole. �El llamado �centro pol�tico� como alternativa de recambio, equidistante entre ambos,� en las condiciones se�aladas es una ilusi�n, o m�s bien una maniobra de la derecha para encubrir la realidad frente al desprestigio del neoliberalismo y sus pol�ticas. Fujimori, Toledo, m�s tarde Garc�a, ganaron las elecciones y asumieron la conducci�n del �gobierno pint�ndose de rosa centrista para luego aplicar sistem�tica y agresivamente, con actitud de conversos,� el Consenso de Washington. Lourdes Flores, Toledo, Casta�eda, Keiko Fujimori, �todos a una, son m�s de lo mismo� aunque por razones t�cticas u oportunismo levantar�n banderas centristas o incluso de �centro izquierda�.�

El plan anticrisis no pasa de ser un listado de medidas orientado a proteger los intereses de los grandes inversionistas mediante subsidios a la inversi�n privada en infraestructura, desatendiendo a la mayor�a de la poblaci�n que continuar� siendo v�ctima de �despidos masivos, del estancamiento o reducci�n de sus salarios reales, de la p�rdida de parte importante de sus pensiones en la bolsa de valores, a cargo de las AFPs.� No cabe duda que los trabajadores se ver�n obligados a luchar, a movilizarse, a presionar con las herramientas que tienen a mano, y la respuesta no se dejar� esperar: penalizaci�n, persecuci�n pol�tica, satanizaci�n y represi�n, pero tambi�n un �giro� verbal con un discurso populista, demag�gico, para neutralizar el descontento social y� ganar unos puntos en la encuesta. Donde falta la zanahoria, queda el garrote. Todo indica que ese ser� el camino que transitar� el gobierno, frente al cual hay que estar preparados para no ser sorprendidos por los acontecimientos.

La locuacidad presidencial puede confundir hasta cierto punto, pero tiene un l�mite: la realidad de la pobreza, de la desocupaci�n y el hambre, que es lo que hay que poner en evidencia, en sus causas, consecuencias y responsabilidades es lo permanente.

En adelante el juego de las encuestas, que dominan bien los operadores medi�ticos de la derecha, se convertir� en el term�metro para medir, desde el �ngulo que ella quiere o necesita, el sube y baja de las preferencias de los potenciales candidatos. Esta es una ventaja a su favor. La otra encuesta es la popular, de la gente, y aqu� no es dif�cil detectar el hartazgo a las pol�ticas neoliberales y la b�squeda de una opci�n distinta y un liderazgo que represente una posibilidad de victoria y de unidad. Posibilidad de victoria y de unidad, por un lado, voluntad de cambio por el otro. Gran unidad para el gran cambio sintetiza esta aspiraci�n, pero tambi�n la posibilidad de ser gobierno y la capacidad de gobernar bien, de una coalici�n que abarque a la izquierda, el nacionalismo y el progresismo. Esta es la clave de la situaci�n, aunque el camino para llegar sea complejo, dif�cil, no s�lo porque los adversarios se esmerar�n en impedirlo, lo que es normal dado los intereses que representan, sino tambi�n por errores propios, visi�n estrecha o sobreestimaci�n de los aspirantes al gobierno y el parlamento.

Est� claro, tambi�n, que la derecha pol�tica, econ�mica y medi�tica intentar� el aislamiento o ruptura de la alternativa de cambios fundamentales que representan la izquierda, el nacionalismo y el progresismo, �su arrinconamiento pol�tico y social, �a fin de� paralizar su iniciativa, bloquear su capacidad de respuesta, facilitar su aislamiento y crear las condiciones para su derrota. El pretexto ser� siempre el terrorismo, el caos, el orden interno, el �populismo� decimon�nico. El llamado presidencial a la unidad contra la crisis, consciente de su imposibilidad porque no puede satisfacer por igual a los de� arriba y a los de abajo, apunta en esa direcci�n, ser� el pretexto que necesitan para justificar la victimizaci�n de unos y la protecci�n de otros, buscando subordinar a la oposici�n pol�tica y social o neutralizarla, con el garrote en una mano o los instrumentos legales creados ex profeso, la judicializaci�n y otros mecanismos, en la otra. Para eso necesita contar con un poder judicial susceptible de presi�n y una prensa adicta. �

No se debe perder de vista las elecciones regionales que, debiendo ser parte de una estrategia com�n hacia las elecciones del 2011, tiene sus propias particularidades en una sociedad centralista pero tambi�n fragmentada pol�ticamente. Sus resultados ser�n un referente importante de c�mo se articulan las fuerzas pol�ticas y electorales� y c�mo se construye el tejido de alianzas m�s all� del 2010. En lo que a la izquierda corresponde, todo indica que no ser� posible participar con una lista nacional, y s� constituir frentes regionales de acuerdo con la realidad concreta de cada regi�n, incluyendo alianzas con organizaciones y personalidades regionales y locales. Lo importante es que las fuerzas de izquierda, nacionalistas y progresistas en cada regi�n hagan esfuerzos orientados a participar unitariamente con candidaturas propias consensuadas o con aliados y amigos a quienes se respaldar�, a fin de aislar y derrotar a las representaciones de derecha. All� donde las condiciones son favorables al MNI y al Partido y contemos con candidatos con posibilidades de �xito, se deben hacer los esfuerzos dirigidos a un posicionamiento partidario y del MNI, fortaleciendo su liderazgo sin, por ello, dejar de lado o descuidar el trabajo unitario se�alado.

En �un escenario de intensificaci�n del conflicto de clases, social y pol�tico, de disputa por la conducci�n de los gobiernos regionales y municipales,� principalmente por el gobierno central, en un marco en el cual la derecha peruana no tiene todas las ventajas a su favor, �es de vital importancia entender, asumir y actuar de acuerdo con la pol�tica de �gran unidad para el gran cambio.� No existe otra salida si se aspira a construir una alternativa viable de cambios en el rumbo econ�mico y social, de confrontar, dividir y aislar a los representantes del neoliberalismo y el entreguismo. Unidad que debe extenderse, como vasos comunicantes, de acuerdo con cada situaci�n concreta, a las organizaciones sindicales, campesinas, culturales, �tnicas, juveniles, de g�nero, a la intelectualidad, los medianos y peque�os empresarios, etc. �Si la consigna de la derecha peruana es divisi�n y arrinconamiento de la izquierda, el nacionalismo y el movimiento popular, incluyendo �medidas persecutorias y represivas; la respuesta nuestra �s�lo puede ser: m�s unidad, m�s organizaci�n, m�s lucha de ideas, �m�s amplitud, m�s capacidad de acci�n, �m�s vinculaci�n a las masas populares. Los caminos que lleven a ese prop�sito pueden ser �varios, incluyendo precandidaturas, pero el objetivo debe ser uno: la gran unidad, sin la cual la victoria no es segura ni tendremos garant�a de buen gobierno con voluntad de cambio.

El camino a seguir no ser� f�cil. Primero, porque los adversarios de la unidad de la izquierda, el nacionalismo y el progresismo, pondr�n todos los escollos para impedirlo o acelerar su fracaso, pues perciben que es la principal amenaza a su hegemon�a y control del gobierno. En segundo lugar, por la influencia del sectarismo y la estrechez pol�tica en el espacio popular y nacionalista que prioriza lo particular en lugar del conjunto, las apetencias� faccionales en lugar de un proyecto unitario, los prejuicios y subjetividades en lugar de la evaluaci�n de las condiciones reales y de las oportunidades para darle un nuevo rumbo al pa�s, el desconocimiento de la estrategia y los planes del adversario, de quien terminan siendo finalmente instrumentos. No obstante y en contrapartida, surge desde abajo un enorme sentimiento unitario en el ciudadano com�n, una exigencia que hay que atender y canalizar, que exige de nuestra parte madurez, serenidad, iniciativa, para articularla, recuperando al mismo tiempo la confianza del pueblo en la izquierda y el socialismo.

La unidad que proponemos exige de los comunistas no s�lo tener la raz�n y m�todos apropiados; requiere adem�s tener fuerza e influencia reales: pol�tica, social, cultural, liderazgo reconocido, capacidad de conducci�n y gobierno, calidad intelectual y moral. La hegemon�a no se construye en base al retaceo y la negociaci�n, sino de un trabajo paciente, profundo, sistem�tico� entre las masas populares; no se impone, se gana con la confianza y el respeto de la gente; se forja con la aceptaci�n del pueblo a una direcci�n correcta,� justa, honesta, leal, probada en la lucha y en la pr�ctica cotidiana.

Gran unidad implica, al mismo tiempo, desarrollar nuestras fuerzas con iniciativa, independencia, audacia, de cara a las masas, en la lucha junto a ellas, en el trabajo cotidiano. Si quieres unir debes ser fuerte e influyente, es una lecci�n de la historia. La segunda: unidad-lucha-unidad, pues ninguna unidad se alcanza sin lucha y sin m�todos apropiados. La tercera: la unidad de cara a las masas populares, con ellas y para ellas.

As� es como tenemos que pensar y actuar los comunistas y c�mo entendemos �prepararse para gobernar�.

De hecho nos encontramos en una etapa preelectoral. A diferencia de otras oportunidades, corrigiendo errores ya autocriticados, debemos tomar medidas con anticipaci�n, entre ellas: definir la estrategia electoral as� como los pasos necesarios para plasmar la gran unidad en un plazo no lejano. Ser�amos torpes si crey�semos que esta es una tarea f�cil. Todo lo contrario. Ser� dif�cil, compleja, llena de tensiones y sorpresas, de avances y retrocesos, un proceso que hay que manejar con cuidado y flexibilidad, pero que debe coronar con una candidatura �nica al gobierno central que cuente con el respaldo no s�lo de las formaciones pol�ticas de izquierda, nacionalistas, progresistas, tambi�n sociales, intelectuales, de la juventud, de los movimientos regionales, que se logre articular en un proyecto com�n, con una plataforma com�n y una estrategia y plan comunes. Lo importante es el proyecto, la plataforma, la candidatura que garantice su cumplimiento, el compromiso no s�lo electoral� sino tambi�n de gobierno que nos obligue a todos y que de conjunto permitan confianza, apoyo mutuo, compromiso, responsabilidad, acci�n organizada.

La definici�n de candidaturas siempre ha sido el tal�n de Aquiles al momento de constituir los frentes pol�ticos y electorales. All� donde no hay un proyecto claro, al cual sirve cada paso que se da, las candidaturas se convierten en un fin en s� mismo, en el centro de disputa, en el �principio� que justifica o no la unidad. Los resultados ser�n siempre catastr�ficos. Los m�todos que se sigan deben ser los que mejor respondan al objetivo trazado, incluyendo las elecciones internas, pero buscando siempre una selecci�n adecuada basada en el compromiso con el proyecto, la honestidad, la relaci�n con las masas, la capacidad para la funci�n correspondiente.

No hay que ser ingenuos para pensar que la derecha, por contar con diversas candidaturas a la presidencia de la rep�blica, va dividida. En la forma, s�, no en los hechos ni en el contenido. En los hechos, porque lo que les importa es la segunda vuelta, a la que esperan llegar sin oposici�n, y donde se definan candidaturas del mismo bloque. Si este plan se frustra, tienen la segunda carta: todos a una para enfrentar al candidato de la oposici�n, como ya ocurri� en las elecciones pasadas, con la ventaja de que habr�an conseguido una mayor�a parlamentaria. Por el contenido, porque cualesquiera de ellos terminar� jugando la misma carta, m�s all� de matices y gestos. Entonces tambi�n entenderemos las razones ocultas de la falsa polarizaci�n que vienen tejiendo entre una supuesta democracia que ellos representar�an, �y los representantes del mal, es decir del terrorismo, el� caos y el antisistema, en su sentido vulgar y prejuiciado, que nos atribuyen a todos los que nos colocamos en la otra orilla.

Adem�s, en el caso de acceder al gobierno central, lo que no significa a�n el Poder en el pleno sentido del concepto, este conflicto se agudizar� a�n m�s, obligando a una polarizaci�n m�s definida, como lo viene demostrando la experiencia latinoamericana reciente, o bien intentar�n coptarlo por dentro, como ya ocurri� m�s de una vez en Am�rica Latina. ��Esta es la raz�n tambi�n de por qu� no es suficiente la acumulaci�n electoral, y de que su viabilidad s�lo ser� posible si se cuenta con el respaldo y participaci�n del pueblo organizado, con capacidad de respuesta en el �mbito pol�tico y �de las ideas, �con los instrumentos que permitan contrarrestar la �hegemon�a medi�tica que detentan. Hegemon�a que, en fin de cuentas, es una de las mayores ventajas que disponen. Entonces entenderemos tambi�n la importancia �que adquiere contar con una CPS y una Asamblea de los Pueblos debidamente articulados y afinados, con un contingentes de intelectuales, profesionales y t�cnicos comprometidos, pues no se puede prescindir del movimiento social y cultural.

Al reconocer la importancia que tiene hoy las elecciones generales como requisito fundamental para el cambio de rumbo que requerimos transitar, en la �rbita de la experiencia de los gobiernos progresistas y antiimperialistas de la regi�n,� tampoco debemos descuidar lo que vendr�a a ser su primera etapa: las elecciones regionales y municipales. Lo que hace particular estas elecciones es la enorme fragmentaci�n de las candidaturas, expresi�n concreta de la crisis de los partidos pol�ticos, pero tambi�n de la b�squeda de representaci�n del electorado regional y local. As� fue en las elecciones pasadas, y todo indica que seguir� si�ndolo en esta oportunidad. En segundo lugar, el predominio de movimientos regionales o locales, sin embargo ef�meros por la ausencia de sustento ideol�gico y program�tico. En tercer lugar, gobiernos �f�ciles de presi�n de parte del poder central, y por lo general err�ticos y de visi�n cortoplacista. Su importancia pol�tica es obvia, sobre todo si tienen a la cabeza l�deres regionales y locales con claridad de objetivos, proyecto definido y orientaci�n de izquierda. Esto es lo que teme la derecha y ser� el blanco de su ataque. La otra cara de la medalla es la posibilidad real de acceder, desde una opci�n de cambio, a muchos gobiernos regionales y locales, siempre que se tejan alianzas regionales correctas, dejando atr�s criterios sectarios y estrechos, pero al mismo tiempo prevenidos frente a actitudes pragm�ticas.

Lo que est� claro es que no habr� un tejido de alianzas electorales nacional que se extienda a las regiones y los municipios. Lo que �debemos buscar es que, en cada regi�n o localidad las fuerzas de izquierda, nacionalistas y progresistas all� afincadas, incluyendo organizaciones de alcance regional o local, arribemos a acuerdos comunes y candidaturas unitarias, en la medida de lo posible. Desde luego hay que entender las particularidades en cada regi�n, tambi�n los objetivos y las estrategias regionales o locales del Partido, como parte de la acumulaci�n de fuerzas cuyo alcance sobrepasa las necesidades electorales. Cualquiera sea la situaci�n no debemos olvidar la pol�tica de gran unidad y la pol�tica de desarrollar, simult�neamente, con iniciativa, nuestras propias fuerzas en el Partido y en el MNI. El posicionamiento que se logre en este proceso, adem�s de la responsabilidad de gobierno que ello implica, influir� en la marcha de la unidad hacia las elecciones del 2011. Si eres fuerte y tienes influencia real, te tomar�n en cuenta y no podr�n evitarte; si eres d�bil, te dejar�n de lado.

El Partido debe promover, al respecto, un plan unitario y de conjunto, pero tambi�n contar con una estrategia y plan propios para cada caso particular, sobre todo en aquellas regiones o provincias que considera prioritarias. Necesitamos actuar con iniciativa, con sentido del tiempo, aprovechar las ventajas disponibles,� preparar los cuadros que se encargar�n de esta tarea y posicionarlos en el electorado. El proceso electoral regional y municipal tendr� sus particularidades, porque no ser� posible para tales efectos ir a ellas con una �nica lista nacional. Esto por un lado, por el otro, entenderlo como parte importante de la acumulaci�n de fuerzas con vistas a las elecciones generales de 2011. Ambos procesos, sin embargo, deben entenderse como partes de un mismo objetivo,� con etapas concretas que se articulan a una estrategia �nica, de la misma manera� el movimiento pol�tico con el movimiento social y cultural. Esperamos alcanzar acuerdos unitarios consistentes y duraderos, independientemente de las formas que adquiera, pero sobre todo avanzar a construir una cultura de unidad en el campo popular, a priorizar las coincidencias superando las diferencias paso a paso, a trasladar el eje de atenci�n a la iniciativa unitaria desde las bases, finalmente, colocar el �nfasis en el proyecto sin por ello descuidar el papel de la personalidad.

La improvisaci�n, el tomar medidas a �ltimo momento, la ausencia de selecci�n de los candidatos y las candidatas sobre la base de �normas precisas, la falta de� preparaci�n pol�tica, t�cnica y moral, no deben ser consentidas en el Partido ni en el MNI. Necesitamos tomar en serio la pol�tica de prepararse para gobernar. El acceso a las esferas de gobierno nacional, regional y municipal �hay que entenderlo con pleno sentido de responsabilidad, de compromiso para servir al pueblo, que permita continuar acumulando fuerzas en beneficio de la causa que representamos, nunca como un fin o como un premio personal, �menos como una escalera oportunista. Sobre este tema tenemos orientaciones precisas ya abordadas en el VII Congreso, pero tambi�n en los �ltimos Plenos del Comit� Central, que el Congreso las asume como orientaciones obligatorias para todo el Partido.

Sin aflojar en la lucha por la gran unidad para el gran cambio, no se debe perder de vista la necesidad que tiene el Partido de desarrollar incesantemente �sus fuerzas: org�nica, ideol�gica, pol�tica, de masas, intelectual y cultural.�

Estamos en la obligaci�n imperativa de apoyar e impulsar la organizaci�n,� posicionamiento y desarrollo del MNI, su presencia activa en todos los rincones de la patria, respetando sus normas, asumiendo la necesidad de su amplitud, dejando atr�s m�todos sectarios o hegemonistas que dificultan su desarrollo. Hay que diferenciar con mucha claridad los espacios del Partido y los que corresponden al MNI. �Queda claro que el Partido no debe confundirse con el MNI, que cuenta con estructura y plataforma propias. Es importante respetar escrupulosamente su institucionalidad, valorar su amplitud, tomar en cuenta sus m�todos. ��Al mismo tiempo que nos esforzamos por posicionar el Partido en el escenario pol�tico nacional, �debemos hacer otro tanto con el MNI, como opciones pol�ticas con real representatividad, con influencia comprobable y con liderazgo nacional.

Con referencia a lucha electoral corresponde evitar dos errores posibles: 1) confundir el car�cter pol�tico de la participaci�n en la lid electoral con el electorerismo y el oportunismo que coloca en primer plano el af�n personal de ocupar un espacio en el aparato del Estado. La participaci�n electoral no es un fin en si mismo, sino un medio para alcanzar un objetivo: ser gobierno local, regional, o principalmente nacional, para desde all� tornar realidad el Nuevo Curso, servir mejor a los intereses de las masas populares y hacer avanzar la causa revolucionaria; 2) el abstencionismo pol�tico so pretexto de una supuesta actitud revolucionaria, que en el fondo revela incomprensi�n del marxismo leninismo, de la l�nea y la estrategia del Partido, de la pol�tica del Nuevo Curso, para reemplazarlos por la inacci�n pol�tica o el culto por el movimiento espont�neo. �Nos organizamos en partido pol�tico para hacer pol�tica de izquierda y socialista, de cara a las masas, no para abstenernos o encerrarnos bajo cuatro paredes. En �esta lucha multifac�tica (pol�tica, de ideas, de masas), �se crear�n las mejores condiciones para el desarrollo del Partido y para el crecimiento del MNI, en cantidad �como en �calidad, siempre que nos atrevamos a incorporar nuevos contingentes de afiliados y ensanchemos la �rbita de los simpatizantes y amigos.

Desde el punto de vista de la t�ctica, valorar la importancia de la visualizaci�n del panorama pol�tico latinoamericano, cuya influencia en Per� ser� considerable seg�n sean sus resultados. Se ha llevado a cabo, con �xito para la izquierda, las elecciones en el Salvador, con la victoria del FMLN. Pr�ximamente se realizar�n elecciones en Brasil y �Chile. En Brasil se perfila la candidatura del PT que esperamos tenga �xito, aun conociendo que no es f�cil absorber el respaldo �con que cuenta el presidente Lula.� Hay que tomar en cuenta el papel de Brasil, su peso econ�mico y pol�tico en la regi�n, el rol del Presidente Lula para potenciar la integraci�n latinoamericana y neutralizar las presiones del imperialismo norteamericano, por ejemplo en el caso de ALCA. �La reciente reuni�n del Grupo de R�o, con el ingreso en �l de Cuba socialista, habr�a sido muy dif�cil en otras condiciones. Por esa raz�n una derrota electoral de la izquierda brasile�a representar�a un duro golpe de consecuencias continentales. En Chile, la derecha m�s conservadora se encuentra a las puertas de acceder al gobierno. Si bien la Concertaci�n est� comprometida con el proyecto neoliberal, es verdad tambi�n que existe una amenaza m�s seria que viene del continuismo pinochetista. Adem�s no hay que perder de vista la alianza privilegiada de Chile con Estados Unidos, su poder militar y su peso en la econom�a peruana.� Colombia, con el gobierno de Uribe, que espera reelegirse, es una cu�a importante del imperio norteamericano en la regi�n, que juega en pared con� Alan Garc�a como puntos de apoyo para la recuperaci�n de la influencia y control norteamericanos en la regi�n. Adem�s, ambos somos pa�ses amaz�nicos, de enorme importancia geoestrat�gica por su diversidad biol�gica y recursos de agua dulce, adem�s de recursos energ�ticos.

De aqu� tambi�n la importancia de construir un tejido de alianzas y relaciones en el �mbito latinoamericano, entendiendo que Per�, por su ubicaci�n geoestrat�gica, ser� siempre un factor de disputa y de impacto no s�lo nacional sino tambi�n regional.

El movimiento social y su lugar en el proceso pol�tico nacional tiene fundamental importancia. En otra parte se abordar� con detenimiento el tema. Lo que aqu� conviene precisar es la relaci�n entre la pol�tica y el movimiento social, entendido por tal las diversas organizaciones sindicales, regionales, campesinas, �tnicas, profesionales, juveniles, de g�nero, barriales. La tesis de la lucha pol�tica por un lado y la econ�mica por otro lado, que se explica en las condiciones del pasado, no lo es ahora. Sobre todo con el neoliberalismo, que obliga a la politizaci�n en todos los terrenos, pues no hay otra forma de responder que no sea pol�ticamente a una estrategia que ha impuesto, desde el Estado, incluyendo la Constituci�n, un modelo de econom�a ajeno� a los intereses del pa�s y a los del pueblo peruano. Desde luego que no hay que confundir los partidos pol�ticos con las organizaciones se�aladas, sus roles y alcances, pero ello no implica desconocer el derecho de cada cual, desde su singularidad, a tomar opini�n pol�tica y considerar� las decisiones pol�ticas que se ejercen desde el Ejecutivo y el Congreso. Sin un movimiento social articulado, dispuesto a defender las banderas nacionales y democr�ticas, con fuerte implantaci�n org�nica y liderazgo, no ser� posible el acceso al gobierno y, sobre todo, el ejercicio exitoso del gobierno, que permita emprender los cambios que necesita el Per� para encontrarse con el desarrollo, la soberan�a, la democracia, la justicia social, la regeneraci�n moral y el progreso.

Resumiendo: el escenario nacional ser� muy conflictivo en este y los pr�ximos a�os, con una derecha cada vez m�s a la ofensiva y m�s autoritaria, por lo que desde el lado popular no ser� suficiente contar con una acumulaci�n electoral. Debe ir acompa�ada de una presencia de masas activa, de un pueblo mejor organizado y con mayor capacidad de lucha unificada, y de un tejido de alianzas h�bilmente construido en un escenario fuertemente disperso, que es uno de los problemas fundamentales a resolver. La candidatura de Ollanta Humala es una posibilidad importante, por la expectativa electoral que le queda del proceso pasado, siempre que no cometa errores, ni subestime la unidad con la izquierda y el movimiento popular, y tenga una apreciaci�n clara de la estrategia y el movimiento t�ctico� de la derecha. No ser�a dif�cil tejer este abanico de alianzas en torno de una plataforma suficientemente clara, segura, que comprometa desde sectores del empresariado nacional hasta los sectores m�s pobres del pa�s. Un tejido de alianzas, adem�s, que permita un fuerte posicionamiento en la capital de la rep�blica, pues es aqu� donde el respaldo� que cuenta la derecha es m�s compacto y m�s complicado de vencer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BALANCE NECESARIO

La mejor escuela con que contamos los comunistas, adem�s de la teor�a revolucionaria que orienta nuestro camino y el estudio de la realidad concreta en que operamos, es la pr�ctica. Si la verdad debe ser verificada por la pr�ctica, no tiene nada de extra�o que evaluemos el trabajo del Partido considerando la l�nea, el programa, la estrategia y la t�ctica, pero sobre todo �sus consecuencias pr�cticas �y sus resultados.

El VII Congreso represent� un avance importante en el perfilamiento del pensamiento revolucionario del Partido, en la definici�n de su programa, estrategia y t�ctica, as� como en la determinaci�n de sus tareas para todo el per�odo, enriqueciendo las decisiones de los congresos posteriores a la VI Conferencia, evento este que da origen a lo que es hoy el Partido Comunista del Per� �Patria Roja, cuyo tronc� com�n es el Partido fundado en 1928 por Jos� Carlos Mari�tegui.

�Tendamos la mirada al amplio horizonte� nos convoc� el VII Congreso, agregando seguidamente: �La d�cada que se inicia distar� mucho del per�odo de reflujo que debimos soportar. Ser�, definitivamente, una d�cada de obligada redefinici�n de fuerzas pol�ticas, de reconstrucci�n del tejido social y sindical, de recuperaci�n y expansi�n de la izquierda y el socialismo. En suma, de intensa lucha de clases, de ideas y de alternativas, si nos encontramos en disposici�n y en capacidad de darla�. Los hechos se han encargado de demostrar la justeza es esta previsi�n. El reto se mantiene en pie y nos obliga a dar un salto mayor, incluyendo la posibilidad de ser gobierno en el 2011 si se alcanza la gran unidad para el gran cambio que asumimos como propuesta estrat�gica para todo este per�odo.

Tambi�n nos llam� el VII Congreso a �construir un partido grande por su influencia ideol�gica, pol�tica, cultural y �tica, por su presencia directa y su capacidad de conducci�n entre los trabajadores y en general en el pueblo, por su capacidad y lucidez revolucionaria, por el n�mero y la calidad de sus afiliados�. �sta sigue siendo una tarea que nos compromete, no s�lo correcta te�ricamente, sino necesaria para cumplir los fines que tenemos trazados. Tarea, adem�s, compleja, dif�cil, contra la cual atentan el conservadurismo de los h�bitos adquiridos, el peso del espontaneismo y la estrechez sectaria, la insuficiente preparaci�n te�rica e intelectual que a�n marca al Partido, la visi�n cortoplacista y el oposicionismo ciego que tiene a�n fuertes ra�ces, todas ellas trabas que� impiden avanzar en profundidad y a la velocidad necesaria. �Contamos con logros, desde luego, pero tambi�n con dificultades, y los avances no son los que se pudo haber alcanzado.

Es que el partido revolucionario de masas es m�s que una consigna; representa la voluntad de romper una visi�n de construcci�n del Partido hacia adentro, encerrado en s� mismo, con sus pr�cticas y m�todos correspondientes, fuertemente lastrado de estrechez sectaria.� Se impon�a una lucha ideol�gica a fondo, lo que no se dio en el momento y con la fuerza adecuada. Esta determinaci�n no surgi� al azar ni del entusiasmo, sino del convencimiento de su necesidad, de la valoraci�n de las condiciones favorables con el nuevo flujo de masas y de recuperaci�n de la izquierda peruana. Lo nuevo siempre se abre paso a trav�s de la lucha; lo viejo no cede f�cilmente. Esto es tambi�n v�lido �en el caso del Partido en el cual siempre estar�n presentes �las contradicciones entre lo nuevo y lo viejo, lo avanzado y atrasado, lo correcto y lo err�neo, de cuyo tratamiento acertado depender� mucho su marcha exitosa y� su unidad.

Problemas de direcci�n y cuadros, de sectarismo y espontaneismo, son cuestiones no resueltas del todo con las que nos topamos �constantemente al plantearnos la construcci�n del partido revolucionario de masas. Son temas recurrentes que deben merecer nuestra atenci�n permanente, esmer�ndonos siempre en encontrar las mejores soluciones por el bien del Partido. Necesitamos elevar la labor de direcci�n, constantemente, a un nivel m�s cient�fico y eficiente, donde los resultados y su control sean los que cuenten.�� La direcci�n es ciencia y es arte, hay que estudiarla como tal,� aprender a dirigir bien, con una visi�n estrat�gica de las tareas. Poco avanzar�amos si, al mismo tiempo, no resolvemos el problema de los cuadros, m�s y mejores, solventes en lo ideol�gico, te�rico, pol�tico, h�biles en el manejo de los principios y los m�todos, convencidos de la justeza de nuestros objetivos, con fuerte esp�ritu partidista, entusiasmo, disciplina y sentido pr�ctico. Un aspecto central a resolver es el sistema de formaci�n, comenzando por la base. En adelante debemos ser exigentes en la capacitaci�n y preparaci�n del militante, para quien debe ser obligatorio el conocimiento� sistem�tico del Estatuto y el Programa del partido, requisito indispensable para� que pueda asumir su condici�n de militante con responsabilidad� de direcci�n en la esfera partidaria o fuera de ella.� Ambos asuntos han merecido la atenci�n del VII Congreso y los Plenos del Comit� Central, y los logros alcanzados son importantes pero no suficientes. La clave para que el Partido avance en la consecuci�n de sus objetivos con mayor velocidad, eficiencia en la conducci�n y resultados concretos, radica en resolver bien y pronto ambas tareas.

Con relaci�n al espontaneismo en lo ideol�gico, al abstencionismo pol�tico, y al sectarismo en lo organizativo, se han alcanzado avances importantes, pero no a�n suficientes. Hay que continuar, yendo a la esencia del problema, la lucha por erradicar estas formas de pensamiento y acci�n que han hecho mucho da�o al Partido. Espontaneidad y espontaneismo son dos conceptos diferenciados; el segundo se refiere a una manera de entender� o asumir la lucha de clase desde el Partido, su reduccionismo te�rico o de hecho a la din�mica del movimiento espont�neo, el adecuamiento a la l�gica del sistema institucionalizado, la labor de direcci�n si un norte estrat�gico que articule cada una de las acciones del Partido, el marchar a rastras de la espontaneidad de la lucha de masas perdiendo de vista o dejando de lado el papel dirigente, consciente y organizado del Partido. La lucha espont�nea de las masas es una realidad que no se puede desconocer ni condenar, sino m�s bien tomarlo en cuenta seriamente.� Pero no es suficiente. Los comunistas, luchadores por el socialismo y la transformaci�n radical de la sociedad, van m�s all� y ven m�s lejos. De all� la importancia de la teor�a marxista leninista y del programa, el papel que le corresponde asumir al Partido como partido de vanguardia.

El abstencionismo pol�tico, es decir evitar hacer pol�tica abierta, coherente, socialista, de cara a las masas, sustituy�ndolo por el radicalismo economicista, es otro de los grandes temas a resolver, en cuyo trasfondo est� la concepci�n espontaneista, �cuyas principales v�ctimas son precisamente la d�bil construcci�n partidaria y el debilitamiento de la conciencia revolucionaria entre los trabajadores y el pueblo en general. Nada tiene de sorprendente que en este escenario tenga fuerte eco el sectarismo dentro y fuera del Partido. El insuficiente crecimiento del Partido tiene aqu� una explicaci�n. Desde luego que el sectarismo tiene muchas manifestaciones y expresiones tambi�n concretas, pero en l�neas generales significa aislarse de las masas, reducir el espacio de influencia del Partido a su activismo, impedir la incorporaci�n de nuevos contingentes de militantes, restar en lugar de sumar. De all� su incompatibilidad con el frente �nico y su distanciamiento de los grande problemas del pa�s. La lucha contra el sectarismo pol�tico y organizativo es, pues, una tarea de primer orden si nos proponemos construir el partido revolucionario de masas y avanzar seriamente �a la gran unidad para el gran cambio. El sectarismo, sin embargo, no hay que encontrarlo solamente en el Partido, es parte de la cultura pol�tica peruana, de all� sus ra�ces profundas y por qu� es m�s dif�cil vencerlo.

De otro lado, por deficiencias en el trabajo ideol�gico �no pocos camaradas se han sumado org�nicamente al Partido, pero su conciencia, su comprensi�n te�rica o su comportamiento pr�ctico distan del ideal y de los valores comunistas. Este es un aspecto fundamental en la militancia comunista, en especial en los cuadros y dirigentes, que hay que prestarle atenci�n y atender con car�cter de prioridad. La clave en un comunista es su formaci�n ideopol�tica. De otro modo la incorporaci�n del militante ser� emocional y su compromiso �con el Partido y la causa socialista, superficial. En ese sentido se puede decir, con fundamento, que debemos trabajar de tal manera que seamos capaces de forjar una cultura� y un modo de vida comunistas basada en la solidaridad y la honestidad,� el servicio al pueblo,� el esp�ritu innovador y creativo, en la unidad de teor�a y pr�ctica, de palabra y acci�n. �No se puede aspirar a construir un mundo nuevo con ideas, actitudes, h�bitos y tradiciones conservadoras o anquilosadas. ��Es que el partido revolucionario de masas es m�s que una consigna: representa el convencimiento de que est�n maduras las condiciones para avanzar a convertirnos en un partido �unificado y correcto, grande por su influencia y presencia organizada, por su enraizamiento en la clase obrera y el pueblo, con capacidad de conducci�n de masas, con claridad en su l�nea pol�tica y amplitud de horizonte��, que cuenta con elevada moral de combate y claridad program�tica, con capacidad de desplegar la lucha en los �mbitos ideol�gico y cultural, pol�tico y social, en un todo �nico y articulado en cuyo centro est� la batalla por el poder pol�tico como garant�a para realizar las grandes transformaciones que significan la revoluci�n y el socialismo.

Sin cuadros y sin comit�s capacitados para cumplir esta misi�n, �conscientes de esta tarea y sus retos, con el conocimiento y la experiencia del caso, poco se podr� avanzar. Raz�n de m�s para insistir d�nde hay que concentrar el mayor de los esfuerzos en esta tarea de construcci�n partidaria.

Dando respuesta a las condiciones concretas de la lucha de clases en el pa�s, valorando con la mayor objetividad el escenario internacional y nacional, tomando en cuenta la nueva correlaci�n de fuerzas con el neoliberalismo a la ofensiva y en auge, el VII Congreso elabor� la propuesta del Nuevo Curso, que ha marcado el accionar pol�tico partidario a lo largo de estos a�os. Fue y sigue siendo una respuesta creativa, adem�s de correcta e integral, frente al neoliberalismo y sus consecuencias y en respuesta a una situaci�n concreta de la lucha de clases y nacional dentro del pa�s y en un escenario internacional hostil. Como todo proceso vivo esta pol�tica es sujeto de desarrollo y enriquecimiento en correspondencia con los cambios que operan en la realidad. Pero sus propuestas medulares en cuyo centro est�n la lucha por una nueva rep�blica y un Estado soberano, democr�tico, multi�tnico, una nueva Carta Constitucional y un gobierno patri�tico, democr�tico, de regeneraci�n moral, siguen vigentes y orientan nuestros pasos t�cticos. �Es que ellas s�lo pueden ser resueltas por el pueblo organizado y movilizado, con capacidad de acceder al gobierno y con voluntad de avanzar m�s all� en aplicaci�n de tal programa de �cambios fundamentales.

Las elecciones generales de 2006 significaron un vuelco de grandes proporciones. La victoria del comandante Ollanta Humala en la primera vuelta, y el estrecho margen de diferencia en la segunda, mostr� la voluntad de cambio en un amplio sector de la poblaci�n, que no est� agotada, obligando a una coalici�n de fuerzas de la derecha y el centro pol�tico para asegurar la victoria de la candidatura de Alan Garc�a en la segunda vuelta, pese a la desconfianza y descr�dito de que ven�a precedido.� Vargas Llosa, intelectual vinculado al neoliberalismo m�s recalcitrante, �hubo de votar �tap�ndose la nariz� seg�n declaraci�n propia. M�s tarde las elecciones regionales y municipales mostraron, adem�s de esa expectativa de cambio el mapa de un pa�s pol�ticamente fragmentado, err�tico, poniendo en evidencia la crisis de los partidos de estructura nacional, que no ha terminado.

La consigna de gran unidad para el gran cambio, aprobada oportunamente por el �Comit� Central, responde a esta realidad que hay que entender y� aprovechar: �la polarizaci�n entre quienes persisten en la continuidad del neoliberalismo, el entreguismo y el saqueo del pa�s, sobre todo de sus materias primas, del centralismo, la polarizaci�n social y la corrupci�n; �y quienes sienten la necesidad de cambiar este modelo impuesto desde fuera e iniciar un nuevo camino para el pa�s. �En segundo lugar, el debilitamiento de la hegemon�a de la derecha neoliberal, que ahora expresa el gobierno de Alan Garc�a, comenzando por el rechazo creciente de la poblaci�n , sumado a la crisis de los partidos pol�ticos que la representan. En tercer lugar, amplios sectores del electorado esperan un cambio de rumbo y un liderazgo que lo encarne, con la condici�n de la unidad popular, nacional y progresista, como la condici�n para dar una clara se�al de victoria en las elecciones generales del 2011, encontrando una salida al extremo grado de dispersi�n existente en el amplio espacio nacional y popular.

Desde luego que esta consigna trasciende el marco electoral, por eso su alcance estrat�gico. Adem�s, no se limita al �mbito pol�tico y electoral, incorpora tambi�n el movimiento social, �tnico y cultural. Las tareas, las formas, los m�todos, el programa, depender�n de condiciones concretas. No existe una receta definitiva que permita forjarla sin tropiezos, sin contradicciones u obst�culos. En la vida todo se logra a trav�s de la lucha, y para que sea exitosa debe ser manejada con inteligencia y persistencia, de cara a las masas sin las cuales no ser� viable. Basta el sentido com�n para darse cuenta que la unidad y c�mo alcanzarla es la clave del �xito, pero tambi�n para advertir que la tarea es dif�cil porque hay que sortear un terreno altamente fragmentado donde por lo general las aspiraciones son muchas, poca la representaci�n real.

Nunca debemos perder de vista que la derecha pol�tica y econ�mica peruana, aliada al imperialismo, �cuenta con mucha fuerza y con reservas importantes a su favor, por lo que no ser� f�cil derrotarla y m�s compleja y dif�cil conservar la victoria alcanzada. Entre ellas, el control de los resortes del poder, su dominio medi�tico y capacidad de manipulaci�n, enga�o o neutralizaci�n, de descr�dito de sus oponentes; su �hegemon�a ideol�gica y cultural que no hay que subestimar; finalmente, el respaldo externo con todas las consecuencias que ello implica . La conquista de un gobierno de orientaci�n popular y patri�tica, implica tambi�n asumir una nueva visi�n de la pol�tica, de los objetivos y las tareas, del blanco donde concentrar la atenci�n, de la alianza a construir, de los m�todos de lucha a emplear; en suma, de la conducci�n estrat�gica y t�ctica.

La izquierda peruana posterior a Mari�tegui, al lado de virtudes acumul� errores y desviaciones cuyas consecuencias se perciben hasta hoy. La quiebra de Izquierda Unida y las consecuencias dolorosas que arrastr� consigo, m�s que obra del adversario fue resultado de errores propios,� de la estrechez de miras y del sectarismo, de� ausencia de mentalidad estrat�gica y �perspectiva totalizadora.� Acostumbrada al papel de oposici�n, los partidos de izquierda �perdimos de vista que la tarea consiste fundamentalmente en capacitarse como alternativa de cambio revolucionario,� de organizarse para construir una nueva correlaci�n de fuerzas que permitan acceder al gobierno y al poder, �y desde all� proceder a los cambios estructurales articulando sus� componentes econ�micos, pol�ticos, sociales, culturales, �tnicos, �tico y morales. El papel de oposici�n radical a un orden pol�tico y econ�mico establecido no es anterior sino consecuencia de la voluntad transformadora, de la capacidad para ser alternativa a �l.

El VII Congreso insisti� tambi�n en la importancia estrat�gica de �la lucha en el terreno de las ideas�, esto es de la ideolog�a, la teor�a, la cultura y la �tica comunistas, en confrontaci�n con la ideolog�a, la teor�a, la cultura conservadoras sostenidas e impuestas por los representantes ideol�gicos, culturales y medi�ticos del imperialismo y el capitalismo. El VII Congreso ubic� en su exacto lugar su importancia, descuidada despu�s de la desaparici�n f�sica del fundador del Partido. En Mari�tegui y en su pensamiento �sta cuesti�n es una piedra angular a la que prest� atenci�n permanente. Los �Los siete ensayos��, la revista �Amauta�, el quincenario �Labor�, centenares de art�culos y documentos difundidos, son ejemplos paradigm�ticos de la importancia que le asign� a la lucha de ideas. La m�s importante derrota de la izquierda y el socialismo peruanos en los ochenta y noventa del siglo XX no se oper� en el campo econ�mico, sino en el ideol�gico, te�rico,� cultural y program�tico, con la brutal ofensiva del neoliberalismo contra el marxismo leninismo, el socialismo y el antiimperialismo, sacando� ventaja y utilizando a su favor el extremismo aventurero senderista, pero tambi�n las vacilaciones e inconsecuencias de importantes sectores de izquierda que terminaron por capitular, de nuestras propias debilidades y errores ya analizados en otros documentos. Si �ste fue un punto flaco, hoy debe convertirse en el punto fuerte en la contraofensiva de la izquierda y el socialismo contra las ideas cavernarias y primitivas que alimentan a los defensores del neoliberalismo y el imperialismo. �Desde luego que la batalla de ideas no opera en abstracto, encerrado en cuatro paredes; se manifiesta en la acci�n pol�tica, en el amplio escenario de la lucha de clases y nacional, en la disputa abierta por la hegemon�a ideol�gica, cultural y �tica con las que� representan los ide�logos y propagandistas de la derecha y la reacci�n. La crisis que compromete al capitalismo mundial, es la mejor demostraci�n de que contin�a vigente la contradicci�n entre las fuerzas productivas (entre ellas el desarrollo impresionante de la ciencia y la tecnolog�a) y las relaciones de producci�n capitalistas que se basa en la propiedad privada de los medios de producci�n y la explotaci�n del trabajo asalariado, que lleva a la concentraci�n de la riqueza, a la puja por la m�s alta tasa de ganancia, a la explotaci�n� y la ruina de la mayor�a de la poblaci�n, a la desnacionalizaci�n del pa�s y la destrucci�n ambiental.

La mayor deficiencia que cabe se�alar en la labor del Comit� Central es no haber entendido del todo y actuado con fuerza en el �mbito del trabajo ideol�gico y program�tico y en la capacitaci�n permanente de los cuadros y dirigentes del Partido para el ejercicio de su rol dirigente. Por eso la permanencia de deficiencias y problemas criticados por el VII Congreso, tambi�n las dificultades para llevar a la pr�ctica sus decisiones fundamentales. El trabajo ideol�gico y pol�tico con los cuadros y militantes es el factor decisivo en la construcci�n del Partido y en el trabajo revolucionario con las masas. El modo de concebir el mundo y de pensar define la identidad del comunista. Si este trabajo es deficiente entonces los avances� alcanzados ser�n� insuficientes y campear�n en sus filas� ideas, estilos, m�todos ajenos, deformando su naturaleza de clase, sus fines revolucionarios, sus principios. Hay que entender que el comunista se forma en el Partido, en su pr�ctica revolucionaria, en la educaci�n te�rica y pol�tica que recibe, en su elevaci�n cultural y �tica� constantes. �La pol�tica �sostiene Mari�tegui- se ennoblece, se dignifica, se eleva cuando es revolucionaria�, y �la revoluci�n ser� para los pobres no s�lo la conquista del pan, sino tambi�n la conquista de la belleza, del arte, del pensamiento y de todas las complacencias del esp�ritu�. Esta es la dimensi�n de la pol�tica que asumimos los comunistas.

En resumen, al lado de importantes avances, que hay que valorarlos en su justa medida, �que estamos en la obligaci�n de fortalecerlos constantemente, tenemos tambi�n la presencia de puntos de vista y actitudes que no corresponden al pensamiento marxista leninista ni al esp�ritu partidista, tales por ejemplo: el subjetivismo, el empirismo, el individualismo, el espontaneismo. Situaci�n que refleja la insuficiente labor ideol�gica en el Partido, la debilidad en la constituci�n de la estructura organizativa, la falta de un sistema de formaci�n que permita la capacitaci�n ordenada y sistem�tica de los militantes y los cuadros, adem�s de la poca claridad de lo que significa ser comunista, sus responsabilidades, sus derechos y sus deberes. El VII Congreso ha dado respuestas valiosas en muchos de estos asuntos; lo que ha faltado es una mejor labor de direcci�n, un mayor control en el cumplimiento de las tareas, una mejor labor con los cuadros. La direcci�n en sus distintos niveles no ha alcanzado a�n la capacidad, la experiencia ni la zagacidad para conducir el Partido y su construcci�n acorde con las nuevas tareas y las nuevas posibilidades y oportunidades, permitiendo en su lugar flancos d�biles como el sectarismo, el formalismo, la pr�ctica insuficiente del centralismo democr�tico, adem�s de tendencias an�rquicas y no pocas veces arribistas en la asunci�n de funciones p�blicas. La persistencia de estos estilos nocivos representa una amenaza real en la lucha tit�nica por el partido revolucionario de masas, que haga contribuciones relevantes en la lucha por las transformaciones revolucionarias en la sociedad peruana.�

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL PARTIDO REVOLUCIONARIO DE MASAS QUE NECESITAMOS

 

En consideraci�n a las nuevas condiciones de la lucha de clases y nacional que favorecen la recuperaci�n de la influencia y la construcci�n de los partidos obreros y comunistas, la cuesti�n de qu� tipo de partido necesitamos construir, �vuelve al primer plano. �C�mo entender el marxismo leninismo hoy? �Cu�les son los principios que perduran y cu�les son los estilos y los m�todos que deben caracterizarlo? Perdida la br�jula ideol�gica y te�rica no pocos partidos comunistas terminaron disolvi�ndose, se socialdemocratizaron o se convirtieron en peque�as sectas sin futuro. No es suficiente, pues, �defender la vigencia del Partido�. Hay la necesidad �urgente �de dar respue a los retos del presente, de cara a las masas trabajadoras, de la juventud, de la mujer, de las comunidades �tnicas y la intelectualidad, afirmando nuestra identidad marxista leninista,� mariateguista y socialista, difundiendo, con audacia y firmeza, el programa del Partido, su estrategia y t�ctica, luchando junto al pueblo en defensa de sus derechos actuales y su porvenir. No obstante los esfuerzos realizados, adem�s de contar con decisiones del Comit� Central para enfrentar y superar la fuerte tendencia inercial que representan el sectarismo, el formalismo y el espontaneismo, �esta batalla sigue en pie.� En menor escala, ciertamente, pero siguen siendo �bloqueos que impiden el desarrollo del Partido y obstruyen el camino hacia su conversi�n en partido revolucionario de masas. �Sin derrotar esta manera de pensar y actuar, ajena al marxismo leninismo, a la l�nea general, el programa, la estrategia y la t�ctica del Partido, no estaremos en condiciones de aprovechar las enormes posibilidades de desarrollo que se abre con el nuevo flujo de masas, ni de aportar satisfactoriamente a la gran unidad para el gran cambio, �menos a�n cumplir con la misi�n de crear conciencia socialista entre el pueblo trabajador y la juventud o de prepararse para gobernar.

No estamos forjando un partido para limitarnos al �papel de oposici�n perpetua. Tampoco para quedarnos satisfechos �dentro de los l�mites �de un sistema contra el cual insurgimos. Las tareas de hoy, la flexibilidad que las condiciones de la lucha obliga, no debe hacernos perder de vista el rumbo estrat�gico general ni el proyecto revolucionario que asumimos. El Partido que estamos construyendo no se agota en la lucha por reformas, por importantes que ellas sean. Su misi�n inmodificable es la lucha por el socialismo, por la emancipaci�n del trabajo, la supresi�n de toda forma de explotaci�n del hombre por el hombre y de opresi�n de un pueblo sobre otro. En consecuencia, no puede ser un partido que se ajusta a los moldes y los m�todos propios de un partido burgu�s; debe llevar el sello de su car�cter de clase y de sus fines revolucionarios, anticipar en su pr�ctica los valores de la nueva sociedad que se propone construir, forjar el hombre nuevo dispuesto y capacitado para construir un mundo nuevo.

La decisi�n que tom� el VII Congreso de salir de los moldes de un partido tipo secta, a otro, de masas, �fue� y sigue siendo acertada, adem�s necesaria y oportuna. No pretendemos un partido masificado, a la manera de una organizaci�n electoral peque�o burguesa o burguesa. El n�mero es importante y hay que tomarlo en serio, pero debe ir precedido por la calidad, la solvencia ideol�gica, la claridad pol�tica, la disciplina organizativa.

 

M�s que electores� necesitamos combatientes, promotores de lo nuevo, gestores de los cambios sociales, convencidos comunistas comprometidos con el destino de la clase obrera y el pueblo. No se llega a este compromiso consciente por la v�a espont�nea, por la sola acci�n de masas o por el entusiasmo y la emotividad, sino a trav�s del estudio del marxismo leninismo, de la realidad mundial y nacional, �del conocimiento del programa y el estatuto partidarios,� de la comprensi�n de la lucha de clases,� de la pr�ctica pol�tica. �

 

La dimensi�n y diversidad de tareas que tenemos por delante; la necesidad de actuar en distintos� escenarios, de influir y alzar a la acci�n� a actores pol�ticos, sociales, �tnicos, culturales, profesionales, juveniles, productivos, medi�ticos diversos; de dar respuesta a problemas de distinta �ndole, que exige informaci�n, experiencia, incluso especializaci�n; de asumir responsabilidades en la conducci�n de organizaciones de masas, de gobiernos locales o regionales, incluso participaci�n en el gobierno central, exige contar con un partido bien organizado, experimentado y calificado, con militancia presente en todos esos sectores, con cuadros preparados para asumir las tareas que las circunstancias obliguen. Para avanzar a esa meta necesitamos �dar un salto de calidad y de cantidad, en ese orden, incorporando a nuestras filas a los mejores hijos del pueblo trabajador. El Partido tipo secta que viene del pasado, fuertemente lastrado de tradiciones economicistas y espontaneistas, es una traba, un muro de granito que hay que derribar si queremos avanzar.

 

El llamamiento del Comit� Central a perfeccionar el trabajo de direcci�n y atender mejor la pol�tica con los cuadros, es correcto y oportuno. El Congreso� est� en la obligaci�n de examinar estas cuestiones con detenimiento, de modo que todo el partido tenga una cabal comprensi�n de su importancia as� como la decisi�n para ponerla en pr�ctica, cueste lo que cueste.

 

No est� dem�s reiterar en la necesidad de modificar la forma de organizar, conducir y hacer funcionar las c�lulas, ahora por lo general cargado de formalismo, donde las cosas se mueven por inercia. Necesitamos c�lulas vivas, operantes, din�micas, creativas, en las que los militantes se sientan satisfechos y sientan que su vida se enriquece. Asimismo militantes que al incorporarse al Partido lo hagan conscientemente. Con mayor raz�n trat�ndose de los comit�s del Partido, cuyos integrantes deben tener la experiencia, la madurez y el conocimiento necesario para el cabal cumplimiento de sus funciones. El estudio sistem�tico del Estatuto, herramienta indispensable en la formaci�n de todo comunista, adem�s del programa y las pol�ticas del Partido, debe considerarse obligatorio, adem�s requisito para asumir cualquier responsabilidad dentro o fuera de la estructura partidaria,

El principio que orienta el trabajo de los comunistas consiste en servir al pueblo de todo coraz�n, colocando al ser humano en el centro de todo. El pueblo debe ser siempre el punto de partida y de llegada en la lucha de los comunistas. Todo cuanto hacemos y so�amos tiene un solo depositario: el pueblo, libre de toda forma de explotaci�n, opresi�n, exclusi�n, en convivencia solidaria y en relaci�n sana con el medio ambiente, con elevada cultura y valores morales, ajeno al consumismo y la polarizaci�n social desbordados propios del capitalismo.

Nunca hemos hecho un m�nimo de concesi�n en lo que se refiere a nuestra identidad marxista leninista, y no la haremos bajo ninguna circunstancia. El marxismo leninismo no es un dogma �sino gu�a para la acci�n�, el cimiento te�rico que sustenta al Partido, sujeto a desarrollo y comprobaci�n mediante la pr�ctica revolucionaria. Persistir en la verdad del marxismo leninismo y hacer enormes esfuerzos para aplicarlo a las condiciones del pa�s y la revoluci�n peruana, como es el ejemplo que nos deja Mari�tegui, es para los comunistas peruanos una tarea y un compromiso inclaudicables.

Nos declaramos un partido de vanguardia que asume los intereses de la clase obrera y de las masas populares. De donde se concluye que su programa, principios, estrategia, t�ctica y pol�ticas concretas tienen como punto de partida y de llegada� los intereses esenciales de los trabajadores y el pueblo peruano. El Partido jam�s se colocar� por encima de las masas populares ni sus militantes sentirse due�o de ellas y sus organizaciones, manej�ndolas a su antojo. Persistir �en la l�nea de masas, de todo con las masas, nada sin ellas, es un estilo de trabajo que debemos cuidar como la ni�a de los ojos si no queremos desviarnos de camino y da�ar la causa revolucionaria y socialista.

Todo se encuentra en movimiento y desarrollo, por tanto debemos estar siempre abiertos a lo nuevo, tener una actitud creadora e innovadora, ajustando nuestra subjetividad a las condiciones concretas de la lucha de clases, de la producci�n y el pensamiento. Representar lo nuevo, anticiparse a los acontecimientos, innovar siempre, no temer abrir caminos si estos corresponden a las condiciones reales, he all� otro estilo que viene de Mari�tegui. S�lo as� entenderemos por qu� el socialismo debe ser creaci�n heroica, nunca calco ni copia, y por qu� tenemos que marchar, si aspiramos a ser partido de vanguardia, acorde con los tiempos y con los cambios objetivos.

Nos reconocemos partido de la clase obrera sin embargo, nuestros v�nculos con ella son todav�a insuficientes y no corresponden a la misi�n revolucionaria y socialista que asumimos. Aqu� tenemos un punto d�bil en el trabajo del Partido que estamos en la obligaci�n de superar. Desde luego que el proletariado moderno no es exactamente igual al que conocieron Marx y Lenin, pero no deja de tener sus mismos rasgos pues vende su fuerza de trabajo y genera plusval�a para el capital. En esta cuesti�n debemos hacer esfuerzos para reencontrarnos con el proletariado, profundizar nuestros v�nculos con los trabajadores, pero no para marchar detr�s del movimiento espont�neo sino m�s bien pugnando para hacerlos avanzar al nivel de la conciencia socialista, a la acci�n pol�tica, al proyecto transformador de la sociedad. Tanto el economicismo como el espontaneismo atentan contra este objetivo y deben ser sometidos a una cr�tica profunda y sistem�tica para erradicar tales concepciones en nuestras filas.

El esp�ritu partidista es un rasgo que debe caracterizar a todo militante del Partido, en especial a sus cuadros y dirigentes. Para llevar a cabo la causa revolucionaria es indispensable contar con un partido revolucionario forjado de conformidad con la teor�a y los estilos de trabajo marxista leninista. Sin contar con tal partido, profundamente unido a las masas trabajadoras,� ser� imposible cumplir con su misi�n hist�rica: alcanzar y realizar el socialismo. Este punto de vista no es necesariamente dominante en el pensamiento de muchos camaradas, quienes priorizan su atenci�n en las organizaciones de masas de donde proceden, o tienen una comprensi�n superficial de su pertenencia comunista, de su teor�a y principios b�sicos. El resultado no es otro que una militancia formal, m�s emotiva que consciente, que impide incorporar nuevos afiliados, desplegar una actividad pol�tica comunista y resolver apropiadamente las contradicciones internas.

El Comit� Central, siguiendo las decisiones del VII Congreso presta atenci�n al perfeccionamiento de la labor de direcci�n, de modo que �sta sea m�s cient�fica y eficiente. No obstante los avances alcanzados siguen siendo a�n insuficientes comparativamente con la amplitud de las tareas y las posibilidades de desarrollo partidario. Dada las nuevas condiciones de la lucha, las potencialidades presentes y los requerimientos concretos en toda la estructura partidaria, necesitamos acentuar la atenci�n en la soluci�n de este problema de fundamental importancia. En otras palabras, tomar �las medidas que sean necesarias para la calidad de direcci�n y organizaci�n de los comit�s del Partido, elevar la �capacidad te�rica, pol�tica y la visi�n estrat�gica de sus integrantes a fin de que se encuentren en mejores condiciones para responder a las exigencias de los tiempos, perfeccionar sus estilos y m�todos de trabajo, de modo que se encuentren en mejores condiciones para ejercer con eficiencia la labor de direcci�n. En t�rminos generales la responsabilidad de direcci�n se compone de tres pasos b�sicos: investigar, discutir y tomar decisiones; en segundo lugar, organizar el trabajo de modo que las decisiones tomadas puedan ser llevadas a la pr�ctica; en tercer lugar, controlar el cumplimiento de las tareas, evaluar sus resultados y hacer el balance correspondiente que permitan los ajustes necesarios. En el primer caso hay logros importantes, no as� en los dos �ltimos. En ese sentido la critica al formalismo tiene sentido.

Se dice con raz�n que resuelta la pol�tica y la t�ctica �los cuadros lo deciden todo�. Tal su importancia. No atenderlo o no resolverlo trae aparejado muchos problemas para el Partido. Los requerimos con clara comprensi�n del marxismo leninismo, de la l�nea y el programa del Partido, de su estrategia y t�ctica y de su estatuto, con capacidad� para actuar con iniciativa donde quiera que �asuman sus responsabilidades. Los necesitamos, adem�s, en cantidad y variedad, pues un partido revolucionarios de masas no s�lo debe ser grande por el n�mero de sus afiliados, sino tambi�n por su responsabilidad en las diversas esferas de su accionar� pol�tico. Esto es: cuadros expertos en organizaci�n, en propaganda, en el trabajo de masas, en la funci�n administrativa, en el ejercicio de direcci�n, en la conducci�n de organismos del aparato estatal, etc., con adecuada� formaci�n intelectual, �tica, cultural. El Comit� Central viene tomando medidas al respecto, pero requerimos intensificar m�s esta tarea, la clave para resolver las restantes, en especial para mejorar la labor de direcci�n de los comit�s, incluido el Comit� Central.

El crecimiento del Partido sigue siendo un problema no resuelto del todo, pese a que las condiciones son favorables. El principal bloqueo est� en el mismo Partido, en la presencia de concepciones, actitudes y pr�cticas sectarias, de cerraz�n interna. Desde luego que influye la campa�a macartista de la derecha, el anticomunismo visceral de que hace gala el gobierno de turno, tambi�n la reiterada acusaci�n de terrorismo a todo lo que huela a oposici�n franca a las pol�ticas neoliberales y autoritarias.� La derecha, en especial el �gobierno de Garc�a, se proponen con esta maniobra sucia distanciarnos de las masas, colocarnos a la defensiva, ganarnos la moral y la iniciativa. La respuesta, de nuestra parte, no puede ser amurallarnos, sino m�s bien ir con mayor fuerza a las masas, m�s acci�n pol�tica, m�s labor de propaganda y agitaci�n, vinculando las reivindicaciones de las masas, por peque�as que sean, con las tareas pol�ticas, sus luchas con las tareas de organizaci�n del Partido, del MNI, del frente pol�tico en construcci�n. �

Finalmente, una vez m�s se�alamos las diferencias abismales en la concepci�n, la estrategia, la pol�tica y la acci�n pr�ctica del partido con el senderismo. Sendero Luminoso fue una excrecencia de la izquierda, una deformaci�n monstruosa del marxismo leninismo, la desnaturalizaci�n del pensamiento Mao Zedong que dec�a asumir como la base de su pensamiento pol�tico. El llamado �pensamiento Gonzalo� se aliment� del mesianismo de su fundador, del voluntarismo que desconoce la realidad y lo sujeta todo a los deseos arbitrarios de sus promotores, del culto a la violencia donde la guerra se convierte en el principio y fin de la condici�n revolucionaria, en la subordinaci�n absoluta del individuo �al jefe, incluyendo la pertenencia la vida de sus militantes. Esta concepci�n tuvo su corolario en la consigna: �salvo el poder todo es ilusi�n�, pariente de las concepciones que alimentaron al fascismo. M�s tarde, luego del derrumbe del aparato militar senderista con la detenci�n de su c�pula, con Guzm�n a la cabeza, se abre paso un proceso de divisi�n y disgregaci�n en que se debaten sus continuadores, adem�s de una corriente� anarcosindicalista cuya raz�n de existir se apoya en el odio visceral al Partido Comunista del Per�-Patria Roja. Dos concepciones opuestas, dos programas, dos estrategias y m�todos de lucha enfrentados, sintetizan las diferencias que nos separan del senderismo como el agua del aceite.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONCEPTOS FUNDAMENTALES QUE ENRIQUECEN EL PENSAMIENTO DEL PARTIDO

 

1.       Partir de la realidad y �an�lisis concreto de la situaci�n concreta�.

Este es un principio permanente de trabajo del los comunistas, y tiene que ver con el modo de pensar y el m�todo de trabajo �propio del marxismo leninismo, la dial�ctica. Para el marxismo la pr�ctica social es el �nico criterio de verdad. En ella la gente se enfrenta con toda clase de problemas y de luchas, de �xitos y fracasos. De otro lado, todo fen�meno o cosa no es est�tico, lleva en su seno contradicciones que explican su desarrollo, en la naturaleza como en la sociedad y el pensamiento. La dial�ctica es el m�todo del marxismo para observar y analizar tales fen�menos o cosas, conocer el movimiento de los contrarios. �Por qu� cometemos errores? Porque nuestras ideas no concuerdan con las condiciones objetivas, porque no son el resultado de investigaciones y an�lisis detallados, porque confundimos los deseos subjetivos con la realidad, la parte con el todo o sus conexiones mutuas, causa y efecto.

Debemos admitir que como consecuencia de la ofensiva ideol�gica y cultural del capitalismo neoliberal, a la que hay que sumar una larga tradici�n dogm�tica de la que se aliment� la izquierda peruana, se ha debilitado el conocimiento del marxismo leninismo, y en su lugar se han posicionando ideas y m�todos ajenos, causando grave da�o tambi�n al Partido. El llamado a reencontrarse con la concepci�n y el m�todo materialista y dial�ctico, con la teor�a marxista, uniendo estrechamente teor�a y pr�ctica, partiendo siempre �del an�lisis concreto de la situaci�n concreta�, es oportuno, necesario y de obligado cumplimiento. De otro modo seguiremos confundiendo las cosas incapaces para discernir d�nde est� lo correcto y d�nde lo err�neo, �lo avanzado y lo atrasado, lo nuevo y lo viejo. Y en lo que concierne al Partido, confundiremos la contradicci�n principal de las secundarias,� aquellas que se dan con los enemigos de aquellas en el seno del pueblo, ocasionando grave da�o al trabajo pol�tico y a la construcci�n del frente �nico

El modo de pensar y el m�todo de trabajo tienen, pues, una enorme importancia en la cadena de �la acci�n �partidaria. De donde se desprende que estas cuestiones deben merecer atenci�n especial en el Partido, en la formaci�n de los militantes, en la solvencia de los cuadros y dirigentes. Todo militante debe tener acceso por lo menos a una literatura marxista b�sica, y el partido garantizarlo, al mismo tiempo que se motiva su inter�s por el estudio, la reflexi�n, la actitud cr�tica y autocr�tica, la capacidad para orientar su trabajo concreto, �adem�s de aprender a sintetizar las experiencias� propias y ajenas. No olvidar en ning�n instante que el marxismo no es un dogma sino una gu�a para la acci�n.

El rearme ideol�gico y te�rico del Partido es, pues, una necesidad y un requisito para enfrentar con acierto las nuevas condiciones de la lucha y pasar a la ofensiva en todos los planos.

2.      Lucha de ideas.

Siempre hemos sostenido en el Partido el criterio de que la ideolog�a y la pol�tica constituyen el factor determinante en la construcci�n del Partido, lo que es cierto. Y que, consiguientemente, se deber�a prestar atenci�n a la educaci�n de los militantes en los principios y fundamentos ideol�gicos y program�ticos. Lo que tambi�n es verdad. Pero en los hechos no siempre ocurre as�, y el resultado es que conviven al lado del marxismo concepciones y pr�cticas que le son ajenas, y en muchas ocasiones rigen estas �ltimas en la manera de pensar de los camaradas. Desde muy temprano Marx lleg� a la conclusi�n de que �las ideas de las clases dominantes son las ideas dominantes en cada �poca�.� �Y qu� son las ideas? El reflejo en el cerebro de la gente de la realidad objetiva que, a su vez, influye sobre el desarrollo� de la realidad material. En t�rminos m�s generales, se trata de los criterios pol�ticos, jur�dicos, morales, religiosos, est�ticos, filos�ficos, que en las sociedades de antagonismo de clase expresan los intereses de determinadas clases sociales. No existen ideolog�as ni ideas neutras, incoloras, aunque esa sea el pensamiento que difunden los representantes del capitalismo. Donde hay clases habr� tambi�n lucha de clases, y �stas se expresar�n en el �mbito de las concepciones y las ideas de las personas.

El problema de la ideolog�a, por consiguiente, no es un asunto de exclusivo tratamiento �al interior del Partido para afirmar las concepciones propias del proletariado que representa el marxismo-leninismo,� sino esencialmente en la lucha contra las ideas que representa y difunde la clase dominante para perpetuar su poder y dominio de clase, para legitimar sus intereses present�ndolos �como los de toda la sociedad y convertirlos en sentido com�n, en �verdad� aceptada y asumida por la gente. La hegemon�a de la burgues�a� descansa en el uso de la fuerza y en el control sobre la econom�a, pero tambi�n en su dominio ideol�gico, cultural y medi�tico en la sociedad.

La hegemon�a neoliberal no fue resultado del Consenso de Washigton, sino �ste consecuencia de una larga batalla ideol�gica que se inicia apenas terminada la II Guerra Mundial con la publicaci�n del libro �El camino a la servidumbre�, de Von Hayek, enfilado contra el �totalitarismo comunista� y el Estado de bienestar de orientaci�n socialdem�crata. Entonces la ideolog�a liberal se encontraba arrinconada y a la defensiva; 40 a�os despu�s se hac�a hegem�nica durante los gobiernos de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en Inglaterra, para extenderse luego �como modelo de econom�a y de vida donde el mercado lo rige todo, �hasta su reciente colapso con la crisis financiera y recesiva con Estados Unidos como epicentro.

La batalla por el socialismo, y en general todo lo que signifique confrontar con el imperialismo, ser� inviable si no se gana la batalla ideol�gica, si no se empe�a en esta tarea enormes esfuerzos, inteligencia y tiempo, adem�s de constancia y certidumbre. Para transmitir ideas la primera condici�n es tenerlas. El Manifiesto Comunista de Marx es el gran programa y la gran bandera ideol�gica del proletariado, que hizo temblar el mundo capitalista desde sus cimientos. La labor de Mari�tegui en este aspecto fue ingente. Le dedic� lo mejor de su inteligencia y su capacidad pol�mica, en centenares de art�culos o en sus conferencias dictadas en la Universidad Popular Gonz�les Prada en 1923. �Amauta�, su revista entra�able, fue la artiller�a pesada en esta batalla de las ideas y la cultura.

No se trata, entonces, de un combate m�s, sino de una batalla decisiva cuyas repercusiones ser�n siempre de largo plazo. Debemos reconocer que hasta el presente no la estamos dando con la intensidad, la constancia y la calidad que ella exige de los comunistas, precisamente cuando resulta m�s indispensable que nunca, tanto m�s si est�n madurando las condiciones que puede catapultar a las fuerzas del campo popular a la conducci�n del gobierno central. Es el momento de pasar a la contraofensiva y de recuperar el terreno perdido en los �ltimos 20 a�os.

3.      Cultivar la mentalidad estrat�gica en el Partido.

Cultivar la mentalidad estrat�gica en el Partido coloca la estrategia y la t�ctica en el centro de la conducci�n pol�tica, dejando atr�s la visi�n espontaneista de amoldamiento y subordinaci�n a la din�mica de los acontecimientos. Adquirir una mentalidad estrat�gica en los dirigentes y cuadros del partido significa aprender a �dirigir cient�ficamente y con car�cter previsor, �ver el mapa en su conjunto para buscar respuestas y soluciones tambi�n de conjunto previendo el desenvolvimiento de los acontecimientos; en suma, mirar la cadena y no solamente los eslabones, dominar el horizonte adem�s de conocer el terreno que se pisa, �de donde �derivar�n las t�cticas y los m�todos que se empleen.

 

La pol�tica tiene que ver, esencialmente, con la cuesti�n del Estado y el Poder pol�tico. El socialismo se propone sustituir el sistema capitalista y construir un nuevo orden econ�mico, social, pol�tico, cultural y �tico. La teor�a de la revoluci�n peruana, considerando la singularidad del proceso hist�rico nuestro, �apunta al socialismo como un proceso ininterrumpido y por etapas. De un lado no es un proceso lineal, autom�tico; �de otro, cada etapa y fase tiene un hilo de continuidad garantizado por la hegemon�a que conquiste el proletariado as� como la participaci�n determinante del pueblo organizado.

 

En la lucha por alcanzar este objetivo el partido pol�tico revolucionario deber� contar con una l�nea y programa propios adem�s de una teor�a que gu�e su acci�n. Para llevarlos a la pr�ctica necesitar� elaborar� una estrategia y una t�ctica� que le garanticen� una conducci�n correcta ajustada a las condiciones concretas de cada etapa, fase o momento concretos, y, adem�s, con la fuerza organizada construida para ese efecto. El conocimiento y dominio de la estrategia y t�ctica, como partes fundamentales de la organizaci�n de las fuerzas revolucionarias y de la conducci�n pol�tica y social es,� pues, de primer orden. Ya no se puede dirigir con �xito confiando �nicamente en la� experiencia o en la din�mica espont�nea del movimiento de masas; la direcci�n debe� alzarse a un nivel cient�fico y planificado.

 

La estrategia es ciencia y como tal hay que estudiarla y asimilarla, pero sobre todo manejarla. La t�ctica, referida a cuestiones m�s� concretas y eslabones de la cadena que es la estrategia, debe ser igualmente estudiada como arte, como capacidad de dar respuesta concreta a los problemas concretos. Pues a una correcta conducci�n estrat�gica debe corresponder un manejo inteligente, flexible, intuitivo y creativo de la t�ctica.

 

El concepto de forjar una mentalidad estrat�gica en los dirigentes, cuadros y militantes, en su manera de razonar frente a los problemas, con visi�n totalizadora y proyectiva, se va entendiendo �cada vez mejor, permitiendo �orientarnos en el laberinto de las tareas. Necesitamos salir de la visi�n cortoplacista de la lucha pol�tica, que rinde culto a la espontaneidad del movimiento y marcha a rastras de los acontecimientos, en una suerte de c�rculo vicioso. Tambi�n de la subordinaci�n del Partido a la din�mica de los sindicatos y dem�s organizaciones de masas, del factor consciente al espont�neo, del todo a la parte, muy generalizado en la trayectoria de la izquierda peruana posterior a Mari�tegui. El arte de la direcci�n es inseparable del conocimiento y dominio de la estrategia y la t�ctica. No se trata de luchar, sino de luchar bien, de modo que cada batalla que se emprenda permita avances en el cumplimiento de los objetivos revolucionarios, facilite aprovechar las ventajas disponibles, bloquee o neutralice el accionar del enemigo, respondiendo con inteligencia a la estrategia y los planes del adversario. En suma: avanzar en espiral, acumular victorias, hacer avanzar la causa revolucionaria yendo de menos a m�s, ampliar incesantemente el radio de influencia del Partido y estar siempre en condiciones de aprovechar las oportunidades. Es evidente que ning�n partido pol�tico, menos un partido comunista, puede conducir un movimiento revolucionario victorioso si no cuenta con una teor�a revolucionaria, con conocimiento de la historia que le permita extraer las lecciones del caso, con una rica experiencia pr�ctica adecuadamente sistematizada, con visi�n estrat�gica de sus tareas y capacidad de innovaci�n acorde con los tiempos. En este aspecto necesitamos hacer mayores esfuerzos, tanto m�s urgentes y necesarios ante la posibilidad real de la agudizaci�n de la lucha de clases alimentada por la crisis y de acceso a esferas de gobierno local, �regional, incluso nacional.

4.      Estrategia de las tres acumulaciones

El VII Congreso formul�, en l�neas generales, la estrategia de las tres acumulaciones como resultado de la reflexi�n de experiencias propias y ajenas. Por tres acumulaciones entendemos la interrelaci�n y complementaci�n del trabajo en el �mbito pol�tico, de masas y de ideas, como soportes de una estrategia �nica y de largo plazo.� �El examen de la acci�n de Mari�tegui es un ejemplo extraordinariamente valioso al respecto.

El estilo de trabajo que ha predominado en los �ltimos tiempos se caracteriza por la dispersi�n y la fragmentaci�n de esfuerzos. Su trasfondo es la visi�n espontaneista de las tareas como de las formas de direcci�n y �lucha. Explicable porque no existe afirmada una tradici�n basada en la conducci�n estrat�gica, por lo que la t�ctica y la acumulaci�n de fuerzas deviene, generalmente, err�tica, sin conexi�n de las partes con el todo, de las tareas de hoy con las de ma�ana, donde no hay prioridades sino �c�mo se resuelven los problemas que se presentan�. No se dirige; nos arrastran los acontecimientos. Es como aquel nadador que montado en la cima de la ola cree que la dirige, cuando en realidad es arrastrado por ella. El resultado final no puede ser m�s calamitoso: se lucha y mucho, pero los resultados son coyunturales y no acumula estrat�gicamente, de modo que en el balance final estamos hoy como ayer, y ma�ana seguramente como hoy.

Es as� porque se pierde de vista el principio de totalidad, donde las partes no se correlacionan unas con otras, no son eslabones de un proceso �nico, sino individuales, que se mueven en sus propias �rbitas. El resultado final siempre ser� calamitoso, y considerado en el tiempo poco fruct�fero.

Mari�tegui, en el corto lapso que signific� su actividad revolucionaria a su retorno de Europa, logr� avances extraordinarios que luego de su muerte se perdieron. Marxista confeso, sab�a que la lucha, para ser victoriosa, deb�a articularse en un todo, donde cada parte serv�a al conjunto. Su primera atenci�n fue la difusi�n de sus ideas, el esfuerzo orientado a influir en la opini�n p�blica, generar una vanguardia intelectual e impulsar una corriente de opini�n a fin de �sentar las bases que le permitieran cumplir con su objetivo de �concurrir a la realizaci�n del socialismo� en el Per�. No se equivoc�. Simult�neamente se esmer� en ganar a la base social que le garantizar�a el cumplimiento de sus objetivos, la clase obrera, los trabajadores. Sus conferencias en la Universidad Popular Gonz�les Prada apuntaba a ese objetivo: ganar a la vanguardia obrera sac�ndola de la influencia ideol�gica anarquista pero conservando sus fuertes tradiciones de lucha y combatividad, trabajo que m�s tarde tendr�a sus frutos con la organizaci�n de la CGTP y la Federaci�n de Yanaconas. Sin masas organizadas para defender sus derechos inmediatos, avanzar a adquirir conciencia de clase y preparar su aproximaci�n a la acci�n pol�tica, sus esfuerzos en el �mbito de la ideas quedar�an inutilizados. Pero Mari�tegui no s�lo era un periodista y un intelectual, era sobre todo un revolucionario �agonista�, comprometido con la causa socialista. Toda esta preparaci�n intelectual y de masas apuntada a un tercer objetivo: organizar el partido pol�tico que asumiera el papel de vanguardia, elaborar sus principios, programa, estrategia, lo que logra con la fundaci�n del Partido Socialista (hoy comunista). As� la lucha de ideas, de masas y pol�tica ya no marchan separadas; son partes de un todo, de una estrategia �nica y contribuyen a un objetivo �nico.

Lecci�n magistral que nos deja el Amauta de c�mo hay que organizar las fuerzas de la revoluci�n, y c�mo avanzar, paso a paso, �sin la atadura del mulo a la estaca.

5.      Prepararse para gobernar

La pol�tica tiene que ver, esencialmente, con la cuesti�n del Estado y el Poder pol�tico. El socialismo se propone sustituir el sistema capitalista y construir un nuevo orden econ�mico, social, pol�tico, cultural y �tico. Independientemente de que en el camino a ese objetivo debemos pasar por etapas� o transiciones, lo cierto es que la pol�tica no se limita al rancio papel de oposici�n y a la experiencia emp�rica para hacerlo. Quien hace pol�tica en serio piensa en llevar a la pr�ctica su programa o plan de gobierno. Entonces no le es suficiente el papel opositor; debe prepararse para� gobernar. Esta conclusi�n vale para el gobierno central, regional o local, por extensi�n tambi�n para conducir un partido pol�tico, un sindicato, un frente regional, o lo que fuere.

 

Gobernar significa �dirigir un pa�s o una colectividad pol�tica�, �mandar con autoridad o regir algo�, ��guiar, dirigir�; y gobernanza, �arte o manera de gobernar�. La pol�tica, consiguientemente, no se limita al discurso bien hilvanado, a la imagen televisiva atractiva, al carisma de los candidatos. Si se ha de hablar de la pol�tica grande y en serio, la improvisaci�n no es la mejor maestra. Tanto m�s trat�ndose de un partido revolucionario que no deber�a sentirse satisfecho con administrar el sistema establecido, dej�ndose doblegar por normas legales y estructuras jer�rquicas burocr�ticas, h�bitos y tradiciones establecidas a lo largo del tiempo, �haciendo lo que se puede�, o peor a�n entendiendo este papel como una oportunidad para saquear los recursos del Estado.

 

Los partidos de izquierda, tambi�n nuestra organizaci�n, tienen cierta experiencia al respecto, con resultados que no siempre han sido los� mejores, ni� sistematizada oportunamente� para extraer las lecciones del caso. Acostumbrados al papel opositor, si �m�s radical�, mejor, perdimos de vista o descuidamos preguntarnos: por qu�, para qui�n y c�mo hacemos pol�tica. La respuesta es muy simple: para trabajar en beneficio del pueblo, para llevar a cabo el programa que creemos justo, para lograr una participaci�n de verdad democr�tica de la gente. Servirle con� lealtad, no servirnos del poder o del gobierno para beneficio personal o de grupo. Hacerlo con eficiencia, honestidad, capacidad, planificada y ordenadamente, de modo que los logros reviertan en beneficio del pueblo y que �ste sienta que los comunistas s� pueden hacerlo bien y merecen su confianza y respaldo, de modo que el Partido ensanche su influencia, incremente sus filas, eleve su prestigio.

 

Gobernar es un hecho pol�tico, pero tambi�n t�cnico y �tico. Las mejores intenciones pierden sentido si no se cuenta con el personal administrativo y t�cnico adecuado, capacitado, comprometido con el proyecto. Significa tambi�n contar con una administraci�n moderna,� eficiente, �gil, con controles para impedir que la corrupci�n se abra paso y lo envenene todo.

 

Prepararse implica pues tener conciencia de los retos que implica ser gobierno, solvencia moral, capacidad de trabajo, un partido suficientemente organizado y disciplinado capaz de �conducirlo con acierto, sin contaminarse con los vicios que se hereda de la clase dominante ��ni confundir la gesti�n con los compadrazgos u otras formas il�citas de gesti�n p�blica. Significa tambi�n que los militantes del Partido encargados de representarlos en cualquier esfera de gobierno o direcci�n, se atienen a la disciplina del Partido y asumen su papel como una responsabilidad que se les asigna, no un privilegio o �derecho�, desplegando al mismo tiempo su iniciativa y creatividad

 

Nunca ganaremos el respaldo de la gente si no encuentra en los hombres y mujeres de izquierda un mensaje afirmativo de victoria, un contingente humano confiable. Pero esto no llega espont�neamente ni es suficiente la buena intenci�n. Ser� el resultado de un trabajo duro, persistente, honesto, comunista, siguiendo el ejemplo extraordinario de Mari�tegui.

 

El VII Congreso, recientemente el XVII Pleno del Comit� Central, esclarecieron los principios y las pol�ticas de lo que significa el concepto �prepararse para gobernar�, motivando el inter�s de los cuadros y dirigentes del Partido. Este es un concepto duradero en el tiempo, que se ir� enriqueciendo conforme avance y se sistematice la experiencia del Partido en la conducci�n de gobiernos �municipales, regionales o nacional, �incluyendo el perfeccionamiento de su arte de direcci�n.

 

6.      Todo con las masas

 

�Todo con las masas, nada sin ellas! Fue un llamamiento a los militantes del Partido que se abri� paso en las duras jornadas de lucha de principios de los setenta. Primero, como necesidad de salir del aislamiento pol�tico y de tomar contacto con las masas trabajadoras, en especial el proletariado. Con la consigna �A las masas b�sicas de la producci�n! centenares de militantes, sobre todo j�venes, se desplazaron a las f�bricas, minas, al vasto espacio rural, se alzaron a la lucha de masas que m�s tarde cuajaron en una fuerte presencia sindical, en los frentes de defensa, en las rondas y comunidades campesinas, en las asambleas populares, como expresiones de una nueva democracia surgidas desde el seno mismo del pueblo peruano. M�s tarde fuimos entendiendo con m�s rigor la profundidad del concepto, el papel de las masas populares como forjadoras de la historia, la imposibilidad de la revoluci�n y el socialismo sin su participaci�n activa, creadora, como su punto de partida y de llegada. Sintetizando la experiencia hist�rica de las revoluciones y la propia, el VII Congreso defini� el socialismo como la sociedad �que coloca al ser humano en el centro de todo y convierte por primera vez, al hombre, en el �nico due�o de la sociedad�, en relaci�n �ntima con su medio ambiente. Tambi�n el papel del Partido: al servicio de las masas populares, del �rol hist�rico que le pertenece. �Todo con las masas, nada sin ellas! es hoy el principio fundamental de trabajo de los comunistas, ajeno por completo al espontaneismo que subordina el factor consciente al movimiento espontaneo, y al burocratismo, ������������ que coloca a las burocracias por encima de las masas y su iniciativa hist�rica.

 

7.      A las masas, a las bases, a la acci�n pol�tica

 

Uno de los problemas no resueltos satisfactoriamente� en el Partido tiene que ver con la pr�ctica fuertemente arraigada de la abstenci�n pol�tica. Muchos camaradas tienen una excelente experiencia de lucha de masas adquirida en los sindicatos u otras organizaciones parecidas. Otros en la estructura partidaria. No obstante, no se atreven a afirmar su identidad pol�tica, ni hacen propaganda de las pol�ticas del Partido, menos organizan o incorporan nuevos afiliados. Es como si el partido terminara en la orilla del sindicato o de las masas que dirigen o donde ejercen su actividad, que entre partido y sindicato no hubiera m�s diferencia que el nombre, que la abstenci�n pol�tica fuera el premio a su militancia. En otros casos, amarrados por una suerte de secretismo pol�tico, tenemos camaradas que entienden la pol�tica entre cuatro paredes, contentos con participar en reuniones cuyos efectos terminan al salir de la puerta. Uno u otro son err�neos y no son compatibles con sus objetivos. El papel del Partido es la pol�tica, sin ella no tiene sentido. Es m�s: la suya es una pol�tica de clase, revolucionaria y de masas.

 

Los comunistas nunca ganaremos la conciencia de las masas ni las alzaremos a la lucha por la revoluci�n y el socialismo si no vamos a ellas como tales revolucionarios, si no explicamos qu� defendemos y qu� nos proponemos alcanzar, si no fortalecemos constantemente nuestros v�nculos con ellas, �si no generamos liderazgos pol�ticos comunistas o de izquierda en todos los campos de su actividad: en los sindicatos, los frentes regionales, las organizaciones campesinas, las comunidades ind�genas, la juventud, la intelectualidad, los peque�os y medianos empresarios, etc.

 

Ir a las bases cura a los comunistas �del estilo burocr�tico de direcci�n, frecuente lamentablemente. Ir a las masas pone en el primero plano la relaci�n profunda que debe haber entre el partido y las masas trabajadoras y populares. Acci�n pol�tica para los comunistas significa entenderla en su relaci�n cotidiana con las masas, pensar pol�ticamente, educarnos y educar a las masas en el esp�ritu de la pol�tica transformadora. No es desde la protesta o la lucha econ�mica que se resolver�n los grandes problemas del pa�s, sino� desde la pol�tica, de la lucha por el gobierno y el poder para el pueblo trabajador, de su organizaci�n en partido pol�tico independiente, �de la hegemon�a que construya y conquiste a la cabeza del pueblo peruano en su lucha por la emancipaci�n nacional y social. Vanguardia sin masas, no tiene sentido; masas sin vanguardia no tiene futuro.

 

Todo comunista debe sentir que �sta es su responsabilidad primera, asumi�ndola �con honestidad y coraje, con �conciencia de un deber y una responsabilidad hist�rica�, consciente de la �misi�n de defender y �propagar sus principios y mantener y acrecentar su organizaci�n, a costa de cualquier sacrificio�, de modo que �las masas trabajadoras de la ciudad, el campo y las minas�sepan apropiarse de estas reivindicaciones y esta doctrina, combatir perseverantemente y esforzadamente por ellas y encontrar, a trav�s de cada lucha, la v�a que conduce a la victoria final del socialismo�.� (J.C. Mari�tegui).

 

8.      La victoria se construye

 

Las grandes conquistas sociales de la humanidad no son resultado de la casualidad sino de la acci�n consciente. Las grandes batallas militares y pol�ticas tampoco� se ganaron por azar. En la actividad pol�tica como en el conjunto de las actividades humanas, los �xitos no son el fruto de la improvisaci�n, sino el resultado de una �acci�n consciente, planificada, constante, enfocada a un objetivo a alcanzar, �que se llega a trav�s del esfuerzo sostenido y del uso inteligente de las potencialidades disponibles. La victoria se construye, quiere decir que, una vez que se define el objetivo �a alcanzar luego� de una evaluaci�n circunstanciada de la situaci�n, pasa a primer plano la estrategia y los pasos t�cticos a seguir, los m�todos de lucha o de acci�n apropiados, la disposici�n de las fuerzas directas e indirectas manejables, las prioridades en las que hay que concentrar la atenci�n y apoyarse para� conseguirlo; en suma, el manejo inteligente de estos factores y el conocimiento profundo de la realidad concreta o de la estrategia, planes y movimiento del o los adversarios. �

 

Dos ejemplos hist�ricos pueden darnos luces al respecto. En la antig�edad, Roma y Cartago lucharon por la hegemon�a en el Mediterr�neo. Ni An�bal cruz� imprudentemente los Alpes para ocupar Roma, ni Escipi�n el Africano� organiz� m�s tarde la� expedici�n del ej�rcito romano a Cartago, sin previo estudio, planificaci�n y una estrategia claramente definida. La victoria final de este �ltimo en Zama se construy� pacientemente desde su irrupci�n en Espa�a, arrebat�ndole a An�bal su base de apoyo log�stico y oblig�ndolo a salir de la pen�nsula it�lica, construyendo un tejido de alianzas complejo para aislar y debilitar a Cartago. Esta es una experiencia cl�sica reiterada que demuestra que la victoria se puede construir y llevar al �xito, siempre que se tenga mirada estrat�gica, se descubra el punto d�bil del adversario y se lo a�sle, se gane la iniciativa oblig�ndolo a una �posici�n defensiva.

 

La Guerra del Pac�fico, en el caso del Per� nos muestra el caso inverso. La derrota fue el resultado de la improvisaci�n,� del caos interno y de la ausencia de una conducci�n previsora. Colocado a la defensiva desde el primer momento, desarticulada sus fuerzas internas, su esperanza fue Grau. El hundimiento del Hu�scar le entreg� a Chile el control del mar. La defensa del sur de Lima fue la demostraci�n perfecta de la ineptitud militar. Chile, por el contrario, ten�a un objetivo, una clase dirigente unificada, una estrategia que le permiti� alcanzar la supremac�a en el Pac�fico, un plan y una voluntad de victoria, pero sobre todo el respaldo de Inglaterra. Las consecuencias son harto conocidas, excepto para el presidente hoy instalado en palacio de gobierno.

 

Pero el concepto �la victoria se construye� no tiene implicancias �nicamente militares. Es aplicable perfectamente en todas las actividades, sean comerciales, empresariales, pol�ticas, deportivas, donde quiera est�n presentes dos contendores. La reciente declaraci�n de Alan Garc�a afirmando que puede impedir la elecci�n de quien no quiere sea presidente del pa�s, indica a las claras un objetivo, una estrategia, un plan, pues de otro modo no pasar�a de ser una frase vac�a. Si se quiere que en las elecciones del 2011 se alcance una victoria para las fuerzas que representan la voluntad de cambio econ�mico y social;� si se aspira acceder al gobierno que �ste sea exitoso, esa victoria hay que empezar a prepararla contando con un objetivo muy claro, una estrategia, plan, t�cticas y pol�ticas adecuadas que permita construir la correlaci�n de fuerzas favorable, derrotar los planes de la derecha que Garc�a ha expuesto con claridad meridiana, adem�s, claro est�, de la voluntad de vencer. La improvisaci�n nunca llevar� a buen puerto y los golpes de suerte son excepcionales.

 

No se trata de luchar, como siempre ha ocurrido; se trata de saber luchar y conquistar la victoria, sea en el corto, mediano o largo plazo, creando las condiciones que permita asegurarla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NUESTRAS TAREAS EN EL FRENTE DE MASAS

 

La l�nea de masas es un principio fundamental del Partido. Ellas representan la fuerza motriz de la historia. Ninguna revoluci�n ser� victoriosa ni preservar� inalterable su rumbo al socialismo sin su participaci�n activa, sin un lugar protag�nico en ella. En primer lugar, la lucha de las masas populares por sus derechos y sus reivindicaciones concretas, motivaci�n frecuente de sus movilizaciones, paros y otras jornadas. Los comunistas apoyamos esta lucha donde quiera que se presente y siempre que corresponda realmente a los intereses de los trabajadores y el pueblo. No s�lo eso. Participamos en ellas, esmer�ndonos en contribuir a su �xito, buscando su direcci�n acertada, ��pugnando siempre por la unidad de sus organizaciones. �

En segundo lugar, estamos en la obligaci�n de atender, partiendo de sus experiencias concretas y participando en sus luchas, la elevaci�n de su conciencia de clase y socialista, del cambio social, de su� organizaci�n pol�tica, que es lo que no se hace �o no se sabe hacer por parte de nuestros militantes que trabajan en el seno de ellas. Es antiguo el debate acerca de c�mo se forma la conciencia socialista de los trabajadores. Hace mucho que se ha refutado la idea de su incorporaci�n por v�a espont�nea, por la sola condici�n asalariada. La teor�a socialista no surge espont�neamente como resultado del movimiento obrero por sus reivindicaciones parciales. Son, en palabras de Marx: �la expresi�n del conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento hist�rico que se est� desarrollando ante nuestros ojos� (Manifiesto Comunista) Viene de fuera, desde ���el �lado te�rico, del conocimiento de las leyes que rigen la sociedad capitalista. El� entronque de �ste con el movimiento espontaneo del proletariado es lo que genera el movimiento socialista

El mayor d�ficit que tenemos es que, entre uno y otro movimiento (espont�neo, por un lado, te�rico y consciente, por el otro) no hemos alcanzado a�n la relaci�n apropiada, de modo que sigue prevaleciendo el primero, no tanto en el comportamiento de los trabajadores, sino sobre todo y principalmente� de los militantes y activistas del Partido. Son �stos quienes se adaptan a la din�mica del movimiento espont�neo en lugar de alzar al trabajador hasta el nivel de la conciencia pol�tica y socialista. Esta distorsi�n no es un fen�meno aislado, sino m�s bien generalizado, cuya influencia en la historia del Partido se asienta con posterioridad a la desaparici�n f�sica del Amauta. Economicismo y espontaneismo, son� dos de sus expresiones m�s visibles, de consecuencias funestas en la construcci�n del Partido, de su l�nea y programa revolucionarios, en la batalla por el socialismo. De all� la importancia de emprender una lucha en�rgica para erradicar su influencia dentro como� fuera del Partido.

Esta es la premisa a partir de la cual enfocamos la relaci�n del Partido con las masas populares, sus reivindicaciones, su organizaci�n y sus luchas, sin confundir el movimiento espont�neo con el espontaneismo, este �ltimo entendido �como subordinaci�n del factor consciente al movimiento espont�neo y como reflejo ideol�gico burgu�s en el seno del Partido. Este es, en realidad, el tema focal que explica las graves desviaciones que padeci� el Partido a lo largo de su historia, sumado a la otra versi�n de la misma, el reformismo, como adaptaci�n o seguidismo del factor revolucionario a la hegemon�a liberal burguesa.

El tema del liderazgo y los cuadros en condiciones de conducir acertadamente el trabajo con las masas populares, sus organizaciones y luchas, es otro asunto crucial. Requerimos tomar medidas urgentes para impulsar la capacitaci�n de los dirigentes sindicales y populares a fin de que tengan claridad en su trabajo, que no se �agoten dentro de los l�mites de las tareas inmediatas, que sepan, en suma, vincular las tareas de hoy con las de ma�ana, representando �siempre los intereses del movimiento en su conjunto� (Ibid). Se necesitan cientos de cuadros vinculados al trabajo de masas con amplio horizonte pol�tico, solvencia te�rica y experiencia en el trabajo sindical, campesino, rondero, �tnico,� barrial, en los frentes regionales, en la juventud, etc. No haberlo entendido correctamente nos est� costando mucho, facilitando condiciones para que la influencia economicista y espontaneista siga siendo un factor distorsionador del trabajo del Partido entre las masas, incluyendo las dificultades para reconocer y asumir su creatividad y su iniciativa hist�rica.

Al partido en su conjunto le corresponde preocuparse por la situaci�n de �las masas trabajadoras, fortalecer sus organizaciones naturales, defender sus derechos e institucionalidad, resguardar su unidad, proteger� su independencia de clase, elevar su capacidad de lucha, y, sobre todo, valorar su iniciativa hist�rica. No confundir las organizaciones de masas con el Partido, ni los roles que a cada cual �le corresponde. La hegemon�a no se alcanza recurriendo a mayor�as espurias, a manejos antidemocr�ticos, a m�todos sectarios; es el resultado de un trabajo paciente, serio, responsable, constante, que permita el reconocimiento de las masas al Partido, su aceptaci�n y respaldo voluntarios. Lamentablemente, se observan al respecto vicios y deformaciones que hacen da�o a las masas y desacreditan la causa revolucionaria, que no debemos aceptar ni permitir.

La pol�tica permanente del Partido es la lucha por la unidad de las organizaciones populares y sindicales. Sabemos que no es f�cil, que nos toparemos con obst�culos enormes, comenzando por el mismo atraso del movimiento, la fuerte herencia del sectarismo o la nada desde�able influencia� ideol�gica y medi�tica de la burgues�a y el imperialismo, pero esa es la tendencia en el largo plazo; �a ella debemos apostar, pues es la condici�n de las victorias futuras.

Los frentes populares o� regionales tienen una trayectoria de larga data. En sus inicios surgieron como Frentes de Defensa aglutinando amplios sectores de la poblaci�n, m�s all� de los sindicatos, incluyendo peque�os y medianos empresarios, y en algunos casos incluso incipientes burgues�as locales, sobre todo comercial. Si bien sus plataformas son por lo general regionales o locales, su composici�n social abarca un amplio abanico de fuerzas, lo que les asigna un papel de primera importancia y un ejemplo muy valioso de� frente de masas que lleva potencialidades estrat�gicas. Su debilidad radica, en la mayor�a de los casos, en su funcionamiento irregular, con momentos de gran agitaci�n y movilizaci�n, y en su plataforma, con excepciones como el Frene Patri�tico de Loreto, restringidos al �mbito local o regional. �El Partido debe hacer esfuerzos serios para afianzar sus v�nculos con ellos, y apoyar su coordinaci�n y centralizaci�n nacional en la UFREC.

Desear�amos una central �nica de los trabajadores, pero por el momento no es a�n posible. Participando activamente en la CGTP, estamos en la obligaci�n de contribuir a su fortalecimiento y desarrollo, a su mayor democratizaci�n, a la superaci�n de fuertes lastres burocr�ticos presentes en gran parte de sus organismos de direcci�n, a la batalla por la central �nica de los trabajadores peruanos. Saludamos la relaci�n estrecha entre la CGTP y la CUT. Fortalecer la organizaci�n sindical para estar en mejores condiciones de defender y conquistar las reivindicaciones de los trabajadores, para enfrentar con �xito la ofensiva patronal que promueve el neoliberalismo �y derrotar el divisionismo, es una tarea que no estamos dispuestos a eludir. Crear conciencia de clase, educar a los trabajadores en la lucha antiimperialista y democr�tica, por la justicia social, es otra gran tarea. Para llevarlas a cabo necesitamos forjar l�deres sindicales y pol�ticos procedentes del pueblo trabajador, cuadros con una adecuada formaci�n pol�tica, cultural y sindical.

El movimiento campesino y los trabajadores asalariados del campo es otro asunto de gran importancia. Si bien la ley de Reforma Agraria que aprob� el gobierno del General Velasco rompi� el espinazo al latifundismo y entreg� la tierra a los campesinos y asalariados, la l�gica del capitalismo lleva a una nueva reconcentraci�n de la propiedad de la tierra, esta vez sobre la base del trabajo asalariado, lo que es notorio en la costa con la agro-exportaci�n, y se va extendiendo tambi�n a la sierra y la selva, depredando los bosques, contaminando las aguas, amenazando las comunidades campesinas e ind�genas, promoviendo la explotaci�n irracional de los recursos minerales, fomentando la devastaci�n ambiental, pues el �crecimiento� de la econom�a es lo que importa y lo dem�s sobra. �La met�fora del �perro del hortelano� a que recurri� Garc�a para explicar su programa, apunta precisamente a cumplir ese objetivo. De all� la importancia de promover la m�s amplia unidad del campesinado, de los asalariados del campo y de las comunidades �tnicas, y juntamente con� ellos del pueblo peruano, para resistir y derrotar esta pol�tica que s�lo beneficia a las transnacionales y la nueva burgues�a rural, y para abrir un camino distinto al desarrollo en el campo peruano. En los �ltimos tiempos las movilizaciones de los trabajadores del campo y las comunidades �tnicas en defensa de la integridad de sus comunidades o del medio ambiente afectado por la miner�a, para impedir la privatizaci�n del agua o rechazar las pol�ticas represivas del gobierno, �demuestran su combatividad e indignaci�n a pesar de la �fragmentaci�n organizativa en que se encuentra. Los comunistas trabajamos con fuerza en el seno de las masas campesinas y los asalariados rurales, participamos en sus luchas contando con plataformas que respondan a sus intereses, pugnando por fortalecer su organizaci�n y unidad, su conciencia pol�tica democr�tica, patri�tica y antiimperialista, entendiendo que es un factor estrat�gico de la causa del pueblo peruano para hacer realidad el Nuevo Curso y el socialismo.

La batalla en el �mbito de la educaci�n y la cultura es de fundamental importancia. En el primer caso, la II Conferencia de la Educaci�n ha sentado los lineamientos correspondientes. La educaci�n hay que verla en su integridad, no s�lo al interior del sistema educativo, tambi�n fuera donde tienen un lugar importante la familia, los medios de comunicaci�n, la iglesia. Entenderla como un derecho humano que corresponde al Estado garantizar para todos los peruanos en condiciones iguales, de acuerdo con el principio de calidad, universalidad y gratuidad; pero tambi�n como un factor fundamental del desarrollo en un mundo donde el conocimiento, la innovaci�n, la ciencia y la tecnolog�a ocupan un lugar central, adem�s de la elevaci�n cultural y �tica de las personas. Educaci�n, salud, seguridad social, son derechos b�sicos que se debe garantizar a toda la poblaci�n, que sin embargo niega el capitalismo neoliberal cuyo dios es la mercanc�a y el lucro. La organizaci�n de los maestros, de los estudiantes y los trabajadores vinculados al sistema educativo debe llamar nuestra atenci�n, superando el criterio centralmente gremialista que ha caracterizado la influencia de la izquierda durante mucho tiempo, descuidando su lado propositivo y alternativo. Esa deber� ser tambi�n la l�nea de acci�n en el �mbito de la salud y la seguridad social.

El movimiento estudiantil decay� a partir del gobierno de Fujimori y de su ofensiva apoliticista sacando provecho del senderismo y su pr�ctica aventurera, que le permiti� reprimir e intervenir universidades y llevar a cabo cr�menes como el de La Cantuta. La instalaci�n del terror senderista y de Estado de esos a�os, por un lado, pero tambi�n la presencia de errores propios, del izquierdismo entonces presente en el movimiento estudiantil y el divisionismo, permitieron que uno de los movimientos contestatarios m�s importantes de los setentas y ochentas perdiera impulso y terminara en la pasividad. En ese lapso, como consecuencia de la ofensiva neoliberal se reforzaron la privatizaci�n y mercantilizaci�n de la educaci�n, decreci� su calidad, dej�ndose sentir sus efectos en la conciencia de la juventud. El pragmatismo utilitario, el individualismo, el abstencionismo pol�tico, son realidades fuertemente influyentes que hay que entender y combatir sin tregua. El balance de esta experiencia est� por hacerse. El tiempo es otro, tambi�n las condiciones y el escenario. Lo que queda es reconstruir el tejido ahora m�s extenso y diverso del espacio estudiantil; �crear conciencia de una nueva reforma de la educaci�n, �universitaria en particular, que se caracterice por ser universal, de calidad, gratuita, democr�tica, patri�tica, cient�fica y solidaria, vinculada a la investigaci�n y la producci�n. En esta batalla que es integral: de ideas, pol�tica, cultural, reivindicativa, se reconstruir�n las organizaciones juveniles, se forjar�n los nuevos liderazgos, se crear�n tambi�n las condiciones para el impetuoso desarrollo de la juventud comunista.

La organizaci�n de los trabajadores estatales en una central que abarque al conjunto de ellos, es otra tarea importante a cumplir. La CITE� represent� y sigue representando esta necesidad. Potenciarla, velar por su unidad, entenderla como un elemento muy importante en la lucha de los trabajadores del Estado en defensa de sus derechos, tiene actualidad y debe comprometer nuestro concurso. En ella le corresponde un lugar importante al magisterio nacional organizado en el SUTEP.

No desconocemos que existen actores sociales diversos, antiguos o nuevos: pobladores de los pueblos j�venes, comedores populares, comit�s de vasos de leche, organizaciones femeninas, juveniles, profesionales, culturales, �tnicas, ambientalistas, humanitarias, etc., con intereses y reivindicaciones espec�ficas, con caracter�sticas propias que no se ajustan necesariamente a las formas tradicionales de organizaci�n. La gran unidad para el gran cambio las incluye como actores activos. El Partido debe extender sus v�nculos y su influencia, paso a paso, creativa, ordenada y eficientemente, preparando sus activistas y cuadros en cada una de sus organizaciones, sin perder de vista sus prioridades.

La cuesti�n ��tnica salta con fuerza en los �ltimos tiempos y tiene fundamento, pues somos un pa�s multi�tnico, multiling�e y pluricultural. Denominaciones como �etnia�, �pueblos originarios�, �comunidades ind�genas�, se�alan en esencia un mismo fen�meno: pueblos ind�genas con una cultura, lengua, territorio, tradici�n y cosmovisi�n propios, cuyos or�genes son anteriores a la conquista espa�ola, que contin�an siendo v�ctimas de la exclusi�n, la explotaci�n, la pobreza, incluso el exterminio. El Partido est� en la obligaci�n de trabajar en el seno� de este sector de la poblaci�n peruana, respetando sus particulares derechos y reivindicaciones. No es posible entender la sociedad nueva que pretendemos sin la incorporaci�n, con la plenitud de sus derechos, de la poblaci�n ind�gena. Esta es una verdad inconmovible no siempre reconocida, lo que constituye un serio error, �que tiene su origen en la confusi�n de ind�gena y campesino, por estar ambos vinculados a la tierra, perdiendo de vista sus diferencias cualitativas. El reconocimiento de la importancia que tiene la cuesti�n ind�gena no debe llevarnos, sin embargo, a concepciones retr�gradas como el retorno a un pasado que ya no volver�, tambi�n a criterios racistas. Existen avances importantes en el reforzamiento de la identidad de los pueblos ind�genas, de su organizaci�n y autoestima, que apoyamos. No obstante, la soluci�n al problema ind�gena es la misma que le corresponde al pueblo peruano: la emancipaci�n del dominio imperialista, la construcci�n de un Estado democr�tico, pluricultural y multi�tnico, el desarrollo sostenible, finalmente, el socialismo como creaci�n colectiva del pueblo peruano.

Los avances alcanzados en el trabajo orientado a la organizaci�n de la mujer y su incorporaci�n a la lucha democr�tica, antiimperialista y socialista, son a�n limitados comparativamente con las potencialidades disponibles. Confluyen la presencia de concepciones machistas no suficientemente esclarecidas ni superadas, prejuicios que motivan la subestimaci�n de las capacidades de la mujer en la lucha revolucionaria y en los roles de direcci�n, expresiones de sectarismo que dificultan su incorporaci�n al Partido e impiden el despliegue de sus cualidades. Contribuye a esta situaci�n la falta de una pol�tica espec�fica -que hay que definir en el corto plazo - adem�s de no contar con una organizaci�n de masas orientada al trabajo en este sector de fundamental importancia. Estas tareas deben ser tomadas en cuenta por el Comit� Central que elija el VIII Congreso, adem�s �de promover a las diversas instancias la participaci�n de las militantes mujeres, as� como su capacitaci�n.

La iniciativa de la organizaci�n de la Coordinadora Pol�tico Social, que saludamos, es una experiencia nueva y altamente positiva. Primero, porque vincula, sin confundir sus roles, el papel de los partidos de izquierda y el movimiento social.� Segundo, porque permite abrir las puertas para la incorporaci�n de los m�s amplios y diversos actores sociales al terreno pol�tico. Tercero, porque es un ejemplo concreto de la pol�tica de alianzas a construir, que desborda el marco estrictamente partidista, lo que constituye una experiencia nueva. Finalmente, porque permite avanzar en la articulaci�n y centralizaci�n de las luchas populares. Por todas esas razones exige mirarla con ojos nuevos y tratar su funcionamiento con m�todos tambi�n nuevos. El trasplante de m�todos propios de los sindicatos, m�s a�n de sus factores viciados como el burocratismo o de hegemon�a organizativa (m�s representantes igual a m�s control), har� mucho da�o, pues no cuadran con lo que se quiere construir como experiencia unitaria y de lucha democr�tica. Lo nuevo es su amplitud, su diversidad, la capacidad de articulaci�n de la variedad de organizaciones y sectores que lo integran en torno de� la plataforma com�n que se aprob� en julio de 2008. En el interior del pa�s son, por lo general, los frentes regionales los que vienen asumiendo este rol. No tiene ning�n sentido paralelizarlos all� donde vienen funcionando, sino m�s bien reforzarlos o ampliar su base de sustentaci�n. Donde los frentes regionales son d�biles o no est�n organizados, cabe constituir las coordinadoras regionales o provinciales.

Se ha constituido la Asamblea de los Pueblos. Esta es unza experiencia que empata con la que surgi� en los a�os ochentas del siglo XX: las Asambleas Populares, cuya expresi�n m�xima fue el Congreso de Villa el Salvador que en 1984 congreg� cerca de 3000 delegados. Punto culminante e inicio de su disoluci�n. El balance est� por hacerse. Desde luego las condiciones no son las mismas ni los actores. La democracia en el Per�, lo hemos se�alado siempre, es m�s formal que real, no s�lo porque no es integral abarcando los �mbitos econ�micos, sociales y culturales, sino incluso en el �mbito pol�tico en el cual el ciudadano vota pero no fiscaliza ni decide, peor a�n, se compra el voto. La reciente declaraci�n de Alan Garc�a: �En el Per� el presidente tiene un poder. No puede hacer presidente al que �l quisiera, pero s� puede evitar que sea presidente quien �l no quiera�, revela a las claras qu� entiende la derecha por democracia, y m�s concretamente su estrategia para las elecciones del 2010 y el 2011. La Asamblea de los Pueblos es la respuesta democr�tica desde el lado del pueblo peruano, su derecho a participar con sus propios m�todos, su capacidad de decidir y no ser manipulado ni enga�ado, de aprender el autogobierno haciendo su propia experiencia. Se propone, en suma, abrir espacio a la democracia del pueblo, por el pueblo,� para el pueblo. Su reducci�n a una visi�n sindical o �predominio de m�todos burocr�ticos,� como ocurri� en l984, equivale a su liquidaci�n. Se construye desde las bases, con la participaci�n activa de la gente. Es la democracia directa y representativa, el punto de inicio de la nueva democracia que el Per� necesita.

La penalizaci�n y criminalizaci�n de la protesta, de las formas de lucha que se dotan los trabajadores, los campesinos y pueblos en general, es parte de esta estrategia de arrinconamiento de las luchas populares. M�s de 400 campesinos, ronderos, sindicalistas, dirigentes populares, son v�ctimas de juicios que coactan sus derechos,� detenciones arbitrarias orientadas a generar miedo, persecuciones que tambi�n abarcan a dirigentes pol�ticos de izquierda con el turbio argumento de vinculaci�n con el terrorismo. Esta sucia campa�a no se detendr� si no se la derrota, y para que ello ocurra es indispensable la m�s amplia unidad, la denuncia sistem�tica, las movilizaciones y otras jornadas de lucha debidamente preparadas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HACIA UNA JUVENTUD COMUNISTA FORJADA EN EL ESPIRITU DE MARI�TEGUI.

 

Durante mucho tiempo el Partido no cont� con una juventud organizada pol�ticamente. Como parte de la preparaci�n para refundar la Juventud Comunista, promovimos la organizaci�n de Juventud Popular, que alcanz� una presencia importante. Sobre esa base se dio paso a la Juventud Comunista del Per� Patria Roja. Debemos reconocer que en este enroque, ahora podemos reconocer forzado, se perdi� parte de la juventud ganada y ha debido pasar un tiempo para que la Juventud Comunista cobre presencia pol�tica entre los j�venes, aunque todav�a con debilidades e inexperiencias.

Est� en preparaci�n su II Congreso que esperamos siente las bases de un desarrollo acelerado en lo pol�tico y organizativo. Contribuir a la organizaci�n de la JC, a la educaci�n de su militancia, a la capacitaci�n de sus activistas y dirigentes, a su inserci�n en las masas juveniles, especialmente estudiantiles, y a su preparaci�n pol�tica, org�nica y �tica para su incorporaci�n al Partido, es una tarea que deben asumir con plena responsabilidad el Comit� Central y sus organismos de direcci�n intermedios. Justamente en este aspecto se percibe una falta de atenci�n de muchos comit�s, que no valoran a�n la importancia y las potencialidades de la JC, y no perciben que trabajar con la juventud es preparar el futuro del Partido y sus cuadros de direcci�n. Los errores detectados en el trabajo partidario, que hay que vencer resueltamente, tambi�n se manifiestan de uno u otro modo en la JC. Esta constataci�n debe llevarnos a preocuparnos en el reforzamiento del trabajo ideopol�tico, adem�s de su construcci�n organizativa respetando su estructura interna, tambi�n sus particularidades.

A diferencia de las d�cadas de los 50, 60, 70 y bien entrada la d�cada de los 80, cuando el movimiento juvenil, sobre todo estudiantil era� masivo, entusiasta� y radical, se constata ahora un decaimiento general del que se est� saliendo con dificultad, �una fuerte corriente apol�tica y apartidista inducida desde el gobierno de Fujimori en adelante, �facilitada a su vez por los condiciones de pobreza y de atraso de la que son v�ctimas un amplio sector de j�venes, tambi�n de rebajamiento cultural y calidad profesional. Otro factor a tomar en cuenta es la enorme cantidad de j�venes dedicados a actividades como el comercio,� la peque�a producci�n, o trabajadores asalariados con ingresos precarios y sin derechos sociales. Paso a paso, marchando con pies seguros, la JC debe irradiar su presencia e influencia en todos estos sectores, y evitar quedarse en los marcos estrictamente estudiantiles. Parte de este esfuerzo se orienta a la reconstrucci�n de la FEP, como de sus organizaciones gremiales en las universidades, institutos pedag�gicos, secundarios y otros.

La correcta relaci�n del Partido, como factor dirigente, con la Juventud Comunista, la atenci�n que se le preste a las nuevas generaciones de militantes, la educaci�n que se les imparta de manera ordenada, continua, eficiente, y el proceso que lleve a su creciente vinculaci�n e influencia entre la juventud peruana, es una tarea de primer orden que el� Partido est� en el deber de impulsar.

Con vistas al II Congreso Nacional de la Juventud Comunista del Per� � Patria Roja, �estos temas deben ser estudiados para encontrar las mejores respuestas para orientar su trabajo. La JCdelP-PR se hallar� en mejores condiciones de impulsar su organizaci�n y su presencia pol�tica, si da respuestas certeras a la realidad concreta que enfrentan los j�venes, si cubren sus expectativas, si sienten que la pol�tica comunista los atrae, entusiasma y convoca a la acci�n. Posicionarla entre la juventud peruana, promover liderazgos conocidos, desplegar una labor de propaganda y agitaci�n eficientes, son tareas urgentes que el Partido debe, en sus distintas instancias, apoyar y contribuir a resolver.

Al trabajar con los j�venes vemos en ellos los continuadores de la causa comunista, los futuros militantes con� formaci�n,� estilos y� m�todos de trabajo id�neos, con conocimiento de las ideas eje del marxismo, del programa del partido, de su estrategia y t�ctica, con honestidad y capacidad cr�tica. Adem�s, una Juventud Comunista que no le tema al trabajo de masas, que est� formado con elevados ideales, que siente orgullo de su pertenencia comunista, formados en el pensamiento, los estilos, la actitud honesta e �ntegra de Mari�tegui. El Amauta es el paradigma de lo que debe ser la Juventud Comunista, el mejor ejemplo a continuar en la actividad revolucionaria y personal.

Camaradas:

El VIII Congreso ser� un congreso de unidad partidaria, de afirmaci�n del pensamiento de Mari�tegui en el quehacer permanente del Partido, de firme persistencia en los ideales del socialismo como raz�n de ser de nuestras luchas. �Venceremos!

Lima, Marzo de 2009.

 

XXII PLENO DEL COMIT� CENTRAL